La crisis global y sus repercusiones en el país

Por Julián Blejmar

Todo comenzó con un virus. El Covid-19, más conocido como coronavirus, que surgió en China y según el último informe del FMI llevó a una proyección de crecimiento en su economía para 2020 del 5,6 por ciento, en lugar del 6,1 experimentado el año pasado. Que el gigante asiático crezca un 10 por ciento menos, es de por sí disruptivo, si se tiene en cuenta que los 15 billones de dólares del PBI chino representan alrededor del 16 por ciento del PBI mundial. Como era de esperar, ello implicará una menor demanda de petróleo a nivel global, lo cual desencadenó el segundo capítulo de esta crisis de proporciones, luego de que el domingo Rusia rechazara la propuesta de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para recortar la producción de crudo, con el fin de evitar una sobreoferta petrolera ante una demanda en baja, y cuya consecuencia hubiera sido la baja en el precio internacional del barril. Frente a esta negativa, uno de los impulsores de la propuesta de recorte de la producción, Arabia Saudita, respondió a través de su empresa pública petrolera Aramco con una agresiva baja en los precios, para así acaparar nuevos mercados, lo que implicó un derrumbe cercano al 30 por ciento en los barriles de petróleo Brent (Europa) y West (EUA). Estos valores se sumaron a una baja previa en los anteriores meses del 15 por ciento, todo lo cual llevó el precio del barril de petróleo al nivel más bajo desde inicios de los noventa, lo que hizo temblar las acciones de las compañías petroleras a nivel mundial, arrastrando con ellas a las bolsas globales, que produjeron caídas similares a las de las crisis de 1987, 2000, y 2008.

De esta forma, frente a la incertidumbre que generó la epidemia del coronavirus, se sumó la desatada por esta nueva crisis del petróleo, una combinación demasiado drástica para mercados que, en medio del vértigo tecnológico, han desarrollado un “anarco capitalismo financiero”, en palabras de la actual vicepresidenta Cristina Kirchner.

En lo que respecta al país, no existe elemento positivo que pueda arrojar esta crisis. Siendo China el epicentro de la crisis del coronavirus, la situación conlleva un impacto directo a nivel local, pues el país asiático es nuestro principal socio comercial, representando el 11 por ciento de las exportaciones y el 20 de las importaciones argentinas. De hecho, el principal producto de exportación argentina y que mayor divisas provee es la soja, la cual es adquirida en un 90 por ciento por China, pero su cotización cayó en un 10 por ciento el último mes, mientras que la ascendente exportación de carne al país asiático, que concentra el 75 por ciento de las exportaciones cárnicas, descendió el mes pasado su valor en un 30 por ciento, todo lo cual significa menor entrada de dólares para la Argentina, cuando más se los necesita.

En relación al derrumbe del precio del petróleo, existe un factor que lo torna negativo en la actualidad. Sucede que si en un período de crecimiento industrial, como el experimentado durante los gobiernos kirchneristas, el crudo bajaba de precio, ello contribuía a aminorar la necesidad de divisas para importarlo, que llevaron en su momento al déficit récord de la balanza energética de 8.000 millones de dólares. Pero en el actual contexto de desindustrialización, con una economía que luego del legado macrista es entre 7 y 8 puntos menor per cápita que la del 2015, poco ayuda a la reactivación. En cambio, sí compromete fuertemente el proyecto de Vaca Muerta, al que también apostaba el actual gobierno como vía de generación de dólares, pues los actuales precios no son compatibles con los costos de extracción de crudo y gas no convencional.

Tampoco sería útil comparar el impacto local de la actual crisis con la de las hipotecas sub-prime de 2008, pues en aquel momento el país se había desconectado, por decisión política, de los mercados globales financieros, lo que redujo fuertemente su impacto a nivel local. Y es que si bien en la actualidad la Argentina también está aislada de estos mercados, como consecuencia del irresponsable manejo de la deuda por parte de la alianza Cambiemos, se encuentra en pleno proceso de reestructuración de aquellos compromisos, para lo cual la incertidumbre global dificulta un rápido acuerdo con los bonistas, quienes se mostrarán reacios a efectuar un acuerdo sin conocer la capacidad de pago que tendrá nuestro país al cabo de esta crisis. Además, si bien todos los títulos de países emergentes han sufrido pérdidas, en el caso de los argentinos su ya de por si baja cotización podría ponerlos a tiro de compra por parte de fondos buitre, cuyo negocio no es acordar con el gobierno para realizar su cobranza a cambio de un descuento, sino litigar en tribunales internacionales para que el país le reconozca la totalidad del valor de los mismos, para lo cual el exitoso antecedente experimentado durante el macrismo, donde se alzaron con 9.352 millones de dólares, resulta un gran aliciente.

Así, una epidemia que está llegando al país, un descenso en la cantidad y valor proyectado de las exportaciones argentinas de materia prima en un contexto de restricción externa, junto a un mercado bursátil global y local que experimenta fuertes pérdidas, solo profundiza la incertidumbre de un país que el macrismo dejó en default, sin dólares para afrontar los vencimientos, y con la necesidad de renegociar la deuda. La consecuencia lógica, sería la continuidad en el tiempo de una recesión que ya lleva dos años, y una presión alcista en los dólares no regulados por el gobierno, producto de inversores que buscarán activos más seguros que los títulos y acciones argentinas, lo cual podría incidir en la inflación.

Pero en el contexto actual de volatilidad de los mercados, nada es definitivo, menos aún los eventos que afectan a las grandes potencias. Por lo que se necesitará tiempo para evaluar la profundidad de las consecuencias.

El Destape

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