La Corona, de emperatriz a sirvienta

Si tomamos la bandera de Julian Assange como el momento inmediato de lucha universal, ya tendríamos un logro extraordinario.

Por Luis Varese

Un mínimo de historia sobre las fake news y el law fare

Tomás Moro, o Santo Tomás Moro, reconocido como tal por católicos y anglicanos, autor de la Utopía, fue decapitado en 1535, por desobedecer a Enrique VIII, que andaba divorciándose por no poder tener hijos varones, entre otras ambiciones. La Justicia inglesa, subordinada al poder, lo condenó a muerte.

Giordano Bruno fue quemado en la hoguera en 1600, por haber descubierto que el universo era infinito. La Santa Inquisición lo quemó por hereje. En 1889 fue declarado, mártir de la libertad de pensamiento y se le levantó una estatua en Campo Dei Fiori en Roma, en el mismo lugar donde casi trescientos años antes, fue quemado vivo por informar.

El primero, Tomás Moro, por el poder caprichoso del Rey, el segundo por el poder mágico religioso de una Iglesia católica, dominada por la ambición y la codicia de sus Obispos, Cardenales y Monjes.

El poder Judicial, en ambos casos subordinado, a intereses de individuos y la ambición de unos pocos. Han pasado casi 500 años desde Tomás Moro y más de 400 desde la quema pública de Giordano Bruno. Pasó la Revolución Francesa, incorporamos nuevas teorías de convivencia y gobierno, de pacto social. Pasó la segunda guerra mundial, la derrota del Nazi-Fascismo, la consolidación de nuevas democracias.

De golpe sesenta años después, nos encontramos frente a una nueva condena, irracional, sin sustento jurídico de un hombre que decidió informar sobre asesinatos de civiles durante la invasión a Irak, y además fue publicado por los grandes medios de comunicación. (Invasión basada en una mentira como la posesión de armas químicas, y respaldada por personajes abyectos como el yanki Bush, el inglés Tony Blair o el español José María Aznar). Esto permitió mantener la hegemonía en el Medio Oriente, destruir un país para ser luego ocupado y vandalizado por las salvajes tropas europeas y estadounidenses y por supuesto el enriquecimiento de petroleros y empresas multinacionales de “reconstrucción”. No contamos con información precisa sobre el oro y las riquezas arqueológicas robadas por las tropas invasoras y sus patrones.

Un periodista mártir de esta invasión fue José Couso, asesinado a sangre fría por un marine yanqui, instruido por órdenes superiores, que disparó el cañón de su tanque contra el hotel donde se hospedaban los periodistas, información clara y conocida por la inteligencia invasora.

Julian Assange, mártir de la información y profeta de la lucha por la libertad de expresión

Como claro anuncio de quién quiere gobernar el mundo, el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, la corte de Justicia de Inglaterra aprueba la extradición de Assange a los EEUU. País que lo acusa de traición (y no es ciudadano estadounidense) por haber revelado barbaries cometidas en Irak y otros documentos que demuestran con claridad la política imperial de los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN en contra de países, incluso amigos del imperio.

La farsa judicial tiene visos de terror. El trato inhumano en prisión contra Assange se inicia con una terrible traición de la Cancillería ecuatoriana y del oscuro agente y personaje nefasto llamado Lenin Boltaire Moreno, supuesto heredero del más importante gobierno del Ecuador a quien traicionó a los pocos meses de iniciado su mandato. Historia conocida que relata cómo la Embajada de Ecuador en Londres fue intervenida por policías ingleses, para secuestrar a Julian Asssange, violando el derecho de Asilo. Tristísimo capítulo de la historia diplomática de Nuestramérica.

Lo que anuncia esta decisión inglesa es que “no vamos a permitir que se opine libremente sobre lo que hacemos y haremos como imperio”. Y aquí se abre un nuevo capítulo de la historia. La lucha geopolítica por la hegemonía mundial, donde Estados Unidos, sus aliados de la OTAN y ahora el aliado que rompe la Unión Europea, Inglaterra, nos anuncia que todos los medios y formas de comunicación están (o deberían estar) controlados por los intereses que ellos representan.

El resurgimiento del fascismo representado con toda claridad y transparencia por Trump, los movimientos en Europa (VOX, el PP, los fascistas italianos, Le Pen y compañía en Francia, los húngaros, austríacos, alemanes y otros). Los latinoamericanos como Bolsonaro, José Antonio Task en Chile; y los Fujimori, López Aliaga, y el inefable Vargas Llosa en Perú; o la boliviana Jeanine Añez y no puedo dejar de mencionar al títere Juan Guaidó de Venezuela, todos ellos se escudan bajo el manto protector de esta nueva y muy agresiva dimensión del Imperio.

