Llevo mi vida de mierda al obelisco

Por Eduardo Blaustein

Psicosociopatías y malestares del anticuarentena (hipótesis)

La última marcha anticuarentena fue la rutina de siempre, solo que multiplicada más que nunca por los medios, que intentan conducir gobierno y oposición. Angustiados, bizarros, solos y solas, y los que protestan en 4×4 porque sin neoliberalismo y consumo a pleno caen en su propio abismo.

En principio una aclaración urgida ya que mal de muchas sociedades, consuelo de argentos. A no clavarse puñales al pedo por algún tipo de desperfecto único de la argentinidad, el porteñaje o “las clases medias” porque esto está sucediendo en todas partes.

Lo que sucede en Argentina con los sentimientos, berrinches y angustias de los anticuarentena sucede en muchos países con variantes peores. En la gran Alemania han habido movilizaciones similares y muy fachas (o nazis), cuestionadas públicamente por la inteligente y conservadora política y bióloga que es Angela Merkel. Estados Unidos vive un caos de aquellos, bordeando la anarquía, con un presidente ignorante que representa bien las geografías de ignorancia, individualismo y fanatismo religioso o no de la sociedad yanqui, muy mal educada (literalmente). En Brasil, con tantísimas muertes, las encuestas dicen que aunque Bolsonaro está mal en las encuestas (pero no tanto), buena parte de la sociedad dice que la Bestia no tiene tanta responsabilidad en el avance de la pandemia. En Madrid 3000 se movilizaron específica y únicamente en contra de la obligatoriedad del uso del barbijo (amenazan con multarlos). En España los medios hacen lo mismo que acá: dicen que la cuarentena es un modo de control social y político que restringe las libertades, camino al comunismo.

Pero claro, nos interesa Argentina. Así que vamos a ello.

  • La marcha fue de rutina.
  • Idénticas coberturas mediáticas multiplicando la importancia de una marcha de no mucha gente.
  • Idénticas dudas acerca del sentido que pueda tener que C5N o Crónica cubran las marchas minuciosamente, dejen a los movileros a merced de los gritos y se dediquen a cuestionar -con toda la razón del mundo- el sentido de las movilizaciones, las consignas, el peligro público sanitario.
  • Las componentes “ideológicas” y las bizarras son también de rutina.
  • Dosis fuertes de antiperonismo o antikirchnerismo o antialbetirsmo en una ciudad que lleva añares votando gobiernos cambiemitas. Ídem Córdoba con su cordobesismo.
  • Dosis de antipolítica resumibles en los testimonios de gente que grita a cámara que los políticos son todos corruptos y cagan a los jubilados y son todos iguales.
  • Dosis literalmente psiquiátricas. Esto, que uno afirma literalmente, no es una “crítica” o una ironía. A estas marchas va una proporción importante de gente que odia y que está mal de la cabeza. Hay gente que está mal de la cabeza de un lado y del otro de la grieta. Puede que del lado nuestro estemos menos locos y desamparados por creer en el amparo y la empatía con los otros. Con dificultad, ejém.
  • Hay una componente extraída del tema Eleanor Rigby, de Los Beatles: All the lonely people. All the lonely people. Where do they all come from? La ciudad de Buenos Aires tiene demográficamente una cantidad enorme de lonely people que está mal y tiene razones para estarlo. Los hogares unipersonales en CABA constituyen, según de qué estudio se trate, entre el 30 y el 37,5% del total.
  • Dice al respecto la socióloga e investigadora Paula Fernández Lopes, de la UCES: “Los hogares unipersonales de la Ciudad de Buenos Aires se componen en un casi 47% de adultos mayores de 65 años y más, donde las mujeres de ese rango etario comprenden más de la mitad del total de las mujeres que viven solas”. Eso es muchísima gente, muchísima lonely people, muchísimo caldo de cultivo en pandemia o no sea para la depresión, el vacío, la angustia, el odio, la rareza, el extravío.
  • Está la componente de los ignorantes y de los bizarros. Desde la chica que cargaba el cartel que decía (por el lado “Soy racional, no estúpida”) “El virus existe” (y por el lado bizarro) “Pero la pandemia no”. Un grupo de muchachos con pose de machitos militarizados llevando otra pancarta que decía “Patriarcado Argentino Unido”. Están o estaban los antivacuna, los críticos de Bill Gates, los terraplanistas, los libertarios, los que no creen en el virus, el grupo ese que lleva la bandera argentina en que se lee “Soros o Perón”, un señor de cuya sartén a golpear caían unas cadenas doradas. Aparentemente, según se ve en la foto de Página/12, el señor llevó un martillito para golpear la sartén pero lo recubrió de gomaespuma para no dañarla. Tipo prolijo.
  • Estaban por supuesto los garcas y gorilas (los mejores llevan sombrero de estanciero, hecho en cuero macho de las pampas).

En el grupo grupo de uasap de mi familia escribió mi sobrina: “Caminando por Av. Independencia nos encontramos con todas las camionetas de lujo que volvían pal norte embanderadas”. Respondió una de mis hijas, que vive en Olivos, cerca de avenida Maipú:

“Seguro les mismes buena onda que escuchamos cuando iban para allá”.

Sobrina: “Les mismes”.

