La larga sombra del populismo

Por Mónica Peralta Ramos

Imagen: Francis Bacon

Muchas veces la voz de los excluidos se ha expresado a través de movimientos populistas que, arrancando concesiones de diversa índole, han hecho tronar los cimientos del orden social establecido. Sin embargo, el populismo también ha sido una estrategia desplegada por un sector de las elites dominantes para lograr una mayor cuota de poder. Este aspecto contradictorio del populismo apareció desde muy temprano y ha coexistido a lo largo del tiempo. Así tanto en la Grecia Antigua como en el Imperio Romano el populismo dio voz a los excluidos, al mismo tiempo que un sector de la elite dominante detonaba periodos de violencia y apoyándose en las demandas del pueblo plebeyo (retribución de tierras, subsidios alimenticios etc.) imponía la hegemonía de sus intereses específicos al conjunto de las elites en el poder. En tiempos modernos, los movimientos populistas también han aparecido en contextos de fuerte enfrentamiento entre las elites dominantes y han expresado las demandas de los excluidos a través de políticas redistributivas que, si bien no lograron modificar al orden social imperante, produjeron cambios que duran hasta nuestros días.

Desde mediados del siglo pasado el avance mundial del capitalismo global monopólico impuso limites estructurales al desarrollo del populismo, tanto como vía de expresión de las demandas populares como en su capacidad para dirimir la lucha entre sectores dominantes. En un orden social cada vez mas impregnado por la concentración del poder en todos los ámbitos de la vida social y a escala mundial, la voz de los excluidos empezó a detonar conflictos imposibles de ser absorbidos por la vía democrática. Al maximizar intereses específicos por encima del bien común, las instituciones democráticas perdieron progresivamente su legitimidad y su capacidad de satisfacer y hasta de contener a las demandas populares. En este contexto progresivamente marcado por las crisis políticas, los medios de comunicación altamente concentrados, y los monopolios que controlan a las redes sociales fueron asumiendo un rol cada vez mas protagónico en la contención del disenso, manipulando la información y las opiniones e instilando subrepticiamente las divisiones y el miedo al otro.

Así, hoy día las demandas de los excluidos y las políticas redistributivas que las pueden satisfacer son definidas por los todo poderosos como un cáncer que envenena no solo al ámbito local sino también al orden global (wef.org.6 2 2018). El populismo se ha transformado en un enemigo, al que hay que doblegar con políticas económicas destinadas a encorsetar los conflictos sociales y con un relato meritocrático que divide e instila miedo al otro, detonando así comportamientos de rebaño que anulan la reflexión y el disenso. A este contexto llegó la pandemia y apresuró los tiempos de las transformaciones. Los muy poderosos, que son pocos, se apuran a «resetear el capitalismo» en el mundo preparando los tiempos de la post pandemia, que serán signados por una cuarta revolución industrial que, con tecnologías de punta, hará posible un nuevo orden mundial (wef.org). Los excluidos, que son los más, se debaten en la lucha cotidiana por sobrevivir a la muerte, la pérdida de empleo, el endeudamiento ilimitado y las múltiples desgracias asociadas a una incertidumbre que no tiene fin. La pandemia ha permitido a los mega monopolios avanzar rápidamente en el control de tecnologías que permiten contabilizar y manejar al detalle los recursos humanos y naturales, los flujos de transacciones, las acciones, las intenciones de los individuos que operan tanto a nivel local como global. En este contexto, los conflictos sociales devienen explosivos y dejan entrever los límites que enfrenta el populismo tanto en el centro como en la periferia del orden social mundial.

Populismo, concentración del poder y elecciones

Las elecciones en los Estados Unidos han expuesto con crudeza la profundidad de la crisis de legitimidad del sistema democrático norteamericano y los limites que hoy enfrenta el populismo para expresar la voz de los excluidos y para dirimir los conflictos entre las propias elites norteamericanas que pujan por una mayor cuota del poder.

La enorme participación de votantes ha alcanzado niveles históricos y ha puesto en evidencia la movilización de una población dividida al medio entre dos partidos políticos que, a pesar de sus diferencias, están recorridos internamente por reivindicaciones populistas: por un lado los «deplorables» de Trump, hundidos en el interior rural y en las zonas más pobres del país, han sumado en esta elección a trabajadores urbanos, a hispanos, afrocubanos y también población negra en algunos distritos y estados del país. Por el otro lado, el socialismo democrático liderado por Bernie Sanders ha cobrado fuerza dentro del partido demócrata movilizando a profesionales de ingresos medios y altos y a fuertes contingentes de votantes pobres y de minorías étnicas en las grandes ciudades aumentando así su representatividad electoral, tanto a nivel estatal como nacional.

Por otra parte, las elecciones han puesto de manifiesto la incapacidad logística de la primera potencia mundial para dar cuenta en forma rápida de los resultados finales. Esto se suma al uso de mecanismos de cómputos obsoletos que han fallado en reiteradas ocasiones, tanto en el pasado como en esta elección (Glenn Greenwald, zerohedge.com 5 11 2020; politico.com 4 11 2020; zerohedge.com 8 11 2020). Esto es consecuencia de la irresponsabilidad del Estado nacional, pero también de los estados federales que tienen fuerte ascendencia sobre sus respectivos territorios. De ahí que el desastre logístico de estas elecciones parece asociarse a un fenómeno más profundo: la falta de relevancia del sistema electoral en la determinación de las políticas publicas. Esto tiende a ser reafirmado por estudios recientes de opinión pública, que con tecnologías avanzadas corroboran que las decisiones de políticas públicas adoptadas a lo largo de varios años no han dependido de las inclinaciones políticas de los votantes sino de los aportes de dinero hechos por un núcleo reducido de poderosos intereses económicos (nakedcapitalism.com 3 11 2020).

