La economía derrapa… ¿La democracia también?

La ola de detenciones con escasas pruebas ocurren mientras el Gobierno no da pie con bola en la economía. El autoritarismo como respuesta a la falta de control sobre el rumbo.

Por Roberto Feletti

La Justicia adicta al Gobierno ha enviado un ominoso mensaje a la oposición de cualquier signo y representación: todo ciudadano puede ser sacado de su cama en la madrugada y arrojado a una celda, aún cuando no existan pruebas documentales que sustenten semejante arbitrio. Esta semana se ha roto el Estado de derecho en lo que hace a las garantías de un debido proceso y el consecuente ejercicio de la defensa, vulnerando la correspondiente presunción de inocencia. Además este hecho fue acompañado del apedreo al teatro donde se exhibiría un documental sobre Santiago Maldonado, el apaleo y detención de participantes en la marcha de reclamo al producirse un año de la desaparición del joven militante solidario, el cierre cotidiano de emisiones periodísticas disonantes con el discurso oficial y la intención de quebrar a los sindicatos que enfrentan las políticas gubernamentales con multas millonarias. Pero el dato más relevante fue que se evidenció, como nunca antes, el objetivo central de este accionar: neutralizar a Cristina como líder más claro y contundente del proyecto alternativo al desastre vigente.

Desde esta columna advertimos la tragedia social que implica el plan de estabilización del Gobierno, pero a la vez su inutilidad a los fines perseguidos. Los números de la economía real apenas en los comienzos del ajuste, son elocuentes al marcar la magnitud del derrumbe. El estimador de actividad económica a mayo arrojó una caída interanual del 5,8% y el estimador industrial a junio un descenso récord de 8,1% respecto de un año atrás.

Sin embargo no son estos indicadores los que han determinado una profundización abrupta del formato político -agudizando el autoritarismo-, sino los costos elevados de la “pax cambiaria” del mes de julio.

El éxito que presentan las autoridades económicas de un descenso del 5,56% del valor del dólar a lo largo del mes, encubre un cuadro cambiario y financiero endeble. La contención del valor del tipo de cambio se alcanzó a costa de una elevada tasa de interés combinada con una fuerte venta de reservas internacionales. La renovación de las Letras del Banco Central el 18 de julio se produjo a una tasa del 46,5 %, que equivale a un rendimiento mensual del 4,02%. A su vez, las reservas bajaron u$s 3.885 millones en el mes.

Es decir que un inversor que se hubiera desprendido de dólares al inicio de julio y los hubiera aplicado a activos financieros en pesos, habría obtenido una ganancia mensual en divisas de casi el 10 %, computando el 5,56% de caída de la cotización del dólar y agregando el 4,02% de rendimiento promedio de la tasa de interés. No obstante, pese a sostener una rentabilidad en dólares enorme (10% mensual), el Banco Central no recibió oferta privada de divisas y debió desprenderse de casi u$s 4.000 millones para asegurar la estabilidad cambiaria.

Una combinación de tasas muy altas con tipo de cambio forzado a la baja vendiendo reservas, que no logra recrear la oferta privada de dólares aún con el respaldo del FMI, revela una profunda desconfianza de los agentes económicos sobre el rumbo del Gobierno.

Es evidente que el esquema del mes de julio no es sostenible en el tiempo. De hecho el FMI le obligó al Tesoro a reducir el monto diario de venta de divisas de modo de no financiar la fuga de capitales. El Gobierno, entonces, se verá obligado en los próximos meses a adoptar medidas mucho más drásticas para equilibrar el sector externo y por ende avanza en un formato político que asegure que el pueblo soporte su programa. Las cifras del balance cambiario del primer semestre del año reflejan lo inestable del escenario del mes de julio: el sector privado retiró por la cuenta capital u$s 18.940 millones y el déficit de cuenta corriente arrojó u$s 8.640 millones. Los dólares se siguen yendo.

El autoritarismo es el formato que adoptan las oligarquías frente a la incertidumbre internacional. Así ocurrió en los 30, después del “crack” de 1929 y en los 70’ luego de la hecatombe del petróleo en 1973. Ahora que el Mundo comienza a reconfigurarse aceleradamente como consecuencia de la crisis financiera de 2008, no es la excepción que la oligarquía gobernante quiera asegurar el manejo de la situación cercenando la democracia.

Depende también del movimiento popular enfrentar el desafío y ganar rompiendo la historia.

El Destape



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