(1907-1951)

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Homero Manzi, del gran poeta tanguero al militante político

Por Eduardo Pérsico

El día en que se apaguen tus tangos quejumbrosos, tendrá crespones de humo la luz del bodegón... (Viejo ciego, 1926)

Homero Manzi, nacido Homero Nicolás Manzione Prestera (Añatuya, Argentina, 17 de noviembre de 1907 – Buenos Aires, 3 de mayo de 1951), por siempre un lector de ilustración infrecuente, fue letrista de tangos, político, director de cine y autor teatral de repercusión. Y con su alto bagaje creador revitalizó el sesgo ‘del buen decir poético’ en la canción de los argentinos a un elenco de notorios como Enrique Cadícamo, José María Contursi, Homero Expósito, Cátulo Castillo y muchos más. Y entre su propia producción perviven en la memoria colectiva ‘Barrio de Tango’ y ‘Malena’, con música de Lucio Demare, ‘Milonga Sentimental’ con Sebastián Piana, y ‘Romance de Barrio’ y ‘Sur’, ambos con Anibal Troilo; forzando un magro recuento enriquecedor de nuestra cultura popular.

Vecino de Nueva Pompeya, un barrio que le nutriera la temática de sus tangos, en el terreno político Homero Manzi adhirió muy joven al Radicalismo de la línea Irigoyenista y sería destacable su entusiasta pertenencia a ‘FORJA, Fuerza Organizada Radical de las Joven Argentina’, entidad formada por intelectuales que aportaron su persistente defensa de los valores del campo cultural al paisaje político de entonces. Una muy recordable intención de obrar en la vida institucional y democrática de los años cuarenta, precursora de sustanciales debates de interés nacional y que acaso muy atinadamente, se disolviera como grupo orgánico al llegar el peronismo en 1945.

Llegado a Buenos Aires Homero Manzi viviría en la calle Juan de Garay al 3500, estudió en el colegio Abrahman Luppi de la zona y por vecindad barrial fue amigo de Cátulo Castillo, de su padre el escritor José González Castillo y del pianista Sebastián Piana. Y además de pergeñar sus inicciales letras tangueras, también muy joven incursionaría en el teatro y la cinematografía. Su tango ‘Malena’, quizá el tema más difundido, fue cantado por el actor Osvaldo Miranda en ‘El viejo Hucha’, película con guión suyo y dirigida por Lucas Demare, con los actores más reconocidos entonces como Enrique Muiño y Franciso Petrone. Su renombre como letrista comenzó por 1924 cuando el entonces exitoso cantor Ignacio Corsini le estrenara un olvidado tema, pero su éxito lo instituyó ‘Viejo Ciego’, escrito por 1926 y él con dieciocho años, lo presentara al concurso de la revista ‘El alma que canta’. Pronto a eso Manzi sería profesor de literatura en los colegios nacionales Mariano Moreno y Domingo Faustino Sarmiento hasta 1930, afiliado a la fuerza Irigoyenista de la Unión Civica Radical y ‘jugado’ activista de la Reforma Universitaria.

 

Durante el gobierno del autoritario general Uriburu a partir de 1930 en Argentina, fue preso un breve tiempo y echado de su cátedra de enseñanza, que lo obligaría a integrar una compañía teatral que actuara dentro del país además de Perú y Chile. Durante la campaña presidencial de 1946 que ganara Juan Domingo Perón, Homero Manzi aquí muy contradictorio se mostró con lo más derechoso de la UCR, el Unionismo, hasta unirse al peronismo definitivamente. Y tanto fue así que el 16 de diciembre de 1947 dijera desde Radio Belgrano, la emisora de mayor difusión entonces, ‘Perón ya significa el continuador de la tendencia inconclusa de Yrigoyen. Y nosotros seremos solidarios con la causa de su revolución que es nuestra propia causa. Porque no oficialistas ni opositores: somos revolucionarios’ Esta concepción inmodificable lo haría el Homero Manzi político, nada convencional pero siempre figura respetada por el peso de su gran cultura y trayectoria.

En 1948 ya elegido presidente de SADAIC, dirigió la película ‘Pobre mi madre querida’ sobre su propio guión y en 1950 con igual método filmaría ‘El Ultimo Payador’. Por entonces aunó a música de Anibal Troilo la letra de su memorable ‘Sur’, y antes de su muerte en 1951 escribiiría dos milongas dedicadas al peronismo y grabadas por Hugo del Carril. Y para final escribiría la letra de ‘Discepolín’ en homenaje y despedida a Enrique Santos Discépolo, su visceral amigo ya gravemente enfermo. Aunque por alguna irónica y secreta disposición, Homero Manzi moriría a inicios de 1951 y Discépolo ocho meses más tarde. Pero según correspondía, ambos en Buenos Aires. (Oct. 2013)

Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina  |  www.eduardopersico.blogspot.com


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Un recuerdo para Homero Manzi a 62 años de su muerte

El poeta que no fue ni oficialista ni opositor, sino un revolucionario

Por Norberto Galasso

El autor de letras de tangos que se convirtieron en verdaderos himnos porteños, fue también un orador de barricada que se pronunció siempre a favor de los más humildes. En el arte y en la vida caminó por la vereda de lo popular.

Le tocó vivir un tiempo difícil de vasallaje y miseria popular, de artes exóticas y gobiernos reaccionarios, de banderas enfangadas y "próceres" traidores. Pero él supo encontrar las respuestas y erguirse junto a su pueblo para empujar, "de prepo", a esa historia nuestra, a veces remisa y reculadora.

Vino de su Añatuya callada y desvalida y se metió con su espíritu poblado de versos en un Boedo mistongo que se derramaba en cafetines, lustrabotas y mendigos hacia esa Chiclana amenazada siempre por la inundación. Allí caminoteó atardeceres con Cátulo Castillo, Julián Centeya y el "loco" Papa y allí resolvió en largas conversaciones con Jauretche su dilema shakesperiano trasladado al suburbio: "¿Ser hombre de letras o hacer letras para los hombres?". Allá estaba la Academia y el galardón literario, el premio municipal en la solapa y la cátedra momificada. Aquí, la fidelidad al Barrio de las Ranas, a las pibas de Alsina, a Pompeya con su farol "balanceado en la barrera" y "el codillo llenando el almacén", al Boedo legendario donde se mezclaban el caudillo radical Pedro Bidegain y aquel Eufemio Pizarro que "con vaivén de carro…/ cruzaba los ocasos / del barrio pobretón". Y Homero Nicolás Mancione desdeñó la fama oligárquica para grabar su perfil como Homero Manzi optando por el mundo de "las chatas entrando al corralón", chapaleando barro bajo el cielo de Pompeya herido de lonjas rojas, con sus gorriones y fabriqueras, con el eco de un bandoneón –"mariposa de alas negras"- brotando del último organito de una ciudad entristecida.

En ese camino, sus "versos para los hombres" acunaron a la Negra María, consolaron a la mulata abandonada, invocaron al Papá Baltasar en nombre de los chicos pobres, eternizaron al viejo ciego del violín y a aquella Malena "con voz de sombra", en el paisaje indeleble de un "Sur paredón y después". De este modo, estampó una radiografía carreguiana de personas y aconteceres de la realidad, tan humildes y por eso, precisamente, tan importantes.


Felipe Pigna: Homero Manzi. Historias de nuestra Historia (Radio Nacional).

Asimismo, en el terreno político, Homero también eligió la vereda popular, despreciando las canonjías que el ofrecía el radicalismo alvearizado, para lanzarse a la aventura de FORJA, aquel 29 de junio de 1935, porque sabía que "éramos una Argentina colonial" y ansiaba una "Argentina libre". La soberanía popular, la nacionalización de las empresas extranjeras y la reivindicación de los derechos de los trabajadores se hicieron punta, una y otra vez, en su vozarrón lanzado al viento en la tribuna esquinera –modesta tarima de cajoncitos de cerveza- donde chisporrotearon luminosas verdades en la sombría noche de la "Década infame".

Aquel que calificaba a la piel de una muchacha como "magnolia que mojó la luna", se transmutó entonces en orador de combate: "Nos quieren hacer creer que hay una cosa intocable en la economía: el gran capital… Nos quieren convencer que el ferrocarril apenas da ganancias a sus accionistas… Hay que crear mentalidades opuestas y nacionales que frente a esa lamentación digan sencillamente esto: ¡¡¡QUE SE VAYAN A LA PUTA QUE LOS PARIÓ ESOS ACCIONISTAS!!!".

Así batalla en la catacumba forjista, en esa época en que la tisis roe los pulmones de las mujeres que pedalean en la "Singer", cuando los rufianes controlan la calle Corrientes y las adolescentes desaparecen del conventillo atraídas por "las luces del centro". Y así se consustancia cada vez más con su pueblo. Por esa razón, en 1947, reencendiendo su vieja fe del auténtico irigoyenismo, brinda su apoyo a la caravana popular desde su perspectiva de "revolucionario", amigo del Pueblo, al que expresa en sus versos y a quien acompaña ahora en su nuevo camino jubiloso: "Quienes nos tildan de opositores se equivocan. Quienes nos tildan de oficialistas también. Nos somos oficialistas ni opositores. Somos revolucionarios… Perón es el reconstructor de la obra inconclusa de Hipólito Yrigoyen".

Poco después, la muerte le punguea el corazón en el sanatorio Costa Boero y se despide "lleno de luces y dolores… que integran mi cortejo final de despedida". Sin embargo, aún hoy, cuando en la radio en un tallercito del suburbio o en la disquería noctámbula de la calle Corrientes, florecen otra vez sus versos "con un perfume de yuyos y de alfalfa/ que nos llena de nuevo el corazón", parece como si el Homero indoblegable se pasease todavía con su cara redonda y sus ojos limpísimos de niño –esos por donde "su frente triste de pensar la vida, tiraba madrugadas por los ojos", como diría Cátulo Castillo- para mantener viva la canción y encendernos, de nuevo, la esperanza.

03/05/13 Tiempo Argentino


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Homero Manzi. Rebelde de sur vestido

Por Osvaldo Vergara Bertiche

HOMERO MANZI

Militancia y Poesía en Tiempo de Tango

I) Homero Nicolás Manzione Prestera

Nació el 1° de Noviembre de 1907 en un pueblito de la Provincia de Santiago del Estero, llamado Añatuya, pueblo característico de nuestro país del interior, "callado y desvalido, mísero villorrio sin ladrillos, sin médicos, sin Registro Civil...".

Cuando ya era conocido como Homero Manzi, y recordando su lugar natal decía que "no era Añatuya"; era para él; lo que implica el cariño por el terruño; simple y cariñosamente... "Aña... mía".

Fue el sexto de los ocho hijos del matrimonio formado por Luis Manzione y Ángela Prestera. Madre uruguaya, padre argentino... como el tango mismo.

Vivió en esa provincia hasta cumplir nueve años y luego fue enviado a Buenos Aires bajo la tutela de su hermano Luis.

Ahí el descubrimiento de Boedo: "todavía un arrabal de ese Buenos Aires, donde no faltaban tambos ni baldíos, donde señoreaba algún ombú, y las mitológicas herrerías ya inmortalizadas en el inconsciente colectivo... la esquina del herrero / barro y pampa".

"Se metió con su espíritu poblado de versos en ese barrio mistongo, que se derramaba en cafetines, lustrabotas y mendigos con calles amenazadas por la inundación".

La influencia que ejerce su hermano Luis, lo llevó a dedicarse a la literatura. Ya demostraba grandes dotes de escritor. Su acercamiento con el padre de su amigo Cátulo Castillo (José González Castillo) lo llevó a comprender los sentimientos del suburbio.

A los catorce años interviene en los teatros del barrio inducido por la publicación de la revista Billiken; además había escrito los versos del vals "Por qué no me besas", con música de Francisco Caso.

"Atorranteó atardeceres con Cátulo Castillo y Julián Centeya, y allí enfrentó el dilema con que lo desafiaba el país semicolonial: buscar como tantos la gloria oficial, el buen pasar, la fama que difunden los medios de comunicación en poder de la clase dominante o jugarse entero por su verdad, a la intemperie, corriendo el riesgo del silenciamiento, de la discriminación, en fin, recibir la maldición del sistema", y a los 17 años comienza a interesarse en la política, abriendo un ateneo de la Unión Cívica Radical.

A los 19 años ingresa a la Facultad de Derecho. Como docente dicta las cátedras de Castellano e Historia en los colegios Domingo F. Sarmiento y Mariano Moreno.

Homero Nicolás Manzione Prestera no dudó. Se jugó en la resistencia yrigoyenista contra la dictadura del General Uriburu y contra el gobierno usurpador del General Justo. "Conspiró, fabricó bombas caseras, conoció el infierno de la cárcel, soportando la incomunicación total en la Penitenciaría Nacional de la Avenida Las Heras". Su casa de la calle Garay y Danel se convirtió en centro clandestino de lucha popular y desde allí con sus amigos desarrolló, no sólo la pelea contra el conservadorismo vacuno sino también contra la claudicación de la dirección alvearista del partido Radical.

Junto a Arturo Jauretche, Raúl Dellepiane, Juan Luis Alvarado, Jorge del Río, Juan Molás Terán, Gabriel del Mazo y Oscar Correa, acompañados por Raúl Scalabrini Ortíz, que no era afiliado radical pero que asocia a esta patriada, fundan F.O.R.J.A. (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), el 29 de junio de 1935.



Publicado en la revista Caras y Caretas del 22 de julio 1939

Éste fue un movimiento ideológico surgido, justamente, de la crisis de la Unión Cívica Radical. Crisis que se acelera a raíz de la muerte de Hipólito Yrigoyen. Sin dudas, un intento de recuperar el partido al servicio de las ideas que el Caudillo había puesto en marcha en su larga carrera política.

La acción de F.O.R.J.A. se desarrolla hasta la declaración de Octubre de 1945, en la que la mayoría de sus miembros se incorporan al nuevo movimiento revolucionario nacional conducido por Juan Domingo Perón.

Juan José Hernández Arregui señala que "los rasgos tipificadores del movimiento son los siguientes:
·
* Un retorno a la doctrina nacionalista, aunque vacilante de Yrigoyen, filiada en el orden de las conexiones históricas, a las antiguas tradiciones federalistas del país, anteriores a 1852.

* Retoma en su contenido originario, los postulados ideológicos de la Reforma Universitaria de 1918.
·
* Su pensamiento no muestra influencias europeas. Es enteramente argentino por su enraizamiento con el doctrinarismo de Yrigoyen, es hispanoamericano bajo la influencia de Manuel Ugarte y Raúl Haya de la Torre y el aprismo".

En su posición antiimperialista, F.O.R.J.A. enfrenta tanto a Gran Bretaña como a Estado Unidos en un doble enfoque nacional y latinoamericano.

La voz de Manzione se levantó en la tribuna esquinera, erguido sobre cajoncitos de cerveza, apostrofando las entregas y latrocinios de la Década Infame.

"Nos dicen - sostuvo Manzione - que hay una cosa intocable entre los distintos eslabones de la economía: el gran capital, especialmente cuando se trata de accionistas extranjeros, y por eso es necesario crear la mentalidad opuesta, la mentalidad nacional, que frente a ese argumento diga sencillamente esto ¡qué se vayan a la puta que los parió esos accionistas!"

Una y otra vez, desde F.O.R.J.A., denunció el sometimiento del gobierno al imperialismo británico, la complicidad de Alvear con los hombres del régimen, la expoliación que sufría el país, especialmente las provincias como la suya, porque - decía Homero - "Santiago del Estero no es un provincia pobre, sino una provincia empobrecida".

Una y otra vez reclamó mejores salarios, respeto a los derechos populares, en fin, como reclamaba F.O.R.J.A.: "las cuatro P: Patria, Pan y Poder al Pueblo".

El sistema lo silencia; lo condena como a "Jauretche y Scalabrini Ortíz al sótano de la calle Lavalle al 1700 donde tenía su sede F.O.R.J.A.".

Expulsado de la Facultad de Derecho, exonerado como Profesor de Literatura, silenciado como poeta, discriminado en el radicalismo por rebelde y antiimperialista, Homero Nicolás Manzione Prestera fue convertido en "maldito", pero el poeta que había dentro de él "le jugó una mala pasada al sistema".

"Mucho de mi yrigoyenismo se lo debo a Homero Manzi, que tenía 20 años por esos días. Él me dio una de las explicaciones más orgánicas y tal vez más poéticas del caudillo y de lo que significó", contaría Jauretche tiempo después.


Arturo Jauretche habla sobre Homero Manzi

"Si por sus ideas le cerraban el camino a ser hombre de letras, él se dedicó a hacer letras para los hombres, y se transformó de Homero Nicolás Manzione en HOMERO MANZI".

"Homero se nos fue al mundo de la noche" señaló Jauretche, y allí no pudieron con él.

II) Homero Manzi

Sus versos recrearon los barrios de tango con "el farol balanceando en la barrera y el codillo llenando el almacén"; pintaron los arrabales en tiempo de milonga (con música de Félix Lipesker): "Arrabales porteños / de casitas rosadas / donde acuna los sueños / el rasguear de las guitarras. Donde asoma la higuera / sobre las tapias, / adornando los muros / con sus fantasmas. Sombra, / telón azul del suburbio / donde se juega el disturbio /cuando un amor se envenena / y al dolor de la traición, / se hace rencor, / rencor y pena. Sombra, / donde los labios se juran / mientras la noche murmura / con su voz de bandoneón. Arrabales porteños, / en tus patios abiertos / las estrellas se asoman / y te bañan de silencio. Y la luna amarilla / siembra misterios / caminando en puntillas / sobre tus techos".

Su poesía se nutrió de los compadres de los cafetines, de las muchachas en las ventanas. Sus versos acunaron a la "negra María", consolaron a la mulata abandonada, convocaron al "Papá Baltazar" de los chicos pobres y también a "Malena" con su "voz de sombra" en el paisaje indeleble de un "Sur, paredón y después", con las "chatas entrando al corralón" y chapaleando barro bajo "el cielo de Pompeya", con gorriones y fabriqueras, con el eco de un bandoneón... "mariposa de alas negras", brotando del último organito de una ciudad entristecida.

Así, el Manzi poeta violó la censura que le impuso la oligarquía pro-británica; se escabulló por el camino abierto del cancionero popular.

El otro, el Homero Nicolás Manzione Prestera, condenado al olvido, al que no se lo menciona en ninguna historia política "oficial", permaneció "maldito". Manzione y Manzi, cualquiera de los dos o los dos juntos, llevaron por siempre en alto la bandera del pensamiento nacional, el amor al Pueblo, el sueño de la grandeza de la Patria....

Ese Homero Nicolás Manzione Prestera, declaró como Homero Manzi, en 1947: "Nosotros no somos ni oficialistas ni opositores: somos revolucionarios".

Don Arturo Jauretche, el que "avivaba zonzos", implacable crítico de la colonización intelectual decía "Nada grande se puede hacer con la tristeza. El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza". Y Manzi encarna ese pensamiento.

Porque Manzi encarna, justamente, más que ningún otro, la presencia de la poesía en la letra del tango. Fue un poeta que no publicó ningún libro de poesías. El medio de su poética fue siempre la canción, desde los motivos camperos hasta la música urbana, en la que alcanzó su mayor realización. De esa manera gozó de inmensa popularidad, sin renunciar nunca a sus convicciones de poeta. Apeló a la metáfora, incluso surrealista, pero no avanzó demasiado por ese camino, camino que quizás hubiera dificultado la comprensión de su mensaje por el hombre común.

Utilizó muy poco el lunfardo para expresarse, pese al compromiso popular de su obra literaria. A diferencia de otros grandes autores, sus letras no ofrecen directas crónicas de la realidad social ni imparten consignas morales contundentes, pero mantienen una coherencia plena de sentimiento y racionalidad.

El amor profundo por su madre como el rescate permanente del pasado, que se refleja en su obra, le hacen decir en un vals con música de Antonio Sureda: "Hoy vuelves del recuerdo, madre mía, / envuelta en la penumbra del pasado, / trayendo la nostalgia de los días / que en horas de placer hube olvidado. / Y al ver que fue tu amor, tu amor perdido / el único cariño sin engaño, / te llora más el corazón vencido / y busca en el olvido / tu palabra de perdón. / En el silencio triste / de mi fracaso, / resuenan tus canciones, / rondan tus pasos. Y siento que retornas / pálida y buena, / para borrar las penas / de mi soledad. / Y en el milagro extraño / de ser tu niño, / revivo la presencia / de tu cariño. / Perfume de tu pelo, / luz de tus ojos, / calor de tu consuelo, / rumor de tu voz. / Vendrás, siempre, vendrás, / a consolar mi mal / cuando mi cerrazón busque luz, / cuando mi corazón te nombre más. / Y sé que volverás / la mano en bendición, / trayendo tu perdón / en un beso de paz".

Otra vertiente particular en la obra de Manzi fue su mimetización con la fiebre romántica que contrajo el tango en los años ’40, tendencia a la que legó piezas de extraordinario valor, como " Torrente", "Después" o "Ninguna".

En "Abandono"; tango con música de Pedro Maffia; el ayer, el recuerdo, la ausencia, la pena, el remordimiento y el dolor se amalgaman para "oír que te nombran las voces muertas del ayer feliz".


Aníbal Troilo recuerda a Homero Manzi en 1971

"Llega el viento del recuerdo aquel / al rincón de mi abandono
y entre el polvo muerto del ayer / también volvió tu querer.
Yo no sé si vivirás feliz / o si el mundo te ha vencido
viviendo sin querer vivir / buscás la paz de morir.

Duda de tu ausencia y de mi culpa / pena de tener que recordar
sueño del pasado que me acusa / manos que no quieren perdonar,
dolor amigo de estar con tu sombra / remordimiento de saberte buena
dolor lejano de oír que te nombran /
las voces muertas que se obstinan en volver.

Ya no sueño que retornarás / al fracaso de mi vida
ni tampoco que en tu palpitar / tendré un afán para andar.
Sólo quiero que si estás también / en la cruz del abandono
sepas olvidarme en su perdón... / total, mirá lo que soy.

Pena de tu ausencia sin retorno / pena de saber que no vendrás,
pena de escuchar en mi abandono / voces que me acusan al llegar.
Dolor amigo de estar con tu sombra / remordimiento de saberte buena
dolor lejano de oír que te nombran / las voces muertas del ayer feliz".

"Sur", su tango, de 1948, con música de Anibal Troilo, probablemente sea la obra suprema del género de aquella esplendorosa década y resume el sentido más profundo de su obra.

"Malena", "El pescante", "Milonga triste", "Che bandoneón", "Solamente ella", "Mañana Zarpa un Barco" y "Tal vez será mi alcohol" (que la censura obligaría a convertir en "Tal vez será su voz"), entre otros tantos temas, quedaron como irrefutables testimonios de su alta inspiración.

Todos los investigadores coinciden en que Manzi, renovó la letra del tango, reemplazando en sus temas los amores tumultuosos y dramáticos por la cotidianeidad de los barrios: "Si no entendés, / escuchá lo que te digo,
que los barrios son testigos / de que cuento la verdad".

En 1926, Roberto Fugazot le cantó "Viejo ciego", un bello poema de corte a lo Carriego al que le pusieron música Cátulo Castillo (en la primera parte) y Sebastián Piana (la segunda). Desde entonces con este último músico comenzó una larga y exitosa etapa de colaboración de la que surgieron inicialmente el tango "El pescante" (1934) y una serie de milongas arrabaleras, candomberas y federales, además de bellísimos valses como "Esquinas porteñas" y "Caserón de tejas".

Los músicos más famosos llevaron luego los versos de Manzi al pentagrama: Aníbal Troilo ("Barrio de tango", "Sur"), Lucio Demare ("Mañana zarpa un barco", "Malena"), Hugo Gutiérrez ("Después", "Fruta amarga"), José Dames ("Fuimos"), Charlo ("Oro y plata"), Alfredo Malerba ("Mi taza de café", "Ropa blanca"), Francisco Pracánico ("Monte criollo"), Mariano Mores ("Una lágrima tuya"), Raúl Fernández Siro ("Ninguna").

Manzi construye un poema de imágenes enormemente audaces para canciones populares: "Desazón de llorar lo que fue y mirar lo que llegó
sin poderlo comprender", ("Así es el tango", con música de Edgardo Donato), "Fui como una lluvia de cenizas y fatigas / en las horas resignadas de tu vida...", de hecho éste último, "Fuimos", cautivó al público y a los intérpretes, quedando instalado como un paradigma del tango elaborado y estéticamente ambicioso.

Él mismo declararía sobre su aporte a la música popular por: "haber renovado la milonga, haber creado una milonga suburbana, de la ciudad, diferente de la campera".

Dentro de este género musical, la producción de Manzi se resume en los siguientes títulos: Arrabal, Betinotti, Campo afuera, Carnavalera, Luna, Mariana, Matungo, Milonga de los fortines, Milonga de Puente Alsina, Milonga del novecientos, Milonga sentimental, Milonga triste, Negra María, Oro y plata, Papá Baltasar, Pena mulata, Recordando y Ropa blanca

Cuando junto a Sebastián Piana dan a luz "Milonga del novecientos"... "Varón, pa’ quererte mucho / varón, pa’ desearte el bien / varón, pa’ olvidar agravios / porque ya te perdoné..." éste, al mismo tiempo, lo convoca para escribir las canciones de la película "Sombras porteñas" (1936). Manzi comienza, entonces, a vincularse con la industria cinematográfica argentina, justamente cuando ésta daba sus primeros pasos.

En ciertos círculos de pretendido refinamiento intelectual hablar de Homero Manzi no tiene la misma acogida que suele brindarse en aquellos otros lugares de apasionados por el tango, por el buen tango, y por la consustanciación con el sentimiento nacional de Nación.

Es que la existencia de Homero Manzi obliga en parte a una identificación con una personalidad que abarcó desde diversos ángulos un compromiso con las causas populares, sus emociones y sus luchas

Es posible percibir en los versos de Manzi una nostalgia por lo abandonado, tal vez provocada por la soledad en la que se caía por lo dejado atrás o, por lo que frecuentemente sucedía cuando se intentaba salir de la miseria: los "fracasos de seda" frase utilizada en el tango "Ronda de ases".


Aníbal Troilo - Palabras a Homero Manzi

"Percal y horario, ropa y costura,
gorrión cansado, jaula y miseria,
pena de agosto, tardes sin sol,
alas que vuelan, carta de adiós,
luto de otoño, pan de amargura,
luces del centro, trajes de seda,
flores, recuerdos, mármol, dolor.
fama y prontuario, plata y amor".

Vemos que en Manzi existe un tácito enfoque sobre los valores inherentes a los sectores populares.

Es significativo ver como puede reconstruir la vida de éstos sólo a partir de las palabras. Podríamos decir que en diferentes tangos estos términos están puestos en reemplazo de cualquier tipo de especificación acerca de lo que se está hablando: el "destino de percal", frase usada en el tango "Che, Bandoneón", se puede interpretar como el destino, justamente, del trabajador humilde, sacrificado, humillado... explotado.

Las condiciones socioeconómicas imponían la miseria a aquel que estaba atrapado en la explotación, de la que muchos intentarán escapar, siguiendo caminos que no eran los propios. Así, el trabajo era abandonado para buscar las grandezas y el placer que el cabaret prometía. Podríamos pensar que había quienes pretendían asimilar el tipo de vida que llevaban los sectores hegemónicos.

Si bien como poeta puso su pluma al servicio del tango, que deja cantar sus textos, Manzi interpreta fundamentalmente a la ciudad a través de sus barrios y su gente, sufriendo por esta razón, entre tantas otras, el desprecio de cierta crítica corta de vista.

Su busto, como simbología de agradecimiento, se levanta en la principal avenida de su Añatuya natal y nomina una calle de Santiago del Estero, más allá del tango, por ser referente de los valores culturales santiagueños.

Y es evidente que para adentrarse en la vida y obra de Manzi se necesita de una sintonía espiritual, la compenetración entre este epopéyico personaje y quienes le admiramos. Existe un verdadero gozo espiritual y plenas coincidencias ideológicas con Manzi y no nos arrepentimos de ello, más bien nos sentimos gratificados por encontrar en él, entre su cautivante prosa y su militancia, un paradigma de claro pensar y proceder.

Manzi fue siempre una constancia temática "engrandeciendo espacios que eran hasta entonces considerados con desdén por vastos sectores intelectuales de la Argentina".

Es que había decidido "hacer letras para los hombres" sobreponiéndose a una poesía descarnada, metafóricamente adornada con polichinelas y princesas de ajenas latitudes. Sus temas en cambio fueron la permanente "nostalgia por lo irrecuperable, aunque carente de melancolía: la simple persecución del recuerdo, una lucha a brazo partido de la memoria contra las destrucciones del tiempo". Y este cantar, con el latido de su pueblo, sensible a todas las emociones, sin ser sensiblero ni ramplón, se mantuvo desde siempre y por siempre.

Desde su aproximación al martinfierrismo y en la colaboración fundacional con la revista "Criterio", aporta todos sus conocimientos literarios, su brillante prosa y su magistral poética.

Manzi pudo salvar todos los escollos: "superó a Carriego porque tenía una sólida formación cultural que le permitió crear imágenes de alta sustancia y originalidad ciertamente emparentadas con García Lorca o Guillén; no desvirtuó su autenticidad como Borges y no se adscribió a las polémicas elitistas porque su yrigoyenismo nacionalizó su intelecto" quitándole las anteojeras importadas que desviaron la sinceridad poética de algunos otros de su tiempo, todo ello en su popularizada función de letrista y en su labor literaria o cinematográfica.

En esa trayectoria nunca estuvo ausente la figura de Jauretche, "pensador despatarrado, socarrón, antiacadémico, pero capaz de pensar el país con originalidad", el cual vivió en hermandad con Manzi.

Homero Manzi, luchó siempre con entusiasmo y tozudez por la consolidación de una cultura nacional de raigambre latinoamericana. Merecen recordarse en este sentido fragmentos de reflexiones expuestas en dos ocasiones, la primera hacia 1940, cuando presentó en Buenos Aires, un espectáculo musical a cargo de Andrés Chazarreta y donde Manzi, santiagueño como el músico, vibró hondamente reivindicando nuestro arte popular.

"El folklore argentino - dijo - es un tesoro desparramado por los campos, despreciado por las clases cultas del litoral, pero acunado con amoroso acento por las gentes humildes de la campaña. Mientras Buenos Aires, abriendo cada día más su puerta a la entrada del alma ajena, desoía las voces de la tierra, mientras la pericia de la ciencia oficial creaba un gusto extranjero y arbitrario, mientras los puertos recogían las voces confusas que llegaban de ultramar, pocos eran los espíritus que en lo musical, pegaban el oído a la tierra con reconcentrada actitud de rastreadores.

La música de la ciudad estaba trazada sobre el pentagrama oscuro de las pasiones humanas. En cambio, la música de nuestro campo estaba conformada sobre la naturaleza. Con excepción de la vidala, canción cuya universalidad habrá de consumarse un día, todas las expresiones musicales del folklore norteño trasuntan las formas del paisaje y animan sus movimientos en la fuerza de la naturaleza. La música del campo es objetiva, la de la ciudad subjetiva.

En la ciudad, los bandoneones lloran a cuenta de la pena del hombre. En el campo, las arpas y violines rústicos hablan con la voz del viento, trinan con los pájaros y mueven sus ritmos con el rudo compás de las bestias en galope o con la hamacada euritmia de los pastos castigados en el vaivén de los vientos.

El santiagueño ama en primera instancia a su tierra, tiene una patria chica para ubicar su corazón. Conoce su cielo, abierto y celeste durante el día cuando apenas lo transitan el sol y las majaditas de nubes blancas, oscuro y profundo en la noche, cuando los tachonan los tucu-tucu inmóviles de las estrellas.

Conoce sus ríos madres que traen el pan en las entrañas, conoce sus montes, intrincados, misteriosos, aguerridos, conoce la tremenda ansiedad de sus sequías, ejemplo bíblico que le afirma la sobriedad y conoce el terror de sus tormentas calientes, cuando braman los huracanes del sur y del norte cargando, sobre los lomos enfurecidos, nubes negras que desparraman la bendición del agua, por eso la voz del folclore santiagueño tiene la sinceridad del testimonio cultivado en largo trance de amor.

Buenos Aires vive sorda a la belleza que destila este polo mediterráneo en la silenciosa colmena de su vida espiritual. La gran ciudad del plata, enceguecida de orgullo por las caricias de la gloria material, no sabe que lejos de ella, hay argentinos que aparentan las majadas de la leyenda".

Manzi está convencido del triunfo de la cultura nacional sobre la colonización cultural, y agrega: "Las canciones de la tierra volverán a nutrirnos de savia auténtica y en la voz de las vidalas reconoceremos el arrullo de la urpila, despenadora impenitente de las tardes, cuando se abren en colores pálidos las flores del cardón y reconoceremos en cada danza, en cada ritmo, un pedacito del paisaje agreste donde ponen adornos los algarrobos, donde adelantan cuchillos de espinas los vinales, donde corren y revientan los ríos para secarse luego, donde cantan las hachas mordiendo las carnes duras del quebracho, donde pastan las majadas, donde se clavan las puntas del arado, donde galopan los caballitos criollos, donde ladran perros inverosímiles, donde se sufre, se trabaja, se ama, se baila y se canta".

La segunda reflexión, la hace después, el 6 de mayo de 1948, ratificando, en una hermosa página, esa concepción de la cultura: "lo popular".

Dice Manzi: "Alguna vez, alguien que sea dueño de fuerzas geniales, tendrá que realizar el ensayo de la influencia de lo popular en el destino de nuestra América, para recién entonces poder tener nosotros la noción admirativa de lo que somos.

Esta pobre América que tenía su cultura y que estaba realizando, tal vez en dorado fracaso, su propia historia y a la que de pronto iluminados almirantes, reyes ecuménicos, sabios cardenales, duros guerreros y empecinados catequistas, ordenaron: ¡Cambia tu piel! ¡Viste esa ropa! ¡Ama a este Dios! ¡Danza esta música! ¡Vive esta historia!.

Nuestra pobre América que comenzó a correr en una pista desconocida, detrás de metas ajenas y cargando quince siglos de desventaja, nuestra pobre América que comenzó a tallar el cuerpo de Cristo cuando ya miles y miles de manos afiebradas por el arte y por la fe, habían perfeccionado la tarea en experiencias luminosas, nuestra pobre América que comenzó a rezar cuando ya eran prehistoria los viejos testamentos, y cuando los evangelios habían escrito su mensaje, cuando Homero había enhebrado su largo rosario de versos y cuando el Dante había cumplido su divino viaje.

Nuestra pobre América que comenzó su nueva industria, cuando los toneles de Europa estaban traspasados de olorosos y antiguos alcoholes, cuando los telares estaban consagrados por las tramas sutiles y asombrosas, cuando la orfebrería podría enorgullecer su pasado con nombres de excepción, cuando verdaderos magos, seleccionando maderas con cavidades y barnices, sabían armar instrumentos de maravillosa sonoridad, cuando la historia estaba llena de guerreros, el alma llena de místicos, el pensamiento lleno de filósofos, la belleza llena de artistas y la ciencia llena de sabios.

Nuestra pobre América, a la que parecía no corresponderle otro destino que el de la imitación. Todo estaba bien hecho, todo estaba insuperablemente terminado ¿para qué nuestra música? ¿para qué nuestros dioses? ¿para qué nuestras telas? ¿para qué nuestra ciencia? ¿para qué nuestro vino?. Todo lo que cruzaba el mar, era mejor, y cuando no teníamos salvación apareció lo popular para salvarnos, creación de pueblo, tenacidad de pueblo.

Lo popular no comparó lo malo con lo bueno, hacía lo malo y cuando lo hacía creaba el gusto necesario para no rechazar su propia factura y ciegamente, inconscientemente, estoicamente, prestó su aceptación a lo que surgía de sí mismo y su repudio heroico a lo que venía desde lejos.
Mientras tanto, lo antipopular, es decir, lo oculto, es decir lo perfecto, rechazando todo lo propio y aceptando todo lo ajeno, trababa esa esperanza de ser que es el destino triunfador de América.

Por eso yo, ante ese drama de ser hombre del mundo, de ser hombre de América, de ser hombre Argentino, me he impuesto a la tarea de amar todo lo que nace del pueblo, de amar todo lo que llega al pueblo, de amar todo lo que escucha el pueblo".

Obrando en consecuencia, Homero Manzi, prologando un libro de Héctor Gagliardi, se pregunta si es un poeta, un payador o un cantor y termina confesando "pero se, eso si, que él canta y que su pueblo lo escucha".

También vale la pena recordar este otro escrito de Homero Manzi titulado "Argentina, Patria del Bandoneón" y que lo redactara en colaboración con su hijo Acho.

"El Bandoneón llegó a Buenos Aires en el bagayo de un inmigrante alemán, quién jamás pudo suponer que con él traía el instrumento que andaba buscando la emoción porteña para poder desparramarse por el mundo.

Y así fue que una noche, allá por el 1900, cuando todavía los muchachos se recostaban en las paredes de las esquinas para que no se derrumbaran y se ataban el pescuezo con un pañuelo para que no se les cayera la cabeza al escupir fuerte por el colmillo, el alemancito se sentó en el patio de su conventillo, para llorar en manga de camisa, sobre las notas largas de su Bandoneón, un dramita de inmigración, de ausencia y de distancia.

Y sin quererlo, las notas litúrgicas de su fueye, desangradas en la desolación de los patios porteños, repercutieron en el corazón de las costureritas sentimentales y temblaron en los dedos ligeros de las barras, como si hubieran nacido para repicar compadronamente sobre el doble teclado de aquel lindo aparato.

Dicen que un día, Domingo Faustino Sarmiento trajo de Italia una yunta de pajaritos grises, y al poco tiempo Buenos Aires era una jaula de gorriones. Así también un día el arrabal se pobló de bandoneones. Buenos Aires se le entregó, a condición de que primero, se le entregara el bandoneón.

Y así fue que empezó a rezongar como si llevara adentro el alma atormentada de un garavito. Y se emocionó en la noche de las cortadas, como si hubiera nacido a la luz de un farol, y compadreó en el alarde de una serpentina, como si en él chiflaran los gorjeos de las patotas. Y entonces, ya no fue más bandoneón. En el registro civil de los almacenes, lo bautizaron mandoneón, y para ser más chorro y más porteño, le acomodaron un mote de prontuario; alias... Fueye.

Y en los barrios de Buenos Aires, aparecieron las manos que habrían de estirarlo como nadie. Vicente Greco, Pacho, el ruso Antonio, Pepín, Santa Cruz, Chiape y el pibe de oro, ese pibe que a los doce años con un par de brazos que apenas podían abrazarlo, sacó al fueye sonidos secretos, dulzuras desconocidas, armonías inéditas: Pedro Maffia. Luego vendrán otros, y luego también serán superados, para nuestro bien.

El bandoneón es un alma que tomó forma de gusano a fuerza de arrastrarse detrás de un amor imposible. Cuando estaba por morirse de pena en una esquina olvidada del mundo, las caricias de las manos criollas, lo ayudaron a sufrir su congoja. Al hambre de su pena solitaria, el tango le entregó el pan de una amistad derecha y compañera.

El suburbio lo emborrachó en sus copas para hacerlo olvidar. Los compadritos lo llevaron a sus fiestas para ahuyentarle los recuerdos malos. Y Juan de Dios Filiberto, que tiene algo de fueye en su arrugada silueta, le compuso un himno de homenaje: Quejas de Bandoneón

El bandoneón es un órgano de Iglesia con alma requintada, que siguiendo la estrella rea de su destino, se escapó de una catedral disfrazado de fueye, para poder ambular por la noche de la calle Corrientes. Por eso desde que él se entreveró en el tango, las milongas adquirieron una solemnidad religiosa, y por eso cuando sus hermanos recogen los sonidos y talla solo el bandoneón, la canción de los barrios parece un misal taura. Y por eso también, Pascual Contursi, poeta de suburbios, le rezó un Padre Nuestro: Bandoneón Arrabalero.

Enrique Santos Discépolo, se ha ganado el título de inspector honorario de las emociones de Buenos Aires. Envuelto en un mínimum de materia, recorrió las calles o se sentó a tomar un café, dispuesto a requisar cuanta emoción circulara sin patente. Nervioso, flaco, afiebrado, pura nariz y talento, de pronto ha encontrado algo que buscaba; una canción, un grito, un gesto; se lo pone debajo del brazo y en su casa lo hace bailar sobre el piano, para inspirar las teclas. Es el drama que un borracho olvidó sobre una mesa o un lio que descubrió por la rendija de una persiana. Una noche oscura, al cruzar una calle del suburbio, Discépolo tropezó con el alma del bandoneón que se había escapado de la caja; entonces hizo un tango: Alma de Bandoneón.

Pedro Maffia, inició su vida en el piano. Pero aquel armatoste era demasiado grande para la honda humildad de su espíritu. Sus dedos ligeritos resbalaban inútiles sobre la dentadura del teclado. Es que Maffia, necesitaba un instrumento mas pequeño, para hacerlo llorar de emoción en el temblor de una caricia. Un instrumento que lo pudiera tener entre los brazos, para llevarlo más cerca del corazón. Tal vez por ello eligió el bandoneón. Y por ello también, cuando aún era un pibe, ya sabía pasearlo como nadie por los carcomidos tinglados de los cafés de Buenos Aires, entre el humo de la admiración. Ese instrumento se le adentró tanto en su cariño, que al ejecutarlo era como si estrujara un pedazo de su alma.

Cuando un instrumento se ha moldeado de tal forma al perfil filosófico de una ciudad, solo cabe hacerlo nuestro definitivamente, para que en sus días futuros, pase de una mano a otra, como entrando en cada casa a hacerse amigo y maestro a la vez. Las esperanzas que se derramaron en él, dieron nacimiento a más hermanos.

Quizás alguien piense que no encaja en el desequilibrio del modernismo, porque tiene cara de viejo y está vestido de negro, que es su manera de pasar desapercibido.

Si algún día sus hermanos fueran a dejar de ver nacer nuevos bandoneones de las manos de sus creadores, un día se terminará de hacer el último bandoneón. Lo demás va a ser historia, y cada uno de ellos, aferrándose a las manos de quienes lo acarician, pedirán que ésta patria que los cobijó, sepa que no puede repartirse en versos si no hay quién aprenda a darle vida en aires porteños.

Haceme dos cajas con punta en ochava,
que puestas de frente, aferren los pliegues
y encierren el aire para mi pulmón.

Que asomen mis teclas con mueca sonriente,
y que al apretarlas, un peine de bronce,
libere los flecos de mi propia voz.

Que un muchacho loco me aprenda en sus dedos
y que de sus manos nazca una emoción.
Y en mi frente negra, que se frunza el ceño
de la filigrana de un fileteador.

Que mi nacarada suerte peregrina,
sepa que las manos que mi fueye estira,
dejan por sentada mi ciudadanía,
en cada latido de mi corazón

¡Si alguien inventó un día esa jaula de pájaros..! ¿Qué otra alma sensible podrá volver a adivinar sus secretos para envolverla en el fervor de aquel primer encuentro..?

La historia, que debería ser nuestra historia, esa a la que se ajustan las descripciones de los vencedores, es la que nació en Alemania y se escribió en Argentina antes de 1900. Y los argentinos hemos vencido sobre el destino de un instrumento sentenciado a morirse de sueño. Y porque ya llegó al tinglado de los más famosos escenarios del mundo y es escuchado con respeto, se abre ante nosotros el verdadero dilema. Lo que antes era el tesoro de un país, hoy es la búsqueda desenfrenada del resto del mundo por conseguir los mejores exponentes de lo que nos dio ese sabor sentimental.

Y los bandoneones salen gota a gota del país, sin pasaje de regreso.

Cada día son menos los que nos quedan, cada día son menos los mejores instrumentos, que tendrían que ser nuestro mejor orgullo.

Cada vez que me entero que en el exterior se vende un bandoneón traído por un tanguero que quiere hacerse de unos pesos, se arruga dentro de mi pecho este pequeño fueye que nos dejó su apariencia de juguete navideño, que se resiste a pensar que vamos entregando la ilusión que nos dejó alguno de esos tres Reyes Magos.

Se van vendiendo uno a uno, y ya quedan los imprescindibles para continuar la tradición. Que su voz no se pierda en los vientos de otros cielos. Que la ausencia de su voz no nos resulte un ausente más entre tantas presencias que damos por perdidas.

A ver, argentinos... no vendamos también el alma... ¡Este es un bien, no renovable..!"

Intentar una semblanza de Homero Manzi (Homero Nicolás Manzione Prestera) en un breve trabajo puede ser irreverente y ambicioso. Pero mucho más difícil es explicar esa fusión por la que transitó: del yrigoyenismo al peronismo. ¿Y por qué no?. Simplificando todo análisis histórico, y basándonos en una conjetura meramente emocional ¿no sentimos y vivimos que el yrigoyenismo, el peronismo, el fútbol y el tango forman parte de nuestra cultura nacional?.

Manzi perteneció a ese grupo de hombres lúcidos y claros, que reconocieron el papel protágonico de los movimientos nacionales en los países dependientes y semicoloniales, al producirse el despertar de la conciencia de los pueblos oprimidos. Vista desde el mirador de la historia política, el significado de la acción desarrollada por éste se acrecienta.

Existe diferencia con aquellos luchadores y pensadores de la liberación nacional de otras partes del mundo, ya que nuestro territorio no estaba efectivamente dominado por las armas. Éstos, los nuestros, sabían que, en el caso de la Argentina, como en el de la mayoría de los países latinoamericanos, el control se ejercía mediante otros medios y así dedicaron toda su vida y obra a dilucidar los mecanismos de colonización cultural a la que estábamos sometidos para un mejor dominio.

El crítico palestino Edward W. Said en "Cultura e Imperialismo" lo ha afirmado de este modo: "Hay algo más en el dominio imperialista que no tiene que ver con el poder de fuego, sino con ideas y actitudes", las cuales hacen que algunos dominados acepten, incluso de buen grado, la situación de subordinación. Otros... NO!

Todo ese grupo, al que pertenecía Manzi, aplicaba una metodología para el estudio y la comprensión de la realidad nacional, un método inductivo, casuístico si se quiere, que partía directamente de los hechos y no de las teorías, fueran éstas las que fuesen.

Le debemos admiración y atención porque no se escapaban de los hechos concretos "por la tangente del sueño o de la imaginación", como tampoco se ataban "al hecho concreto que se deja cerrar por el círculo de lo cotidiano al margen del futuro y del pasado".

Forjar un pensamiento nacional significaba recurrir a la historia como medio de formular un nuevo proyecto político para el país. A juicio de éstos, ese pasado estaba, en su última etapa, en Yrigoyen y su época.

Representaba las tradiciones federales y populares, había defendido el derecho a la autodeterminación de los pueblos y contra las agresiones externas.

Yrigoyen representaba la posición nacional frente a las "directivas británicas que ejecutaba la oligarquía argentina" y "la presencia del pueblo en el Estado como instrumento vivo de la Nación". Perón, años después, encarnaba, justamente, la continuidad histórica de ese proceso, profundizándolo por el camino de la revolución y transitando hacia la comunidad organizada y la integración continental.

Más utópico, además de atrevido, es analizar su poesía. Podemos pensar que toda poesía fundamental es filosófica; a veces contiene una suerte de ensayo en cada verso. Podemos garabatear que ella está aun en lo que no se dice, que es una memoria que vuelve del pasado y va hacia el futuro.

Sus poemas se sienten hondo, muy hondo. Tal vez enmarcando nuestra propia historia, todos llevamos en el recuerdo o en una foto color sepia aquella "melena de novia"; todos fuimos aquel que Manzi descubre "recostado en la vidriera"... esperando; quién no contempló "las lunas suburbanas"; quién no caminó "sin querellas" tomado de la mano de algún amor.

Homero Manzi era dueño de un gran talento y no lo administró en pequeñas dosis. Se dio entero.

Le quedó tiempo para ejercer la presidencia de SADAIC, tener un hijo, volcó "hasta la última arruga del cerebro con la generosidad de quien sabe que hay mucho más en la moviola". Dejó de yapa poemas inéditos, proyectó libros para películas que no alcanzó a realizar con temáticas dispares: Rubén Darío, Jorge Newbery, Antártida.

Sus obra marca guarismos sobresalientes y enciende las luces de la ciudad donde inmortalizó en una esquina todas las esquinas.

Autor de 52 Tangos: Abandono, Así es el tango, Barrio de tango, Canto de ausencia, ¡Che bandoneón!, Cornetín, Dale dale, De ayer a hoy, De barro, Desagravio, Después, Discepolín, Dónde irás ilusión, El pescante, El último organito, Eufemio Pizarro, Fruta amarga, Fueye, Fuimos, Gato, Hermana, Horizontes, La mariposa y la flor, Malena, Mañana zarpa un barco, Manoblanca, Mi taza de café, Monedas de poeta, Monte criollo, Muchacho de cafetín, Ninguna, No te engañes, Nobleza de arrabal, Noches provincianas, Pajarito, Pianito de juguete, Por qué, Ramayón, Recién, Ronda de ases, Sosteniendo recuerdos, Sur, Tal vez será mi alcohol (Tal vez será su voz), Tango, Tango de antes, Tapera, Te lloran mis ojos, Torrente, Triste paica, Una lágrima tuya, Veinticuatro de agosto y Viejo ciego.

De 18 milongas; de 2 candombes: Calún Gangué y Juan Manuel; de 13 valses: A su memoria, Desde el alma, Esquinas porteñas, Gota de lluvia, Llorarás llorarás, Lluvia, Más allá, Paisaje, Romance de barrio, Romántica, Serenata gaucha, Tu pálida voz y Valsecito de antes; de una marcha: Se va la murga; de un aire de bailecito: De mi casa a tu casa y de 3 canciones: Duerme, Pampa Luna y Pluma de nido.

Homero Manzi realizó películas, teatro y comedias musicales

Con HUGO MAC DOUGALL

1937: "Nobleza Gaucha". Versión sonora de la película muda del mismo nombre. Intérpretes: Olinda Bozán, Agustín Irusta, Marcelo Ruggero, Venturita López Pfriz y otros. Canciones de Sebastián Piana y Homero Manzi. .

1940: "Huella". Según fragmento de "Facundo" de Domingo F. Sarmiento. Intérpretes: Enrique Muiño, Fernando Ochoa, Malisa Zini, Daniel Belluscio, Emilio Gola, Ada Carnaro, José Otal, Orestes Caviglia y otros.

1940: "Confesión". Inspirado en el tango "Confesión" de Discépolo y Amadori. Intérpretes: Hugo del Carril, Alberto Vila, Alita Román, Miguel Gómez Bao, Ana María Lynch y otros.

Con ULISES PETIT DE MURAT

1940: "Con el dedo en el gatillo". Intérpretes: Sebastián Chiola, Alita Román, Pedro Maratea, Nury Montsé, Oscar Valicelli, José Otal, Cayetano Biondo, Ernesto Villegas y otros.

1941: "Fortín Alto". Intérpretes: Agustín Irusta, Ignacio Corsini, Niní Gambier, Juan Sarcione, José Otal y José Ruzzo. Con canciones de Homero Manzi y Sebastián Piana.

1942: "La guerra gaucha". Basada en la novela de Leopoldo Lugones. Intérpretes: Enrique Muiño, Francisco Petrone, Ángel Magaña, Sebastián Chiola, Amelia Bence, Ricardo Galache, Dorita Ferreiro, Elvira Quiroga, Juan Pérez Bilbao y René Mugica.

1942: "El camino de las llamas". Sobre libro homónimo de Hugo Wast. Intérpretes: Pepita Serrador, Elisa Galvé, Roberto Airaldi, José Olarra, Froilán Varela, Vicente Padula, Rafael Falcón, Pepito Petray, María Herrero, Jorge Villoldo y César Blasco. Producción y distribución: Argentina & Sono Film.

1942: "El viejo Hucha". Según obra de Darthés y Damel. Incluye el estreno del tango "Malena". Intérpretes: Enrique Muiño, Francisco Petrone, Nury Montsé, llde Pirovano, Roberto Airaldi, Osvaldo Miranda, Haydeé Larroca, Roberto Salinas y Gogó Andreu.

1943: "Todo un hombre". Sobre la novela de Miguel de Unamuno "Nada menos que todo un Hombre". Intérpretes: Francisco Petrone, Amelia Bence, Nicolás Freoues, Florindo Ferrario, Guillermo Battaglia, Ana Arneodo, Thilda Thamar y Renée Sutil.

1944: "Su mejor alumno". Sobre "Vida de Dominguito" de Domingo F. Sarmiento. Intérpretes: Enrique Muiño, Ángel Magaña, Orestes Caviglia, Norma Castillo, Guillermo Battaglia, María Esther Buschiazzo, Hugo Pimentel, Alberto de Mendoza y Judith Sulián.

1945: "Pampa bárbara". Intérpretes: Francisco Petrone, Luisa Vehil, Domingo Sapelli, Froilán Varela, María Esther Gamas, Judith Sulián, Roberto Fugazot, Margarita Corona, Juan Bono, María Concepción César, Pablo Cumo, Luis Otero, Jorge Molina Salas y Tito Alonso.

1946: "Rosa de América". Vida de Santa Rosa de Lima. Intérpretes: Delia Garcés, Orestes Caviglia, Antonia Herrero, Ernesto Vilches, Elsa O’Connor, Enrique Álvarez Diosdado, Josefina Díaz, Angelina Pagano, Aída Alberti y Domingo Sapelli.

1946: "Donde mueren las palabras". Intérpretes: Enrique Muiño, Darío Garzay, Héctor Méndez, Italo Bertini, Aurelia Ferrer, María Ruanova, René Mujica, Pablo Cumo, Linda Lorena, María Hurtado y "Los Piccoli de Podrecca", el Ballet del Teatro Colón, con María Ruanova y la dirección orquestal de Juan José Castro con la Orquesta Sinfónica del Teatro Colón de Buenos Aires.

1947: "Nunca te diré adiós". Intérpretes: Zully Moreno, Ángel Magaña, Orestes Caviglia, Malisa Zini, Ricardo Galache, Margarita Corona, José Ruzzo, Alba Mugica, Pascual Nacaratti, Julia Sandoval, René Mugica, Ricardo Duegan, y Jeanette Morell.

Con LUIS SASLAVSKY

1942: "Ceniza al viento". Sobre una obra de Alejandro Casona, Homero Manzi, André Birabeau, Leo Perutz, Hugo Mac Douglat y George Feydeaux. Intérpretes: Berta Singerman, Pedro López Lagar, María Duval, José Squinquel, Alita Román, Santiago Arrieta, Luis Arata, Ernesto Vilches, Nicolás Fregues, Tita Merello, Olinda Bozán, Alberto Terrones, Pedro Maratea, Malisa Zini, Tilda Thamar, Berta Moss y Percival Murray.

Sin colaborador

1943: "Eclipse de sol". Según obra de Enrique García Velloso. Intérpretes: Libertad Lamarque, George Rigaud, Angelina Pagano, Pedro Quartucci, Alita Román, Juana Sujo, Alberto Terrones, Raimundo Pastore y Celia Geraldy.

1947: "Como tú lo soñaste". Sobre el libro de George Kaiser "Un día de octubre". Intérpretes: Francisco Petrone, Sebastián Chiola, GuilIermo Battaglia, Juana Sujo, Federico Mansilla, Enrique Chaico, Teresa Serrador, Diana Montes y José María Gutiérrez.

1947: "Pobre mi madre querida". Intérpretes: Hugo del Carril, Emma Gramática, Aída Luz, Graciela Lecube, Horacio Priani, María Esther Buschiazo, Leticia Scury, Pablo Cumo, José Franco y Julián Bourges.

1949: "De padre desconocido". Intérpretes: Enrique Muiño, Fernando Lamas, Orestes Caviglia, Delia Garcés, Rosa Rosen, Aurelia Ferrer, Alfonso Ferrari Amores, Osvaldo María Cabrera y Luis de Lucía.

1950: "El último payador". La vida de José Betinoti. Intérpretes: Hugo del Carril, Aída Luz, Orquídea Pino, Gregorio Cicarelli, Tomás Simari, Ricardo Passano, Rosa Catá, José Ruzzo, Lito Bayardo, Marino Seré, Yuki Nambá, Vera Láinez, Alberto Terrones, Francisco Donadío y Juan Caferatta.

Con CARLOS A. ORLANDO

1950: "Escuela de campeones". Intérpretes: Jorge Ricaud, Silvana Roth, Pedro Quartucci, Enrique Chaico, Carlos Enríquez, Héctor Coire, Gustavo Cavero, Pablo Cumo (h), Emilio De Grey, Hugo Mugica y Eduardo Ferraro.

OBRAS de TEATRO

HOMERO MANZI y ULISES PETIT DE MURAT

"La novia de arena". Sobre la vida de Elisa, hija del Almirante Brown. estrenada el 7 de Marzo de 1945 - Teatro Odeón (Buenos Aires) Intérpretes: Delia Garcés, Orestes Caviglia, Enrique Diosdado y Milagros de la Vega.

COMEDIA MUSICAL: HOMERO MANZI, PEDRO M. BRUNO y ANTONIO DE BASSI

1948: "Con la música en el alma". Con la orquesta y participación de Francisco Canaro. Intérpretes: Francisco Canaro, Andrés Poc, Alberto Arenas y Perla Mux.

COMO DIRECTOR CINEMATOGRÁFICO

En 1947 "Pobre mi madre querida" y en 1950 "El último payador" ambas con Ralph Papier.

Por su pertenencia al campo de lo nacional y popular, Manzi dejó de lado ciertos dogmatismos que impide descubrir inspiraciones de esta naturaleza en algunos personajes de nuestra historia.

En el guión de la película "Su mejor alumno", Manzi nos entregó un prócer tan apasionado y obstinado como sensible a las necesidades del pueblo y de la patria. Nos mostró otro Sarmiento.

El historiador investiga aquello que tiene significatividad presente. ¿Significatividad presente para quién?: para un ser individual... el propio historiador. Y la respuesta es una: no hay juicio de la Historia, hay juicio de los historiadores.

Esa significatividad no es ni inocente ni aséptica, es el resultado de las coordenadas de tiempo, espacio y mentalidad desde las que cada historiador dialoga con el pasado.

El cuestionado Sarmiento puede ser defendido, pero defendido desde Homero Manzi. Ese Sarmiento, el de Manzi, es el que tuvo tanta trascendencia en nuestra infancia.

Seguramente se comete una injusticia valorando en menos la participación de Ulises Petit de Murat en la redacción del guión de "Su Mejor Alumno", pero es cierto que se desconoce el grado de participación que cada uno de ellos ha tenido, pero Homero firmó el texto, lo que significa su acuerdo con el contenido del mismo.

Puede, a partir de allí, formularse un anclaje que interesa: Homero Manzi es un nombre cuya situación mental puede reconocerse. También puede reconocérselo en los textos suyos, y por lo tanto se puede coincidir, tanto en sus ideas como en el universo sentimental que expresan.

