La ultraderecha acusa al papa Francisco de hereje

Por Bernardo Barranco V.

Los frentes de confrontación se aben aún más. El papa Francisco enfrenta una atmósfera cada vez más contaminada que frenan sus reformas. A los escándalos financieros, los reclamos por la pederastia y las reformas prometidas a la curia parecen empantanadas. Unos son torbellinos heredados, en otros a Bergoglio le ha faltado pasar a los hechos. Pasar de las palabras y buenas intenciones a las acciones contundentes. Ahora enfrenta al ala más tradicionalista de la Iglesia, que no sólo le reprocha ser modernista, sino le acusa de ser hereje. El Papa argentino encara un movimiento telúrico conservador dentro de la Iglesia que pretende desmoronar los vientos de cambios que anunció al inicio de su pontificado. El epicentro se ubica en las entrañas de la ultraderecha católica más añeja e ilustrada.

La afrenta contra Francisco tiene su origen en un documento contestatario. La Correctio filialis (corrección filial), es una carta de 25 páginas firmada originalmente por 40 sacerdotes católicos y laicos intelectuales conservadores de 11 países. Fue enviada a Francisco el 11 de agosto y por el hecho de que no ha recibido ninguna respuesta por parte del Papa, se hizo pública el 24 de septiembre. “Santo Padre, con profunda aflicción, pero impulsados por la fidelidad a Nuestro Señor Jesucristo, por el amor a la Iglesia y al papado y por la devoción filial hacia usted, nos vemos obligados a dirigir una corrección a Su Santidad, a causa de la propagación de herejías ocasionada por la Exhortación apostólica Amoris laetitia y por otras palabras, hechos y omisiones de Su Santidad”. Así comienza la carta firmada por ahora por 62 prelados y eruditos laicos que contiene la formulación de siete cargos de herejía al papa Francisco. Hay una clara ambigüedad en la carta; por un lado se asumen muy eclesiales y respetuosos con el pontífice y, por otro, son muy severos detractores.

El texto sostiene las serias implicaciones para el futuro de la Iglesia, incluso hace referencia provocar un posible cisma, acusa al Papa del riesgo de difundir “algunas herejías” contenidas en la exhortación, así como en actos y omisiones posteriores de Francisco. En particular, el Papa es acusado de siete herejías dictadas, a decir de los firmantes hay una deriva modernista que se propone a la Iglesia en materia de matrimonio, divorcio y eucaristía. Planteamientos bajo la influencia de la doctrina luterana y del relativismo actual.

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Los nuevos fariseos tradicionalistas acusan a Francisco de graves y peligrosos errores doctrinales contenidos en la exhortación apostólica posinodal Amoris laetitia, sobre todo del estatus eclesial de los divorciados vueltos a casar. Otra de las acusaciones formuladas contra Francisco es la apertura a los luteranos. Critican que el Papa tuvo el valor de decir 500 años después que hubo corrupción en la Iglesia, había apego al dinero y al poder en franca analogía a las actitudes de numerosos clérigos y prominentes actores de la curia actual.

Francisco es acusado por los inquisidores contemporáneos de provocar “un escándalo para la Iglesia y para el mundo, en materia de fe y moral”, fruto de las ideas de reforma que Francisco enarbola. Entre los firmantes destacan miembros lefebvristas, el obispo Bernard Fellay, superior de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, históricamente su postura ha estado en contra del Concilio, contra los últimos papas desde Paulo VI (1897-1978). Otros están cerca del movimiento Tradición, Familia, Propiedad, que apoyaron en su tiempo a las cruentas dictaduras sudamericanas. Así como discípulos del católico tradicionalista estadunidense Michael Novak, teólogo de la cultura que opta por el capitalismo como el sistema ideal para el desarrollo del cristianismo. ¿Por qué no aparece el Yunque mexicano? Se le extraña entre los firmantes, ¿por qué no se atrevió Norberto Rivera a firmar la Correctio, ya que está más cerca de ella que del pensamiento del actual Papa?

Para Sandro Maggister, vaticanista crítico de Francisco, el texto es: “Un paso que no tiene igual en la historia moderna de la Iglesia. Porque es al lejano año de 1333 que se remonta el último precedente análogo, es decir, una “corrección” pública dirigida al Papa a causa de las herejías sostenidas por él, luego efectivamente rechazadas por el Papa de entonces, Juan XXII”.

La herejía en la tradición cristiana es la desviación y la concepción religiosa que se apartan, se separan o agreden el depósito común de la fe. Son las ideas religiosas contrarias a los dogmas de la doctrina religiosa que deben ser rechazadas por las au­toridades eclesiásticas. Ahora es la ultraderecha católica que se erige en autoridad. Cuestiona la infalibilidad del Papa y sus planteamientos, calificándolos de herejes, y le exige corregir sus posturas. Es un atrevimiento que pocas veces se ha visto en la historia moderna de la Iglesia. Esta derecha ultraconservadora es en su mayoría antimoderna y percibe las reformas del Papa como una amenaza. Para ella, Francisco es un Papa acechante que busca nuevas mediaciones con la cultura moderna. Los gestos y actitudes pastorales de Bergoglio se han constituido, para los ultraconservadores, en provocaciones a la tradición del catolicismo. Por tanto, este Papa latinoamericano requiere ser neutralizado y acotado. Para ello los tradicionalistas católicos están dispuestos aliarse con la curia damnificada por el Papa, con aquellos episcopados contrarios a Francisco y con los intelectuales conservadores europeos que reprochan el populismo tercermundista del pontífice. Con este documento le declara la guerra al pontífice argentino, ante el beneplácito de los actores curiales que están viendo perder sus privilegios y estatus.

La Jornada de México

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