Los sentidos del peronismo

Por Gabriel Meraud

La decisión de Cristina de ir a elecciones por fuera del PJ funcionó como un sacrificio de ajedrez, en el que se entregan piezas para ganar posición. En este caso se entregó la victoria electoral (al resignar el 5% de Randazzo). Pero se obtuvo victoria en un round crucial de la disputa sobre los sentidos del peronismo. Perdimos la elección pero ganamos la interna. Quedó factualmente demostrado que existiendo Cambiemos, el peronismo de derecha no tiene razón de ser en esta etapa política.

Las tragedias de Shakespeare, al igual que sus poemas, ofrecen una clave. Una frase en la cual puede leerse, condensados en una pincelada lúcida, los sentidos mismos de cada tragedia. Nos enseñan en la escuela que cuando el príncipe le pregunta a la calavera si ser o no ser, Shakespeare nos está diciendo que él, en Hamlet, quiso hablar sobre la existencia.

Menos prensa obtuvo la clave de Romeo y Julieta: “quienes se burlan de nuestras cicatrices son aquellos que nunca sufrieron una herida”. Bella. Avanzada para su época. Un canto de comprensión que interpela a la condena social sobre quienes un día se entregaron a la pasión, a la piel. Si se quiere, un mensaje de amor libre hacia fines del siglo XVI.

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Y no pienso aburrirte con “mi reino por un caballo”, vamos al grano: en “No habrá más penas ni olvido” del gran Osvaldo Soriano, un para-policial que responde al sector que en el libro parece representar a la ortodoxia peronista de los setenta, se apresta a asesinar a Cerviño (un adorable Ulises Dumont en la película). Cuando ve que lo va a matar, Cerviño, con una sonrisa en la boca le dice con dulzura: viva Perón. Y su victimario le contesta como grito de guerra: ¡Viva Perón! y lo mata. En esa sola pincelada genial Soriano sintetiza como en una clave shakesperiana el carácter dilemático del peronismo.

El peronismo está en permanente disputa. No sabemos qué es. O en todo caso, es muchas cosas distintas, a veces opuestas, al mismo tiempo. Para operar sobre la realidad a partir del peronismo se debe resolver primero este dilema (qué es el peronismo) o el dilema se resuelve a sí mismo sobre la marcha. La mayoría de las veces esa discusión se salda en forma factual. No en un espacio de debates partidarios sino en la puja de poder interno. Y en los reacomodamientos y toma de espacios de las distintas vertientes del peronismo en función de las demandas políticas de coyuntura, del mandato de la era: ni más ni menos que la política.

El peronismo está en permanente disputa. No sabemos qué es. O en todo caso, es muchas cosas distintas, a veces opuestas, al mismo tiempo.

Los peronistas, reconocemos pocas veces en público aquella dialéctica del peronismo. Pero a puertas cerradas decimos cosas como “por suerte y por desgracia el proyecto (nacional-popular) halló sustentación en el peronismo”… y nos reímos. Por suerte porque si no jamás hubiera existido en la realidad. Y por desgracia porque nunca sabemos por qué tangente se va a piantar el peronismo.

En los 90 fue casi igual al proyecto neoliberal que ahora nos horroriza y nos deprime. Quienes nunca comulgamos con el neoliberalismo tenemos el consuelo de un sentimiento: eso no era peronismo. Pero la única verdad es la realidad. Y en la primera década del segundo milenio, para nuestro júbilo, el peronismo fue todo lo contrario. ¿A qué voy con todo esto? Pretendo postular en esta nota que la reciente elección legislativa fue, entre otras cosas, un round crucial en la disputa por los sentidos del peronismo.

No importa si nos gusta o no nos gusta su condición supra-ideológica: sin el peronismo, ahora, no tenemos posibilidad alguna de enfrentar en forma victoriosa a la restauración conservadora. Pero antes de enfrentar a Macri desde las filas del peronismo necesitábamos saldar la discusión sobre qué es el peronismo en esta etapa, obteniendo una respuesta distinta a la de su regreso a los años 90. Creo que en forma factual (como siempre) esa discusión se saldó. Y ahora podemos encarar las elecciones de 2019 enfrentando a la derecha desde un frente parcialmente sustentado en el peronismo.

Para saldar la discusión a nuestro favor tuvimos que ofrecer un sacrificio. La elección no puede evaluarse sin un análisis crítico de la decisión de Cristina de ir por fuera del PJ al no aceptar la interna con Florencio Randazzo. El contexto previo a su decisión estuvo a la vista: cuando asumió Macri un sector del peronismo se despegó de Cristina y ofreció sus bancas al proyecto de Cambiemos. Nadie apostaba a que Macri pudiera compaginar el ajuste con los votos, pensamos que el establishment iba a usarlo y descartarlo rápidamente. Y para algunos fue tentador ofrecerse (y ofrecer el peronismo al establishment) como opción de recambio para una continuidad neoliberal.

Distintos alfiles corrieron a anotarse en lista de espera para la sucesión: Massa estaba allí desde antes de las elecciones presidenciales, Urtubey, quien sabe cuantos más alumbraron esa fantasía. Pero la escena tomó otro rumbo. No obstante sus políticas bestiales, Cambiemos obtuvo supremacía electoral y tiene sus propias figuras de recambio, Majo Vidal, Rodríguez Larreta, ¿Marcos Peña? ¿Frigerio? Y quienes dentro del peronismo retomaron la derecha despegándose de Cristina (la figura que aglutina a los disidentes con el actual proyecto neo-conservador) quedaron en una posición deslucida. Aislados adentro de un PJ que se asemeja a una caja vacía de sentidos. O bien en la angosta callecita del medio. Un backup neoliberal poco atractivo, carentes del glamour que ofrece hoy Cambiemos.

Nos guste o no y sin importar si era eso lo que ellos pretendían, Cristina y Randazzo se infringieron una derrota recíproca. Randazzo le quito a Cristina (nos quitó) la victoria electoral. Y Cristina dejó a Randazzo al borde de la muerte política, solo como en un suicidio. Hay algo pírrico en la victoria de los dos sobre el otro. Como en una tragedia, todos conocíamos el final pero era inevitable. ¿Podía Cristina llevar en sus listas a quienes después votarían las políticas de Cambiemos? ¿Podíamos encarar una oposición a Cambiemos a partir de un peronismo que contiene la restauración conservadora y la oposición a la restauración conservadora, las dos cosas al mismo tiempo?

La decisión de Cristina de ir a elecciones por fuera del PJ funcionó como un sacrificio de ajedrez, en el que se entregan piezas para ganar posición. En este caso se entregó la victoria electoral (al resignar el 5% de Randazzo). Pero se obtuvo victoria en un round crucial de la disputa sobre los sentidos del peronismo. Perdimos la elección pero ganamos la interna. Quedó factualmente demostrado que existiendo Cambiemos, el peronismo de derecha no tiene razón de ser en esta etapa política. Y el mapa político parece organizarse más o menos como deseaba Néstor. Con la polarización entre una derecha franca aglutinada en el liderazgo de Macri y un frente…no sé si diría de izquierda aunque lo deseo. Un frente nacional y popular o en todo caso, un frente que retoma con seriedad las banderas de justicia social del peronismo, nuestras mejores banderas, tratando de recuperar el poder que ahora ostenta Cambiemos.

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