Malvinas: Detrás del escenario del 2 de abril

Por Leonel Irazar*

La contradicción entre los valores que representa la causa de Malvinas y los intereses de la dictadura provoca cierta confusión en el tema, que en caso de no ser despejada provoca un humo negro de esos que no dejan ver las cosas. El patriotismo, la defensa de los valores comunes, la actitud soberana, el antiimperialismo y anticolonialismo, la confrontación con los poderosos, son cualidades no compatibles con un gobierno militar representando a la cúpula de la clase dominante, altamente transnacionalizada, dependiente de los organismos financieros internacionales y la protección estadounidense.

Al mismo tiempo, no son compatibles el heroísmo de los soldados, personas del pueblo que eligieron ir a combatir como podían al imperio inglés, con el cipayismo de la Junta Militar, formada en los Estados Unidos para su beneficio. La insostenible versión del patriotismo de estos últimos, dio paso a la locura de un dirigente borracho y su afán por sostenerse en el poder, como justificativo de los hechos ocurridos. La producción de conocimiento sobre el tema, llevan a la conclusión de abandonar la búsqueda de las causas dentro de las acciones argentinas, para encontrarlas en las acciones de las potencias internacionales, realmente interesadas, presentando como el escenario de mayor probabilidad que la participación argentina en la guerra haya sido buscada y promovida por los mismos para alcanzar ciertos objetivos relevantes en el plano internacional.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) posee hoy en estas islas del Atlántico Sur un complejo de bases militares de primer nivel en la zona de Monte Agradable (Mont Pleasure), construida inmediatamente luego de la guerra para controlar el tráfico de mercancías marítimo. Resulta que por la zona circula la principal ruta marina del mercado capitalista, que lleva el petróleo de los países árabes y el oro sudafricano a Europa y Norteamérica. Esta, con la fuerte presencia de bases militares soviéticas, no pudo ser controlada en la década del 70, derivando en la famosa crisis del petróleo. La base construida en Malvinas ha fortalecido el control de la zona por los países occidentales, cuya proyección realizada tras este incidente, demandaba la resolución del conflicto sobre la soberanía en favor de Inglaterra para tener legitimidad, la cual de no resolverse por el abandono del reclamo argentino, precisaba la provocación de una guerra.

Tanto los Estados Unidos como el Reino Unido y la OTAN previeron y proyectaron una posible guerra en Malvinas una década antes. Cuando estalló la misma, los primeros lograron ser elegidos como la nación mediadora que busque una solución pacífica, tiempo durante el cual buscaron que Argentina acepte retirarse sin tratar la soberanía. Luego nos declararon la guerra formalmente y pusieron a disposición el radar que detectó al Crucero General Belgrano y los misiles que lo hundieron, entre otras armas y tecnología.

Las autoridades argentinas fueron un actor pasivo. En el sentido que no actuaron por medio de decisiones soberanas, sino como consecuencia de decisiones ajenas. Estados Unidos e Inglaterra, por medio de la OTAN, proyectaron la guerra previamente involucrando a la Argentina, para poder instalar bases militares en la zona con total legitimidad.

Argentina fue usada para intereses ajenos, y el acto de la recuperación del 2 de abril fue planeado por el enemigo para su propio beneficio, es una interpretación subjetiva, pero con fundamentos más sólidos que la falta de cordura de un dirigente. Podrían tomarse tanto la presión inglesa a ir a las armas, como el consejo de los estadounidenses que fingían neutralidad, como algún infiltrado capaz de tomar importantes decisiones, como posibles fundamentos de la actitud del Estado argentino. Los cuales no se excluyen entre sí.

La recuperación de las islas por medio de la fuerza, no parece ser la mejor decisión, menos aun con las bases instaladas tras la guerra. Las acciones destinadas a alcanzar la soberanía por medio de la fuerza, solo pueden beneficiar a los poderosos, que en este caso, son el enemigo.

Bibliografía

Carlos Alza (2014), Estableciendo la agenda: emprendedores de políticas en dos casos peruanos. Lima: Revista de Ciencia Política y Gobierno.
Juan Villarreal (1985). Los hilos sociales del poder. Buenos Aires: Siglo XXI.
Equipo del Observatorio Malvinas de la Universidad Nacional de Lanús (2019). Guerra en el Atlántico Sur: el conflicto armado de 1982. Buenos Aires: Programa Formarnos, Campus Virtual UNLa.
Equipo del Observatorio Malvinas de la Universidad Nacional de Lanús (2019). Malvinas, causa de la Patria Grande.
Buenos Aires: Programa Formarnos, Campus Virtual UNLa.
Equipo del Observatorio Malvinas de la Universidad Nacional de Lanús (2019). Malvinización y desmalvinización en la cultura de posguerra. Buenos Aires: Programa Formarnos, Campus Virtual UNLa.
Mariano Bartolomé (1996). El Conflicto del Atlántico Sur, una perspectiva diferente. Buenos Aires: Círculo Militar.

* Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de Lanús, participa de investigaciones con el Centro de Estudios de Integración Latinoamericana (UNLa).

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