La desesperación de los conquistadores

Por Gustavo Rosa para Mi Voz, el lugar donde opinan los lectores

El presidente que tomó más vacaciones de las correspondientes pontifica sobre sus seis décadas de trabajador, la ministra de Seguridad pasa factura a los sindicatos por los gastos en represión policial y las luminarias amarillas afirman que si Cambiemos pierde las elecciones es porque la sociedad no está preparada para tanta genialidad. Mientras el desgobierno nacional supera sus propios absurdos, el salario mínimo -que supo encabezar el ranking regional- apenas alcanza los nueve dólares por día y la persecución judicial a la oposición se desinfla a medida que avanza la investigación del juez de Dolores. Una semana más y una semana menos de esta pesadilla que jamás debería haber comenzado.

El tránsito hacia las elecciones sugiere un desalojo paulatino del macrismo. En las provincias, sus candidatos apenas rasguñan la comodidad de un tercer puesto. Las encuestas –poco confiables pero inevitables- anticipan un giro de vientos con diferencias numéricas apretadas. Todavía persiste en muchos colonizados padecientes la eficaz demonización sobre el gobierno anterior construida desde la hegemonía mediática. Por más argumentos que se esgriman, por más causas que se caigan, por más evidencias que se presenten, aún quedan esos que grabaron en su mente la idea de que la “yegua se robó todo”. Al menos reconocen que la crisis actual ya no es por la Pesada Herencia sino por la impericia presente, pero esto no los conduce a optar por la que les enseñaron a odiar. Por eso hay que temer cuando el prejuicio se convierte en voto, algo que estamos experimentando desde diciembre de 2015.

A pesar de todo esto, el Gran Equipo no sabe qué inventar para engatusar a los distraídos. El diario Ámbito Financiero difundió una frase que el empresidente Macri pronunció en el círculo íntimo del gobierno: “si perdemos será porque la sociedad no estaba lista para un cambio estructural». Tal vez, esta pavada se convierta en un nuevo lema de campaña. Claro, los vecinos no se habitúan a las bondades de la gestión amarilla, como el desempleo, el cierre de fábricas y negocios, la restricción hasta de lo imprescindible o la amenaza de las tarifas de los servicios. Una sociedad que no estaba lista para las promesas incumplibles de la impronta PRO, que no estaba preparada para recorrer un camino plagado de espinas hacia un destino de abismo, que no tiene el oído afinado para escuchar tanto cinismo. Los culpables somos todos los que no aceptamos el deterioro permanente como forma de vida para que una minoría selecta ostente el privilegio de ganar fortunas poniendo cada vez menos. Ellos hicieron todo bien, según quieren hacernos creer, y si las reformas nos caen mal es porque no entendemos lo promisorio que es el sacrificio de los que no tienen ni para comer, que serán cada vez más.

 

El final de la paciencia

Todos son impresentables, desde el invisible rabino Sergio Bergman hasta la inentendible Gabriela Michetti, desde la pendenciera Patricia Bullrich hasta el entregador Nicolás Dujovne. Si no se producen cambios en el gabinete es porque nadie quiere quedar pegado al fracaso. Marcos Peña Braun es el más atornillado, aunque ha dado muchas muestras de su embaucadora presencia. Errador de pronósticos y mentiroso compulsivo, sigue aportando sus burlas ante los más amables micrófonos. Lejos de comprender los dramas reales de las personas de carne y hueso, el insustancial muñecote aconsejó que «aquel que quiera votar por el bolsillo debería votar por Macri y Cambiemos para que siga este proceso». ¿Por el bolsillo de quién?, cabría preguntar, porque los de la mayoría están cada vez más desprovistos. Y ni hablar de las alacenas y heladeras, que no se pueden llenar ni con el Ahora 12 de intereses usurarios. Ni los Precios Esenciales pueden combatir tanto vacío.

Pero estos buenos muchachos son capaces de todo. En tren de buscar diálogo y consenso, estos cachivaches presentan un acuerdo que no acordaron con nadie. Un libreto armado en las oficinas del FMI que estos farsantes presentan como propio. Una invitación a la complicidad de la oposición racional, dialoguista, blanca y civilizada para continuar en esta autopista hacia la hecatombe. Un guion destinado a condicionar al gobierno que venga para que satisfaga la avidez de los especuladores a costa de desigualar más el reparto de una torta cada vez más pequeña. En diez puntos condensan las apetencias del establishment y ni mencionan una mínima mejora en salud, educación y asistencia. Al contrario, amenazan con más deterioro de la mano de la tan deseada reforma laboral y previsional. Si no es para solucionar los problemas que Ellos han creado, nadie que se considere opositor debería tener en cuenta una letra de lo que propongan. En las “comas” y reglamentaciones se esconden las peores trampas, como en todas las leyes que se han debatido en el Congreso por iniciativa oficial.

Sólo merecen el vacío porque han demostrado que son lo peor desde la vuelta a la democracia. Angurrientos y perversos, prepotentes y antidemocráticos. Tanto que pregonan respetar las reglas de juego y modifican disposiciones electorales por decreto, algo prohibido por la Constitución. Tan defensores de la seguridad jurídica que aprietan a los jueces y fiscales que se niegan a obedecer sus impulsos persecutorios. El caso del Ministro de Justicia, Germán Garavano desborda obscenidad. No sólo entrenó a un testigo colaborador para que recite una fábula que involucre a CFK, sino que extorsionó al juez Carlos Rozanski para que renuncie y hasta le explicó la manera de hacerlo. Y hay pruebas más que suficientes para eyectarlo de su cargo directo a la cárcel con inhabilitación de por vida. Claro, obedece la orden que en algún momento emitió Macri respecto a los jueces “que los representen”. En criollo, que emprendan una cruzada en defensa de sus intereses y proscripción del denostado populismo.

Desde mediados del verano, la investigación que lleva adelante el juez de Dolores, Alejo Ramos Padilla pone sobre la mesa una asociación ilícita dedicada a eliminar simbólicamente a “los que piensan distinto”. Una organización mafiosa que incluye espías, jueces, fiscales, periodistas, diputados, funcionarios y personal de la embajada norteamericana. Nunca antes se había descubierto algo así. Como el peligro es inminente, los PRO quieren atropellar al juez para momificar la causa en el sarcófago de Comodoro Py. Como han hecho desde que asumieron cuando alguien les molesta: destituirlos, forzar la renuncia o mandarlos en “un cohete a la luna”, de acuerdo a los deseos del Ingeniero Macri. Tan transparentes son en sus malas intenciones, que cortaron la luz en la Plaza Lavalle de la CABA para interrumpir el apoyo popular al accionar del juez.

Pero tanta oscuridad está por terminar. La bestialidad de este modelo es tan destructiva que es muy difícil de disimular. Si la paciencia no aguanta hasta las elecciones, habrá que empezar a martillar las paredes del oscuro túnel en el que nos han metido.

Nuestras Voces

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