“Los milicos en la calle, nunca más”

Masivo rechazo a la intervención de las Fuerzas Armadas en seguridad interior

Por El Cohete a la Luna

Con entrenamiento de dos años y medio en la calle y teléfonos celulares como única herramienta de difusión, una multitud se dio cita frente al monumental edificio del Ministerio de Defensa para repudiar la intervención de las Fuerzas Armadas en seguridad interior. Convocada por los organismos de derechos humanos, la nueva marcha organizada en 48 horas con réplicas en todo el país reunió a 50.000 personas en la ciudad de Buenos Aires. La lluvia fría y constante, la bruma y la presencia de unos doscientos policías en primer plano ubicados en el predio del edificio Libertador, apretaron los tiempos del acto central, cerrado pasadas las seis de la tarde. “Sabemos lo que significa el rol de las Fuerzas Armadas —dijo Lita Boitano—, por eso decimos que los milicos en la calle, nunca más”.

Otra vez los cantos, la música y las banderas. Las calles en caída hacia el Bajo iban trasformándose en embudos humanos desde las cuatro de la tarde. El escenario se había montado en un trailer frente a un edificio desalojado por orden del Ministro de Defensa Oscar Aguad, y protegido con policías que después de varios meses volvieron a aparecer en primer plano. Parados con escudos y celulares en la parte de atrás.

En el escenario estaban muchas de las mujeres que sostuvieron reclamos en dictadura, Vera Jarach, Lita Boitano, Taty Almeida y Clara Burstin. Integrantes de Madres de Plaza de Mayo, Abuelas, Familiares de desaparecidos y detenidos por Razones Políticas e H.I.J.O.S Capital, entre otros. Sobre la calle hubo partidos políticos, sindicatos y organizaciones sociales. La izquierda y el Encuentro Memoria Verdad y Justicia hizo un repudio en la pirámide de Mayo. Hubo gente de a pie que circuló entre uno y otro espacio sorteando vallas y enrejados de la Casa Rosada.

—¡Sigan una cuadra más! ¡Bajen por Moreno! —pedían en una de las bocacalles.

Dos mujeres discutían ante un vallado. Gladys y Blanca, de Loma Hermosa. Agradecidas a la vida porque una noche antes lograron hacer un festival de cine en el barrio, con mil pibes y ocho ollas de chocolate. Los pibes terminaron el chocolate. Ellas lograron darles golosinas. ¿Pero sabés que hicieron después? —dijo Blanca.

—Vinieron a pedir un pedazo de pan.

Gladys no dijo nada.

—Vinieron a pedir un pedazo de pan. Y nosotras no teníamos más nada. Una es grande, y toma unos mates. Pero, con una criatura, ¿cómo hacés? ¿Cómo le decís que no?

—¿Sabés lo que pasa? —dice, ahora sí, Gladys— Querían pan, porque el pan te llena la panza.

El escenario leyó adhesiones. Y luego un documento. “Pretenden imponer el miedo como herramienta de disciplinamiento con el falso argumento de ‘proteger objetivos estratégicos’”, dijeron. “El Gobierno está reeditando la teoría del ‘enemigo interno’ para intentar acallar las protestas sociales y contener las crecientes movilizaciones con las que nos manifestamos en todo el país en repudio a las políticas antipopulares del macrismo, basadas en las exigencias impuestas por el Fondo Monetario Internacional”.

¡Y a vos te parece todo esto!, dijo Blanca. ¡¿A vos te parece que tengamos que volver al pasado?! Yo era chica, pero me acuerdo. Me acuerdo de la persiana. Vivía en Fuerte Apache y vi cómo se llevaban a la gente. A una cuadra conversan dos tipos. Otra vez. Se conocen. Discuten. Una suerte de estado de asamblea que se repite de grupo en grupo.

¡Qué triste, te juro, volver a sentir todo esto!, dice uno, Osvaldo Batistini, investigador, Conicet, Universidad General Sarmiento. “Acá los tipos están acelerando el desaguisado para la represión”, dijo el otro, Andres Larisgoitia, director de relaciones institucionales de la CTA. Nadie para de hablar. Que todo es una especie de mezcla: de bronca, de celebración, de estar en la calle, dice Batistini. Que el problema es que se instale el fantasma de la no-política, dice Larisgoitia. Porque eso puede pasar, es lo que quieren, por eso es importante exigir la intervención del Parlamento, el Congreso tiene que estar. Que hay que armar un proyecto de unidad. Eso se está haciendo difícil, pero ahí va. Que ese proyecto de unidad ya se está dando, le dice el investigador: ¡Mirá! ¡Acá en la calle! La calle es la que va por delante de la conducción política. Y sí, le dice el otro, si no mira lo que pasa con las mujeres: nos ganaron a nosotros, nos empujan, mirá lo que consiguieron: dieron vuelta lo que parecía una trampa.


Foto: Alicia Rinaldi

Matías Galán, 27 años, estuvo en la 9 de Julio durante la última movilización. Periodista de Almirante Brown, FM Caribe y programa A paso de vencedor. Ese día le preguntó al “compañero Chivo Rossi”: ¿para cuándo? ¿cuáles son las alternativas que ofrece la oposición? Anoche llegó sin grabador, como militante, dijo, porque ese decreto es una provocación. “Plantea una falsa dicotomía entre el pueblo y las fuerzas militares: y ya se vio, que cuando el gobierno les ofreció ocho por ciento de aumento se le fueron al humo, y hay mucho malestar. Esto es ir 40 años atrás en la democracia, sacar a la gendarmería y a la policía de los puntos estratégicos en las fronteras y ponerlos a reprimir, como en diciembre del año pasado, que fue una cacería”.

Bajo una lluvia fina leyeron Taty, Lita, Leo Fossati por Abuelas y Agustín Di Toffino por H.I.J.O.S. Cuando la noche caía se oyó una adhesión con nombres de los y las sobrevivientes de la ESMA: Somos testigos y querellas en los juicios de lesa humanidad. Queremos hacer público nuestro mas enérgico repudio. A la decisión del Presidente Mauricio Macri. Autorizar bajo la burda excusa de la prevención y represión de posibles ataques de terrorismo o el narcotráfico. La intervención de las fuerzas armadas sirvió para incentivar exclusivamente la persecución política y el conflicto social.

Hubo adhesiones como esa por decenas en los últimos días. Científicos. Periodistas. Sindicatos. Docentes. Los integrantes de Historias Desobedientes, integrantes de un colectivo de hijos y nietos de genocidas que repudian el rol que tuvieron sus padres en la historia de este país.

Larisgoitia y Batistini siguen conversando. El mayor, Larisgoitia, dice que no cree que esto le funcione bien al gobierno porque ya se vio los resultados en la región, en Brasil, cuando le ordenaron a las FFAA reprimir la huelga de camioneros. No aceptaron. Batistini pide permiso y se mete. Estos muchachos dicen que son liberales, pero a la hora de pelear abren todos los frentes a la vez —explica—. Se están peleando con una parte de la Iglesia. Se pelean con las Fuerzas Armadas porque no creo que muchos estén contentos con todo esto y se pelean hasta con la propia gente que los vota.

 



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