La visita

Crónicas carcelarias

Por Ramiro Ross

Si hay un hecho realmente trascendente en la vida de un preso, sin lugar a dudas es “la visita”, este hecho, que consiste en la llegada de familiares, amigos o conocidos a visitar a un presidiario durante un lapso corto de tiempo, que puede ser una hora y media o dos horas, que solo es posible llevarla a cabo uno o dos días a la semana, y que las autoridades del penal pueden suspenderla sin previo aviso cuando se les da la gana, con cualquier pretexto y con la amenaza que si los presos denuncian la suspensión de la visita o hacen batuque con latas, cacerolas o cualquier cosa que haga ruido, esta prohibición se puede extender a varias semanas de validez para los cabecillas de la protesta.

Para llevarla a cabo, la visita debe llegar a la puerta de la cárcel a la mañana muy temprano, para ser una de las primeras en pasar y ganar unos minutos más para estar con su pariente o amigo. Al llegar la hora, un guardia los va haciendo pasar despacio, les toman los datos personales, previa entrega del documento personal, el cacheo que incluye sacarse la ropa y ser revisado totalmente, con el argumento de que las visitas les llevan drogas a los presos, sabiendo que la droga se vende dentro de a cárcel, negocio que es administrado por los guardiacárceles, y claro… no aceptan competencia.

El preso es informado y avisado que se prepare porque ‘tiene visita’ una hora antes de que “lo habiliten”, aunque habitualmente el preso ya sabe que viene tal o cual persona a verlo porque le avisan desde la calle a los gritos, si es posible para él trata de conseguir algunos elementos para hacer una “torta tumbera”, que consiste en una torta con los pocos elementos que consiga y hecha sin horno (en los pabellones no hay horno), sino al fuego sobre la cacerola, y esta es otra pelea interna en los pabellones, el día de la visita, desde la mañana temprano se están preparando tortas, los presos preparan la mezcla y ponen su olla en fila a medida que van terminando y esperan turno par usar la cocina, que habitualmente de los tres o cuatro quemadores, solo funciona uno y con suerte dos, lo que hace que se escuchen las peleas y los gritos entre presos por el uso de la cocina, ya que a los que están esperando turno para usarlas, que son bastantes, se agregan los que quieren calentar el agua para el mate, y eso desata peleas tremendas que a veces terminan en forma violenta.

Luego de cocinarla, la ponen a enfriar y debe quedarse cerca para custodiarla porque algunos están esperando que se descuide para robársela y ese día desayunar mate con torta, o sea ¡todo un lujo en la prisión!

El desgaste mayor lo hace el visitante, ese pariente que se levantó muy temprano y desde lugares remotos salió con su paquete de ropa, algo de comida, un pulóver, desodorante y todo lo que le pudo comprar al preso a visitar, sin saber, a veces que de esas cosas solo llegará una parte, porque los paquetes de cigarrillos serán abiertos y su contenido desparramado arriba de una mesa por el guardia que aprovechará para romper varios y humedecer el resto para que la visita desista de llevarle cosas que, todos lo saben, se venden dentro de la cárcel a precios más caros, por eso cuando un visitante reclama por la pérdida de los productos que llevó, el guardia, le dice que no debe traer nada, que traiga el dinero y el preso lo compra dentro del penal, que es mercadería que no se revisa, y el preso no recibe la yerba con su paquete roto y el contenido mezclado con otros comestibles, como cuando se trata de alimentos traídos por la visita, ya que en este último caso, tanto la yerba, el azúcar y otros alimentos son cortados en pedazos, y su contenido mezclados con otros paquetes.

Dice la Constitución Nacional Argentina que la cárcel no es lugar de castigo, sino que debe servir para preparar al reo para reinsertarse en la sociedad, pero claro, en ese lugar nadie se enteró aún de esa parte de la Constitución, el preso sale de la cárcel y lo único que aprendió, si no sabía hacerlo, fue a robar, ya que los presos viejos cuentan en las ranchadas anécdotas de sus robos y aclaran las diferentes formas de robar, la diferencia entre un ‘escruche’ y las ´técnicas para llevar a cabo cada modalidad.

Al salir de la cárcel, el ex`presidiario, no puede presentar un certificado de buena conducta en ningún trabajo, por lo que, el único camino que le queda, salvo excepciones, es empezar o reiniciar una carrera delictiva que en el mejor de los casos le reintegrará a la cárcel, entrando en un círculo de donde la única forma de salir, es recibir, más temprano que tarde, un balazo policial en algún enfrentamiento.

Enero 2019

Blog del autor: http://lamuralladeramiroross.blogspot.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *