La dinámica de la crisis

La agudización de conflictos que sacuden tanto a países centrales como periféricos.

Por Mónica Peralta Ramos

El ritmo de los enfrentamientos geopolíticos no sólo depende de factores derivados del escenario internacional.

Hacia fines del siglo pasado, Zbigniew Brzezinski, ex asesor de Seguridad Nacional del Presidente Jimmy Carter, definió a Eurasia como “la principal conquista geopolítica” necesaria para garantizar la hegemonía mundial norteamericana en el nuevo siglo. Siendo el continente más grande del planeta, Eurasia era para Brzezinski “su eje geopolítico (…) y el poder que lo domine controlará a dos de las tres regiones más avanzadas y productivas del mundo (…) con la mayor acumulación de riqueza (…) bajo su suelo”. Consideraba, además, que el principal obstáculo para el logro de este objetivo residía en la posible “conformación de una gran coalición antihegemónica entre China, Rusia y tal vez Irán, unidos, no por sus ideologías, sino por reclamos complementarios” [1].

Catorce años después de escritas estas palabras, cuando la guerra en Irak llegaba a su fin y los Estados Unidos se aprestaban a retirar sus fuerzas de Afganistán, Hillary Clinton –ex secretaria de Estado del gobierno de Barack Obama– anunció el pivote (pivot point) de la política exterior norteamericana hacia Eurasia y la región del Indo-Pacífico [2]. El objetivo de esta política fue “contener”, y por cualquier medio posible, el desarrollo del poder económico, político y militar de China, Rusia e Irán. Se inicio así una era marcada por una intensa expansión de la OTAN hacia el este de Europa, por brutales sanciones económicas y operaciones militares subrepticias, buscando aislar y destruir a Irán y por la proliferación de pactos, ejercicios militares e intensa presencia militar en la región del Indo-Pacífico.

El gobierno de Vladimir Putin se opuso abiertamente a la expansión de la OTAN hacia las fronteras de Rusia, al tiempo que propuso una mayor integración económica del continente europeo “desde Lisboa hasta Vladivostok”, con el objetivo de formar “una vasta zona de intercambio libre (…) y un complejo energético común” [3] que iría a potenciar el desarrollo en paz y los intereses comunes a Rusia y Europa. Esta propuesta fue definida por Hillary Clinton como “un intento de re-sovietizar a la región (…) Sabemos cuál es el objetivo y estamos formulando medios efectivos para contenerlo o prevenirlo” [4]. Pronto estos medios se concretaron en “revoluciones de colores” y una guerra informativa centrada en la rusofobia. Se buscaba así provocar un rápido “cambio de régimen” en Rusia. Esto no se logró, pero las turbulencias provocadas derivaron en 2014 en el golpe de Maidán en Ucrania, iniciándose así una nueva fase de estabilización que culminó con la actual guerra en ese país.

Muy pronto, los neocons, que dominan la política exterior norteamericana desde hace décadas, habrían de utilizar estos mismos “medios efectivos” en la lucha política dentro de los Estados Unidos. Así, una alianza formada entre sectores del establishment de los dos partidos políticos, liderados por Hillary Clinton y aliados a los organismos de inteligencia, desataron en 2016 el Russiagate [5], operativo político que buscó, primero, impedir el acceso de Donald Trump a la Presidencia y luego la desestabilización de su gobierno, impregnando finalmente la campaña electoral de 2020 para impedir su reelección. Hoy continúa presente en la política oficial y, por arte de magia, la rusofobia ha logrado convertir al enemigo externo en enemigo interno.

La estrategia de contención militar de China se intensificó luego de que esta se convirtiese en potencia mundial y avanzara con mega-proyectos destinados a integrar, a través de la ruta de la Seda, a Eurasia y eventualmente al mundo entero. El gobierno de Trump sería el encargado de escalar al conflicto desatando una guerra comercial, intensificando la presencia militar en la región del mar de la China, impulsando la independencia de Taiwán y desvirtuando a la política externa hacia China seguida desde los ’70.

