La Paloma

Crónicas carcelarias

Por Ramiro Ross

En la cárcel, hay, entre otras formas, una de comunicarse entre dos presos que están en distintos pisos, que es conocido como “La Paloma”, sus características es un hilo y un paquete que puede ser una media vieja con algo pesado para que el viento no lo mueva y de esa manera pueda llegar el mensaje, que es un papel atado.

Luego de avisar de alguna manera, casi siempre a los gritos, que alguien enviará una paloma y desde otra ventana otro le contestará que están listos, el primero envía el paquete por entre las rejas y lo deja ir deslizándose por la pared, como cuando uno remonta un barrilete, pero en este caso el barrilete va en dirección del piso inferior.

Cuando llega al piso que uno quiere que llegue, el receptor debe pescarla con un gancho, que habitualmente es un gancho de una percha o cosa por el estilo, y luego se empieza a izar hasta tener el mensaje en las manos y de la misma forma, luego se contesta.

Esa forma de comunicación tiene cómplices y son muy necesarios, y casi siempre son los vecinos de la penitenciaría o la gente que camina por la calle, que en la mayoría de los casos son familiares de los presos que usan los gritos desde la calle para hablar con sus detenidos, que al ver La Paloma siguen hablando como si nada pasara para no despertar sospechas y de esa forma apoyar a los presos en sus comunicaciones.

La mayoría de las veces, al terminar de enviar La Paloma, desde la calle la gente nos levanta el dedo pulgar para avisarnos que todo ha salido bien, La Paloma llegó a destino.

Hay que destacar que sin el silencio cómplice de muchos vecinos que sabían que éramos presos políticos y que luchábamos contra la dictadura, no hubiéramos podido conectarnos ni pasarnos noticias. Les debemos nuestra gratitud.

Blog del autor: http://lamuralladeramiroross.blogspot.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *