La cuestión coreana

Mientras Corea del Norte prueba misiles, dos estrategias políticas diferentes –y varios conflictos laterales– chocan en torno al país liderado por Kim Jong-Un.

Por Eduardo J. Vior

Después de que el domingo por la mañana Corea del Norte (RDPC, por su nombre oficial) probó en una explosión subterránea una bomba de hidrógeno, un vacuo discurso belicista se apoderó de Washington. Kim Jong-un aprovechó que la semana se abriría con la cumbre de los BRICS en el sureste de China y se cierra con un foro económico en Vladivostok, para poner brutalmente la cuestión coreana en la agenda multilateral. Paradójicamente, esto puede servir para que los aliados de Estados Unidos en la región le hagan entender a éstos que existe una alternativa pacífica.


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Vladímir Putin y Xi Jinping han acordado este domingo “manejar apropiadamente” la prueba nuclear norcoreana, informó la agencia china de noticias Xinhua. Los mandatarios se reunieron en Xiamen, en la costa de la suroriental provincia de Fujian, donde las naciones del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica) estuvieron reunidos domingo y lunes con el objetivo originario de fortalecer la asociación que debieron modificar, cuando la prueba nuclear norcoreana se coló y dominó la agenda.

China ha expresado una “categórica protesta” sobre el ensayo y en un comunicado entregado este lunes a la embajada de la RDPC en Beijing ha reafirmado la doble propuesta ruso-china de que Pyongyang congele su programa nuclear y que, simultáneamente, EE.UU. y Surcorea (RdC, por su nombre oficial) desistan de sus maniobras militares conjuntas.

“La complejidad e interrelación de estos conflictos impide resolver aisladamente la cuestión coreana”

Dmitri Peskov, el portavoz del presidente de Rusia, explicó el lunes que Putin y Xi Jinping han coincidido en que es importante “evitar el caos” y que todas las partes involucradas “manifiesten discreción”. Después de reunirse con Xi Jinping, el presidente ruso ha mantenido un diálogo telefónico con el primer ministro japonés, Shinzo Abe, en el que insistió en el valor de las soluciones políticas y diplomáticas. Lo mismo dijo el lunes en la conversación telefónica con su homólogo de la RdC, Moon Yae-in. Peskov informó asimismo que Putin todavía no planea reunirse con Kim Jong-un.

La discusión sobre este tema continuará en el Foro Económico Oriental que se reúne del 6 al 8 de septiembre en la ciudad costera rusa de Vladivostok en la que está planeada una reunión cumbre entre los presidentes de Rusia y la RdC con el primer ministro japonés, quizás también con algún representante chino.

Por el contrario, Corea del Sur y Estados Unidos están discutiendo el despliegue de un portaviones y bombarderos estratégicos, según informó la agencia de noticias surcoreana Yonhap. El ejército estadounidense instalará próximamente cuatro lanzadores del sistema de defensa antimisiles THAAD en su nueva base, 300 kilómetros al sur de Seúl, y militares surcoreanos realizarán este mes un simulacro unilateral de fuego vivo con cohetes de alcance medio Taurus. La agencia agregó que la inteligencia surcoreana había detectado “indicios” de que Pyonyang se prepara para llevar a cabo más lanzamientos de cohetes balísticos y por eso quiere demostrar “fuerza”.

Este lunes, asimismo, Donald Trump ha confirmado en una conversación telefónica con Shinzo Abe que su país “está preparado para usar armas nucleares contra Corea del Norte en caso de necesidad”. La sucesión de mensajes que ha dado el presidente desde el domingo a la mañana ha incentivado los rumores de que está en marcha una operación en gran escala. Repitiendo modelos anteriores, entonces, la embajadora ante las Naciones Unidas, Nikki Haley, pidió que el lunes se reuniera el Consejo de Seguridad, pero tras varias horas de discusión no hubo acuerdo. Mientras que EE.UU., Gran Bretaña y Japón pedían sanciones más severas contra Corea del Norte, China y Rusia advirtieron sobre la inutilidad de las mismas y abogaron por la diplomacia.

Entre tanto, para forzar a China a presionar a Corea del Norte para que abandone su programa nuclear, el presidente estadounidense declaró este domingo que su país puede poner fin al comercio “con cualquier país que haga negocios con Corea del Norte”, lo que las autoridades chinas rechazaron inmediatamente. El año pasado Pyonyang comerció por un total de 6.550 millones de dólares, un 4,7% más que en 2015, el 90% del cual se realiza con China. Un pequeño volumen para ésta, pero Beijing no quiere romper el diálogo con su vecino y menos aún por imposición de Estados Unidos.

“Corea del Norte está intentando conseguir que EE.UU. se siente a la mesa de negociaciones para poner oficialmente fin a la guerra de Corea (1948-53)”

Rusia y China quieren tratar la cuestión coreana en un marco multilateral, porque está estrechamente vinculada con el cerco que los Estados Unidos han montado desde Asia Nororiental hasta la frontera chino-india. Rusia tiene pendiente con Japón el contencioso sobre las islas Kuriles, que la antigua URSS ocupó en los días finales de la Segunda Guerra Mundial. China y Japón, en tanto, tienen permanentes roces por la posesión de islas y atolones en el Mar Oriental de China. Al ya antiguo conflicto con Taiwán se sumó desde hace pocos años la construcción por China de islas artificiales en el Mar Meridional que ha agudizado la tensión con Vietnam, Malasia y Filipinas. Para echar nafta al fuego, además, el Pentágono ha decidido realizar regularmente patrullas navales en dichas aguas que los chinos ven como flagrante provocación. Finalmente, recién el pasado 28 de agosto China e India acordaron retirar sus tropas de un paso del Himalaya, junto a la frontera con Bután, donde durante dos meses estuvieron al borde de la guerra. El apretón de manos entre el presidente Xi y el primer ministro indio Modi en el BRICS selló la reconciliación que ahora será cimentada con acuerdos económicos.

La complejidad e interrelación de estos conflictos impide resolver aisladamente la cuestión coreana. Kim lo sabe y presiona con su armamento nuclear, para obligar a China y Rusia a facilitarle negociaciones directas con Estados Unidos. Los aliados asiáticos de Washington también lo saben, pero no logran torcer el rumbo de éste, porque, desde que Donald Trump perdió el control de la política exterior a manos de los militares, la lógica diplomática ha sido remplazada por la de la zanahoria y el palo.

Corea del Norte está intentando conseguir que EE.UU. se siente a la mesa de negociaciones para poner oficialmente fin a la guerra de Corea (1948-53), mientras que Washington persiste en su negativa a dialogar con potencias más pequeñas y sigue actuando, como si todavía dominara la situación.

Los líderes norteamericanos saben que la guerra no es una solución a la crisis coreana, pero insisten en intimidar a los norcoreanos y no vislumbran que una negociación integral hoy se avizora como el único camino hacia la distensión regional. Lo contrario sería una larga noche, negra y fría.

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