El guión de la película no escapa a esta constancia. No debe tomarse, entonces, esta actitud como una falta de respeto hacia su compañero de pluma.

En el despacho del ministro Portela y ante la presencia del periodista Soto, con quien peleará a bastonazos en la calle y mantendrá una disputa periodística, Sarmiento, con tanta impaciencia como desatino político, reclama la creación de un departamento gubernamental para atender el desarrollo de la instrucción pública. El ministro lo manda a la Legislatura, aduciendo que ya no se gobierna por decreto como en la época de Rosas.

La respuesta es contundente "No debe recibirse como moneda de buena ley todas las acusaciones que hemos hecho a Rosas en aquellas épocas de lucha. ¡Al pasado no hay que criticarlo, hay que superarlo!".

El relato se adelanta en el tiempo. Sarmiento ya es Senador por la Provincia de Buenos Aires. Un debate intenso y los jóvenes, entre los que está su hijo Dominguito, se expresan con entusiasmo desbordado.

Un Senador acusa a Sarmiento de desconocer la realidad de la campaña; admite que defienda sus bibliotecas y escuelitas, pero no acepta que para ello tenga que insultar a los que "nos hemos enriquecido con nuestro trabajo".

Sarmiento contesta con la excitación a la que ya estamos acostumbrados: "La riqueza de ustedes no se debe al trabajo sino a la vehemencia de los toros y a la fecundidad de las vacas...". El Senador se ofende porque está injuriando a las fuerzas vivas. La respuesta es aleccionadora: "¿Fuerzas vivas?... ¡Eso no se lo permito yo! ¡La única fuerza viva es el pueblo!... En usted reconozco solamente la voz de una aristocracia con olor a bosta!".

Luego vienen chicanas mutuas, pero es el propio Sarmiento el que intenta reencausar el debate por el camino de la discusión de las ideas: "Esta tormenta la ha provocado mi afán de educar al pueblo de la campaña... A los hijos de los gauchos. Yo... Yo que nunca les hice derramar su sangre generosa para servir a mis ambiciones; yo que nunca los adulé para explotar su ignorancia, soy aquí el defensor de su porvenir. Y los otros, los que se llenan la boca con la palabra gaucho, me apostrofan, se ríen de mí, me llaman loco y le niegan al gaucho no sólo la educación sino hasta la tierra y el producto justo de su trabajo".

Cuando el Sarmiento de Manzi relativiza los embates contra Rosas, habla de una aristocracia con olor a bosta y dice que la educación asegurará el porvenir de los gauchos y que los que se oponen a su propuesta son los mismos que dicen defender al hombre de las pampas, ¿quiénes son los que debaten? ¿Sarmiento y dos senadores que ni siquiera son nombrados? ¿o las ideas nacionales y populares de este joven radical irigoyenista, que no había tenido tiempo aún de hacerse peronista, y las ideas tradicionalistas de los nacionalistas de derecha?.

El texto sigue poblado de ideas similares: "...con esos gauchos San Martín formó un ejército". Y algo mucho más radical: "Cuando se agitan las pasiones políticas es difícil saber de qué lado está la barbarie. Casi siempre llamamos barbarie a lo que no nos conviene".

En una escena, Sarmiento está preso por la pelea callejera con Soto. El comisario lo inquiere con exigencia, Sarmiento responde con altanería. Le pregunta la edad y la respuesta es "Tengo un año menos que la patria". Llega Mitre a rescatar a su correligionario, y cuando abandonan la comisaría, Sarmiento dice al oficial de policía, quien se había puesto adulón con la presencia del gobernador, "¡Ah!... Para la próxima vez espero que sepa más historia. ¡La patria nació el 25 de mayo de 1810!"

Homero Manzi, en esta película nos propone un Sarmiento hernandiano, cargado de amor a la tierra y a los hermanos que la habitan, ofreciendo los beneficios de la civilización para todos.

Mucha gente, quizás, no indaga en todo esto, porque con seguridad han perdido el interés que se debería tener para comprender las instancias precisas de nuestra historia y que es el producto del ejercicio impuesto de la desmemoria a la que fuimos sometidos.

Homero Manzi vino del interior a darnos la cultura de la poesía, del tango y de todo lo que significa un sentimiento nacional.

Junto al tango está el sentimiento nacional; junto al tango y a la poesía está la integración del país y su propia expresión social.

Y Manzi también se refiere a la mujer. A las mujeres que trabajan, a las que trabajan para sobrevivir, de mujeres que deben dejar el alma y el cuerpo para poder persistir.

Así surge el tango Malena: "Malena canta el tango como ninguna / y en cada verso pone su corazón...", como se debe ponerlo en cada obra que se realiza, en cada expresión y en cada lucha que se libra en todas y cada una de las batallas que la vida exige.

Continúa el tango: "A yuyo de suburbio su voz perfuma, / Malena tiene pena de bandoneón..." El bandoneón expresa pena, sentimiento y mensaje, y esta poesía Manzi la elabora con el corazón. Y sigue: "Tal vez allá en la infancia su voz de alondra...", la infancia como un recuerdo, como nostalgia, "... tomó ese tono oscuro de callejón..." Los callejones son oscuros como la propia vida para muchos seres humanos: sin trabajo y sin posibilidades. Callejones con sombra y con tinieblas, sin luz para transitar el futuro.

Sigue: "... o acaso aquel romance que sólo nombra / cuando se pone triste con el alcohol...", la ebriedad, que para muchos es el alimento para olvidar penas y sostener esperanzas. "Malena canta el tango con voz de sombra....", la voz de sombra que no tiene luz ni la vibración del sentimiento. "Malena tiene pena de bandoneón". En definitiva nos muestra las llagas vivientes de una vida triste y difícil.

Por todo lo dicho y por mucho más vale hablar de Manzi. Es encender el espíritu y levantar todas las emociones que tenemos arraigadas. Sin emociones y sin espíritu, por más materia que tengamos, por más dinero y elementos que puedan conformar nuestras alforjas, la vida no tiene valor. La vida tiene valor en la medida en que sepamos sustentar y beber de esas fuentes espirituales. Ese es el mensaje que nos dejó Homero Manzi.

Por eso, vale hablar de Manzi, de este hombre del interior que vino a hacer resplandecer la voz, el sentimiento, la integración, la conciencia nacional y el destino que debemos transitar todos los argentinos.

Manzi fue un revolucionario y, si bien no alcanzó a combatir en San Joaquín, en la histórica revolución de Paso de los Libres donde los irigoyenistas plantearon la defensa del movimiento popular y su reacción ante lo que era el régimen, pudo con posterioridad plasmar como coautor en la célebre Marcha de Forja su espíritu revolucionario cuando concretó en célebres estrofas el espíritu radical de aquella época.

Decía: "Forjista si estás de guardia y te preguntan dirás / dirás que velas las armas que mañana empuñarás". Era el espíritu revolucionario que reaccionaba a través de una juventud que, con firmeza, atacaba al régimen.

Y también en su prosa y en su poesía plasmó fundamentalmente el sentimiento popular y esa reacción permanente contra el régimen, utilizando el canal de la música para las épocas en que la persecución obstaculizaba las posibilidades de las manifestaciones populares.

Así fue que en aquella "Milonga del 900" hizo pública su manifestación de que era hombre de Leandro Alem, lo que permitió que el pueblo abrazara como un canal de expresión esas célebres estrofas que se le metieron inmediatamente en el corazón.

Su faceta más importante fue, sin duda, la poética, pero no muy lejos estuvo la política, donde su compromiso con el movimiento popular y nacional; que en aquella época encarnaba el yrigoyenismo; lo convirtió en un militante.

Posteriormente, cuando las circunstancias políticas generaron el hecho revolucionario que culminó con la irrupción de Juan Domingo Perón en el poder y en las instancias de transformaciones que vivió el país, Homero Manzi acompañó hasta sus últimos días al peronismo.

Este militante, este poeta popular, goza del afecto y de la consideración de quienes admiramos su presencia como un vehículo de todas las expresiones del sentimiento concreto del pueblo.

Los que viven con el apuro de dar se van pronto, y nos dejan mucho.

El 3 de Mayo de 1951, con solo 44 años de edad, la muerte "le pungueó el corazón" y él se despidió "lleno de luces y colores que integran mi cortejo final de despedida" y Troilo lo llora con "Responso", un conmovedor tango instrumental.

Ernesto Sábato dijo en su poema "Al Buenos Aires que se fue": "Feliz de vos, Homero Manzi, que te fuiste a tiempo, / cuando aún era posible escribir esas canciones de trenzas y almacenes; / cuando todavía los espíritus no estaban resecados por la ferocidad y la violencia".

Y el Poeta Horacio Ferrer le dice:

"Homero viene allá, de sur vestido,
su muerte fue tan solo un mal momento,
ahí va sembrando vidas que no han sido,
por un claro de cuna de arrabal.

Tras él vienen sus novias en cortejo,
mostrando el corazón de adiós tejido,
cuando él, grave de todos, sangra un río,
de glorias y fracasos en orsai.

Homero Manzi, tus valsecitos,
la luna triste quiere cantar.
Vamos, Homero, salgamos juntos,
que en el misterio, van a cerrar.

Se asoman, por los barrios para verlo,
los tangos y la fe que han muerto poco
y Manzi les da un nuevo sueño loco,
al son de su guitarra fraternal.

Le enseña a presagiar a nuestro olvido
y el pájaro total del amor nuestro
a su barbeta va, buscando nido,
en tanto él fuma y fuma en el umbral.

Homero Manzi, tus valsecitos
la luna triste, quiere cantar.
Vamos, Homero, salgamos juntos,
que en el misterio, van a cerrar".

Fue un "maldito" que en el contexto histórico que le tocó vivir, lo hizo a la altura de su pensamiento y de su arte.

Parecería no haber vivencia que no haya quedado plasmada en su obra, y hoy, cuando en la radio de un tallercito del suburbio o en la disquería del centro, florecen sus versos "con un perfume de yuyos y de alfalfa que nos llena de nuevo el corazón" y nos cuenta de "un ladrido de perros a la luna", del "amor escondido en un portón, y los sapos redoblando en la laguna" imaginando "a lo lejos la voz del bandoneón" con "un coro de silbidos... allá en la esquina" parece como si Homero, indoblegable, rebelde, de sur vestido, se pasease todavía entre nosotros, según Cátulo Castillo... "con su cara redonda y sus ojos limpísimos de niño, con su frente triste de pensar la vida y tirando madrugadas".

Es que muriendo como hombre, Manzi renació como mito para mantener viva la canción y encendernos de nuevo la esperanza.

"entre comillas" citas de Norberto Galasso.

[Conferencia pronunciada por Osvaldo Vergara Bertiche el 16 de Noviembre de 2004 en el "Centro Cultural Bernardino Rivadavia" dependiente de la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario en el marco de las actividades programadas con motivo del "III Congreso de la Lengua"]

Email del autor: cuadernosdivulgacion@hotmail.com


Homero Manzi, un poeta en la tormenta (2009)


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Homero Manzi: Santiagueño centenario

Por Miguel A. Brevetta Rodriguez

Nunca imaginé que los argentinos llegaríamos a recordar con esmerado reconocimiento y respeto a nuestro ilustre comprovinciano en el centenario de su natalicio y que el Gobierno Nacional declarara al año 2007: “El año Homero Manzi” destacando su trayectoria y promoviendo el entendimiento de su obra.

Hace mas de treinta y cinco años publiqué en el desaparecido diario La Hora de Santiago del Estero, una serie de notas que tenían a la poesía de Manzi y algunos aspectos de su vida pública, como protagonistas principales.

Por ese entonces, lo poco o mucho que se conocía del celebrado añatuyense se podían encontrar, como un material disperso entre revistas literarias, letras de tangos y uno que otro libro contando un anecdotario repetido del autor de Sur.

Salvo unos pocos que lo conocieron en vida, hicieron mención del lugar de su nacimiento, describiendo al pueblo de Añatuya su solar natal –que aun no figura en el diccionario actualizado de la Real Academia Española- como un mágico sitio de donde abrevara un sinfín de imágenes que sin duda se encausaron con el tiempo.

“ Y ahí está, todavía indiferenciado en esta natalidad santiagueña, el futuro Homero Manzi, nacido en Añatuya el 1º de Noviembre de 1907. Vio la luz en la casa que sirve de casco al campo “La 13” cercana a las vías férreas… hijo de Santiago del Estero, donde transcurre su primera infancia al amparo tutelar de los mitos de la selva, entre el bochorno de las siestas pobladas de duendes y escapadas a un remanso de agua cercano…” (Luís Alen Lascano, H. Manzi, Poesía y Política. Editorial Nativa, Pág. 14 enero de 1974)

Sin duda Manzi fue rescatado para la historia como un valor de valía entre los celebres letristas y compositores que revolucionaron el tango, en este caso, el que revalorizó el rol de la mujer e introdujo una poesía fina y armónica dentro de un ámbito sórdido de figuras grotescas y paisajes grises, tal como se identificaba en la época, esas historias con música de guitarra y bandoneón.

“Tu que con bronce y viento hiciste sones
Para poblar el mundo de canciones”

Homero llegó al tango en el momento justo en que la Argentina dejaba atrás la belle epoc, para salir en busca de una identidad propia, más natural, de cara a sus ancestros. Como buen provinciano inclinado a identificarse con las causas populares y nacionales, pintó la nueva y floreciente Buenos Aires con las imágenes capturadas en su niñez en el momento justo en que lo cotidiano no dejó de ser un asombro para los ojos de quien aprendía a crecer.

“El ha visto desde niño “un farol balanceándose en la barrera” como una cosa cotidiana de cada uno de sus amaneceres, “el ladrido de los perros a la luna”, que son los mismo de siempre y tampoco han cambiado para alegría de los barrios suburbanos que los conservaban aun, como si se tratase de una continua tradición.

No está ausente la nostalgia evocativa de los “viejos amigos que hoy ni recuerdo”, ni tampoco las calles lejanas de pura tierra y sin empedrado, por ellas pregunta “como y dónde estarán”.

Tal vez esa “Juana rubia y amada” (¿?) por la que sufría pensando en ella y que solo era vista por el recuerdo, haya formado parte del paisaje lugareño de esas evocaciones tan cargadas de nostalgia y de cariño. Y los muchachos que todavía se reúnen - no en cualquier esquina- si no en la más cercana al bar., para hacer escuchar sus silbos melodiosos a la hora en que todos duermen y que al final terminan con el “codillo llenando el almacén”.

El paso del tren siempre fue una fiesta en los pueblos santiagueños, hoy cuando no una anécdota, una curiosidad para los chicos si reseña a la vecina pálida “que ya nunca salió a mirar el tren” como que tampoco están “las chatas entrando al corralón” en los contornos de ese pueblo semi viviente.

Seguramente va a ser difícil aceptar al “Barrio de Tango” como una reminiscencia del poeta por la tierra que lo vio nacer, con o sin las licencias poéticas mencionadas y que todo lo hacen posible.

Pero a fuerza de rescate, sólo una acabada prueba de que no es así, ha de significar un cambio de opinión. ( M. Brevetta Rodríguez. Nostalgias de las cosas que han pasado. Publicado en el diario El Liberal, 1 de febrero de 1987.-).

Todas las notas que publiqué en torno a la poesía Manzi, llevan como subtítulos estrofas de sus versos extraídos de sus poemas y sus composiciones, como una manera de recrear su presencia dentro del texto. Y creo que cuando escogí la obra de este autor para resaltar aspectos de su singular poemática, lo hice en base a una identificación espontánea con su vida y con su verso, que alcanzó metáforas tan dispares en su contenido, como en la época en que fueron conocidas.

“Fue lo que empezó una vez
Lo que después dejó se ser…”

Después de muerto –hace casi sesenta años- no queda mucho para investigar que no haya sido comentado, publicado o analizado por quienes fueron sus biógrafos.

Pero la vida, no deja de sorprendernos ni un instante a lo largo de nuestra existencia, así, en contadas ocasiones produce sucesos que se contraponen con lo que son nuestras creencias mientras que en otras oportunidades llega a conformarnos y a darnos la razón, como una gratificación no buscada. En este caso a todo aquello que producimos en beneficio de la cultura. “En casa siempre se hablaba en santiagueño (acentuando las “s”) A casa (en Buenos Aires) venían siempre nuestros familiares de Añatuya y de poblaciones del Chaco santiagueño (Charata y General Pinedo, entre otras)… Siempre se respiró Santiago en mi hogar. Mi padre era un hombre que nunca olvido sus raíces. En la mesa familiar, en cada momento de su vida, el y mi madre evocaban a Santiago.” (Homero Luís “Hacho” Manzi. El Liberal, 14/12/2006).

Esta es otra razón por lo que nunca consideré descabellada mi hipótesis de que el tema; “Barrio de Tango” (1942) tiene reminiscencias santiagueñas.

La bohemia, se sabe, fue una constante en la corta vida del poeta que supo vivir con intensidad desmedida cada uno de sus días, como si fuese el último de su existencia.

Su fama de permanente seductor no fue un invento alucinado de los cronistas del espectáculo, pues siempre fue ratificada por sus amigos y compañeros de sus noches suburbanas que sin duda despedían perfume de mujer. Y si algo faltaba para completar aspectos inéditos de su biografía, no dejaron de asombrarme las recientes declaraciones de una notable intérprete del cancionero ciudadano:

“Yo fui el gran amor de Homero. Yo no estaba tan enamorada, pero él si. Todo lo que hizo Homero lo hizo pensando en mí… Realmente me adoró. Sé que estaba lastimado, pero… me dijo que se iba a casar conmigo y me mintió. Dejé a mi primer marido por Homero en el 44” (Nelly Omar, El Clarín, 10 de mayo de 2005).

"Es la triste ceniza del recuerdo.
Nada más que ceniza. Nada más."

Una mañana de 1995, mientras caminaba por Buenos Aires, ingresé a una conocida casa de artículos para el hogar. Realizada la compra, aboné la misma con tarjeta de crédito, cuando el joven vendedor confeccionaba la factura, me miró a los ojos y me dijo:

- Este nombre me recuerda a Santiago del Estero. Mi abuelo era santiagueño.
- ¿Y cómo se llama tu abuelo? –le pregunté- pues no correspondía otra respuesta.
- Homero Manzi –me dijo- seguro de que me sorprendería.

En ese momento, no pude menos que reconocer la pequeñez del mundo. Conversamos un buen rato. Lo enteré de mis escritos sobre la obra de su abuelo. Me contó que Hacho, es su padre, y que éste se encontraba radicado en Estados Unidos. Y – lo mejor del diálogo- que su abuela aun vivía.

- ¿Le podrías hacer una pregunta, de mi parte a la señora? Quisiera saber si aquella legendaria “Juana la rubia” del “Barrio de Tango” fue en verdad uno de los amores de Homero. Sin dudas, que volveré por la respuesta.

-Le voy a preguntar, me contestó gustoso.

Un tiempo después, volví por la respuesta, trayendo de regalo un cuadro con la página impresa del diario en donde publique una nota referente a un aniversario del poeta.

Al tiempo de agradecerme, me expresó sonriente:

- Me dijo mi abuela que el único amor de Homero fue ella. Y que las otras… son puras fantasías.-

Nos reímos los dos.


Homero Manzi: 100 años no es nada

Por Miguel Brevetta Rodriguez

Eran los años difíciles, el arranque de una década llena de sorpresas. Era el 3 de mayo de 1951, cuando el general Douglas Mac Arthur expresaba ante los miembros de las Fuerzas Armadas e integrantes del cuerpo de Relaciones Exteriores del Senado, una suerte de exhortación a los Estados Unidos para que ataquen a China comunista por aire y mar, acusando al presidente Truman de malgastar millones de vidas humanas norteamericanas, de continuar librando una guerra indecisa.

