La Patria en su abismo

Por Juan Alonso

Desde que la Alianza Cambiemos asumió el poder en diciembre de 2015, se produjeron más de 3 mil despidos en el gremio de prensa. Por más que los cultores del odio aún conserven la dominación de los medios de comunicación y sus lazos con los grandes negocios de los fondos buitres, el campo nacional cuenta con la esperanza hecha de amor.

Cuando leas esto quizá Buenos Aires haya salido de la neblina pero no de la frustración futbolera. Una cuestión de espanto y éxito. ¿Pero qué es el éxito? ¿Un campesino haciendo un pozo para plantar semillas de flores con bosta de gallinas y cerdos? ¿Un niño mirando las nubes con los brazos extendidos desde el mismo pozo que cavó su padre? ¿Tu compañera esperando el amor con el tejido violeta al lado de la estufa y el televisor encendido con noticias? ¿La cocina asando carne y un vaso de vino? ¿El éxito es el olvido o el sueño del destino? Tengo más preguntas que respuestas, siempre es así. Pero una trabajadora de Télam dijo algo que rebota en mi mente y trastoca el circuito eléctrico de las emociones: “Hace 22 años que trabajo en Télam. Yo voté a Macri, no tengo ninguna ideología K. Nunca hice retención de tareas, nunca hice paro, nunca estuve acompañando a un compañero, mi legajo es intachable; y estoy despedida”.

La frase cayó como una bomba de angustia sobre el estudio de C5N, cuyos dueños, Cristóbal López y Sebastián De Sousa están presos y su grupo de medios (integrado entre otros por el canal de noticias de mayor audiencia de la Argentina) está a punto de desaparecer, dejando al desamparo a cientos de familias y trabadores. Desde que la Alianza Cambiemos asumió el poder en diciembre de 2015, se produjeron más de 3 mil despidos en el gremio de prensa. La sangría es tremenda y produce algo parecido a una metralla de terror y aquella foto sepia que aparece en pesadillas es la 1978.

Mientras millones de argentinos ven jugar a la selección, el dólar trepa a 30 pesos, se produce una devaluación que deprecia los salarios de los trabajadores y el valor del peso. Se trata de un plan de hambre y entrega que esta vez se repite como tragedia ante los ojos de una multitud entretenida y sosegada por la prensa de la hegemonía financiera y sus periodistas rentados.

Así como Rivadavia fue gobernado por el imperio británico hasta que abjuró de él y murió solo a los 65 años en Cádiz, Macri gobierna con el FMI y EEUU. El imperio nunca paga. Pero medio gabinete mantiene sus ahorros en dólares en el exterior mientras le vacían las heladeras a millones de argentinos. La regresión cultural es antológica y también remite a la década infame, el golpe del 55, y el status quo de marzo de 1976. Macri, hay que decirlo, cimentó su llegada al poder en esos tallos de la oscuridad.

La Argentina sufre un gobierno de ocupación y saqueo con una deuda que será la pesadilla de nuestros nietos. Y a pesar de ello, la creación de sentido horadó el subconsciente de esta sociedad como un veneno sinuoso. La frase de la trabajadora de Télam despedida por Lombardi revela valores culturales anquilosados en el miedo. Es el “no te metas” y “por algo será” de la dictadura. Y como en un escenario teatral, el cinismo viborea entre las voces de seres monstruosos, que justifican la masacre por goteo con frases de autoayuda. De modo que (lo real) tendría que ver con la eficiencia de los emprendedores y el triunfo de los meritorios. Un auténtico cuento del tío sin el Estado o con el Estado como herramienta de los inquisidores.

Por más que los cultores del odio aún conserven la dominación de los medios de comunicación y sus lazos con los grandes negocios de los fondos buitres, el campo nacional cuenta con la esperanza hecha de amor. Parafraseando al poeta uruguayo, Gustavo Pena, “El Príncipe”: “Me gusta este lugar, ¿cómo que no? Míralo, míralo”.

Es la Patria y lucharemos por ella.

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