De este modo, la política exterior norteamericana se ha radicalizado en las últimas décadas, escalando conflictos geopolíticos que pueden rápidamente desembocar en el enfrentamiento abierto entre potencias nucleares. Esto no es casual: esta política exterior forma parte de la dinámica de una crisis que permea las instancias política y económica de la actual estructura de poder global. En esta dinámica, el ritmo de los enfrentamientos geopolíticos no sólo depende de factores derivados del escenario internacional. También se asocia a fenómenos conectados a la evolución de la economía y las finanzas globales y a los conflictos locales, que sacuden tanto a los países centrales como a los periféricos.

Hay, pues, un ir y venir de las determinaciones, en un orden global estrechamente hilvanado por distintos tipos de antagonismos. Esta dinámica descascara los pies de barro y la cabeza maníaca de la estructura de poder global, al tiempo que genera condiciones para nuevos cambios. Hoy el orden global corre la suerte que la humanidad atribuye desde tiempos inmemoriales a los cisnes amenazados de muerte: después de permanecer silenciosos durante la mayor parte de su existencia, se despiden de la vida emitiendo un canto bellísimo. En medio de las tinieblas y la polvareda que levantan los conflictos a lo largo y a lo ancho del planeta, se escucha el sonido tibio de una partitura. Es la música que, desde los orígenes de la vida social, augura un mundo mejor. Un mundo donde el combate primordial y egoísta por el control de afectos y recursos será enterrado por la reflexión, la creatividad y la solidaridad.

De la debacle en Ucrania a la guerra con China

La guerra en Ucrania se aproxima a un punto de inflexión, marcado por la acumulación de territorio bajo control ruso y la creciente inestabilidad política del gobierno de Ucrania. Recientemente, la purga masiva de los altos mandos de las fuerzas de seguridad de Ucrania acusados por Volódimir Zelenski de “connivencia con Rusia” ha expuesto la fragilidad política del gobierno. El anuncio de un posible atentado contra la vida de Zelenski, en circunstancias en que el propio gobierno norteamericano “facilita su seguridad” [6], contribuyó a exponer la inestabilidad de la situación política, a pesar del continuo envío de armamento norteamericano de alto calibre, que incluye aviones de combate [7]. Estas turbulencias, sin embargo, empiezan a opacarse ante la escalada de un nuevo conflicto geopolítico.

Recientemente, Nancy Pelosi, jefa de la bancada de diputados demócratas, anunció su inminente visita a Taiwán. El gobierno chino ha expresado su oposición, considerándola “un atentado contra la soberanía e integridad territorial de China” y advirtiendo que “los Estados Unidos tendrán que hacerse responsables por las serias consecuencias que puedan ocurrir” [8]. Al mismo tiempo, el Pentágono anunció el envío de un portaaviones nuclear para “proteger a Pelosi y a su comitiva” y el jueves el Presidente Xi Jinping llamó a Joe Biden para advertirle que “el que juega con fuego, se quema” y que China se opondrá por todos los medios disponibles a los intentos de separación de su territorio. Biden le habría respondido que la política norteamericana en relación con China es la misma de siempre [9].

Nancy Pelosi anunció que visitará Taiwán y China lo consideró un atentado contra su soberanía e integridad territorial.

La dimensión política y económica de la crisis

En vísperas de las elecciones de medio término a realizarse en noviembre en Estados Unidos, una encuesta muestra que el 75% de los demócratas y de los independientes que se inclinan por este partido político no quieren votar por Joe Biden en las elecciones presidenciales de 2024 [10].

Graves denuncias de corrupción contribuyen a enrarecer el clima político. Estas involucran al Presidente con los supuestos negociados de su hijo Hunter Biden con corporaciones en Ucrania y China, cuando él era Vicepresidente del país, y aluden a la supuesta complicidad de las autoridades del FBI y del Ministerio de Justicia en el ocultamiento del escándalo. En paralelo, la propia Nancy Pelosi y su marido son investigados por la Justicia por su supuesta utilización de información confidencial al realizar un sinnúmero de transacciones financieras [11]. En este clima, se incrementa el enfrentamiento entre republicanos y demócratas en el Congreso. Los primeros se preparan para iniciar un juicio político al Presidente Biden si ganan el control del Congreso en noviembre. Los demócratas, a su vez, intensifican su intento de bloquear el futuro ejercicio de la función pública por parte de Trump, a través de la gestión de la Comisión Especial que crearon en el Congreso para investigar su supuesta participación en la toma del Capitolio el 6 de enero de 2021.