Ese mismo día, desde La Haya, el príncipe consorte de Holanda, Bernardo, manifestaba en rueda de prensa, que no existe dictadura en la Argentina y que el Presidente General Juan Perón obtendría el 70% de los votos en elecciones completamente libres.
En nuestra provincia, se fijaba fecha de inauguración de la Casa de Santiago del Estero en la Capital Federal, en el edificio de Esmeralda 1037, y en la cancha de Mitre, los equipos de Agua y Energía y Comercio Central Unidos jugarían la semifinal que hacia disputar la Liga Cultural de Fútbol.

En Buenos Aires, el pueblo todo lloraba acongojado la muerte de un santiagueño que tuvo la virtud de iniciar una revolución en el campo de la música ciudadana: Homero Nicolás Manzione, mas conocido como Homero Manzi, quien ya había concluido sus "definiciones para esperar mi muerte" a los 44 años:
" Puedo cerrar los ojos
lejos de las pequeñas sonrisas que conozco,
escuchando estos ruidos recién llegados,
viendo estas caras nuevas.
Como si de pronto
Los mil lentes de la locura
me trasladaran a un planeta
ignorado..."

Vivió la realidad de una bohemia sin par, acompañado de los más destacados intérpretes y creadores del cancionero popular. Conoció en su plenitud el termino de la amistad, para hacer de ella un rutinario oficio, que reiteró a todos aquellos con los que practicó una relación cercana: Scalabrini Ortiz, Arturo Frondizi, Sebastián Piana, Aníbal Troilo, Ramón Carrillo, Luis Delepiane, Ulises Petit de Murat, Arturo Juaretche, León Benaros y tantos otros que nunca cesaron de dar testimonios de la gigante figura de un amigo cabal.

Fue el dueño indiscutido de una lírica sutil y embriagadora que utilizó para destacar las cosas simples y sencillas, para emprender la retirada, quizás, de una culturización erudita que se insinuaba por aquel tiempo. Prefirió que se lo distinguiera por sus características provincianas, por su canto permanente hacia las cosas comunes, a las que destacó en el misterio de sus poesías, mezcla de vaticinio y realidad.

" Puede decirse que en 1925 carga los signos de un reinvidicacionismo "criollista" – cultural y estético- que reniega del color local, de pintoresquismo y del populismo explotados por toda una línea de poetas y escritores en beneficio de una criolledá, como diría Borges, mas esencial y depurada, en cierta forma mas discretamente popular (o menos manifiestamente chabacana o conventillera) una criolledá "patricia", que abomina de los " lindos frasquitos" del "amure de la percanta" de la "lámpara del cuarto" y de la seducción de Milonguita y pone en su lugar la escenografía y la tipología viril de huecos, borracherias, comités y casas malas que menta Borges en "Ascendencia del tango" (Revista "Martín Fierro", 20/1/28).
BORGES Y MANZI: UN DESENCUENTRO.

Indudablemente, tanto Jorge Luís Borges como Homero Manzi, se conocieron, aunque ni fueron amigos, ni compartieron idéntico camino en el ámbito del espectro cultural. Canessa, empleado de la CIAE, evoca los versos de Sur, para documentar la valía poética de este autor, de quien Borges dijo en "Italo" Nº 6, que como Enrique Santos Discépolo, fue un malísimo poeta.

El juicio de Borges levanto una polvareda de reaccione y no fue Canessa el único que hizo conocer su desacuerdo. Enrique Celestino, jefe de la sección "Gestiones del Personal", escribió un pequeño ensayo destinado a probar que tanto Manzi como "Discépolin" fueron talentosos poetas porteños, por lo menos quienes les encuentran méritos literarios tienen algunos antecedentes a su favor: en 1931 Arturo Cambours Ocampo incluyó al autor de "Sur" en su antología que recogió los versos nostalgiosos de este poeta nacido en Añatuya, en Santiago del Estero.

Pero esto, al parecer, no conmueve a Borges, porque: "Manzi no sabia nada de malevos" y para el autor de "El Aleph", el tango no puede ser otra cosa que "música de malevos" ( "Todo Borges y..." Edición Revista Gente, pag.135).

Lejos del conocimiento real y la casualidad contemporánea, la poesía de Borges y la de Manzi hablan distintos lenguajes, como distintas fueron sus posiciones ante temas de trascendencia y hasta en la misma vida. Fueron dos visiones distintas del tango, identidades contrapuestas que escogieron cada uno, para luego marchar por distintos caminos.

En una curiosa aproximación sobre el mismo tema, se advierte la concepción distinta que inspira a cada uno de estos poetas. Por un lado el Borges visionario que abarca la universalidad de un conocimiento especial y profundo de las cosas.

Mostramos aquí una curiosidad literaria que ambos protagonistas asumieron sobre un tema común - el mazo de naipes -, el que obviamente fue tratado desde la postura particular de cada uno. Como también resultan distintos, estilos al margen, los contenidos y las proyecciones que Borges advierte cuando escribe "Milongas" como la "De los morenos", "Don Nicanor Paredes"; "De Albornoz" o " Milonga para los orientales", (en "Para seis cuerdas", 1965). Otro es el fondo que matiza Manzi cuando escribe "Milonga de los fortines" "Triste", "Sentimental" o "Puente Alsina".
"Cuarenta naipes han desplazado la vida.
Pintados talismanes de cartón
nos hacen olvidar nuestros destinos
y una creación risueña
va poblando el tiempo robado
con las floridas travesuras
de una mitología casera..."

(Jorge Luís Borges, "el truco" "Fervor de Buenos Aires" 1923)

"Cuarenta cartones pintados
con palos de ensueño, de engaño y amor"
La vida es un mazo marcado,
baraja los naipes la mano de Dios
Perdí los primeros convites
parando en carpetas de suerte y verdad.
Hoy juego mi trampa tranquilo
Y entre oros y bastos te habré de olvidar..."

(Homero Manzi, "Monte criollo", con música de Sebastián Piana, 1935, escrita para la película del mismo nombre)

Sin duda la poesía de Manzi, que prefirió plasmar sus propias vivencias en cada una de sus composiciones, pertenece a una esencia especial, toma como base la realidad de las cosas mundanas, para ofrecer su propia cosmovisión, desprovista de todo impedimento que interfiera entre la simplicidad y el paisaje.

Puso su marca en cada uno de sus trabajos; como estableciendo diferencias, entre una época y otra, pareció advertir con mucho tino, que al tango le estaba haciendo falta un cambio, para que pudiera deslizarse por otros ambientes.

Rescató la imagen triste que ocupaba la mujer y el amor en las letras ciudadanas, para reivindicarlas y concederles un sitial conforme con la representatividad que le es propia. Ese intento le valió el reconocimiento general de parte de todos los tratadistas de la temática porteña y por mas que se empecinara en hacerse llamar "letristas de tango" nadie dudo de que se trataba de un poeta que marco distancia entre sus pares, porque impuso un estilo distinto en la temática arrabalera; lo había dotado al tango de una sutileza sin par.

" En general, por ejemplo, las que tienen que ver con la cuestión de la identidad o la especificación cultural (tal vez deba decirse "nacional") de lo argentino, tal como aparecen planteados en los manifiestos, presentaciones, encuestas y artículos de la revista; y subsidiariamente las que sirven para tomar distancias frente al "plebeyismo", el "sentimentalismo" y el "populismo" de los hombres de Boedo, sin evocar, por supuesto, a los escribas embanderados en la industria nacional.
Es interesante desde el punto de vista, la distancia personal que tomara Homero Manzi respecto a este conjunto ("Los martinfierristas y su visión nostálgica del tango", diario El Clarín, 5/2/87).
REALIDAD, POESÍA Y POLÍTICA.

"El imaginario incesante", lo llamo Petit de Murat, y no se equivocó en el apelativo para definir a un talentoso que también buceaba entre las imágenes del cine – siempre sobre la temática criolla – otra de sus grande pasiones.
La política no le fue ajena, y lo encontró militante de las grandes causas nacionales y populares, coherente siempre con su condición de muchacho sencillo y nostálgico de las cosas de la tierra que lo vio nacer, y a la que nunca dejó de evocar.
"Es una síntesis en la cual cruzan Baudelaire y Carriego, Betinoti y los simbolistas, Lorca y el folklore, los ultraístas y la literatura del tango" decía Aníbal Ford en "La historia popular" Nº 27.

Proyecto imágenes extrañas, metáforas que constituyen un hallazgo en la practicidad de su poesía. Seguramente le era esencial llegar al entendimiento generalizado, rico en matices distintos y auténticos a la vez, para la comprensión de todos y el regocijo de algunos que encontraban en el canto, su propia identidad.
"Fuiste por mi culpa
golondrina entre la nieve,
rosa marchitada por la nube que llueve.
Fuimos la esperanza que no llega,
que no alcanza,
que no puede vislumbrar
la tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora,
que no reza,
que no llora,
que se hachó a morir..."

El destino lo quiso despierto y en la plenitud de su lucidez, hasta el momento de su definitiva partida hacia ese SUR, desconocido y triste, mucho mas lejos y solitario que el paredón de Pompeya.
¿O es que había iniciado su marcha hacia un "barrio de tango", cuando misteriosamente y a propósito "esa puerta se abrió para su paso", para no regresar?

"Se recogió en aquella callada, pensativa y acelerada auscultación del hecho que habría de producirse inexorablemente, cuando la revelada fatalidad del mal, que estaba desgajándolo, lo venia a "punguear" – lanza en ganchete – sobre el preciso instante en que estaba cargando "su cuero" de esperanza, orejeando en la hueca y sin recelos. El barrio no es el mismo, y la ternura troila de Pichuco, ¿para llorar que cosa?" Expresaba su amigo y compañero Cátulo Castillo.

Sin duda hasta las palabras se terminan, cuando nos damos cuenta de que no estamos, aunque nos queda el consuelo de saber que no podemos morirnos del todo, de una sola vez en especial si alguna vez tuvimos la oportunidad de cantar a nuestro pueblo:

"Se que hay recuerdos que querrán abandonarme solo cuando mi cuerpo hinche un hormiguero sobre la tierra. Se que hay lagrimas largamente preparadas para mi ausencia. Se que mi nombre resonara en oídos queridos con la perfección de una imagen..."

"Manzi utilizo la nostalgia como el común denominador de una obra, cuyo resultado final fue evitar que los mitos de la ciudad de su infancia se esfumaran. En su rescate terminó por construir una mitología del ambiente suburbano de principios de siglo. Acribillado por las contradicciones propias de la clase media, mientras por un lado militaba para cambiar la sociedad, por otro, mantenía una actitud de tono conservador, según la cual "todo tiempo pasado fue mejor", porque en la época evocada existía un orden que a la distancia supone ideal. El Manzi militante peleaba con el poeta elegíaco. Como resultado la poesía llego al tango y se instaló a sus anchas. Su mérito consiste en haber señalado el camino mediante obras perdurables que hace tiempo, por horror de puristas, se codean con los mejores textos de la poesía argentina". (Horacio Salas, El Tango, pag. 239).

Manzi se embanderó en la corriente modernista que por su tiempo se gestaba, atenuado los efectos que la poesía dura y descarnada, que hasta el momento se la conocía dentro del tango. Abandonó la temática tradicional (llamémoslo mejor "arrabalera") para trabajar sobre las cosas simples, pero con distintas imágenes quizás por la influencia de Carriego al que tomaron como modelo indiscutido casi todos los letristas que trabajaron el tango, hasta casi el final de la década del cuarenta, o bien por tratarse de un talento particular, que supo ingeniárselas para decir de otra manera el verso consustanciado con ese particular momento.
ENTRE DOS CORRIENTE EN BUSCA DEL "SER"

"De la canción del barrio, a la letra del tango que inaugura Contursi con "Mi noche triste" hay un paso y el poeta mayor de esta tradición sentimental, Homero Manzi, comienza su obra con "Viejo ciego" (1926) y uno de sus últimos tangos, "El ultimo organito". En estas letras retoma casi intacta, pero con las necesarias adecuaciones estéticas, la atmósfera carrieguista, sus personajes y su obsesiva nostalgia de una pasado mejor, previo al abandono. Todos ellos, la vecina enferma, el organito, la viejo ciego, el cafetín y su mundo, reaparecen poblando la edad de oro de los sentimientos, como el espejo idealizado de la vida del porteño" (Osvaldo Pelletieri, diario El Clarín, 18/12/86, Discépolo y la letra del tango).

Sin duda Manzi vivió la época del transito obligado de los albores de nuestra conformación de identidad, al hecho definitivo de la caracterización a la que hoy asumimos como nuestra, que no es otra que el "argentinismo" que navega por dos corrientes culturales, una que "importamos" desde Europa y a que todavía adhiere y la otra que peca en lo ancestral, que muestra un rostro que pertenece al pasado que ya ha sido superado por la realidad.

Son las dos facetas a las que nos acostumbraron desde nuestra concepción como Nación y por las que aun transitamos, en busca de ese "ser" argentino que constituye la síntesis de nuestra propia historia.

Quizá por allí estén las causas de las luchas culturales que muchas veces nos llevan a cerrar los ojos ante un hecho evidente y a desconocer los auténticos valores que son las fuentes de nuestro patrimonio intelectual.

La tarea de nuestro autor, pese al juicio mezquino de algunos de nuestros gloriosos exponentes de la creación literaria, ha cumplido un rol de preponderancia, por lo que creemos que justifica su inclusión dentro del acervo del patrimonio vivencial de la cultura. Y compartimos con los que estudiaron su obra y le encontraron quilates, aunque al margen de las bondades de lo estrictamente literario, lo rescatamos como a un entusiasta defensor de las causas nacionales y populares, no solo por lo que pudo escribir, si no porque vivió inclinado hacia una actitud de vida que celebramos y nos conforma.
"Y también se que a veces dejara de ser un hombre y será solo un par de palabras sin sentido.
Estoy lleno de voces y de colores.
Unas veces recogido en el sonambulismo de la marcha. Otras, inventados tras mi propia soledad. Con ello se
integrará un cortejo final de despedida".

Demasiado joven y en la plenitud de su labor artístico y literaria, no pudo resistir una cruel dolencia que calló su canto de trovador enamorado de las cosas cotidianas.
Tres de sus más preciados amigos lo despidieron en su morada final, Jorge Farias Gómez, Cátulo Castillo y Francisco García Giménez.
El entonces presidente de la Nación General Juan Perón, fue representado por su adecán. Algunos le atribuyeron esta frase: "Para esto... no hay reposición".

Fuente: www.brevettarodriguez.com


Manzi poeta elegíaco

Por Osvaldo Vergara Bertiche
cuadernosdivulgacion@hotmail.com

En el año del Centenario del Nacimiento de Homero Manzi, las voces se elevan para homenajear a quien, sin dudas, es un verdadero y auténtico poeta de los argentinos.

Nacido en Añatuya, Provincia de Santiago del Estero, el 1º de Noviembre de 1907, vive solamente 44 años. Fallece en 1951, más precisamente el 3 de Mayo.

Su verdadero nombre es Homero Nicolás Manzione Prestera.

Como un presagio, que es una señal que indica, previene y anuncia un suceso, sus padres lo bautizan Homero.

Homero, el griego, fue un poeta y rapsoda (recitador ambulante de versos), que vivió en la segunda mitad del siglo VIII, alrededor de 725-700 años antes de Jesús Cristo y su nombre significa en griego moderno: rehén.

Tradicionalmente se le atribuye la autoría de las principales épicas griegas, La Ilíada y La Odisea, la épica menor cómica Batracomiomaquia (‘La guerra de las ranas y los ratones’), el corpus de los himnos homéricos, y varias otras obras perdidas o fragmentarias tales como Margites. Algunos autores antiguos le atribuían el Ciclo Épico completo, que incluía más poemas sobre la Guerra de Troya así como poemas tebanos sobre Edipo y sus hijos.

Se lo considera ciego, y a pesar de dudas históricas, es el pilar sobre el que se apoya la épica grecolatina y, por ende, la literatura occidental.

En la figura de Homero, el griego, confluyen realidad y leyenda.

En nuestro Homero, Homero Manzi, confluyen realidad y recuerdo. La apreciación de una realidad que quedó en el tiempo; es decir: ¿dónde estará? o ¿dónde estarán?, ¿qué se habrá hecho) o ¿que se habrán hecho?, ¿por dónde andará? o ¿por dónde andarán?.
Homero Manzi es, entonces, un poeta elegíaco.

La Elegía (diccionario de la Real Academia) es una "Composición poética del género lírico, en que se lamenta la muerte de una persona o cualquier otro caso o acontecimiento digno de ser llorado, y la cual en español se escribe generalmente en tercetos o en verso libre. Entre los griegos y latinos, se componía de hexámetros y pentámetros, y admitía también asuntos placenteros".

Las invocaciones en formas de preguntas retóricas son típicas de la elegía.

Esta forma poética clásica tuvo gran influencia entre muchos de nuestros poetas; lo que denota la estatura intelectual de todos ellos.

Así también, Catulo, (sin acento) el latino, tenía una amada a la que escribía elegías; se llamaba Clodia. Otro poeta muy famoso, griego, fue Calímaco que escribía exámetros elegíacos a los héroes como Ulises.

Vamos a rescatar dos conceptos. Elegía es evocación, lloro, lamento de alguien que murió, o de algo que pasó y ya no está. Que puede llegar a ser placentero en algunos casos. Que tiene algún tópico para identificar el qué se habrán hecho, el dónde estarán, o el qué fue de aquél, y que podemos relacionar con palabras como lamento, melancolía, queja, evocación, tristeza. Es decir, es el llanto o el lamento de lo que ya no está o no puede volver nunca más.

Es buscar en el recuerdo algo y al mismo tiempo una forma de traerlo al presente.

Esta evocación a la que llamamos nostálgica no es necesariamente triste; es el pasado que sólo vuelve a través del recuerdo. Ese recuerdo que de alguna manera nos hace felices, porque fue digno. Es necesario, casi condición sine qua non, que todo autor de elegía haya sido protagonista o testigo de los hechos que memora.

Para ejemplificar la prosapia que tiene esta forma poética, que tomó Homero Manzi, podemos remitirnos a las Coplas a la muerte del padre, de Jorge Manrique, que fueron escritas casi 20 años antes del descubrimiento de América.

Cito solamente dos estrofas como ejemplo de qué es la poesía elegíaca y cómo Manzi la refleja.

Atienda el alma dormida, / avive el seso y despierte, contemplando, / cómo se nos pasa la vida, / cómo se nos viene la muerte, / tan callando / cuán presto se va el placer / cómo una vez otorgado da dolor, y cómo a nuestro parecer / cualquiera tiempo pasado fue mejor.

Primera cuestión a tener en cuenta: "cualquiera tiempo pasado fue mejor". Ahí está la evocación. Y la valoración de ese tiempo pasado. En la última estrofa, son más de 48 octavillas, vemos que no es una elegía triste, sino que es laudatoria, o sea que contiene alabanzas, el poeta evoca al padre como un héroe que peleó contra los moros, que fue un hombre honesto, que fue amigo de los amigos, que fue un creyente, que sirvió a la corona de su rey verdadero. Y termina diciendo:

Así con tal entender / rodeado de su mujer, / hijos, hermanos y criados, / dio la vida a quien se la dio, / la cual halló en el cielo su gloria, / y aunque la vida perdió, / dejónos harto consuelo su memoria.

Y esto, que es hermosísimo, es la segunda cuestión a considerar: "dejónos harto consuelo su memoria". La memoria consuela el pesar de lo que se ha perdido. El padre murió, pero Manrique dice tengo consuelo en la memoria, en el ejemplo que él dejó y evocándolo me siento bien.

