López Rega mató a Perón

«¿Se pudo prever el fatal desenlace? La edad avanzada del Presidente pudo alertar a muchos, pero con cuidados especiales hubiese tenido una sobrevida considerable. El problema fue la intención aviesa de ‘adelantar’ su muerte»

Por Pablo A. Vázquez *

«El 1º de julio de 1974, Perón nos dejaría para siempre», sentenció Antonio Cafiero en sus Memorias. «Fue como si muriera un padre joven y dejara a toda una familia desamparada», lamentó Lorenzo Pepe por el mismo acontecimiento.

¿Se pudo prever el fatal desenlace? La edad avanzada del Presidente pudo alertar a muchos, pero con cuidados especiales hubiese tenido una sobrevida considerable. El problema fue la intención aviesa de «adelantar» su muerte por parte de José López Rega y sus secuaces, bajo el arbitrio de la criminal logia masónica Propaganda 2, liderada por Licio Gelli.

«El presidente Perón murió como consecuencia directa de su desatención», afirmóEnrique Pavón Pereyra. En Asesinato de Perón. Cronología de la conspiración que marcó nuestra historia, afirmó el historiador: «Fueron pocos, pero lo suficientemente cercanos a Perón, los que tejieron las ínfulas de intriga cuasi palaciega desde la cual aprovecharon las circunstancias clínicas y psíquicas de su fatigada salud para desmembrar su figura corpórea, cuidadosos empero de no violentar el prestigio o el carisma que detentaban, y del que demencialmente se creían en derecho de heredar».

López Rega impedía conscientemente el acceso a los doctores Domingo Liotta, Pedro Cossio y Jorge Taiana para auxiliar a Perón. El pretendía que fuese el doctor Pedro Eladio Vázquez quien estuviese a cargo de su salud, junto a la atención esotérica del «Hermano Daniel».

Vázquez colaboró con López Rega y estuvieron en todo de acuerdo, hasta que tiempo después se distanciaron por sospechárselo a Vázquez, secretario de Deportes de la Nación, relacionado sentimentalmente con la Presidenta «Isabel» Martínez de Perón.

También los médicos españoles José Flores Tascón y Antonio Puigvert sufrieron la intromisión de López Rega, alegando que con sus influjos mantenía la buena salud del Faraón, tal como Rega denominaba a Perón, sosteniendo delirantemente que el Líder justicialista era la reencarnación de un rey egipcio.

Pavón Pereyra, citando a José BerGelbard, atribuye a Rega: «que no vacilaba en retirar medicamentos prescritos por los médicos de cabecera del extinto teniente general Perón, como parte del accionar extorsivo del cuestionado entorno». Y, sobre los remedios, relató de forma escalofriante: «Estos desaparecieron misteriosamente. Al sufrir dolencias por la falta de medicamentos, Rega indicó al General que eran señales de los astros por la negativa de Perón a cierta designación solicitada. Cuando Perón accedió al nombramiento, los medicamentos retornaron a su sitio en la Casa de Gobierno». Con dolor señaló: «de común acuerdo con Isabel, el Brujo organizaba horarios y actividades de modo de dejarlo almorzando, cenando, merendando sólo, no le hablaban, no le pasaban llamadas, y al fin el viejo caudillo acudía cabizbajo proponiendo concordia cedía y accedía a las demandas de los extorsionadores».

El jefe de la custodia, Juan Esquer, y el jefe de la policía Federal, coronel Iñiguez, intentaron separar a López Rega sin obtener éxitos. Entre el 21 y 22 de noviembre de 1973, donde intervino el Dr. Cossio para salvar la vida de Perón, el propio Esquer lo fue a buscar al facultativo para atenderlo en la residencia de Gaspar Campos e impidió «a punta de pistola» que López Rega se entrometiese. Eso generó la recuperación de Perón pero la venganza del Brujo contra el equipo de Esquer, soldados y suboficiales que participaron del levantamiento de Valle de 1956 y que se juramentaron defender al Líder con su vida.

Porfirio Calderón, sargento tanquista en los sucesos de 1956, se ofreció a terminar con López Rega: «El General era como mi padre – me confesó, entre lágrimas, tiempo antes de fallecer – y si me hubiesen dado la orden mataba al Brujo con mis propias manos. Él mato a Perón!».

También las exigencias física a Perón en sus viajes, más sus disgustos por el asesinato de José Ignacio Rucci y el accionar del ERP, minaron su salud mortalmente. Pero López Rega y sus sicarios marcaron el final físico del Líder justicialista, tratándose de erigirse el Brujo en su sucesor. Hasta pretendió él leer el comunicado oficial de la muerte de Perón y tomar el gobierno por asalto.

La movilización de la CGT, tiempo después, y la presión interna determinaron que López Rega tuviese un exilio obligado. El destino de éste asesino, como el de Gelli y otros conspiradores, fue la cárcel y el eterno repudio.

Perón, en cambio, es la figura política del siglo XX, epónimo de una época, y catalizador de anhelos de millones de argentinos que aún hoy mantienen vivo su memoria y legado.

* Licenciado en Ciencia Política; Docente de la UCES; Miembro del Instituto Nacional Eva Perón; y Secretario del Instituto NacionalJuan Manuel de Rosas.

Agencia Paco Urondo

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