Lo que nunca quisiéramos los cubanos

Por Darío Machado Rodríguez

Foto: Yomaira Grandett

Que el mercado pugna siempre por imponer y mantener su jerarquía no es noticia. Una mirada a los barrios pobres en la periferia de las grandes ciudades de nuestra región, el acceso diferenciado a los servicios de salud y educación, el lujo y la miseria, los privilegios y las desventajas, y un sinfín de diferencias sociales lo recuerdan a diario.

Tampoco resultan noticia los estratos sociales. En no pocos países del mundo con la finalidad de definir las políticas de subsidio la clasificación de los estratos toma en cuenta las condiciones de las viviendas y la zona en la que están ubicadas. De últimas es expresión de la estandarización que impone la jerarquía del mercado sobre la sociedad en lugar de eliminar diferencias.

Lo que sí resulta noticia es cuando un político los denuncia y se propone eliminarlos si llega a la presidencia del país. Es precisamente lo que proclamó el líder de Colombia Humana, Gustavo Petro, candidato a presidente de ese país en las elecciones de mayo del presente año.

El Estado colombiano reconoce hoy 6 estratos sociales:

  • El estrato 1 significa Bajo-bajo.
  • El estrato 2 significa Bajo.
  • El estrato 3 significa Medio-bajo.
  • El estrato 4 significa Medio.
  • El estrato 5 significa Medio – Alto.
  • El estrato 6 significa Alto

Más allá del dilema ético que supone para los que están en la peor ubicación el sentirse definido, estandarizado, por el lugar y condiciones de la vivienda en que se vive, hay otras consideraciones socioeconómicas.

Se suele leer en los análisis que los estratos superiores financian con sus contribuciones a los estratos inferiores, pero la realidad es que los estratos superiores disponen de lo que tienen gracias la pobreza de los otros y que los subsidios a los servicios los completa el Estado con las contribuciones de todos y no solo de los que están arriba en la pirámide social del capitalismo colombiano. Igualmente, en una zona donde predominan sectores pudientes, existe asimismo la llamada «pobreza oculta».

Se supone también, por ejemplo, que hay movilidad social entre estratos, pero no solo «hacia arriba» como suele afirmarse con una visión en extremo optimista, sino también «hacia abajo», ensanchándose la base de la pirámide social en el el segundo país más desigual de América Latina según el Banco Mundial.

El candidato Petro considera necesarios y útiles los subsidios, pero denuncia la estratificación y se propone eliminarla, no solo por inexacta al establecerlos, pues el lugar donde viven los colombianos y el tipo de vivienda que tienen no informa sobre importantes variables que configuran la eventual necesidad de una diferenciación en los subsidios: el número de familiares, si tienen o no trabajo, si hay personas con discapacidades o enfermedades, etc, sino que va más allá: denuncia los estratos con calificativos que no se quedan en los criterios para definir los subsidios, sino que los califica de sistema de castas, antidemocrático, antirrepublicano y antihumano.

Lo que nunca quisiéramos los cubanos

Los cubanos necesitamos con urgencia despegar en la economía, necesitamos reconocer sin ambages el papel de las relaciones mercantiles, la diferenciación en los aportes a la sociedad, necesitamos flexibilidades mayores en la planificación y hacer las cosas que el mundo de hoy –que no es el del siglo pasado- demanda, pero nunca al precio de terminar estandarizados en estratos sociales. Toda la sociedad -y en primer lugar el Estado socialista y el partido- tiene la elemental responsabilidad de aprovechar el lado constructivo del mercado y de mantenerlo subordinado a la sociedad.

Cuba enfronta al igual que la América Latina y el Caribe los desafíos del mercado. La diferencia consiste en que en Cuba -donde conquistamos grandes cotas de igualdad social- hoy se lucha por evitar que el mercado imponga su jerarquía, y en nuestra región los pueblos luchan contra el neoliberalismo y procuran ganarle terreno al mercado capitalista predominante, ya sea en la educación, la atención médica, el empleo o los servicios como la electricidad, el gas y el agua, los recursos naturales, el medio ambiente. Esa batalla nos identifica.

Tenemos que aprender de los errores, pero rectificarlos hoy no significa simplemente no hacer lo que se hizo mal en el pasado. La situación ha cambiado en el mundo y hoy el contexto no es el mismo que cuando se cometieron. Toca, por tanto, estar al tanto de realidad actual y hacerlo bien y mejor, siempre en clave socialista, pero también con agilidad, imaginación y creatividad.

Hoy más que nunca las nuevas acciones que debemos emprender deben siempre partir del pueblo, ese gran maestro de todos los revolucionarios al decir de Fidel. Consultarlo siempre, como hace el compañero Díaz-Canel, en el barrio, la comunidad, el municipio, la empresa, la rama de la economía, los sectores económicos, las asociaciones, los gremios profesionales, las instituciones docentes y científicas nos preservará de derrotas y pondrá siempre los mejores límites a la jerarquía del mercado.

Los cubanos no podemos imaginarnos divididos en estratos sociales, no sería martiano ni fidelista, tampoco –por supuesto- revolucionario ni socialista.

Rebelion