Esto ocurre en un escenario económico cada vez más deteriorado: la inflación alcanza un récord en 40 años de historia y la caída del PBI, por dos meses consecutivos [12], coloca al país “técnicamente en recesión” [13]. Esto, sumado al aumento de las tasas de interés decretado esta semana por la Reserva Federal norteamericana, golpea especialmente al bolsillo de los sectores populares que tradicionalmente han sido la base de apoyo del Partido Demócrata. Hoy, casi la mitad de los norteamericanos están endeudados, y cerca del 40% de los endeudados no tiene ingresos para enfrentar una emergencia [14]. Todos estos fenómenos colocan al gobierno de Biden frente al abismo político de una multiplicidad de promesas electorales no cumplidas. En décadas recientes, los gobiernos norteamericanos han alentado el consumo con mayor endeudamiento, una situación insostenible en una coyuntura económica global de inflación incontenible provocada por la desarticulación de las cadenas de valor global producto de la guerra comercial con China desatada por Trump, intensificada por la pandemia y agudizada por las sanciones económicas impuestas recientemente a Rusia.

La aprobación por estos días de otro paquete de sanciones económicas muestra, paradójicamente, el fracaso de esta política. Entre otras disposiciones, las nuevas medidas atenúan significativamente las restricciones financieras a la exportación de petróleo y alimentos rusos y cancelan prohibiciones al abastecimiento de bienes, servicios y tecnología destinados a la aviación rusa. Esta atenuación se explica por una creciente recesión en Europa, también afectada por una crisis energética cada vez más difícil de resolver.

Desde mediados de junio, Rusia interrumpió el abastecimiento de gas ruso a Europa a través del gasoducto Nord Stream 1 al 40% de su capacidad debido a desperfectos en una turbina de Siemens. Enviada para ser reparada por una filial de esta empresa en Canadá, la turbina cayó en las garras de las sanciones contra Rusia, y luego de un largo periplo, fue devuelta esta semana. Sin embargo, alegando nuevos desperfectos técnicos, Nord Stream 1 volvió a cortar el abastecimiento de gas a Alemania, al 20% de su capacidad instalada. Esto, en un contexto de drástica disminución de las reservas estratégicas de gas en Alemania y en el resto de Europa, ha desencadenado una nueva suba de precios del gas y llevó a la Comunidad Europea a restringir “voluntariamente” en un 15% el consumo de gas en el continente. La medida ha puesto en evidencia los desacuerdos y tensiones entre los distintos países de Europa, mientras la economía del conjunto se precipita en la recesión, el euro pierde valor en relación al dólar, el Banco Central Europeo aumenta la tasa de interés y crecen las dudas sobre su capacidad para absorber “bonos basura” e impedir la implosión financiera en un escenario altamente recesivo.

En tanto, la crisis ya impregna la esfera política: mientras se derrumban los gobiernos de Inglaterra e Italia, en otros aumenta la tensión. A su vez, los campesinos europeos, liderados por los holandeses, ganan las calles para repudiar el aumento de gravámenes e insumos.

Argentina: una crisis que se espiraliza

La semana pasada, la corrida cambiaria y financiera y la remarcación desenfrenada de precios logró provocar una crisis de magnitud en el gobierno. El Presidente intentó resolverla con un recambio del gabinete de ministros destinado a mostrar un realineamiento del espacio político del Frente de Todos, con mayor presencia en las funciones de gobierno por parte de los distintos sectores que lo componen. Alberto Fernández designó a Sergio Massa como súper-ministro de Economía, con la única lapicera necesaria para tomar decisiones en todas las áreas de la economía, incluida la negociación con el FMI y los organismos internacionales. Massa aún no ha designado a su gabinete, pero “los mercados” se han apresurado a darle un espaldarazo en la bolsa, en el mercado de cambios y en el mercado financiero internacional. Sin embargo, y más allá de su capacidad de gestión y de su pasado político, Massa no puede resolver esta crisis política. La misma tampoco se resuelve con la paz palaciega ni con el realineamiento del espacio político del Frente de Todos.

