La cuenta gratis que pagarás toda la vida

Lo que hay detrás de Google

Por Martín Smud*

Gran oxímoron de estos tiempos. ¿Qué es un oxímoron? Dentro de las figuras literarias en retórica, es una figura lógica que consiste en usar dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión, que genera un tercer concepto. Y el concepto creado, el tercero, tiene nombre: Google. Te ofrece una cuenta gratis que pagarás por el resto de tu vida. Esos «términos y condiciones» que firmaste te darán increíbles beneficios. Incontables. Para nombrar algunos: espacio de almacenamiento en la nube para no perder tus datos si se extravía el invalorable celular, aplicaciones que permiten la docencia a distancia en tiempos pandémicos, localización en tiempo real para llegar a cualquier rincón del mundo con una diferencia de milímetros.

Esas aplicaciones de geolocalización son una de las principales herramientas de generación de nuevos emprendimientos laborales, el otrora trabajador ahora es llamado emprendedor (quien se debe comprar hasta su propio bolso de trabajo como si estuviera comprando acciones de la compañía). Pero hay más, hace muchos años, Google fue aceptado como el buscador de buscadores. Hoy ni bien comprás un celular lo primero que te piden es la cuenta en esa compañía que te permite acceder a más de cincuenta aplicaciones. Se ha convertido en insustituible.

«Hola guggul» se divierte Augusto en voz alta hablando a su celular, es graciosa su manera tan particular de llamar a sus respuestas. Y continúa: «¿Qué es google?» Preguntarle a Google qué es guggul es la «primera» paradoja del siglo XXI.

Aquel que encuentra una paradoja se puede considerar «rico». No hay muchas y, en general, sobre ellas se construye un nuevo tiempo histórico o algún hecho con trascendencia. La paradoja es un salto al infinito que hay que detener antes de que se vuelva una repetición demasiada cansadora. Ejemplos, en matemática, uno sencillo cuando a 10 lo dividimos por 3, su resultado es 3,33333333 y podría ocupar todo el resto de la hoja; en filosofía es un poco más complicado pero Descartes encontró una y plantó bandera del comienzo de la Modernidad, según Hegel: la duda que duda de la duda que duda, que duda de la duda… hasta que se detiene (menos mal) y dice: «Si dudo, pienso», la duda es la evidencia del propio pensamiento «y si pienso, soy».

En estos comienzos del siglo XXI, en el mismo centro de la pregunta ontológica por el ser se encuentra una pregunta tan simiesca como infinita, un individuo preguntándole a guggul qué es Google, no cómo funciona ni qué significa pues ahí nos contestaría una voz en castellano neutro: que viene de la matemática, cuyos teoremas los propuso el matemático Kasner y que, para explicarlo de una manera que lo entendamos (sí, para que nosotros/as lo entendamos), se trata de poner un uno y cien ceros por detrás, se trata una potenciación de 1 a la 100. Google nació para cosas grandes, para números grandes, por día buscan en sus siglas más de 3 billones de respuestas. Al final de una pregunta que le hacés, está la posibilidad de obtener esas respuestas para actuar, para comprar, para saber. Las respuestas hoy están centralizadas en el gran escaparate del «respondedor de todo», si estás ahí existís, tenés visibilidad sino… buscá la manera de posicionarte. El nuevo cogito es: «Si estoy en google soy, luego existo».

Entre lo que firmaste gratis pero pagarás para siempre se encuentra el nacimiento de un nuevo planeta y de un nuevo ser que lo habita. Si el siglo XX terminó en 1989 con la caída del Muro de Berlín, el siglo XXI nació «retrasado», en este 2020, tiempo del alumbramiento del planeta del «Homo Selfie» (hay que ponerle nombre), tiempos paradojales de restricción de movilidad de los cuerpos en la «vieja» tierra, al mismo tiempo que, apertura infinita de los avatars en el planeta a partir de las múltiples pantallas.

Algunos y algunas imaginan en el fondo del corazón de esta época una supercomputadora pero no es así, se trata sólo de una metodología de ponderación y sectorización de datos, la famosa «Big Data». ¿Cómo hace una metodología para seleccionar, sectorizar y responder a millones de datos y volver a niveles de la vida cotidiana de cada individuo en fracción de segundos? ¿Cómo hace para encontrar antes de que lo busques lo que vas a necesitar?

Una posición «neutral» sostiene que el buscador de buscadores no tiene ideología, solo hace reunión, convergencia y recurrencia de datos, una ponderación «inteligente» bajo el reinado de viralizaciones de los internautas quienes, en definitiva, con su tráfico deciden el lugar que ocuparán en la escala. Otra posición «no ingenua» sostiene que como existen emporios en los medios de comunicación, el tráfico no es libre, independiente y autónomo como se podría creer y que esa hegemonía sumada a la de los influencers, los trolls y los particulares que pagan por mejorar sus tráficos en las redes, vuelven esta herramienta sesgada en su búsqueda y, sobre todo, en sus posibilidades de encuentro. Esta «sensibilidad» a medios hegemónicos y a los que pagan sus «avisos» conlleva como resultado una población expuesta y con la necesidad de buscar entre la «basura» que le arroja esas búsquedas.

Una tercera posición «ideológica» sostiene que no se trata sólo de una empresa que desea mejorar sus dividendos sino de un aparato económico-cultural de dominación geopolítica. Esa posición muestra que el supuesto derecho de información es una manera de privilegiar una forma de ser bajo la ideología de la potencia hegemónica. El último tiempo se ha acusado a las grandes megacorporaciones de realizar tareas de inteligencia, demostrando así su influencia no sólo desde el punto de vista cultural y económico sino político. La libertad de expresión y su concepto lindero: el derecho a la información se realiza, muchas veces, sin cotejar fuentes ni veracidad, permitiendo fácilmente «poner y quitar» noticias. Finalmente sostiene que Google no sustituye el lugar de la ideología por el acceso horizontal a la información sino que es su culminación.

Un gran problema en el cibersepacio es la calumnia, si alguien o alguna corporación decide gastar dinero, tendrá cómo hacerlo fácilmente y muy buenos dividendos. Esto se llama fake news y ya cientistas políticos y filósofos como Habermas (Problemas de legitimación en el capitalismo tardío», edit. Amorrortu) sostienen que han cambiado el curso de la legitimidad y sustentabilidad de los regímenes democráticos en el planeta.

Cuando ponés la cuenta gratis en el nuevo celular estás entregando tu responsabilidad para que defina lo que es visible, ¿lo visible es lo fundamental? Afirmando lo que tiene más tráfico, convierten al tema en una encerrona trágica o en una retroalimentación positiva según las teorías científicas del marketing. Finalmente la verdad es querer ser percibidos como reflejos de lo que la mayoría piensa.

Ahora cuando Augusto vuelva a preguntar: «Hola guggul, ¿qué es google?» Primero nos responderá: «Google es Google», y en esa repetición al infinito, quizás tengamos tiempo para reflexionar en estas épocas pues nos daremos cuenta de que el buscador de buscadores, hoy en día, se encuentra en el centro de las noticias. Google, mientras tanto se detendrá por un instante, parece pensar, ya habrá dado miles de vueltas al planeta, y ya no se ajustará más a las preguntas de los seres humanos sino que comenzará a realizarnos preguntas a nosotres: ¿Dónde estuviste todo este tiempo mientras el planeta logró no desear otra cosa que vivir dentro del gran respondedor?

  • Psicoanalista y escritor.

17/06/22 P/12