Un tema de Manzi, ejemplo de elegía total, es Sur, quizás el más conocido de sus tangos, dice:

San Juan y Boedo antigua, y todo el cielo,
Pompeya y más allá la inundación.
Tu melena de novia en el recuerdo
y tu nombre florando en el adiós.
La esquina del herrero, barro y pampa,
tu casa, tu vereda y el zanjón,
y un perfume de yuyos y de alfalfa
que me llena de nuevo el corazón.

Sur,
paredón y después...
Sur,
una luz de almacén...

Ya nunca me verás como me vieras,
recostado en la vidriera
y esperándote.

Ya nunca alumbraré con las estrellas
nuestra marcha sin querellas
por las noches de Pompeya...

Las calles y las lunas suburbanas,
y mi amor y tu ventana
todo ha muerto, ya lo sé...

San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido,
Pompeya y al llegar al terraplén,
tus veinte años temblando de cariño
bajo el beso que entonces te robé.

Nostalgias de las cosas que han pasado,
arena que la vida se llevó
pesadumbre de barrios que han cambiado
y amargura del sueño que murió.

Siguiendo con esta alcurnia poética que tiene la elegía, podemos descifrar cómo Manzi lo lleva al cancionero popular.

Otro antecedente famoso de elegía es un soneto de don Francisco de Quevedo y Villegas, del siglo XVI, que escribe a su protector. Se llama Memoria inmortal de don Pedro Téllez Girón, duque de Osuna, muerto en prisión.

A este soneto Borges lo juzgó como uno de los más hermosos de la lengua castellana.

"Faltar pudo su patria al grande Osuna, / pero no a su defensa sus hazañas; / diéronle muerte y cárcel las Españas, / de quien él hizo esclava la fortuna. / Lloraron sus envidias una a una / con las propias naciones las extrañas; / su tumba son de Flandes las campañas / y su epitafio la sangrienta luna. // En sus exequias encendió el Vesubio / Parténope y Trinacria al Mongibelo; / el llanto militar creció en diluvio; / diole el mejor lugar Marte en su cielo; / la Mosa, el Rin, el Tajo y el Danubio, / murmuran con dolor su desconsuelo."

Esta poesía, también hermosísima que trata de ser triste, "murmuran con dolor su desconsuelo" en realidad pierde su tristeza y melancolía al ser tan grandilocuente la evocación del Duque de Osuna al decir "Su tumba son de Flandes las campañas, y su epitafio la sangrienta luna".

Manzi también murmura con dolor su desconsuelo cuando dice en el vals A su Memoria:

Hoy vuelves del recuerdo, madre mía,
envuelta en la penumbra del pasado,
trayendo la nostalgia de los días
que en horas de placer hube olvidado.

Y la evocación:

Vendrás, siempre, vendrás,
a consolar mi mal
cuando mi cerrazón busque luz,
cuando mi corazón te nombre más.

Estos antecedentes poéticos que se remontan a griegos y latinos, se encuentra presente, entonces, en nuestro poeta. Quizás cambian los tópicos, ya no era un héroe. Ahora es el viejo barrio, los amigos, los personajes urbanos, la mujer amada…

Homero Manzi, el poeta elegíaco por antonomasia, evoca su juventud, su adolescencia en el colegio Abraham J. Luppi, donde desde su ventana veía el farol balanceando en la barrera y el terraplén. Todo está narrado en Barrio De Tango:

Un pedazo de barrio, allá en Pompeya,
durmiéndose al costado del terraplén.
Un farol balanceando en la barrera
y el misterio de adiós que siembra el tren.
Un ladrido de perros a la luna.
El amor escondido en un portón.
Y los sapos redoblando en la laguna
y a lo lejos la voz del bandoneón.

Barrio de tango, luna y misterio,
calles lejanas, ¡cómo estarán!
Viejos amigos que hoy ni recuerdo,
¡qué se habrán hecho, dónde estarán!
Barrio de tango, qué fue de aquella,
Juana, la rubia, que tanto amé.
¡Sabrá que sufro, pensando en ella,
desde la tarde que la dejé!
Barrio de tango, luna y misterio,
¡desde el recuerdo te vuelvo a ver!

Un coro de silbidos allá en la esquina.
El codillo llenando el almacén.
Y el dramón de la pálida vecina
que ya nunca salió a mirar el tren.
Así evoco tus noches, barrio 'e tango,
con las chatas entrando al corralón
y la luna chapaleando sobre el fango
y a lo lejos la voz del bandoneón.

Exalto estas cuestiones, porque este poeta es uno de los pináculos de nuestra cultura. A diferencia de Quevedo no tuvo protectores, sino por el contrario, por su clara y pertinaz acción política fue perseguido y encarcelado, expulsado de la Facultad de Derecho de Buenos Aires, y cesanteado en sus cargos de docente de Historia y Literatura.

Otros ejemplos de elegía, remarcan aún más la poética de Manzi, al mismo tiempo que ponen de manifiesto la nobleza de esta forma literaria.

La poesía de Miguel Hernández dedicada a su amigo Ramón Sijé, a la que le pusiera música Joan Manuel Serrat, dice:
"(En Orihuela su pueblo y el mío, se me ha / muerto como del rayo mi amigo Ramón Sijé, a quien / tanto quería.) / Yo quiero ser llorando el hortelano, / de la tierra que ocupas y estercolas, / compañero del alma, tan temprano. // Alimentando lluvias y caracoles, / y órganos mi dolor sin instrumento, / a las desalentadas amapolas / daré tu corazón por alimento. / Tanto dolor se agrupa en mi costado, / que por doler me duele hasta el aliento."

Es una elegía triste, desgarradora, emocionante, dolorosa.

Manzi en Discepolin le dice a su viejo y entrañable amigo, de la misma manera:

Sobre el mármol helado, migas de medialuna
y una mujer absurda que come en un rincón ...
Tu musa está sangrando y ella se desayuna ...
el alba no perdona ni tiene corazón.
Al fin, ¿quién es culpable de la vida grotesca
y del alma manchada con sangre de carmín?
Mejor es que salgamos antes de que amanezca,
antes de que lloremos, ¡viejo Discepolín!...

Otras elegías, como la de Jorge Luis Borges, son evocativas y no hacen más que llenar de dignidad a quien la evoca. En El Tango, dice:

"¿Dónde estarán?, pregunta la elegía / de quienes ya no son, como si hubiera / una región en que el Ayer pudiera / ser el Hoy, el Aún y el Todavía. // ¿Dónde estará (repito) el malevaje, / que fundó en polvorientos callejones / de tierra o en perdidas poblaciones, / la secta del cuchillo y del coraje? // ¿Dónde estarán aquellos que pasaron / dejando a la epopeya un episodio, / una fábula al tiempo y que sin odio, / lucro o pasión de amor se acuchillaron."

Borges explica de modo sencillo todo lo que cualquiera de nosotros no explicaría en 50 minutos de charla.

Borges plantea que la elegía es esa región donde el ayer se puede transformar en el hoy, el aún y el todavía.

Borges, que es un creador de regiones, él crea los orilleros, postula a poetas como Evaristo Carriego, inventa toda una poética y una región, no sólo geográfica, sino histórica, elige la región del ayer, que es un ayer feliz, el de los cuchilleros, valientes, dice que esto pervive en "esa ráfaga, el tango, esa diablura, / los atareados años desafía; / hecho de polvo y tiempo, el hombre dura / menos que la liviana melodía, / que sólo es tiempo."

Borges salva esta cuestión de la evocación; al pasado ineluctable que no vuelve, lo salva con la poesía y dice que también lo salva el tango, que dura más que el hombre, esa "liviana melodía".

Esta evocación nos hace regresar a un pasado que fue feliz. Una evocación que nos hace felices. Esa es la clave que Manzi nos entrega en toda su obra..

En el tango El Último Organito, Homero no evoca a una amada, a la barra, o al amigo, sino a un objeto: "el organito, un simple objeto que cumple el papel de conjuro, una especie de sortilegio donde al mencionarlo se convocan antiguos recuerdos, vecinos, a la que abría las persianas y se cansó de amar, el caballo blanco, el rengo y el monito, el alma del suburbio".

Es un tango claramente elegíaco, es una poesía evocativa, nostálgica pero también algo triste. Sin embargo uno se solaza en esa tristeza por la altura de su decir.

Las ruedas embarradas del último organito
vendrán desde la tarde buscando el arrabal,
con un caballo flaco y un rengo y un monito
y un coro de muchachas vestidas de percal.

Con pasos apagados elegirá la esquina
donde se mezclan luces de luna y almacén
para que bailen valses detrás de la hornacina
la pálida marquesa y el pálido marqués.

El último organito irá de puerta en puerta
hasta encontrar la casa de la vecina muerta,
de la vecina aquella que se cansó de amar;
y allí molerá tangos para que llore el ciego,
el ciego inconsolable del verso de Carriego,
que fuma, fuma y fuma sentado en el umbral.

Tendrá una caja blanca el último organito
y el asma del otoño sacudirá su son,
y adornarán sus tablas cabezas de angelitos
y el eco de su piano será como un adiós.

Saludarán su ausencia las novias encerradas
abriendo las persianas detrás de su canción,
y el último organito se perderá en la nada
y el alma del suburbio se quedará sin voz.

Arturo Jauretche en su libro Los Profetas del Odio señala que Manzi un día dijo: "Tengo por delante dos caminos: o hacerme hombre de letras o hacer letras para los hombres".

Instalado desde los nueve años en el suburbio de Buenos Aires, el entorno le permitió adentrarse hondamente en lo popular, observar en sus interminables caminatas, "atorranteando atardeceres", a los habitantes de los barrios. Barrios que había descubierto, antes, Evaristo Carriego.

Cumplió lo prometido y escribió letras para los hombres, lo que significa letras entendibles, pero que también convierten a los hombres, expresión por seres humanos, en personajes centrales de cada historia.

Sus poesías pueden considerarse como discursos literarios, ya que tienen los elementos propios de páginas de la literatura: el escritor, el lector y el mensaje, en una época y en un medio determinado, y con todos los recursos del lenguaje: los temas, las relaciones intertextuales, los géneros y las figuras. Debido a ello no faltó algún distraído o malintencionado que le reprochara el propósito de "intelectualizar el tango".

Borges, en cierta oportunidad afirmó que con las letras de los tangos, bien podía crearse otra "comedia humana" al estilo de Honorato de Balsac. Manzi lo logró.

Es que en los tangos, milongas, valses, candombes y canciones de Manzi, aparecen numerosos ambientes, el arrabal, el barrio, los tipos humanos, la evocación del pasado, los sentimientos, el amor y hasta la política.

Dicho de otra manera: temas orilleros, urbanos, sentimentales, filosóficos...

El suburbio, el arrabal, era transitado por pintorescos personajes; fueron desapareciendo poco a poco, avasallados por eso que llamamos progreso, y que marcó la decadencia de esa zona periférica ante el crecimiento de la gran ciudad.

Manzi lo expresa en Mano blanca
....Dónde vas carrerito porteño
con tu chata flamante y coqueta,
con los ojos cerrados de sueño
y un gajo de rueda detrás de la oreja
......................
carrerito del barrio del Once
que vuelves trotando para el corralón.

Los sentimientos, como el amor en: Una lágrima tuya

Una lágrima tuya
Me moja el alma,
Mientras gimen las cuerdas
De mi guitarra
Ya no cantan mis labios
Junto a tu pelo
Diciéndote
Diciéndote
Lo que te quiero
..........................
puedas saber
que de tu llanto
no me olvidé
no me olvidé.

El amor, un "amor como desgarradura, como pérdida". En Fuimos:

Fui como una lluvia de cenizas y fatigas
En las horas resignadas de tu vida...
Gota de vinagre derramada,
Fatalmente derramada sobre todas tus heridas
Fuiste por mi culpa golondrina entre la nieve
Rosa marchitada por la nube que no llueve.
Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza,
Que no puede vislumbrar la tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora, que no reza,
que no llora, que se echó a morir

Es tan triste vivir entre recuerdos...
Cansa tanto escuchar ese rumor
De la lluvia sutil que llora el tiempo
Sobre aquello que quiso el corazón.

En Ninguna

Esta puerta se abrió para tu paso.
Este piano tembló con tu canción.
Esta mesa, este espejo y estos cuadros
guardan ecos del eco de tu voz.
Es tan triste vivir entre recuerdos...
Cansa tanto escuchar ese rumor
de la lluvia sutil que llora el tiempo
sobre aquello que quiso el corazón.

No habrá ninguna igual, no habrá ninguna,
ninguna con tu piel ni con tu voz.
Tu piel, magnolia que mojó la luna.
Tu voz, murmullo que entibió el amor.
No habrá ninguna igual, todas murieron
en el momento que dijiste adiós.

Cuando quiero alejarme del pasado,
es inútil... me dice el corazón.
Ese piano, esa mesa y esos cuadros
guardan ecos del eco de tu voz.
En un álbum azul están los versos
que tu ausencia cubrió de soledad.
Es la triste ceniza del recuerdo
nada más que ceniza, nada más...

Los tipos humanos podemos apreciarlo en Eufemio Pizarro

Morocho como el barro era Pizarro,
Señor del arrabal;
Entraba en los disturbios del suburbio
con su frío puñal.
Su brazo era ligero al entrevero
Y oscura era su voz.
Derecho como amigo o enemigo
No supo de traición.
Cargado de romances y de lances
La gente lo admiró.

.....Con un vaivén de carro iba Pizarro,
perfil de corralón,
cruzando con su paso los ocasos
del barrio pobretón.
La muerte entró derecho por su pecho,
buscando el corazón.Pensó que era más
Fuerte que la muerte
Y entonces se perdió.

Eufemio Pizarro, fue un famoso y típico compadre, anarquista, que conociera Manzi, cuando, indultado por Yrigoyen, regresó del penal de Usuahia donde estuviera confinado.

En Milonga del 900, Manzi habla del orillero, no como lo hiciera Evaristo Carriego, para quien el guapo era "un cultor del coraje" por su valentía.

Para Manzi, era "un producto de la miseria circundante, de una sociedad que no brindaba alternativas".

Me gusta lo desparejo
y no voy por la "vedera".
Uso funghi a lo "Massera",
calzo bota militar.
La quise porque la quise
y por eso ando penando,
se me fue ya ni sé cuándo,
ni se cuándo volverá.

Me la nombran las guitarras
cuando dicen su canción.
Las callecitas del barrio
y el filo de mi facón.
Me la nombran las estrellas
y el viento del arrabal.
No sé pa' qué me la nombran
si no la puedo olvidar.
Soy desconfiao en amores,
y soy confiao en el juego.
Donde me invitan me quedo
y donde sobro también.
Soy del partido de todos
y con todos me la entiendo,
pero váyanlo sabiendo
¡soy hombre de Leandro Alem!

No me gusta el empedrao
ni me doy con lo moderno.
Descanso cuando ando enfermo
y después que me he sanao.
La quiero porque la quiero
y por eso la perdono.
No hay nada peor que un encono
para vivir amargao.

Aquí introduce un tema político, una declaración terminante "soy hombre de Leandro Alem"

El tango y la milonga en muchos casos expresaron hechos y protagonistas de la historia política argentina; sin embargo, con la desaparición de gobiernos y de ciertos políticos actuantes de ese entonces, las composiciones perdieron vigencia.

No así en Manzi, que siempre dio su testimonio, pero que sus letras políticas perduran por expresar lo inminentemente popular, lo profundamente arraigado en las masas, y que lo manifiesta en esa síntesis del proceso del campo nacional: en el tránsito del yrigoyenismo al peronismo. Escribió también dos milongas, una dedicada a Eva Perón y otra para Juan Domingo Perón.

La evocación del pasado en El Pescante

¡Vamos!...
cargao con sombra y recuerdo
¡Vamos!...
atravesando el pasado......
¡Vamos!...
al son de tu tranco lerdo
¡Vamos!...
camino al tiempo olvidado.

Los métodos de análisis del discurso, hacen referencia al carácter no unitario del mismo y a sus interferencias léxicas. El texto es considerado como el producto de un trabajo sobre textos anteriores o contemporáneos. Las relaciones intertextuales son variadas: parodia, polémica, comentario, imitación.

El tango, es también un discurso y por lo tanto aparecen las relaciones intertextuales, elementos tomados de otros textos, que cuando proceden de autores famosos, pueden individualizarse sin ninguna dificultad.

Así Evaristo Carriego, en Has vuelto dice:

Has vuelto organillo........
El ciego te espera
Las más de las noches sentado
a la puerta
............................
pianito que cruza la calle cansado
moliendo el eterno familiar
motivo
................

Manzi en Viejo Ciego:

Con un lazarillo llegás por las noches
Trayendo las quejas del viejo violín.
y en medio del humo
parece un fantoche
tu rara silueta
de flaco rocín..
.................

Parecés un verso
del loco Carriego
parecés el alma del viejo violín.
.............

a ver, viejo ciego, tocá un tango lento
muy lento y muy triste que quiero llorar.

Es que tanto el verso de Evaristo Carriego como el de Manzi recuerda esa figura del viejo ciego violinista, la de un ciego musicante.

Es aquí que debemos señalar que la poética de Homero Manzi se inserta como un todo continuo con aquella primigenia de Rubén Darío, luego la de Leopoldo Lugones, a renglón seguido la de Evaristo Carriego para culminar, justamente en Homero Manzi.

Horacio Salas en su libro "Tango" afirma al referirse a Manzi, que tuvo un "un lenguaje depurado, literario, pero al mismo tiempo popular. Con innegable influencia lorquiana".

No cabe duda, en algunas de sus canciones se nota una relación intertextual con Federico García Lorca. Las canciones de Manzi tienen características propias de las mejores páginas antológicas, lo que le da una verdadera calidad literaria.

Dice Federico García Lorca en Alba

Mi corazón oprimido
Siente junto a la alborada
El dolor de sus amores
Y el sueño de las distancias.
La luz de la aurora lleva
Semilleros de nostalgias
Y la tristeza sin ojos
De la médula del alma.
La gran tumba de la noche
Su negro velo levanta
Para ocultar con el día
La inmensa cumbre estrellada.

Manzi en De mi casa a tu casa, un aire de bailecito

La carta que me has devuelto
"mis dedos" no la escribió,
se la dicté al escribano
contándoles "mis dolor".

Me has privao de "tus ternura"
me has privao de "tus querer".
Al final me resultaste
como todas "las mujer".

Dicen que es necesario
cantar de noche para olvidar.
Dicen, pero no es cierto
porque los cantos recuerdan más.
………………………….
Desde mi casa a tu casa
una huella dibujé
los pastos la van borrando
desde que no me querés.

Pa' curarme de tus males
consulté con "los doctor"
ellos dicen que no tienen
remedio pa' "mis dolor".

El cubano Nicolás Guillén en CANTO NEGRO

¡Yambambó, yambambé!
Repica el congo solongo,
repica el negro bien negro;
congo solongo del Songo
baila yambó sobre un pie.

Mamatomba,
serembe cuserembá.

El negro canta y se ajuma,
el negro se ajuma y canta,
el negro canta y se va.
Acuememe serembó,
aé yambó, aé.

Tamba, tamba, tamba, tamba,
tamba del negro que tumba;
tumba del negro, caramba,
caramba, que el negro tumba:
¡yamba, yambó, yambambé!

Y Manzi en Calún Gangué

Calún Gangué
Yeye yumbá
yeye yumba
Calún gangué
yeye yumbá yumba
Calún gangué-é-é
Yeye yumbá calún, calún gangué.

El amor para que dure
tiene que ser como el locro
un poquitito de trigo
un poquitito de todo.

Del otro lado del río
los unitarios están pero
no les tengo miedo
ni un poquitito de miedo
porque el río es federal.

Yeye yumbá calún calún gangué-é
yeye yumbá calún calún gangué
yeye yumbá calún calún gangué.

La piel de color moreno
el pelo color carbón...
¡Y en lo oscurito del pecho
donde duermen los recuerdos
colorado el corazón!...