Estas circunstancias podrán “ordenar más prolijamente” la función de gobierno, pero no bastan para resolver una crisis que, en esencia, es una crisis de legitimidad institucional y de credibilidad de la dirigencia política, en el contexto de un brutal embate de los sectores más poderosos del país para aumentar su apropiación del excedente, de la riqueza acumulada y de los recursos nacionales. Esta lucha, que viene de lejos, se espiraliza ahora ante el casi total agotamiento de las reservas del Banco Central en un contexto de brutal, aunque notoriamente invisible, presión del FMI por apropiarse de lo que “le corresponde” en concepto de pago de la deuda externa contraída por el gobierno de Mauricio Macri y oportunamente reciclada por el gobierno actual.

En los días previos al desenlace de la crisis, el BCRA brindó un tipo de cambio especial al 10% de los productores sojeros que retienen toneladas de soja equivalentes a 14.500 millones de dólares. Se trató así de inducirlos a liquidar 2.500 millones de dólares antes del 31 de agosto para poder así cumplir con lo estipulado en el Acuerdo con el Fondo. Hacia fines de la última semana, el grupo de 5.000 productores beneficiados con esta medida todavía no había liquidado su cosecha, mientras cundía la demanda de otros sectores empresariales, tanto agropecuarios como industriales, por lograr un tipo de cambio que los beneficie más. De esta forma, a pesar de los intentos del gobierno por evitar la devaluación, esta ya se ha concretado, mientras la remarcación diaria de precios esquilma a la población y condena al hambre a los sectores más vulnerables.

En este contexto, el gobierno no resolverá la actual crisis política si no formula un plan inmediato para, entre otras cosas, cortar la corrida y la especulación con los precios, recomponer inmediatamente los salarios y proteger a los más vulnerables, rediscutir las condiciones del Acuerdo y la injerencia del FMI en las decisiones políticas e impulsar inmediatamente un plan para anclar al peso en nuestros recursos naturales y des-dolarizar la economía. La dinámica de la crisis política argentina se encarna en el dólar y está impregnada por un conflicto brutal entre los intereses de la nación y de sus habitantes, y la avaricia desmadrada de un pequeño grupo cuyo único norte es el mercado financiero internacional. Si el gobierno moviliza a la población en pos de objetivos que satisfacen promesas electorales, seguramente encontrará apoyo en los lugares menos pensados, incluyendo a sectores del empresariado condenados a desaparecer si continúan estas turbulencias.

[1] Brzesinski, Zbigniew, The Grand Chessboard: American primacy and its geostrategic imperatives, Basic book, 1997.
[2] Clinton, Hillary, America’s Pacific Century Foreign Policy Magazine, 11 de octubre de 2011.
[3] commonspace.eu, 27/02/2012.
[4] Clinton, Hillary, conferencia en Dublin, rferl.org, 06/12/2012.
[5] Como analizamos en otras notas, en esencia, se trató de vincular (con fake news de distintos tipos) a Putin y los servicios de inteligencia rusos con el éxito electoral de Donald Trump en 2016, y con muchas de sus políticas posteriores.
[6] Jake Sullivan, asesor de Seguridad Nacional norteamericano, presstv.ir, 23/07/2022.
[7] zerohedge.com, 25/07/2022.
[8] zerohedge.com, 27/07/2022.
[9] zerohedge.com, 28/07/2022.
[10] cnn.com, 27/07/2022.
[11] zerohedge.com, 26/07/2022.
[12] De acuerdo con los últimos datos publicados por el Bureau of Economic Analysis, zerohedge.com, 28/07/2022.
[13] Aunque el gobierno y la Secretaría del Tesoro intenten negarlo.
[14] cnbc.com, 26/07/2022.

El Cohete a la Luna

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.