En este contexto, un nuevo fenómeno adquiere creciente relevancia: el rol político protagónico asumido por los medios de comunicación concentrados y los mega monopolios que controlan las redes sociales. Estos han tenido un rol crucial en la campaña electoral censurando abiertamente tanto los dichos del Presidente Trump como los de sus votantes. Asimismo, y saltando todos los procedimientos institucionales existentes para el caso, los medios de comunicación se han apresurado a proyectar resultados finales y a consagrar a Biden a la Presidencia. Esto ocurre mientras continua el conteo, las diferencias son mínimas y se acumulan las denuncias de fraude electoral por parte de Trump y sus seguidores.

Más allá de estas impugnaciones judiciales, la proclamación de los medios parece haber creado un hecho irreversible a costa de manchar la legitimidad de todo el proceso. Por otra parte, el estado de Georgia ya ha proclamado el recuento de todos los votos, y una segunda vuelta en enero a los cargos de senadores por este estado definirá quién controlará al Senado en el periodo que se inicia. Biden tendrá enorme dificultad para gobernar, no solo porque puede perder el control del Senado sino porque la mitad de la población responde solamente a Trump y ha quedado sin una vía para expresar sus demandas. Asimismo, el socialismo democrático de Bernie Sanders, que oportunamente licuó su programa progresista y apoyó a un Biden impuesto por la dirección tradicional del partido, aliada recientemente a sectores republicanos neoconservadores, ahora reclama su cuota de poder (nytimes.com 7 11 2020, zerohedge.com 12 11 2020).

En este contexto políticamente turbulento, la Reserva Federal ha advertido por primera vez que la persistencia de la pandemia puede provocar una debacle económica y financiera de gran magnitud debido al alto grado de endeudamiento y de riesgo de liquidez que presentan los fondos de inversión y las entidades financieras no bancarias, a lo que se suma la falta de herramientas monetarias y financieras adecuadas para capear la crisis (Financial Stability Report, federalreserve.gov november 2020).

El país del IFE pero sin el IFE

Importantes dirigentes de JxC proclamaban hace poco su desprecio por un gobierno «que quiere convertir al país en el País del IFE «(Patricia Bullrich infocielo.com 2A1 9 90) y en «la Patria del Pobrismo» que vive a costa del Estado (Miguel Pichetto, lavoz.com 12 10 2020). Esta semana nos enteramos que estos dirigentes y algunos de sus seres queridos acumulan jugosos sueldos del Estado, financian con recursos del Estado sus viajes con fines partidarios y han nombrado a centenares de funcionarios públicos. Estos dichos revelan algo más que hipocresía: ponen al desnudo el uso de un lenguaje que persigue fines políticos y de lucro personal estigmatizando a la pobreza y dividiendo a la población.

El gobierno ha enfrentado a las catástrofes heredadas del macrismo y aumentadas por la pandemia con emisión monetaria y gasto fiscal. Así pudo impedir una debacle sanitaria y alimentaria. Ahora, a un año de haber sido elegido para concretar un proyecto de inclusión social, se apresta a firmar un nuevo compromiso con el FMI, esta vez de «facilidades extendidas», que permitirá «expandir a la producción’ y proteger a los mas vulnerables al mismo tiempo que se recupera el equilibrio fiscal (bae.com ,12 11 2020). Si bien el gobierno ha rechazado la posibilidad de recortes estructurales, la historia del FMI demuestra que esto no ha ocurrido ni ocurre con los prestamos de este tipo.

Mas aun, para parar la corrida cambiaria de los últimos tiempos el gobierno ha tomado medidas que se internan por el camino del ajuste estructural. Estas incluyen la suspensión del otorgamiento del IFE a 10 millones de personas porque, según el Ministro, «hay que mantener ciertos equilibrios, pero también proteger a la actividad» (bae.com 12 11 2020) Seria importante que el Ministro le explique a la población como cree que esos diez millones de personas sobrevivirán hasta encontrar trabajo en una economía que todavía no ha salido de la brutal recesión. Se ha dicho que los planes alimentarios serán reforzados antes de fin de año, algo indispensable dado el aumento de la inflación, pero ¿hasta qué punto este refuerzo hipotético ayudará a los 10 millones que perdieron el IFE?

El gobierno también ha anunciado un aumento de las tasas de interés, ha prometido sustituir la emisión monetaria por el endeudamiento local en pesos y en dólares, y ha anunciado un nuevo recorte del gasto fiscal que supera al originariamente presupuestado para 2021. En un contexto marcado por las mentiras del macrismo sería importante que los que votaron por la inclusión social sepan por qué estas medidas los protegerán, cómo las mismas afectan a los pocos que tienen mucho, por qué estos últimos no ayudan a recortar el gasto fiscal y porqué no se aplica la ley de Góndolas aprobada a principio de año y todas las regulaciones que el Estado tiene para impedir el traslado de la corrida cambiaria a los precios, algo que ya afecta a los asalariados y a los más vulnerables.

Mas allá de las dificultades del momento actual, es bueno recordar que la transparencia de los mensajes y el respeto a lo que se votó hace un año es más importante para la legitimidad del gobierno que los riesgos financieros que se puedan correr en circunstancias en que el propio FMI arenga a los países centrales y del mundo a seguir emitiendo e incrementando el déficit fiscal para capear una pandemia que amenaza con llevarse puesto al propio sistema financiero internacional (ámbito.com 2 11 2020, imf.org 27 10 2020).

El Cohete a la Luna

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *