Lo perverso y lo siniestro

¿Hay en el gobierno una tendencia a “echar por tierra todos los deberes”?

Lo perverso y lo siniestro

Por Juan Carlos Tealdi

Imagen: El Bosco, “La extracción de la piedra de la locura”, 1503-1504 (detalle)

En estos días he escuchado hablar de cuan “perverso” ha sido el gobierno actual con el robo de identidad a pobres e indigentes para el fraude financiero de su campaña. También se ha señalado cuan “perversa” es la intención de vaciar el fondo de garantías de las jubilaciones. Y hasta un electricista que vino esta semana a trabajar en mi departamento me dice sin preliminares: “¿Vuelven los milicos? ¡Qué perverso, eh! Vive para hacer daño”.

El adjetivo se extiende y el significado que se le da en el uso común es el mismo que el de la lengua académica: “Sumamente malo, que causa daño intencionadamente, o que corrompe las costumbres o el orden y estado habitual de las cosas” (RAE). El término es fuerte en su calificación negativa, pero esto nos mueve a reflexionar sobre el término para comprender aún más lo que estamos diciendo, preguntándonos: ¿qué es un acto perverso? ¿Qué es un perverso? ¿Qué es lo perverso?

El demonio de la perversidad

El significado actual de la palabra perverso no es muy distinto del de su origen latino con sus diversas categorías: “Obrar muy imprudentemente, tomar resoluciones temerarias” (Sallustio), “Arruinar, destruir”, “Mala, torcidamente, al revés de como conviene”, (Plauto), “Echar por tierra todos los deberes”, “Dar una falsa interpretación”, “Invertir el orden”, “Maligno, de mala intención” (Cicerón). El acento se pone aquí en el acto perverso.

Este significado se mantuvo en tiempos medievales bajo la hermenéutica cristiana que distinguía entre el pecador (por lujuria o impulso sexual), el bufón (discapacitado físico y mental) y el loco (transgresor del orden y las costumbres). Pero aquí el acento se dirigía al individuo perverso. El intento de reinserción de estos “sociópatas” alumbraría a El barco de los locos (1494) de Sebastián Brant, en el que la nave se dirige a Tarragonia, la tierra de la locura, destino al que se llegará a la deriva y sin gobierno; y a La extracción de la piedra de la locura (1503-1504) que pintara el Bosco habiendo leído a Brant.

En lenguas no latinas, como el inglés, también se observa el sentido general de esos significados: “perverse” es “apartarse del camino correcto o de lo que es recto y bueno”, “obstinarse o persistir en lo que es incorrecto”, “dispuesto a ir contra lo que es razonable o requerido”; y “perversion” es “tomar el camino incorrecto, apartándose de lo que es verdad”. Sin embargo, Edgar Allan Poe publica en 1845 un relato corto (The imp of perverse), que Cortázar tradujo bajo el título El demonio de la perversidad, en el que esos antiguos significados, si bien persisten, comienzan a reformularse. El relato trata de la planificación y ejecución de un asesinato que es seguida en modo creciente por el “impulso” del asesino a confesar su crimen aun sabiendo que esa confesión le llevará a la muerte. A ese y otros impulsos inmotivados e irrefrenables del protagonista, contrarios incluso a sus propios intereses, Poe los llama “accesos de perversidad”.

Esa perversidad, que es ese “móvil sin motivo”, Poe también la había abordado en el relato El gato negro (1843), pero marcando una diferencia con la “intemperancia”. Mientras esta es una fuerza sobrenatural, un impulso irrefrenable, la “perversidad” del acto perverso, en cambio, aunque sigue siendo un impulso, tiene ahora un fin que es el hacer algo que no se debe hacer, violar la ley. Si la intemperancia le llevó al protagonista a sacarle un ojo al gato, en una violencia inducida por el alcohol, ahora se trata del calculado impulso perverso de matarlo (y luego matar a su mujer). Es “una invencible tendencia a hacer el mal por el mal mismo”. Hay una novedad en esto: ahora, el foco comienza a ponerse en “lo perverso”.

Santiago Caruso, “El candidato”, 2013.

El goce perverso

Sobre ese historial, y si bien la psiquiatría del siglo XIX ya había catalogado a las perversiones como fantasías sexuales “desviadas” de “lo normal” (fetichismo, zoofilia, necrofilia, voyeurismo, etc), Freud abre con Tres ensayos sobre la teoría sexual (1905) una nueva significación no valorativa del término: las formas de las “desviaciones sexuales” de la perversión anidan en todo sujeto porque la superación del complejo de Edipo y su fantasmática es siempre inestable: “La neurosis es una perversión negativa”.