Calún Gangué
yeye yumbá
yeye yumba,
Calún gangué
yeye yumbá yumbá
Calún gangué-é-é
Yeye yumba yumba calún guangué-é-é
Yeye yumbá calún calún gangué.

Guillén y Manzi, intertextualmente realizan a través de sus poemas una reivindicación del negro, del mulato, ya que sin duda es el sector sufriente, maltratado, explotado, junto a los primigenios dueños de la tierra, por los detentores de la civilización, entre comillas.

El lenguaje y sus recursos

Sabemos que el uso adecuado del lenguaje es importantísimo en la coherencia global del texto, en su macroestructura para dar así una significación exacta a las secuencias de las oraciones.

El cómo se dice permite conocer los recursos que utiliza el escritor en sus obras.

En los tangos, Manzi en algunos casos, desde la realidad circundante, en otros, a partir de sus propias emociones utiliza palabras cargadas de doble significación. Es decir, denotación y connotación.

La realidad, el mundo circundante que narra, está estructurado entre otros elementos por los acontecimientos, el tiempo, los personajes y el medio. En otras palabras: descripción, narración, diálogos y retratos.

La narración es una sucesión de hechos que transcurren en un tiempo y en Mañana Zarpa un Barco, la deja expresada de manera contundente:

Riberas que no cambian tocamos al anclar.
Cien puertos nos regalan la música del mar
Muchachas de ojos tristes nos vienen a esperar
y el gusto de las copas parece siempre igual.
Tan sólo aquí en tu puerto se alegra el corazón.
Riachuelo donde sangra la voz del corazón.
Bailemos hasta el eco del último compás,
Mañana zarpa un barco, tal vez no vuelva más.

La descripción es la presentación de rasgos distintivos de un objeto, de un lugar, de una escena observada o de una persona. La descripción identificada en la nostalgia de los afectos perdidos aparece en las letras que evocan el barrio, una ciudad, una calle, o simplemente algún rincón.

Justamente, en el tango Un Rincón dice:

Allí, tal vez, tal vez,
tu ayer encontraré.
Tu ayer cargado de silencio
volviendo por las calles del recuerdo.

La vida que se ha muerto y no se ha muerto.
Sombras, sueños.
Quemar, quemar el corazón
y luego recordar en un rincón.

En un rincón vivió el amor
la luz feliz, la luna llena.
Tus ojos grandes, tus manos buenas
y al fin la soledad del corazón.
En un rincón murió tu voz,
la luz más gris, más gris de amor.

Jorge Luis Borges hace una descripción literaria en La fundación mítica de Buenos Aires

La manzana pareja que persiste en mi Barrio
Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga.
Un almacén rosado como revés de naipe
Brilló en la trastienda y conversaron un truco
El almacén rosado floreció en un compadre....

Y Manzi en el tango Buenos Aires colina chata, hace exactamente lo mismo:

Sobre una colina chata
Garay trazó cuatro vientos;
por un costado La Pampa,
al otro lado un Riachuelo
y el río contra la espalda
y contra el pecho el desierto
con su horizonte de paja
y su techumbre de cielo.
Garay trazó diez manzanas
sobre un cuadrado perfecto
y el sitio de las campanas
y el lugar de su gobierno
y las casas capitanas
y los tejados modestos
y el ámbito de la plaza
para los grandes recuerdos.
Garay trazó con su espada
la forma de un pueblo nuevo.

¿Cómo era la pampa aquella
sin gauchos y sin cencerros,
sin chinas, ranchos, ni güeyas,
sin boliches ni puesteros?
¿Cómo era entonces La Pampa
sin estancias ni potreros,
sin una sola guitarra,
sin el ladrido de un perro?...
¿Sin un mazo de baraja,
sin el grito de un resero,
sin un fogón y una casa,
sin un mate y sin un cuento?...

Sólo era una pampa pampa,
con un desierto desierto
y su horizonte de paja
y su techumbre de cielo.
Qué raro que se quedaran
los españoles aquellos,
atados a las distancias
clavados a los silencios.
Tal vez porque ya eran otros
distintos de los primeros.
Tal vez porque ya eran criollos
a fuerza de sufrimientos.
Porque llegaron del norte
inaugurando senderos
madurados por los soles
y las lluvias de febrero.

Tanto uno de los principales escritores de la literatura argentina, como es Jorge Luis Borges y Homero Manzi han hecho verdaderas descripciones literarias.

En la poesía las funciones del lenguaje son informativas, por las descripciones, pero expresivas al manifestar sentimientos.

En el tango de Manzi, se manifiestan los elementos propios de una obra literaria.

Es que la lírica expresa en su contenido el mundo interior del autor. Suele traducir estados de ánimo, emociones, pasiones, modos de valorizar.

En muchos temas, Manzi hace predominar lo subjetivo, como en Ay de mí, un triste campestre:

Sombra de pluma,
niebla flotando en el río.
¡Corazón ay de mí, ay de mí corazón!
Cerrazón del olvido.
Luz en mi noche,
poncho de amor en el frío.
¡Corazón ay de mí, ay de mí corazón!
¿Dónde está su camino?
Rueda entre nubes la luna,
adentro de la laguna.

También está presente el drama, que es una composición literaria dialogada en que se representa una acción por los personajes elegidos por el poeta, en un escenario determinado.

En el tango Hermana, Manzi uiliza la primera persona singular, y se introduce en la obra como un personaje, le habla a su hermana, es una suerte de diálogo, y la respuesta está implícita.

Te estaba zumbando un canto
adentro del corazón,
nunca debiste escucharlo,
que no era un canto de amor.

Siempre junto a la ventana,
siempre sobre el bastidor,
hermana de risa clara
distante como un adiós.

Te estaba llamando un canto
y ese canto te llevó.
Hermana, tu tristeza está en la mesa familiar,
mesa que ha enlutado tu destino,
y tu sonrisa de muchacha sin camino
en el hielo sin consuelo del hogar.

Hermana, por ausente, por perdida, por lejana,
eres más presente, más querida, más hermana...
Eres mucho, mucho más.

Tal vez te quisimos poco.
Tal vez te tratamos mal.
Nunca nos dijiste nada,
jamás te vimos llorar.

No abriremos tu ventana,
dormirá tu bastidor.
Jamás diremos tu nombre,
tu nombre también murió.

Te estaba llamando un canto
y ese canto te llevó.

En cuanto al lenguaje, Manzi usa casi en forma casi exclusiva expresiones de nivel culto, coloquial y familiar y utiliza muy poco el lunfardo o palabras consideradas vulgares.

Ciertos recursos poéticos sugieren el modo de sentir, de valorar, de imaginar del autor, y se traduce en la emoción, la fantasía y los deseos que trasuntan sus versos.

Así surgen imágenes, comparaciones, metáforas, apóstrofes, personificaciones, es decir, recursos semánticos que se relacionan con la significación o sea la connotación.

El mejor ejemplo es el tango Malena.

Malena tiene un lenguaje lleno de comparaciones, personificaciones y metáforas funcionales o sea expresar una idea con el signo de otra con la cual tiene cierta analogía.

Malena canta el tango como ninguna (comparación o símil que es la relación de semejanza entre dos objetos)
En cada verso pone su corazón (metáfora)
...........................
A yuyo del suburbio su voz perfuma (sinestesia o cruce de sensaciones)
.............................
Malena tiene pena de bandoneón (metáfora funcional)
....................................
Tu canción tiene el frío del último encuentro (vivificación o atribuir cualidades propias de los seres animados)
...........................
Tu canción se hace amarga (vivificación) en la sal del recuerdo (metáfora)
............................
al rumor de tus tangos, Malena (imagen auditiva o recuerdo de una sensación)
..............................
Tus ojos son oscuros (imagen visual o recuerdo de una sensación) como el olvido (símil)
............................
tus manos, dos palomas (elipsis) que sienten frío (sinestesia)
tus venas tienen sangre de bandoneón (metáfora funcional
Tus tangos son criaturas abandonadas (personificación o dar características propias de las personas)
................................
cuando todas las puertas están cerradas (imagen visual)
y ladran los fantasmas de la canción (sinestesia)
Malena canta el tango (imagen auditiva) como ninguna (comparación)
Malena tiene pena de bandoneón (epifonema o la reflexión final).

El apóstrofe es una figura que consiste en cortar el discurso para, con vehemencia, dirigirse en segunda persona a seres abstractos o cosas o a sí mismo.

En el poema Tango aparece además, de esta figura, la enumeración, elemento común en las canciones de Manzi, que consiste en una serie de ideas referidas a un mismo asunto o enunciado de las partes de un todo.

¡Tango!
Piel oscura, voz de sangre
¡Tango!..
yuyo amargo de arrabal
¡Tango!...
chata, pingo, luna grande
.......................
guapo
recostado en el buzón...
Trampa
Luz de aceite en el garito...
¡Todo!
Todo vive en tu emoción.

Y también aparece la enumeración:

Percal y horario, ropa y costura
Pena de Agosto, tardes sin sol.
Luto de otoño, pan de amargura,
Flores, recuerdos, mármol, dolor.
Gorrión cansado, jaula y miseria
Alas que vuelan, carta de adiós.
Luces del centro, trajes de seda,
Fama y prontuario, plata y amor.

En esta última estrofa, en forma enumerativa, sin utilizar verbos, "con una sintaxis nominal, describe el destino de la piba de arrabal, la que cansada de la miseria, de su agobiante trabajo, de su soledad, ante una muerte cercana, deja atrás a la virtud, simbolizada en los tangos por el percal, se aleja de su medio, para transformarse en una milonguera o milonguita,atraída por las luces del centro, por la vida fácil del cabaret..."

Los temas de Manzi, 103 en total, como toda obra literaria, tienen todos los distintos niveles de lengua.: expresión, información y apelación.

La fama, el reconocimiento de Homero Manzi fue más allá de las fronteras del país, fue un hacedor de la cultura popular, fue un militante social y político y poeta verdadero impulsor de una estética para el cancionero, que trajo como resultado su instalación definitiva.
Inspirado en formas poéticas muy nobles, de alta prosapia y antiguas, como es el caso de la elegía, han servido para desarrollar mejores sentimientos en los seres humanos.

Poeta popular, que comprendió cabalmente el espíritu del Pueblo al que pertenecía.

Manzi entendió que para acercarse poéticamente al pueblo no hacía falta hacerlo con chabacanería como escuchamos asiduamente. Y si no de muestra basta un botón: "Marta, sos la número uno, cuando pueda te vacuno" reza la letra de una cumbia villera muy difundida, entre tantas otras procacidades.

Si se compara complacientes y comercializados temas, con esta otra realizada por artistas, nos damos cuenta de la decadencia cultural a la que fuimos condenados por culpa de la colonización pedagógica.

Pero Manzi y tantos otros músicos y poetas respetables y de tanta prosapia necesitan, hoy más que nunca, de un auditorio que los reivindique y los aclame.

Y no sólo efímeramente, sino que los siga eternizando. Persisten con su son por generaciones y quedan en la memoria.

Y no hay contradicción. Existe un pasado que merece ser evocado y un futuro que tiene que ser construido para no volver a caer.

Quizás algunos nos señalen como elegíacos; pero lo elegíaco tiene que ver con las derrotas. Muchas veces fuimos derrotados. Pero mientras llevemos adelante el sueño de la utopía la elegía nos sirve para evocar lo bueno que pudo haber habido en el pasado y servir de apoyatura para comprender el presente y construir un mundo mejor.

Para terminar, quiero compartir con ustedes las palabras de Horacio Salas refiriéndose a Homero Manzi: "Su mérito consiste en haber señalado el camino, mediante obras perdurables que hace tiempo, para horror de puristas, se codean con los mejores textos de la poesía argentina".

Manzi sigue manteniendo viva la canción. Manzi desde el pasado nos convida a repensar el futuro.

Osvaldo Vergara Bertiche

Texto de la Conferencia desarrollada en la Asociación de Jubilados y Pensionados de la Caja de Seguridad Social para Profesionales del Arte de Curar de la Provincia de santa Fe, Zona Sur, el Viernes 15 de Junio de 2007.


A cien años del nacimiento de Homero Manzi, su obra sigue viva, hablando en tiempo presente

Ese gran poeta que nunca publicó un libro de poesías. Nacido el 1º de noviembre de 1907 en el poco tanguero pueblo de Añatuya –un empalme ferroviario con algunas casas, en Santiago del Estero–, Homero Nicolás Manzione fue no sólo un pilar esencial del tango, sino también un hombre de radio y de cine, además de periodista y militante político.

"Manzi encarna, más que ningún otro, la presencia de la poesía en la letra del tango" (Julio Nudler).

Por Karina Micheletto

Hay tangos que son emblemas del género, a tal punto que sus nombres se han vuelto metonimias. Decir "Malena" es decir tango, decir "Sur" es decir tango, y el sentido se fija en la Argentina y en el mundo. Las letras de estos tangos son muy populares, se tararean de memoria, y sin embargo no son nada fáciles en el sentido jinglero al que nos acostumbró la industria de la música: expresan una hondura poética sin atajos. Homero Manzi fue el hombre que las escribió, en tiempos de esplendor del género, y en compañía de otros creadores irrepetibles como Aníbal Troilo. Hoy este hombre cumpliría cien años y, más allá de los intentos oficiales por encontrar alguna forma de homenaje, una cosa es segura: su obra seguirá viva, hablando en tiempo presente, aunque pasen los años y los centenarios.

Homero Nicolás Manzione nació el 1º de noviembre de 1907 en el poco tanguero pueblo de Añatuya –por entonces, apenas un empalme ferroviario con algunas casas y estancias– en Santiago del Estero. Llegó a Buenos Aires a los siete años, junto a sus siete hermanos y su madre, que buscaba una mejor educación para sus hijos. El lugar que lo recibió fue aquel que más tarde transformaría en tango: Pompeya, un barrio humilde y alejado del centro urbano de la época, con una fuerte impronta todavía ligada a la escena rural.

Con los años, Manzi vería transformarse aceleradamente –urbanizarse– aquel escenario que pronto se fijó como añoranza en su poesía. En tangos como "Sur" o "Barrio de tango", el poeta captura aquel paisaje de la niñez, que sabe irreversiblemente perdido, y por el que ya comienza a sentir nostalgia. Como reseña Acho Manzi, el hijo del poeta: "San Juan y Boedo, Pompeya, y todo lo que se veía desde el dormitorio del Colegio Luppi (adonde Manzi estuvo pupilo al llegar a Buenos Aires): ‘el paredón’, ‘la esquina del herrero’, ‘Centenera y Tabaré’, el ‘Almacén de la Laguna’ en Corrales, junto al ‘farol balanceando en la barrera’, y desde allí, ‘recostado en la vidriera’, ‘Juana la rubia’, ‘el alfalfar’ contiguo, la curva de la vía donde los maquinistas ensayaban sin querer el ‘silbido del adiós que siembra el tren’, todo, todo, todo su Sur, en el barrio de tango que tanto amó".

Y así como hoy los vecinos sensibles de Villa Crespo ven avanzar Palermo Queens en sus veredas y suspiran la certeza de que no habrá vuelta atrás –si se permite la comparación, inexacta en sus enormes diferencias contextuales– Manzi y sus contemporáneos vieron avanzar la modernidad de la época sobre barrios como Pompeya o Boedo, vivieron sus mutaciones. Y luego Manzi hizo poesía –tango– de su nostalgia de los barrios que han cambiado, y también de lo inexorable de la vida, y en general de las cuestiones importantes de la vida, que son aquellas con las que hoy se siguen identificando todos los que escuchan sus tangos.

El poeta del tango

Hay en la poesía de Manzi un elemento profundamente musical, que funciona como un encastre perfecto, indivisible. Como señaló el periodista Julio Nudler en un artículo publicado en el portal Todotango: "Manzi encarna, más que ningún otro, la presencia de la poesía en la letra del tango. Fue un poeta que no publicó ningún libro de poesías". Su dupla con Troilo significó uno de los hitos del tango. Es uno de los binomios históricos del género, de esos que se citan rapidito al estilo Troilo-y-Grela, Gardel-y-Le Pera, y sin embargo no colaboraron juntos en más de seis ocasiones. Cuando Manzi murió de cáncer, a los 43 años, Troilo le dedicó su tango instrumental "Responso".

En su brillante análisis, Nudler destaca dos características centrales de la obra de Manzi: el primero, el aporte que hizo a la modernización y la jerarquización de la milonga. Para llevar a cabo esta reinvención de la milonga tuvo un compañero fundamental, el pianista Sebastián Piana, con quien escribió grandes clásicos como "Milonga sentimental", "Milonga del 900" y "Milonga triste". Salas recuerda en su biografía que el mismo Piana declaró que su mayor aporte a la música argentina fue "haber renovado la milonga, haber creado una milonga suburbana, de la ciudad, diferente a la campera". A partir del éxito de sus colaboraciones con Piana (entre las que también figuran tangos como "El pescante", valses como "Paisaje" o "Esquinas porteñas") Manzi se convirtió en un autor reconocido.

El otro aspecto de la obra de Manzi analizado por Nudler es "su mimetización con la fiebre romántica que contrajo el tango en los años ’40". Aquí aparecen tangos imperecederos como "Fruta amarga", "Torrente", "Después", "Ninguna" o "Fuimos", esos que Nelly Omar (ver aparte) asegura que fueron escritos para ella. Y si hubo desencuentros en aquel gran amor prohibido, que perduró hasta la prematura muerte del poeta, a los 43 años, basta revisar los versos de "Fuimos", escrito con el bandoneonista José Dames ("Fui como una lluvia de cenizas y fatiga / en las horas resignadas de tu vida...") para acercarse al desgarramiento de aquella relación.

El hombre de los mil oficios

Manzi no sólo fue un poeta del tango, fue un apasionado militante gremial, dirigió Sadaic, ejerció también el periodismo, dictó clases como docente de Castellano e Historia, estudió Derecho, escribió una cantidad de guiones para la radio y el cine, y hasta codirigió un par de películas. Todas estas actividades no parecieron interferir su intensa producción como poeta, más bien la complementaban. Al igual que otra gran pasión, por si faltaran aficiones: el hipódromo de Palermo.

En el cine, su obra más importante es sin dudas La guerra gaucha, escrita en colaboración con su amigo Ulises Petit de Murat, pero también fue el responsable de títulos como El último payador, con Hugo del Carril, Su mejor alumno, de Lucas Demare, Escuela de campeones, Pobre mi madre querida, Pampa bárbara, Huella, Malambo, Confesión, Con el dedo en el gatillo, entre muchas otras. No sólo eso: en 1942 fundó Artistas Argentinos Asociados (AAA) con Enrique Muiño, Elías Alippi, Lucas Demare, Francisco Petrone, Angel Magaña y otros hombres de cine. Al morir tenía escritos varios proyectos de nuevos guiones, como demuestran las recopilaciones a cargo de su hijo Acho.

Como periodista trabajó en revistas como Micrófono y Radiolandia, que también dirigió; colaboró en los diarios Crítica, El Sol y El Combate, y en las revistas Línea y Ahora. Desde las páginas de la revista Antena se dio el gusto de criticar al mismísimo Gardel: "Gardel es un gran artista sin ningún control de sus condiciones ni de su destino. Vive y triunfa con la complicidad de Dios, porque él ha hecho todo lo posible para dificultarse el éxito. Su primera película, Luces de Buenos Aires, es una cosa absurda". Más allá del escaso pronóstico en relación con los éxitos o fracasos artísticos, lo que realmente le molestaba a Manzi de Gardel (un admirado suyo, por supuesto) era su interés por la industria extranjera del cine.

Militante político por vocación, el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 le trajo como consecuencia la destitución de sus cargos como profesor y la expulsión de la Facultad de Derecho. Es que, con 23 años, había liderado a punta de pistola la ocupación de esta facultad en repudio al golpe militar que el 6 de septiembre derrocó a Hipólito Yrigoyen. Más tarde, junto a jóvenes como Arturo Jauretche fundó la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (Forja), que diez años después se disolvió para apoyar al naciente peronismo.

