La palabra libertad y su derrotero

Por Facundo Di Vincenzo1

Desde los primeros burgos que aparecieron a los costados de los castillos tras las cruzadas (1300), y más aún, luego de los cercamientos (1600-1700), como señalan estudiosos como Henri Pirenne2, Eric Wolf3 o Fabián Campagne4, la palabra libertad comenzó a sonar de otra manera. Dejo de lado el peso de moralidad, justicia y responsabilidad para pasar a poseer una valorización ligada al progreso, específicamente a una idea de progreso (geográficamente situada en el Atlántico Norte) relacionada con la irrupción de la propiedad privada y del modo de producción capitalista. En resumen, el término en su espíritu tenía poco que ver con la idea de libertad de la antigüedad, formada de la conjunción del sufijo latino tat (tas, tatis) más el adjetivo liber, que significaba «libre en el sentido amplio».

Antes, se relacionaba con la situación, circunstancias o condiciones de quien no es esclavo, ni sujeto, ni impuesto al deseo de otros de forma coercitiva. Por otra parte, ejercer la libertad en la antigüedad tenía sus limitaciones, ya que la libertad permite a una persona decidir si quiere hacer algo o no, lo hace libre, pero también responsable de sus actos, en la medida en que comprenda las consecuencias de ellos5.

Justamente, la modernidad cargada de un progreso que no era otro que el progreso del capital, borró la parte de las consecuencias de los actos cometidos en alas de la libertad. En consecuencia, la libertad a veces llegaba a las Américas en barcos ingleses y holandeses cargados de esclavos o se ejercía expulsando o aniquilando de las tierras comunitarias a los pueblos indígenas y a las congregaciones religiosas. El iluminismo, la ilustración, también hicieron su gran fiesta con esta palabra. Quienes tuvieran educación universitaria gozarían de la libertad, los demás ni siquiera comprenderían de qué se trata.

Como señala el pensador Nacional Fermín Chávez, bajo la fórmula de Civilización o barbarie se profesaba una libertad antihistórica, acultural6, en síntesis: deshumanizada. Se afirmaba: es más importante el conocimiento que los humanos. Hoy, tristemente observo que en los medios de comunicación hegemónicos vuelve a difundirse fuertemente una idea de libertad des humanizada. De pronto, como una embestida, la educación es la lanza libertaria y progresista que arrolla todo atisbo de pensamiento.

Si bien como suponen algunos, puede entenderse como una arremetida más del capital (esta vez con las corporaciones de los colegios y terciarios a la cabeza atemorizados por la caída de sus matrículas), estimo que el problema es mucho más profundo. Lo encuentro más bien relacionado con una cosmovisión inanimada, materialista y ajena a cualquier sentimiento de comunidad. A una idea de libertad impostada e implantada en un territorio, nuestra Iberoamérica, que es humanista por naturaleza7.

De allí lo más peligroso, ya que sin poder reconocer al otro todo registro de la realidad se convierte en irreal. Probablemente uno de los que mejor explica todo esto es Alejandro Dolina, quien hace unos días afirmó: «Si hay un virus que está matando millones de personas, no puede haber pediatras diciendo «a los niños les hace mal no ir al colegio». Claro que hace mal no ir al colegio, pero mucho peor le hace contagiarse. Por no ir al colegio no se está muriendo nadie. […] Son asuntos diferentes, hay un supuesto «humanismo pediátrico» que dice «la educación es lo más importante de la vida». Pero si tenemos una pandemia, tal vez tendríamos que rever esto, no es lo más importante en este momento. Yo no sé nada, pero sé pensar, y sé cuándo un pensamiento es pertinente y cuándo no lo es. Que los chicos necesitan ir a la escuela en medio de una pandemia, es un pensamiento impertinente. […]Por favor, alguien que piense bien, que no mezcle, que no se hagan lío, no se metan a pensar si no están acostumbrados.»8

*Profesor de Historia – Universidad de Buenos Aires, Doctorando en Historia – Universidad del Salvador, Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano – Universidad Nacional de Lanús, Docente e Investigador del Centro de Estudios de Integración Latinoamericana «Manuel Ugarte», del Instituto de Problemas Nacionales y del Instituto de Cultura y Comunicación. Columnista del Programa Radial, Malvinas Causa Central, Megafón FM 92.1, Universidad Nacional de Lanús.

2Pirenne, Henri, Historia económica y social de la Edad Media, México D.F., Fondo de Cultura Económica, 1939

3Wolf, Eric, Europa y la gente sin historia, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2005.

4Campagne, Fabián, Feudalismo tardío y revolución. Campesinado y trasformaciones agrarias en Francia e Inglaterra (siglos XVI-XVIII), Buenos Aires, Prometeo, 2005.

5Diccionario de la Real Academia Española y Asociación de Academia de la lengua Española, Madrid, Espasa Calpe, 2014.

6Chávez, Fermín, Epistemología de la periferia, Remedios de Escalada, Ediciones de la UNLa, 2012.

7Di Vincenzo, Facundo, «El Cristianismo plebeyo frente a las epidemias. La solidaridad del humanismo sincretista como identidad Iberoamericana», en Revista Viento Sur UNLa, Remedios de Escalada, 7 de abril 2021.

8Dolina, Alejandro, «La urgente necesidad», en Revista y Editorial Sudestada, Buenos Aires, 30 de marzo de 2021.

Abril 2021