La dignidad de «las putas de San Julián»

El día que «las putas de San Julián» echaron a los soldados que fusilaron obreros.

Ilustración: Rep

Cinco pupilas del prostíbulo «La Catalana» se negaron a brindar sus servicios a los soldados que, semanas atrás, habían cumplido con la orden del Ejército Argentino de fusilar a centenares de obreros huelguistas en Santa Cruz, durante los episodios conocidos popularmente como las huelgas patagónicas de 1920 y 1921, o «La Patagonia Rebelde«. Transcurría en el país el primer gobierno del presidente radical Hipólito Yrigoyen.


La negativa de estas cinco mujeres al grito de «¡Asesinos!; ¡Porquerías!»; «Con asesinos no nos acostamos», ocurrió en la entonces pequeña localidad de Puerto San Julián.

Dice Osvaldo Bayer: «Jamás creció una flor en las tumbas masivas de los fusilados; sólo piedra, mata negra y eterno viento patagónico. Están tapados por el silencio de todos, por el miedo de todos. Sólo encontramos esta flor, este gesto, esta reacción de las pupilas del prostíbulo «La Catalana», el 17 de febrero de 1922. El único homenaje a tantos obreros fusilados».

«Una paciente investigación nos ha llevado a conocer el nombre de estas cinco mujeres o, mejor dicho, de estas cinco mujerzuelas. Los únicos seres que tuvieron la valentía de calificar de asesinos a los autores de la matanza de obreros más sangrienta de nuestra historia. He aquí sus nombres, tal vez los mencionaremos como un pequeño homenaje o no digamos homenaje, digamos recuerdo de las cinco mujeres que tuvieron ese gesto de rebelión.»

«Lo diremos con la filiación policial tal cual aparecieron en los amarillos papeles del archivo: Consuelo García, 29 años, argentina, soltera, profesión: pupila del prostíbulo «La Catalana»; Ángela Fortunato, 31 años, argentina, casada, modista, pupila del prostíbulo; Amalia Rodríguez, 26 años, argentina, soltera, pupila del prostíbulo; María Juliache, española, 28 años, soltera, 7 años de residencia en el país, pupila del prostíbulo, y Maud Foster, inglesa, 31 años, soltera, con diez años de residencia en el país, de buena familia, pupila del prostíbulo.»

Cabe una observación: el término «mujerzuelas» es utilizado por Bayer con ironía, puesto que en la reconstrucción del episodio el autor cita un parte policial según el cual las pupilas profirieron hacia los soldados «también otros insultos obscenos propios de mujerzuelas», además de gritarles «¡Asesinos!; ¡Porquerías!