La misteriosa muerte del «Angelito»: el Super Mario Bros al que se le acabaron las vidas

Su nombre era Ángel Almaraz. Miembro de la AFI y vendedor de dólares en el mercado negro. Fue asesinado en una marcha en Plaza de Mayo, cuando supuestamente quisieron robarle el celular.

(Foto: Télam)

Por Ricardo Ragendorfer – @Rragendorfer

Junio de 2019 no resultó un buen mes para el grupo de la AFI conocido con el nombre de «Super Mario Bros» en razón a dos hechos no deseados: el despido del abogado y espía Facundo Melo –por sus irremediables desaveniencias con el jefe de Operaciones Especiales, Alan Ruíz– y el fallecimiento del «Gallego» Laperica, un agente que oficiaba de chofer en esa unidad de inteligencia, quien por entonces fue doblegado en su lucha contra una larga y penosa enfermedad.

Ya se sabe que dicha cofradía estuvo encabezada por el ya mencionado Melo y Jorge «El Turco» Sáez, quien a su vez reclutó a su hija, Belén Sáez, a su ahijada, Daiana «Bucky» Baldasarre, a Leonardo Araque, a Emiliano Matta, a Mercedes Funes Silva, al «Tano» Cicarelli, a un tal «Angelito» y a Laperica, además de otros personajes ocasionales, como el chef Martín Terra. También se sabe que ellos operaban desde un departamento situado en la calle Pilar al 1460, de Mataderos.

El difunto era allí muy querido. De modo que su velorio –celebrado en una conocida funeraria del barrio de Chacarita– fue memorable: en medio de coronas florales fajadas –por razones obvias– con nombres de cobertura, sus compañeros de tareas, entre muchos otros profesionales del secreto, incluido el ex cabecilla de Contrainteligencia, Diego Dalmau Pereyra, se mostraron en ese sitio para despedirlo sin ocultar su pesadumbre.

Cabe destacar que ése no fue el único deceso entre el personal al mando de Ruíz, ya que en sus filas hubo otro fallecido. Pero sin un ápice de pompa.

El primer signo visible de esta historia saltó a la luz el 3 de junio pasado por boca del periodista Tomás Méndez en el programa ADN, del canal C5N. Al respecto, dijo: «También tenemos una persona, parte del equipo, que fue asesinada durante una movilización en plena Plaza de Mayo. Y nunca trascendió absolutamente nada. Fue una de las personas que participó en el operativo de la bomba en el domicilio de Vila. Murió de un palazo en la cabeza en plena Plaza de Mayo. Sospechoso, ¿no? Uno busca este crimen en Internet y no aparece en ningún lado».

Esta última afirmación era correcta. No había ningún registro mediático ni judicial que diera cuenta de ello. Consultado por Tiempo para obtener más precisiones, Méndez aseguró desconocer la identidad del espía en cuestión y no tenía otros detalles que los expresados en su programa. En consecuencia, únicamente había un muerto sin nombre, sin data de fallecimiento y con una escena del crimen algo borrosa. Nada más.

El tema quedó en el olvido. Hasta que trascendieron las indagatorias en los juzgados federales de Lomas de Zamora. Ante el juez Juan Pablo Augé, Ruíz dijo sobre el ya nombrado Angelito: «Era un ex servicio penitenciario que vendía dólares en una cueva de la calle Florida. Le pedí a Sáez que lo eche. Él lo utilizaba para ir a manifestaciones y alguna marcha. Siempre lo veía en el departamento de la calle Pilar. No estaba en comisión ni era un agente orgánico de la agencia».

Y ante el juez Federico Villena, el agente Sáez supo afirmar acerca de la misma persona: «Allí –en la base de la calle Pilar– estaba Angelito, que murió. Era un retirado. Otro retirado, el Gallego Laperica, también murió. Era un tipo buenísimo. Murieron los dos ese año. Uno en marzo y el otro, en junio».

¿Acaso Angelito era el asesinado en cuestión? La costumbre del Turco de infiltrarlo en movilizaciones (según Ruíz) y la escueta mención acerca de su fallecimiento (aportada por Sáez) robustecían tal creencia.

Pero no había más información. Incluso su nombre parecía un misterio guardado bajo siete llaves. Ese agente en realidad se llamaba Ángel Almaraz, tal como fue posible establecer para este artículo.

Con posterioridad, tres fuentes vinculadas a las defensas de los agentes imputados en las causas del espionaje ilegal de la AFI aportaron datos que se resumen de la siguiente manera: «La víctima fue malograda en marzo de 2019 con un piedrazo en la cabeza, durante la desconcentración de una marcha en Plaza de Mayo, al forcejear, casi en la boca de la estación del subterráneo, con motochorros que pretendían robarle su smartphone».

No está claro –según aquellas fuentes– si los victimarios pretendían ese aparato para revenderlo o para apropiarse de la información que contenía.

Tampoco fue posible detallar si el hecho ocurrió el 6 de marzo (durante la marcha docente con incidentes) o el viernes 8 (durante la marcha por el Día Internacional de la Mujer con incidentes) o el miércoles 20 (durante la marcha de ATE con incidentes en varios puntos del microcentro).

Entre los abogados que aportaron información no se encuentra el doctor Alfredo Oliván (defensor de Sáez), quien reconoció elípticamente el crimen con las siguientes palabras: «Prefiero no tocar este tema hasta que mi cliente amplíe su indagatoria. Porque este asunto está atado a otros».

¿Acaso se refería a la actividad de Almaraz como cambista menor de divisas extranjeras? Porque él tuvo cierta relación con una cueva del rubro en la calle Florida 520, regenteada por un pez gordo del negocio: Diego Guastini.

Este sujeto atraía a clientes oscuros de diverso pelaje, ofreciendo –con fines de lavado– una extraordinaria logística para transportar plata mal habida de un lugar del mundo a otro. Tanto es así que sus mulas podían mover más de medio millón de dólares en un solo trayecto. Su oficina era frecuentada por el jefe de la barrabrava del club Independiente, Pablo «Bebote» Álvarez, y por su par de Lanús, Diego «Fanfi» Goncebate, además de algunos altos dignatarios de La Doce. Allí también fue visto por última vez el blanqueador de dinero Hugo Díaz, antes de desaparecer para siempre en marzo de 2015. Financista, cuevero, colaborador de narcos y con múltiples condenas abreviadas por su condición de «arrepentido», el bueno de Guastini supo agregar en su agenda otro metier: agente inorgánico de la AFI.

El 28 de octubre del año pasado, mientras circulaba en su BMW por una calle de Quílmes, un sicario que se movilizaba en motocicleta le voló con tres disparos la tapa de los sesos.

El medio de locomoción del matador no lo relaciona por ahora con los motochorros que despenaron a Angelito.

Un ex socio de Guastini, el malviviente polimorfo Luciano Javier Viale, tal vez sepa más sobre semejante trama. El 19 de junio pasado fue detenido en un barrio de Moreno por una seguidilla de asaltos a mano armada. Se trata del hijo de Pedro Tomás Viale, el agente de la Side asesinado en 2013 por el Grupo Halcón de La Bonaerense.

El mundo es un pañuelo.

Tiempo Argentino

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *