Macri ya no podrá ser mostrado como «modelo» por la derecha regional

Por Cesar Verduga Vélez – Ex ministro de Gobierno de Ecuador y consultor

Incierta y volátil es la realidad política del siglo 21. Eso no implica que la realidad tangible haya desaparecido, totalmente sustituida por la realidad virtual que crean los medios, llamada por algunos posverdad. Alberto Fernández es el probable ganador de las elecciones presidenciales en Argentina y Mauricio Macri el probable perdedor.

La derrota de Macri implicará un revés a la utopía del mercado libre autoregulado, a la negación de la política como actividad insustituible para resolver pacíficamente los conflictos inherentes a la vida social y conducir el Estado, no como empresa que administra cosas sino como ente político que conduce ciudadanos y busca el bien común

Algunas de las declaraciones de Fernández permiten esperar, si se cumplen los pronósticos y alcanza la presidencia, un proceso de concertación entre Estado, trabajadores y empresarios, para poner el aparato productivo en marcha, recuperar el crecimiento e impulsar el desarrollo, reducir la inflación, dinamizar el empleo y mejorar la vida de los millones de nuevos pobres, de trabajadores y de la clase media argentina.

Ponerle fin a la geopolítica del hambre que impulsaba por el laberinto especulativo característico del modelo macrista sería la primera contribución de Fernández al cambio positivo en la geopolítica latinoamericana. El extremismo neoliberal macrista no será modelo de exportación, si Alberto Fernández es elegido presidente.

Hay otras dimensiones importantes en la relación entre el triunfo de Alberto F y la geopolítica latinoamericana Hace varias décadas Henry Kissinger declaraba: «Adonde vaya Brasil irá Sudamérica» y Estados Unidos proclamó al gigante sudamericano como socio preferente en la región. Como suele ocurrir en la geopolítica de las grandes potencias, nunca se definieron todas las consecuencias concretas que esa proclamación tenía para Brasil y Sudamérica. La concepción de «las fronteras ideológicas» y su hija la Operación Cóndor, que coordinó transnacionalmente violaciones a los derechos humanos de miles de sudamericanos, fue una de las consecuencias.

En días recientes, en una visita del presidente Jair Bolsonaro a Estados Unidos, Donald Trump proclamó que Brasil era un aliado preferente en la estrategia de seguridad internacional de EEUU. Por suerte Sudamérica ya no es la selva de bayonetas que era cuando Kissinger hizo la proclamación citada antes. ¿Qué representa Bolsonaro? Es la mayor aberración político-simbólica que ha producido la democracia sudamericana en sus 40 años de nuevo comienzo. Es partidario proactivo del capitalismo financiero-especulativo y de la desaparición, con privatizaciones indiscriminadas, de la economía mixta. Es adversario del acuerdo mundial de París para frenar el cambio climático y responsable por comisión u omisión de ecocidio en la incendiada Amazonía. Es declarado misógino y homofóbico, capitán de ejército electo constitucionalmente que elogia a la dictadura brasileña y sus crímenes de lesa humanidad.

No es extraño que violando normas diplomáticas elementales Bolsonaro intervenga en la política interna de la Argentina, invitando a los empresarios brasileños a apoyar a Macri en su disputa electoral y descalificando como «bandidos izquierdistas» a los ganadores de las recientes PASO del 11 de Agosto. Frenar con serena firmeza a Bolsonaro y preservar la integración e interdependencia logradas por los estados y pueblos argentino y brasileño será una tarea que Alberto Fernández deberá enfrentar, intentando contribuir a la geopolítica de paz e integración que Latinoamérica necesita.

Venezuela sufre una crisis económica, social y política, dramática, con centenares de miles de emigrantes. El informe Bachelet documenta violaciones a los derechos humanos por parte del Estado. La oposición intentó levantar a la Fuerzas Armadas irresponsablemente. Trump impone sanciones ilegales para agravar la crisis. El drama que padece el pueblo venezolano sería superado por la tragedia de una intervención militar extranjera o el estallido de una guerra civil. Las experiencias del Medio Oriente se escenificarían en el corazón de América Latina. Unirse a Noruega, México y Uruguay, para mediar en la crisis venezolana y estimular una salida negociada sería la postura lógica de una Argentina gobernada por el peronismo.

Perón hace décadas postuló que a Latinoamérica el siglo 21 la encontraría unida o dominada.

El mandato histórico que recibiría Fernández es impulsar, como hizo su mentor Néstor Kirchner, la integración soberana de América Latina. Se trata de darle impulso a una geopolítica latinoamericana de paz, de autodeterminación, de integración, de soberana inserción en el mundo y de fortalecimiento de los principios de la carta de la ONU. Esa es la esperanza que el giro político en Argentina despertó de millones de habitantes de esta región del mundo.

Tiempo Argentino

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