Cuñada que vive sobre avenida Cabildo: “Les mismísimes!” y emoticón de enojo.

Datos biométricos: es fácil llenar apenas unas cuadras de la 9 de julio con autazos y 4×4. Dato dicho desde la bronca: ¡Qué heroicas y republicanas son las gentes que se creen patriotas por el inmenso sacrificio de tocar las bocinas de sus Nissan y Amarok!

 

¡¡¡El banderazo!!!

Lo que sigue es también de rutina razón por la cual sintetizaremos mucho: la centuplicación de lo sucedido por vía mediática. No por conocido menos peligrosísimo. Nos animamos a decir que contra la ya añeja categoría inaugurada por Carta Abierta -“destituyente”- que la derecha consiguió hacer risible, pasamos a sostener que el comportamiento de la derecha mediática, además de criminal en relación con la salud pública, es golpista. El título-eje dominante e idéntico de (los grupos económicos) La Nación y Clarín fue “El mayor banderazo que haya enfrentado el Gobierno desde que comenzó la cuarentena”. Abajo de la idea-eje quichicientos titulares más amplificando la movida -en absoluto masiva- y en la tele análisis imbéciles acerca de “el mensaje que dejó la gente” (¿diez mil personas?=la gente). Con una variante: esto va también para la oposición. Más notas de análisis subrayando esa novedad: es un mensaje para la oposición. Es decir: son los medios los que intentan conducir a la oposición por la vía más odiosa y violenta y a menudo lo consiguen. Recuerdo: al final de la dictadura algunos medios y periodistas (y la Sociedd Rural) hicieron lo mismo diciéndole a los milicos exhaustos: no se apresuren a convocar a elecciones.

Visto desde otro ángulo invertido. La marcha, las banderas, la pregunta infinita de ¿por qué vino a la marcha? Todo centuplicado por el ruido a la vez anomizate y anarquizante (golpista) de la cobertura mediática. Muchos van porque se los convoca desde los medios y las redes y porque se sabrán vistos y cubiertos por los medios. Sin cobertura mediática serían invisibles. Sin cobertura, exagerando apenas, no irían, no existirían. Se quedarían en sus casas rumiando sus angustias, sus odios, su malestar cultural.

Este escriba que suele vanagloriarse de su presunto tono moderado vuelve a decir, sobre la derecha mediática: el comportamiento ya es gopista. Y vamos a otra cosa.

 

Los huérfanos de Starbucks

Lo que sigue puede resumirse así: a partir de cierta capacidad de consumo hay mucha gente a la que le tocás el neoliberalismo y se le derrumba la estructura psíquica. En este punto agradezo las largas conversaciones impotentes con mi pareja, Vero. Ahora mismo me dice que se despertó cruzada mal por tener a Brandoni en la cabeza y peor aun por desearle la muerte a Sebrelli. No agrego estas líneas para contar intimidades innecesarias, sino para hablar de la época.

La idea de crisis de subjetividad por clausura de consumo me cerró viendo con ella la estúpida desesperación con la que un grupo de sanisidrenses corrieron a un bar reabierto. ¿Para qué? Para sentarse en unos banquitos incómodos al lado de la calle ruidosa, sin mesas. Para sorber café con barbijo y hablar acaso con el barbijo húmedo mal oliendo a café servido en envase horroroso y acaso a cigarrillo. De nuevo, a partir de cierta holgura y capacidad de consumo hay mucha gente con las vidas medio vacías a las que le cortás el Starbucks, el shopping, el viaje al exterior, el parapente o el tenis, la exploración de delicatessen en el Jumbo, la exhibición de la 4×4 desde lo alto, el happy hour, el free shop, y se te caen al abismo.

Visto del lado de nosotros los sensibilísimos y complejos y cultores del buen cine y la solidaridad del proletariado, tienen unas vidas de mierda solo sostenidas por el consumo y la nadita liviana. Por no poder ir a Pinamar, o Punta, o Miami es que suben a la 4×4 en modo fiestita odiosa (son los que tienen los mejores hogares y barrios para pasarla mejor en cuarentena) a expresar la crisis de su subjetividad y a divertirse solmenes y sentirse cívicos tocando bocinas en Libertador, avenida Santa Fe y 9 de Julio. Bajo el amparo de la República en peligro y la ignorancia supina. A estos, si así lo desean, los podemos llamar sin temor a la generalización gorilas de ley.

El socompero Gabriel Bencivengo rescató en Facebook una imagen de la convocatoria a la marcha en la que se resumen otros horrores. El texto decía “Banderazo patrótico. Hagamos la Patria que quería San Martín”. Detalle: el Santo de la Espada aparecía en la imagen con una bandera argentina a modo de poncho, señalando al ciudadano en modo Tío Sam diciendo I want you for the U.S. Army y abrazando… una pelota de rugby marca Gilbert.

También está la componente intrahogar o interfamiliar. Cuántos desesperados habrá por huir no de la cuarentena sino de sus hogares, sus matrimonios relativos (sin poder ver a sus amantes), sus hijos. Y los hijos de sus padres.

Que no digan que no somos sensibles con ellos, que no intentamos comprenderlos, Alberto.

Socompa. Periodismo de Frontera