Pero será Lacan el que profundizará en la noción de “lo perverso” al hablar de tres estructuras clínicas (psicosis, neurosis, perversión) y decir que lo común en la perversión es “el goce”, aquello que explica esa “invencible tendencia a hacer el mal por el mal mismo”. “Lo perverso” no se reduce al cuadro clínico de “la perversión” porque el psiquismo no es homogéneo ni absolutamente estable: los neuróticos pueden cometer perversidades.

Aristóteles ya había hablado de “incontinencia” (akrateia) para calificar a quienes saben qué es lo que deben hacer y sin embargo no pueden hacerlo porque actúan guiados por las pasiones y no por las razones. La incontinencia tiene por fin el placer, aunque un placer vergonzoso. En “lo perverso” psicoanalítico, sin embargo, hay placer (goce) en hacer el mal aunque sin sentir vergüenza ni sufrimiento alguno. Un goce que reside en que sabiendo que la norma existe se reniega de ella, se la desafía, se la transgrede, se goza de la impunidad de violarla sin tener castigo, imponiendo la ley propia, gozando con esa imposición sobre el sufrimiento de los otros. Lo perverso es el uso de los otros como objetos, su manipulación, la violación de su intimidad y su pudor, el poder verlos sin ser vistos y saber de ellos sin que sepan que son espiados. Lo perverso es gozar así con la aniquilación de la dignidad del otro como sujeto hasta reducirlo a cosa. Un goce en el que hay conocimiento de la ética y por eso hay elección del mal sin banalidad alguna.

Lo siniestro o el retorno de la mala voluntad perversal

Esos significados del término “perverso” creo que no alcanzan para calificar del todo a la decisión del presidente Macri de reactivar el rol de las Fuerzas Armadas en cuestiones de seguridad interior ante “nuevas amenazas”, actuando en contra de un consenso democrático sobre la separación entre seguridad y defensa. Podemos llamar perversa a esa decisión, pero hay un excedente de significado que no queda abarcado con ese término.

Ya Freud consideró en Lo siniestro (1919) aquel concepto que perteneciendo al campo de la sensibilidad “está próximo a los de lo espantable, angustiante, espeluznante (…) de modo que casi siempre coincide con lo angustiante en general (…) Lo siniestro sería aquella suerte de espantoso que afecta las cosas conocidas y familiares desde tiempo atrás”. Lo siniestro causa espanto y es la confirmación de convicciones angustiantes que se creían superadas. Se trata de lo que debería haber quedado oculto pero vuelve a manifestarse (Schelling). Es la repetición involuntaria que tiene algo de ineludible y nefasto. Es el retorno de lo semejante.

En una nota del 19 de mayo de 2012 titulada “Lo siniestro y lo perverso”, referida al estado de sitio y la intervención militar en Santa Cruz Barillas (Guatemala) como respuesta al rechazo comunitario a la explotación minera e hidroeléctrica en territorio maya, Christian Kroll definía a lo siniestro como “aquello que habiéndose pensado oculto, olvidado, enterrado o perdido, regresa para manifestarse nuevamente en circunstancias diferentes pero que se perciben como similares a ese algo que sucedió y se creía superado”. Kroll encontraba lo siniestro en el parecido de la nueva represión militarizada con la ejecutada treinta años antes por el dictador Ríos Montt, y que se pensaba superada. Lo siniestro aparecía como repetición de lo perverso.

Por eso, aunque expliquemos la asignación de fuerzas militares a objetivos estratégicos por el fin de liberar a las fuerzas de seguridad para la represión de la protesta social, ese “ejército de reserva” ya habrá pasado a integrar el conjunto de un estado represor. De allí que se pueda nombrar como “siniestra” a esa decisión. Porque si lo perverso remite a la acción, a lo activo de un agente, lo siniestro refiere a la sensación que producen determinados actos perversos. Lo perverso puede no ser siniestro, pero en todo lo siniestro se hace presente lo perverso. Lo siniestro es la captación sensible del espanto por un acto perverso actual que repite antiguos actos perversos.

Kant introdujo el término “mal radical” dando al mismo el significado de mala voluntad perversa. Esa corrupción de la predisposición al bien, o esa capacidad para el mal de lo perverso, se debería tanto a la debilidad en respetar las normas, como a la tendencia a mezclar motivos morales y amorales (intereses egoístas), y a “echar por tierra todos los deberes”, expresando la malignidad de algunas voluntades. A esa malignidad en el gobierno es a la que están llamando “perversa”.

El Cohete a la Luna

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