Pasar a la ofensiva, mediática y popular es la opción de resistir y vencer

La debilidad del PSOE en España, en su lucha contra el fascismo del PP y Vox, es el ejemplo de lo que no se debe hacer. Conciliar con la derecha, pensando que se aliará contra el fascismo es el anuncio de la derrota. La derecha tiene muy claros sus intereses comunes y no va a conceder ni medio centímetro en nombre de la libertad. Toda la ofensiva está destinada a consolidar la opresión y el exterminio de la humanidad descartable. Lo vemos con clara evidencia en la distribución de vacunas contra el Covid-19 y la lucha contra la pandemia. Lo vemos en la destrucción legalizada de la Amazonía y los bosques de Malasia y el Asia. Lo vemos en la ineficiencia voluntaria de la lucha contra la contaminación.

A quiénes presenta la derecha como los enemigos de la humanidad: a Lula, a Correa, a los Kirchner, a Cristina, a Andrés Manuel López Obrador, al profesor rural Pedro Castillo, pronto, entre ellos, estará Xiomara Castro de Honduras, presidenta electa en un país dominado por el narco, financiado por los EEUU. Todos presidentes y presidentas elegidas por el voto libre y popular. No dudemos que, en esta lista de malos, entrará Antonio Guterres, el Secretario General de Naciones Unidas, por ser demasiado radical en sus expresiones. Ya entró Francisco I, sí el Papa Católico, que no es del gusto de la Curia ni por supuesto del Imperio.

Y no hablemos de los super villanos como Nicolás Maduro, Daniel Ortega o Díaz-Canel, baluartes de dignidad en Venezuela, Nicaragua, Cuba.

Y ahora el terrible enemigo es Julian Assange, periodista australiano, cargado de coraje y dignidad que será probablemente extraditado y condenado en los EEUU, país de donde no es originario, ni tiene por qué pasar ni medio día de prisión en Inglaterra ni en ninguna parte, por haber publicado información revelada por estadounidenses dignos.

Assange, la violación a su asilo, su condena en Inglaterra, su transformación en el malo de la película de terror que nos están vendiendo, es el anuncio de cómo quieren tratar la comunicación, sea cual sea. La batalla es muy dura, es cibernética, es difícil, es muy nueva, pero ninguna batalla es invencible con las armas de los pueblos y la imaginación de las nuevas generaciones. Las armas de los pueblos originarios, las armas de la combinación libre y soberana de nuestras culturas, la batalla contra el patriarcado (Xiomara Castro en Honduras es un ejemplo). La batalla por la igualdad de género, y hoy la batalla por el derecho a la vacunación contra la Pandemia en África, en América Latina, en los países pobres. La batalla por la defensa de la naturaleza. Son los combates que se dan y que debemos vencer y; por supuesto, la fuerte y decidida batalla contra lo más retrógrada de la humanidad, el fascismo que germina en el corazón y la conciencia de muchos de nuestros conciudadanos y aparece como el autoritarismo, capaz de resolver problemas de inseguridad y descontrol en las sociedades, fruto del neoliberalismo y del libérrimo mercado.

La participación popular, organizada y solidaria debe ser el camino del progresismo y la izquierda

Con qué eficiencia logramos dividirnos alrededor de supuestas o reales diferencias ideológicas y políticas. En Perú, en Ecuador, en México, en Argentina, en Chile. En todos estos países logramos encontrar excusas o acciones para que la división se dé. Que el tema del extractivismo, que el tema del aborto (confundiendo religión con política de Estado), que el matrimonio igualitario, que las alianzas con sectores que no piensan idéntico, que el tema indígena, que los líderes locales y caciques que desean el Estado como Botín, que los dineros que mete el narco para dividirnos, que la violencia como único camino, sea por la derecha (los fachos), sea por la izquierda (los radicales intransigentes).

Hay nuevas formas que van surgiendo, unas superestructurales como el Grupo de Puebla, Progressive International, Diem25. Otras muy localistas y otras que buscan conciliar el movimiento de masas, la organización popular, con la dirección política.

Las tareas que se vienen son dos y enormes. Por lo pronto, respuesta en los medios de comunicación, redes sociales y todos y; respuesta en la organización popular, para lo que hay que derrotar, nada menos que, los egoísmos tan de humanas y humanos, tarea casi divina.

Si tomamos la bandera de Julian Assange como el momento inmediato de lucha universal, ya tendríamos un logro extraordinario. La lucha por la libertad de opinión e información no es una batalla abstracta, es una batalla que hoy debe ser enarbolada por todas las fuerzas progresistas y transmitida como una exigencia de lucha popular. Si lográramos ese paso estaríamos encaminados hacia triunfos mayores contra el fascismo que se está imponiendo en muchos de nuestros pueblos.

Vamos Isabel II, genérese un espacio digno antes de morir (no es mal augurio, es biología) e impida que Assange sea deportado. Termine su reinado con un acto de coraje y genere esa contradicción en su ex imperio, impida la deportación. No sea sirvienta, sea reina por una vez y por una razón que beneficie a la humanidad entera.

América Latina en Movimiento