El serpentario de Comodoro Py

Manchas del tigre

Por Mario Wainfeld

Si al fiscal de la servilleta Carlos Stornelli se le recetara su propia medicina estaría preso, en una cárcel hedionda, incomunicado. Alguien habría digitado el juez a cargo. Se estaría presionando a otras personas implicadas para denunciarlo, amenazándolos con ponerlos entre rejas en caso de reticencia. Esos métodos repugnan a un régimen penal garantista. Nadie merece que se le apliquen. Repetimos “nadie” por si no quedó claro. Tampoco corresponde repartir prisiones preventivas como si fueran sortijas ni condenar sin sentencia previa.

Una agrupación voluntaria de fiscales que no contiene ni representa a todos salió a la palestra clamando para que no se prejuzgue mediáticamente a Stornelli ni se adopte ninguna medida a su respecto. Alegan que su planteo no es corporativo. En fin…

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Las evidencias contra Stornelli conforman un conjunto convincente digno de ser judicializado. Contienen capturas de WhatsApp e imágenes que lo involucran. Prueban que conocía y frecuentaba largamente a Marcelo D’Alessio. Este aparenta ser un personaje de avería. Es comprensible que haya sido columnista invitado de Clarín (seis columnas desde 2017, informa el colega Sebastián Lacunza en la revista Anfibia). También pronunciado conferencias en FOPEA, elogiado y ladeado por el periodista Daniel Santoro.

El denunciante extorsionado Pedro Etchebest es un empresario común, insospechado. Ajeno a trenzas con la DEA, tenidas largas en Pinamar, paseos prolongados entre gente de trayectoria dudosa, visitas recurrentes a la Embajada. Esos sayos les calzan a otros protagonistas del escándalo.

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Este cronista tiene parecer crítico sobre el sistema de “delación premiada” que una jerga cariñosa apoda “ley del arrepentido”. Pero es una norma vigente y como tal puede ser utilizada.

El vicio de la causa motivada por las denuncias del remisero Oscar Centeno finca en que dichas reglas se vulneran.

Las más burdas, que no las únicas:

  • El abuso de la prisión preventiva sin condena ni de primera instancia.
  • El Forum Shopping.
  • Las declaraciones incriminatorias para terceros sin registro especial, grabado, impuesto por ley.

Se justifican por su eficacia para procurar evidencias. Clarín se relame y revela: “La prisión, una eficiente fábrica de arrepentidos”. Un sistema democrático repele las pruebas contaminadas, el uso estatal de la violencia ilegítima. Otras formas más antiguas de tortura (la picana, el aislamiento extremo, las golpizas) son ilegítimas “aunque” arrancan confesiones.

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Las sospechas que recaen sobre Stornelli hacen sistema con la arbitrariedad del proceso. Una ofensiva contra la oposición política con proyecciones proscriptivas. Doble standard discriminatorio entre kirchneristas y empresarios VIP. Los economistas alertan contra el peligro de la alternancia democrática, que ahuyentaría inversores. El Poder Judicial se verticaliza tras esa consigna.

Ninguna persona informada, alusión que abarca a empresarios concernidos en la investigación, cree que el juicio “de los cuadernos” es imparcial.

Los debates bajo el cono del silencio versan acerca de si jueces, fiscales y camaristas tienen terminal política en la Casa Rosada, en el Departamento de Estado norteamericano o en ambos.

En ese contorno, que Stornelli haya querido quedarse con un vuelto es factible dados sus poderes omnímodos. A la vez, opina uno, cuenta (nada más ni nada menos) que como una mancha más del tigre. El debido proceso viene conculcado desde el vamos.

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La desesperada defensa periodística a Stornelli choca con las informadas coberturas de medios críticos, no oficialistas. La de PáginaI12, a cargo de Raúl Kollmann e Irina Hauser, es ejemplar y minuciosa. Nuestro público lo sabe, los implicados también.

Tuny Kollmann, especialmente, ha sido objeto de reproches maliciosos formulados desde el Grupo Clarín. Quien esto firma fue su jefe durante siete años y su compañero durante más de 25. Da fe de su probidad, su obsesión por el trabajo, el cúmulo de información con que escribe. Su tarea, como la cualquier periodista, está abierta a la polémica línea por línea. Su honestidad y rigor rayan muy alto. Tal vez por eso lo atacan. La agresión corrobora que Stornelli está en apuros.

Volvamos al comienzo: es imperiosa una investigación cabal conducida por jueces serios y con fiscales intachables que cumplan el cometido de acusar. Nimbada con todas las garantías constitucionales para el sospechoso, imputado o procesado. Difícil que eso acontezca en el serpentario de Comodoro Py y sus zonas de influencia. Muuuuy difícil.

17/02/19 P/12

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