La orquesta de Alberto

Diego Conno sostiene en este artículo que la nota de Alfredo Zaiat, el tuit de Cristina Fernández y la carta de Hebe de Bonafini, fueron intervenciones necesarias para hacer que el presidente dé cuenta del proyecto político del gobierno en relación a las fuerzas que representa. Conno afirma que entre la crítica abstracta desvinculada de las condiciones materiales de existencia de los pueblos y el llamado al silencio para «no hacerle el juego a la derecha», hay un mundo a descubrir para impulsar y fortalecer las fuerzas y los elementos más democráticos del Frente de Todxs.

Por Diego Conno*

Se escribe por amistad

Interesa aquí la entrevista que le hicieran Nora Veiras y Victoria Ginzberg al presidente Alberto Fernández y que salió publicada el domingo pasado en Página 12. Hay allí un gran texto que debe ser leído en el marco de una importante conversación pública. Se vislumbran cosas interesantes, ideas y palabras que entusiasman, otras que merecen una mayor atención, o que exigen precisiones y demandan capacidad de reflexión. Lo que pareciera quedar claro -aunque quizá aún se deberán discutir los modos y los tonos que nunca son cuestiones menores-, es que la nota de Zaiat, el tuit de Cristina y la carta de Hebe, fueron intervenciones necesarias para hacer que el presidente dé cuenta del proyecto político del gobierno en relación a las fuerzas que representa y que son, a su vez, las que verdaderamente lo sostienen. Siempre es un acto político de gran magnitud que un presidente o un gobierno pueda “dar cuenta de sí”.

El debate que ha surgido en torno a la foto del 9 de julio con el llamado G-6, que es la representación del «gran capital” en la Argentina, debiera poder pensarse en su justa medida. El problema no es la foto sino la imagen y su representación, porque sabemos que de imágenes y metáforas está hecho el mundo de la política. No se trata aquí simplemente del carácter simbólico de dicha imagen -aun cuando sepamos reconocer la importancia de toda una simbología del poder de la que alguna vez habrá que hacer su historia- sino de la pregunta que dicha imagen puede dejar abierta acerca de la naturaleza del gobierno y de los modos de salir de la crisis.

Desde luego, la pregunta por la naturaleza de un gobierno siempre es una cuestión compleja, nunca reducible a los liderazgos personales; se deberá dar cuenta de las fuerzas que movilizan las acciones políticas, de las condiciones en que se desarrollan las relaciones de fuerzas, de las políticas públicas que producen, las alianzas que articulan, las ideas que promueven, los antagonismos que generan. La política no es sólo una cuestión relativa al poder o al gobierno, es creación y configuración de nuevos mundos, y disputa agonista por las palabras que los nombran.

Creemos ver en la coyuntura actual, claros y oscuros. El gobierno viene haciendo mucho por los sectores que han sido sistemáticamente precarizados y vulnerabilizados por parte de los sectores dominantes, pero puede que eso tenga sus límites. Nos referimos a lo que Diego Sztulwark ha definido en un gran libro sobre La ofensiva sensible como los límites de la “voluntad de inclusión”. Una política verdaderamente democrática es irreductible al par inclusión-exclusión, debe poder transformar los marcos ontológicos, epistemológicos e institucionales que hacen posible que alguien pueda aparecer como parte del pueblo. En este contexto, la discusión sobre el impuesto a las grandes fortunas junto a la posibilidad de establecer una renta básica universal son dos grandes iniciativas que de ser permanentes podrían dar como resultado una imagen mucho más democrática de futuro.

Por otro lado, la idea de volver a activar la economía en lugar de «otra economía» que corre en paralelo a la discusión entre la vuelta a la normalidad y la idea de una “nueva normalidad” es todo un problema. ¿Qué duda cabe que es precisamente la normalidad la que se ha interrumpido por la pandemia, esa normalidad regida por la economía capitalista, la que nos ha venido conduciendo, cada vez más, a una nueva situación de peligro? También la idea de un Estado o un gobierno que se ocupa de otrxs, que sin dudas es un gran paso frente al modo de gobierno neoliberal que hace de la des-responsabilización colectiva y la responsabilización individual el principio de acción de toda su gramática, también encuentra límites infranqueables. Desde una perspectiva que entienda la democracia como forma de vida no solo necesitamos distribuir riqueza sino también distribuir poder. O mejor: necesitamos distribuir o transformar poder establecido precisamente para para avanzar en una distribución más justa y equitativa de la riqueza y de los bienes sociales que toda sociedad produce y de la que toda sociedad depende. Allí es donde emerge la relevancia de la unidad y la organización como el poder de los sin-poder: en la acumulación de potencia plebeya.

Todo esto, entre otras cosas, es lo que necesitamos discutir quienes formamos parte del campo nacional-popular y que apoyamos (in)condicionalmente al gobierno. Porque entre la crítica abstracta desvinculada de las condiciones materiales de existencia de los pueblos y el llamado al silencio para «no hacerle el juego a la derecha», hay un mundo. Ese mundo es el que tenemos que descubrir para impulsar y fortalecer las fuerzas y los elementos más democráticos del Frente de Todxs. La política argentina no es un plano, nunca lo ha sido, es un campo minado que hay que saber desactivar a cada paso sin dejar de avanzar. Tomando la vieja metáfora musical que ha utilizado el presidente en la entrevista que mencionamos al comienzo para caracterizar el modo de gobernar, que a diferencia de su antecesor sí sabe de metáforas y de los problemas que atañen a la lengua, es de suponer que si queremos tocar otra partitura, tenemos que redefinir los lugares y las funciones de la orquesta.

Buenos Aires, 20 de julio de 2020.

* Politólogo. Investigador y profesor de teoría política en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional Arturo Jauretche y la Universidad Nacional de José C. Paz. Director de la Revista Bordes. Integrante de Comuna Argentina.

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