La primavera y la huelga general

Por Jorge Giles

Llegó la primavera y es temporada de huelgas y movilizaciones. A diferencia de los tres paros nacionales anteriores, esta vez el contexto político y social donde se desarrolla la convocatoria del 24 y 25 de septiembre, ofrece algunos rasgos peculiares que es preciso señalar para intentar entender mejor qué pasa y qué podría pasar de aquí en más.

El desenlace por vía del colapso está en el horizonte toda vez que, al fanatismo ideologizado del gobierno neoliberal reafirmando su rumbo, le corresponde el crecimiento constante de las luchas populares.

Veamos.

En la vereda gubernamental los hechos que a diario se suceden indican que el proyecto macrista está agotado en términos sociales y políticos, definitivamente. No dan pie con bola en ningún terreno económico que tenga consecuencias en la sociedad. Con este modelo de país crece la desocupación como nunca antes. Crece la inflación. Crece el país de la timba financiera. Crece la cantidad y variedad de comercios y empresas que cierran. Crece la oleada de denuncias por corrupción de sus principales espadas. Crece el número de familias enteras en situación de calle. Crece el hambre. Crece el endeudamiento y la escandalosa pérdida de soberanía. Y pese a estos pésimos indicadores, el gobierno dice que seguirá por el mismo rumbo. Así nos irá.

En el revés de la trama, en la vereda opositora, por el contrario, crece la resistencia al salvaje plan de ajuste y redistribución injusta de la riqueza. Crece la unidad posible y necesaria de quienes vienen compartiendo espacios de resistencia. Crece la organización y la movilización a punto tal que desde el nuevo Frente Sindical conformado por Camioneros, la Corriente Federal que conduce Sergio Palazzo y el poderoso SMATA entre otros gremios, acaban de anunciar que luego de este paro nacional marcharán en octubre a Luján centenares de miles de trabajadores a reclamar por el cambio de rumbo. Pareciera que por aquí nadie se rinde.

Es cierto que a medida que el gobierno achica su capacidad de iniciativa política, ensancha su capacidad de daño. Se retiran mordiendo. Habrá que cuidarse mucho. En este marco sus plumas de ganso empiezan a escribir obscenamente la posibilidad de proscribir y meter presa a Cristina. ¿Llegarán a tiempo? ¿Se animarán con ella? ¿Sabrán a conciencia la explosión social, nacional e internacional, que provocarán con esa cárcel? No habría que descartar nada ya que la vida enseña que cuando la derecha se queda sin políticas y sin proyecto alternativo que la contenga, apela a la represión, a la violencia y al encarcelamiento y eliminación de los líderes populares. No vayamos tan lejos en la historia: miremos a Lula y a Correa.

Lo cierto es que en medio de esta confrontación polar vamos a la huelga general en un marco donde los intereses de la sociedad ya tomaron nota del descalabro en que estamos y peor aún, del descalabro que se vendrá de continuar el macrismo apretando el acelerador de las causas que produjeron esta crisis auto infringida.

Sumemos otro factor para entender la creciente polarización de voluntades: si se aprueba el Presupuesto tal como está, será la gota de ácido que permitirá prever con mayor nitidez las próximas penurias que sobrevendrán para todos los sectores sociales, en lo económico; pero en lo político, será la licuación final de cualquier proyecto de “tercera vía” que pretendiera ubicarse, de allí en más, equidistante de Macri y de Cristina. Más allá de las eventuales candidaturas electorales de ambos actores principales en el escenario nacional, votar ese Presupuesto será una mancha venenosa para cualquier dirigente que pretenda hacer política en la Argentina.

El antecedente histórico, para entendernos mejor, sigue siendo “Braden o Perón”.

En este marco se empieza a agotar el intento de crear un nuevo sentido común que, por derecha y por izquierda, pretendió imponer un imaginario donde aquella oleada nacional, popular, democrática, que cubrió durante más de una década casi todo el continente, estaba derrotada.

Por si hay dudas, recordemos que esa oleada triunfó recientemente en México con López Obrador. Y recordemos que Correa fue traicionado, no vencido. Y que Lula y el PT son reivindicados crecientemente en Brasil y que Dilma fue expulsada de la presidencia por un golpe palaciego, no derrotada. Y que aquí Cristina es la líder política con mayor caudal de imagen e intención de votos. ¿Dónde está entonces el reflujo social de esos liderazgos populares?

La detención de Juan Grabois y otros trabajadores y la espontánea y masiva movilización popular exigiendo su libertad, puso de manifiesto que el corazón de este pueblo, cuando se muestra unido, sigue latiendo con fuerza en lo más profundo de la sociedad.

Es ese latido el que se escuchará tronar en esta huelga general.

Que así sea.

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