Las Evitas

Por Andrea Conde

Fue 1951 el año en que por primera vez mujeres no solo pudieron votar sino que tuvieron por ejemplo, una libreta de enrolamiento (libreta cívica), es decir, que el estado las reconocía a partir de esta ley, como ciudadanas y acreedoras de derechos civiles.

Dora Barrancos le besaba la mano a Malena Galmarini. Florencia Saintout miraba todo maravillada. Una urna de tres metros estalló y salieron delegadas censistas de adentro.

Delegadas que llevan en sus manos figuras con la forma de provincias las cuales en breve se unirán en el centro de la escena conformando el mapa de una Argentina que por primera vez nos incluyó a todas.

Era 23 de septiembre y yo no podía dejar de pensar que este homenaje es uno de los más lindos que viví no solo por la manera en la que se gestó todo sino por el gesto de unidad que significó y la certeza de que sin dudas #TodasUnidasTriunfaremos.

El lunes pasado se cumplieron 72 años de la sanción de la Ley 13.010, la famosa Ley de voto femenino y se conmemoró el Día de los Derechos Políticos de las Mujeres.

El Comando Evita que organizó el evento es un grupo de jóvenes que, ante la decidida desidia macrista para recoger y homenajear a una figura como Evita a 100 años de su nacimiento, tomaron por las astas la cuestión y armaron su propia unidad bicentenaria, “versión fábrica recuperada” como dice Sole Guarnaccia.

Había cien Evitas frente al Congreso que en ronda entonaron la marcha peronista feminista con orquesta en vivo y luego salieron de una urna gigante las delegadas censistas con piezas que emulaban las provincias en sus manos. Flor de metáfora, pensaba, mientras nos llevaban a bailar con ellas al centro de la escena.

Estallar una urna, las provincias en manos de las delegadas, el amor intacto por Evita. Todo se me volvía una invocación a esta increíble pieza de la historia para los feminismos populares como lo es la construcción de una realidad efectiva en la que las mujeres de la patria pudimos votar. No basta con sacar o discutir una ley entre trogloditas que en nombre de la medicina justificaban su voto negativo diciendo que el cerebro de la mujer “pesaba menos”.

El partido peronista femenino construyó entre 1947 y 1951 más de 3600 unidades básicas a lo largo de todo el país. “Las muchachas”, las delegadas censistas que Eva elegía entre multitudes, cruzaban lagunas a nado (literal) para llegar a cada rincón en donde hubiera una mujer que debía ser empadronada y considerada una ciudadana. El voto fue más que un voto, fue expulsar a toda una categoría política del oscurantismo y la invisibilización, fue hacer de un papel, “realidades efectivas” de equidad como tan bien acostumbra el peronismo.

Fue 1951 el año en que por primera vez mujeres no solo pudieron votar sino que tuvieron por ejemplo, una libreta de enrolamiento, es decir, que el estado las reconocía a partir de esta ley, como ciudadanas y acreedoras de derechos civiles. Pero ante todo fue la primera vez que pudieron ocupar bancas siendo el partido peronista el único que en sus listas presentó mujeres que luego serían las primeras 6 senadoras y 23 diputadas de la historia Argentina.

Las interrupciones democráticas que le suceden al peronismo invisibilizan un avance enorme de equidad real, en términos políticos y cívicos que se logró en la época a través de leyes que partiendo de esta nueva ciudadanía se lograrían conquistar como la Patria potestad compartida (1949) y luego la Ley de divorcio (1952).

Con el retorno de la democracia, recién en 1985 logra restablecerse la Patria Potestad compartida y para un tardío 1991 se aprobó la ley de cupo femenino, que estableció garantizar, al menos el 30% de participación femenina en las listas de partidos políticos para cargos nacionales.

Se me hace fundamental repasar los hitos en nuestra historia sobre todo para no ser injustas con nuestras propias compañeras, con cada una de las delegadas que atravesaron el país y no solo incorporaron a 4 millones de mujeres a la vida política sino que además las enamoraron de un proyecto que es el que hoy late en el corazón del pueblo. El que late en esta plaza de unidad junto a las Evitas que se multiplican y expanden, tomando forma de Evita tortillera, Evita trans, Evita niña, Evita gorda.

Pienso en esas hermosas palabras que pronunciaba ella con el proyecto de ley entre sus manos: “Mujeres de mi patria: recibo en este instante de manos del gobierno de la Nación la ley que consagra nuestros derechos cívicos. Y la recibo entre vosotras con la certeza de que lo hago en nombre y representación de todas las mujeres argentinas, sintiendo jubilosamente que me tiemblan las manos al contacto del laurel que proclama la victoria” y siento que de alguna manera si la justicia existe es algo parecido a esto. Aunque ella haya podido votar por única y última vez, hoy en su nombre somos miles las que con alegría y un coro a muchas voces contestamos con el beat de fondo “Eva Perón, tu corazón nos acompaña sin cesar. Te prometemos con pasión, no dejaremos de luchar.”

Gracias compañeras por tan hermoso regalo y por llenarnos de esa fuerza con la que en octubre haremos explotar las urnas.

Andrea Conde es legisladora porteña y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.

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