Hubo una última pasión en su vida, asumida por pertenencia geográfica: Huracán. "La historia de los barrios porteños está escrita, sin duda alguna, en los libros de actas de los clubes de barrio –escribió–. Huracán es casi la historia misma del Parque de los Patricios. Alrededor de su nombre pampero giran los recuerdos del barrio sur. Al globo rojo sobre campo blanco –heráldica suburbana– están adheridas las cosas del barrio, y los cafetines del barrio, y los baldíos del barrio, con melancólicas suturas." Así escribía su evocación del club de sus amores, impregnada, también, por la nostalgia que marca su obra.

El poeta en los libros

Entre la profusa biografía tanguera que se detiene en el autor de "Sur", la más completa y documentada sin dudas es la biografía que escribió Horacio Salas, Homero Manzi y su tiempo, recientemente reeditada por Vergara. Salas no sólo recorre la actividad musical, literaria, periodística, en cine y radio, o la militancia política de Manzi, sino que describe el contexto histórico indispensable para entender el rumbo que tomó la vida de este creador, por fuera del anecdotario. Acho Manzi, hijo de Homero, se ha dedicado a recopilar y estudiar la profusa obra de su padre. Entre sus publicaciones se destacan dos de Corregidor: Sur, barrio de tango, donde además de recopilar cronológicamente la obra de Manzi y ofrecer datos sobre los guiones radiofónicos y de películas, agrega valiosas anotaciones contextuales sobre el sentido de algunas referencias de las letras, o entrevistas a amigos y compañeros de creación del poeta. En Homero Manzi. Poemas, prosas y cuentos cortos, del que se acaba de publicar una segunda edición corregida y aumentada, se incluyen textos inéditos como "El baile del internado", una síntesis de un libro cinematográfico que iba a protagonizar Hugo del Carril y que Manzi no llegó a concretar, ya enfermo de cáncer. Los textos, divididos según su temática (los hay dedicados a su Añatuya natal, a Buenos Aires, semblanzas de otros creadores como Carlos Gardel, Alfonsina Storni o Andrés Chazarreta) también se acompañan de notas del compilador que contextualizan la obra y brindan más datos sobre Manzi.


¿ERA NELLY OMAR LA PROTAGONISTA DEL TANGO?

El famoso misterio de Malena

Los tangueros, se sabe, son entusiastas cultores del anecdotario, del dato puntual muchas veces difícil de chequear, contradictorio o imposible a la luz del cotejo histórico. Alrededor de la protagonista de "Malena", una de las obras más célebres de Manzi, con música de Lucio Demare, se tejieron mil y una historias, como corresponde a la tradición del género. Que fue Azucena Maizani (la primera en grabar el tango), que fue Mercedes Simone, que fue alguna corista del Maipo, que fue una cancionista a la que Manzi escuchó en algún cabaret de México, o quizá Brasil... Sin embargo, la versión que parece más fuerte apunta a Nelly Omar, con quien Manzi mantuvo durante años una relación amorosa oculta. La misma Nelly Omar comenzó a admitir hace poco lo que durante años fue un secreto compartido por amigos: "Yo soy Malena". Según reconstruye Horacio Salas en su biografía sobre Manzi, en realidad el poeta habría escuchado a una cancionista llamada Malena, en un lugar geográfico que no queda claro del todo, que le habría hecho acordar a Nelly Omar.

En su libro, Salas incluye una valiosa entrevista a la cantante, del año 2000: "Conocí a Homero en el año 1938 –cuenta Nelly Omar–. Yo cantaba en Radio Splendid y él escribía el libreto del programa y leía unas glosas. La verdad es que me festejó desde el primer día. Yo era muy tímida y ni me le acercaba, pero él continuó llamándome y buscándome a lo largo de cinco años. Yo estaba casada con el doctor Antonio Molina, pero nuestro matrimonio había sido un fracaso y nos llevábamos muy mal. Finalmente, en 1943 decidí separarme. Mi hermana Gori durante mucho tiempo me decía: ‘¿Por qué no te divorciás, si Homero es una buena persona y se nota que te quiere en serio? Escuchalo’. Estuvimos juntos desde entonces hasta su muerte, pero nunca convivimos, por más que planeamos varias veces casarnos por México o por Montevideo (...) Ya habíamos decidido comenzar nuestra vida en común, a pesar de que Homero sufría por miedo a hacerle mal a su hijo, al que quería muchísimo, cuando después de un viaje a la ciudad de Lincoln, donde permaneció algún tiempo, comenzó a sentir las primeras molestias. Era el día de Navidad de 1946 cuando, después de visitar al médico vino a casa, a las once de la noche, y me dijo que tenía cáncer, pero que lo iba a pelear hasta último momento, como en realidad lo hizo. Con la enfermedad ya no hubo tiempo de pensar en nosotros, lo único importante para mí era que él mejorara".

"En los años que estuvimos juntos, debido a nuestra situación, tuvimos muchos desencuentros, no voy a negarlo, y cada vez que estábamos separados él me escribía tangos, que era su manera de comunicarse, de decirme que me extrañaba. Me escribió muchos: ‘Fuimos’, ‘Solamente ella’, ‘Después’, ‘Torrente’, y otros que ahora no recuerdo. Pero todos sus amigos sabían que era la destinataria de sus versos. Y tarde o temprano volvíamos a reunirnos..."

Fuente: Página/12, 01/11/07


Algunos poemas no publicados en vida por Manzi

Rosedal

Rosedal,
paisaje de peluquería
cursi como una pérgola
o como un paquete de masas con cinta azul y blanca.
Tal vez por eso mi aventura infantil te despreció inclemente.
Y con malandrines prefería las arcadas del puente
donde pernoctan vagos filosóficamente.
...........................................

Yo, cabalgando en un Ford modelo antiguo
hacía ruborizar a tus rosedales,
pero tus mujeres te vengaban por encima del hombro.

Rosedal,
con tus banquitos eunucos pintados de merengue,
donde posan seguras las nalgas
tres vírgenes largas
porque siempre son tres las flacas incontaminadas.
Yo de puro atorrante
te pondría faroles
y casitas de lata
y zaguanes oscuros con humedad de besos
y perfumes de albahaca.
Y en tus paredes planchadas al rodillo
pondría un organito, un rengo,
una esquina,
un boliche y una muchacha.
Rosedal,
Parnaso decadente
donde duermen las musas
cien veces benditas de los Intendentes.

Cada vez que contemplo tu lago
sarcófago de fetos y de un descuartizado
siento unas ganas locas de adornarlo con tachos
latones
botas viejas
con una cama jaula
con una escupidera
igual que en los fanales de Pompeya.


42 versos a la Facultad de Derecho

La Facultad de Derecho es una casa vieja.
La trajeron —pretendo— de Lovaina o de Lieja
en una tarde fría y otoñal,
y en la ciudad ruidosa
fue un asombro ojival.
En su torre, doliente como un sueño inconcluso,
dialogaron sus noches porteñas y los vientos
con silbidos de jarcias y con lamentos
de gatos lunáticos y confusos.
Una luna porteña, que remontó en la esquina,
barrilete nocturno de arrabal,
caloteó dos palomas en Puente Alsina
y las tiró por su ventanal.
Palomas proletarias que hicieron nido con sus ladrillos,
igual que en los tejados de las aldeas,
igual que en la techumbre del conventillo.
Y la extranjera consistorial
ensayó un paso en la cuerda floja de la emoción,
cuando la plateada galleta marinera
con corazón de pan
le tiró las monedas de su amor,
y en la resurrección sensiblera le brotó un corazón
que en sístoles de huelgas
y en diástoles de gritas
efectúa la cardíaca revolución.
Corazón que practica
la leyenda hipocrática de dormir a la izquierda,
hecho con las estrías de cien muchachos locos
que sueñan con la paz
y que hacen la simbiosis
—pampeanamente rara—
de Yrigoyen y Marx.
...........................................

Pero está cerca el día de los tejados muertos,
el día de la buena ración,
cuando se vuelen las palomas
y se detenga el corazón.
Entonces esa luna de arrabal
se quedará en el cielo del almacén,
y la extranjera consistorial
volverá a ser un asombro municipal.
Que así no sea.
Amén.


Buenos Aires colina chata

Sobre una colina chata
Garay trazó cuatro vientos.
Por un costado la pampa,
al otro lado el riachuelo
y el río contra la espalda
y contra el pecho el desierto
con su horizonte de paja
y su techumbre de cielo.
Garay trazó diez manzanas
sobre un cuadrado perfecto,
y el sitio de las campanas
y el lugar de su gobierno
y las casas capitanas
y los tejados modestos
y el ámbito de la plaza
para los grandes recuerdos.
Garay trazó con su espada
la forma de un pueblo nuevo.
¿Cómo era la pampa aquella
sin gauchos y sin cencerros,
sin chinas, ranchos ni huellas,
sin boliches ni puesteros...?
¿Sin un mazo de baraja,
sin el grito de un resero,
sin un fogón y una casa,
sin un mate y sin un cuento...?
¡Sólo era una pampa, pampa
con un desierto desierto,
con su horizonte de paja
y su techumbre de cielo...!
Qué raro que se quedaran
los españoles aquellos,
atados a las distancias
clavados a los silencios.
Tal vez porque ya eran otros,
distintos a los primeros.
Tal vez porque ya eran criollos
a fuerza de sufrimientos.
Porque llegaron del norte
inaugurando senderos,
madurados por los soles
y las lluvias de febrero.


Hombre

¿Eres cientos de vidas, o una vida?
¿Una sola infinita y dolorida?
¿Eres dueño del mundo en que transitas
o el mundo es una gruta donde habitas?
¿Andas entre flores y el paisaje
sin poner el perfume y el celaje?
¿Creaste una deidad omnipotente
para que manejara tu presente
y tu pasado y lo que nunca ha sido,
lo muerto, lo vital, lo presentido?
Cruzas frente al espejo de tu espejo
y no eres el reflejo de un reflejo.
Manejas tardes y también mañanas
y ríos y amapolas y ventanas
y lágrimas y sombras y canciones
y juncos y fatigas y emociones
y guerra y paz y prados y ciudades
y juventud y ancianidad y edades
y libros y banderas y armonías
y das luna a la noche y sol al día.
Mides los mundos que tú hiciste mundos
con teoremas exactos y profundos.
Trabajando en tu nada y en tu todo
pintas blanca la nieve y negro el lodo.
Prescribes lo moral y abres caminos
y ponderas valores y destinos.
Juzgas para esta vida y otra vida.
Ésta fugaz y la de allá dormida,
sobre un tiempo sin tiempo —fuego o nube—
y dices que el mal rueda y el bien sube.
Corres como un gigante desolado
con fuerzas que tú mismo has convocado
y de pronto, cortando tu carrera,
te blasfemas, te lloras, te veneras,
te conviertes en cientos de millones
que maldicen o rezan oraciones
y te cambias el rostro en cada suerte
y vuelves a la vida y a la muerte
con una vanidad empecinada
hecha de polvo, de ceniza y nada
y aguardas rosa de la mano amiga
y de la mano sin amor ortiga.
Pero sabes que todo está en tu sueño:
ortiga y rosa, soledad y leño.
Eres trágico así y eres culpable.
Si eterno, te defines deleznable.
Si santo, buscas torpes tentaciones.
Si valiente, te ensucias con pasiones.

Eres trágico así y eres absurdo
cuando te vistes con el gesto burdo
y abismas en fracaso abominable
el bien, de cuya norma eres culpable
y cuando hieres con tus propias manos
tu propio corazón en tus hermanos
y descargas la furia de tus brazos
sobre el propio dolor de tus pedazos
y destruyes los sueños de ti mismo,
lanzando lo que es tuyo hacia el abismo.
¿Cómo puedes herir a la criatura
que es una imitación de tu figura?
¿Cómo puedes gozar del cataclismo
si está hecho todo en carne de ti mismo?
¿Si el cielo, la perdiz y la cabaña
salieron desde el fondo de tu entraña?
¿Si la bestia que pace y los pastores
tienen tu amor y tienen tus dolores?
Hombre que todo lo soñaste un día,
no puedes solazarte en la agonía.
Y no puedes mentir que son mil vidas
ajenas a tus manos atrevidas.
Eres uno, el primero, el que hizo todo.
Blanca la nieve blanca y negro el lodo.
El que duerme en las hondas sepulturas
y despierta después en las criaturas.
El creador de sí mismo, el propio dueño.
El responsable de su enorme sueño.
Deja tu vanidad empecinada
hecha de polvo, de ceniza y nada,
y vuelve a ser el ángel legendario
que hizo la cruz y que labró el rosario.
No puedes ver morir con sorda calma
las cosas que pariste con el alma.
Nada menos que tú, que eres poeta
y fuiste tu factor y tu profeta.
Nada menos que tú, que de tan noble
trajiste hasta tu casa el pez y el roble.
Y que hiciste infinita la medida
para encoger tu imagen y tu vida.
Y que al solo fervor de tu mirada
dibujaste los cosmos en la nada.
Y que al solo temor de hacerte malo
nombraste un juez y le entregaste el palo.
¡Cómo puedes fraguar maldad y muerte
si hiciste a Dios para no ser tan fuerte...!

Jardín zoológico

Si yo tuviera un sánguche de queso,
un jarrito de lata,
un guardapolvo blanco,
treinta condiscípulos y un chocolatín,
en un coche expreso del Anglo,
haría una excursión al Jardín.

Mi maestra de humildad enlutada,
(así la recuerda el corazón)
acentuaría el impulso cotidiano
del neurasténico coscorrón.

Maestrita malhumorada
por culpa de la soltería,
pero sin embargo humana
como una hermanita.

Queremos ir contigo
y no con la directora,
que casi siempre es una señora
mayestática e incomprensiva.

Tú irías con los zapatos gastados,
yo con los trompudos de charol
y el flaquito del banco de al lado
con los pantalones remendados
en forma de desilusión.

Yo quisiera que vayan todos,
todos los que fueron ayer,
con los mismos trajecitos,
con el mismo orgullo
y con la misma sencillez.

Pero pido tan sólo una cosa,
una cosa que está en la garganta.
Permiso para ir con el flaquito
y cederle la ventana.

Para no reírme de sus pantalones
y para esconderle el brillo de mi botín
y para darle medio sánguche de queso,
igual que Carlitos Chaplín.

Si yo tuviera treinta condiscípulos
y una maestra y un chocolatín,
iría de nuevo al Jardín.
Entonces el purrete que llevo en mi hombría,
mataría a aquel hombre que hubo en mi niñez.


María

Heroína de tango, te llamabas María.
Tenías ojos negros y ganas de soñar.
Me contabas historias que entonces te creía,
y hasta me hacían llorar.

Para mi adolescencia eras la Magdalena
del pecado inconsciente y del padre borracho.
Por eso tu palabra me llenaba de pena.
¡Es que era un buen muchacho...!

Te besaba en las manos, te recitaba versos
y te leía cuentos de Gogol.
Y cuando abandonábamos aquel antro perverso
íbamos a los parques a ver nacer el sol.

Una vez me pintaste la miseria de tu hogar.
Y al verme entristecido,
en un golpe de histeria te pusiste a llorar.

Te consolé juntando las palabras más buenas
y te ofrecí la salvación
y te hablé de una vida serena
donde se unían tu nombre y mi ilusión.

No volví a verte más desde aquel día.
Te perdiste en la sombra y vanamente te busqué.
Pensé en tu desamor, en tu falsía,
te maldije y lloré.

Heroína de tango, la vida dura,
me fue quitando aquella ingenuidad.
Pero he vuelto a creer que eras pura
y a saber que tuviste piedad.


Douglas Fairbanks

Era un galán jocundo
que se casó una tarde
con la novia del mundo.
Había nacido en Denver City,
capital de un estado
que el Arkansas alegra,
corriendo entre cañones
trazados en la piedra.
Fue jugador de bolsa,
estudiante de minas
e intérprete de Shakespeare.
De su ciudad natal
que humedece el South Fork
pasó de un salto
al cielo de New York.
Y trajo de su Denver,
tierra de la ilusión
donde van los enfermos
que sufren del pulmón,
la limpieza del aire
y hasta la pretensión
de haber vivido en Araphoe
donde el pecho descansa
y la poesía roe el corazón.

Tenía “sex appeal” español.
Es decir brillante la mirada,
el caminar magnífico
y una flor en la risa.
Una flor decorada
con pétalos de dientes
y nácar de dentífrico.
Se enamoró tres veces
y se casó otras tantas.
Una vez con la madre del muchacho
que prolongó su estampa.
Otra vez con la novia de todos.
Mary Pickford, la dulce,
y la quiso a su modo.
Un modo de magnate
con castillo de piedra
escondido en la tarde
entre muros de hiedra.

Trabajó en cien películas
vestido de corsario
escalando ventanas
con músculo ligero
y gastando el florete
en los pechos falsarios
y sacando el sombrero
y haciendo el saltarín.
Porque en su estilo,
era un poco mosquetero
y un poco bailarín.
Nuestra infancia lo evoca
con las manos en guantes,
que parecían charol,
marcando con “zetas”
de su seña infamante
la frente del traidor.
Pero eso era en la pantalla
donde el amor se cumple
y la amistad estalla.
En la vida privada
era exuberante
que amaba el esplendor
de las cosas brillantes.
A su casa llegaban
y eran agasajados,
príncipes sin destino
y reyes destronados
y condesas y aristócratas
de las tierras demócratas
—hubo algún argentino—
que ilustra su moderno blasón.
Y también se asomaba
desparramando “splín”,
la sonrisa cansada
de Carlitos Chaplín.
Chaplín, que no gustaba
de ejercer ese boato,
y que no era corsario
y no era bailarín,
con un chiste muy fino
lo dejó turulato
y le mostró de golpe
su sueño de aserrín.
Douglas tenía el eterno
deseo de viajar
y juntando canciones
dentro de la victrola
y una corte de amigos,
se lanzaba a la mar
donde lo hacían soñar
los vientos y las olas.

Para ser como Drake
le faltaba fierez
si le sobraba empaque.
Lo traicionaban la sonrisa
y el afán de la luz.
Y, tal vez, el dinero
y la mala cabeza.
Porque se hastiaba mucho
y porque estaba viejo
y porque con crueldad,
la verdad del espejo
le presentaba arrugas
profundas en la piel,
con actitud histérica
cometió el disparate
de romper el consorcio
con “la novia de América”.
¡Y pedir el divorcio...!
¡Y casarse otra vez...!

Su gesto fue el contraste
de lo que no se espera.
Y entonces se hizo al mar
buscando aturdimiento
y desde la distancia
le mandaba a su nuera
—Joan Crawford— cien consejos
de sano entendimiento.
¡Douglas dando un consejo...!
¡Pobre...! ¡Ya estaba triste...!
¡Pobre...! ¡Ya estaba viejo...!
Para ser fiel en todo
y epilogar en fuerte
brincó un salto mortal
y cayó con postura final
ante el umbral de la muerte.

Denver City,
donde canta el South Fork,
lo espera con su tierra
para brindarle osario.
Porque no es en Los Ángeles
y tampoco en New York
donde debe dormir
con gesto de corsario.
Es en la capital del Colorado
donde van los enfermos
que sufren del pulmón.
Entre cuencas hulleras,
bosques, rocas y nieves.

En el Condado de Araphoe
donde están los lectores
que lloran por Poe.
Y donde, a veces, llueve.
Donde reina un silencio
de alfombra de aserrín.
Donde una tarde de éstas,
revoleando el bastón,
llegará la tristeza
de Carlitos Chaplín
a despedirlo en nombre
de la generación
de niños que lo vimos
alegre y saltarín
escalando balcones
para marcar con “zetas”
rojas a la traición.


La muerte de Quiroga

La gente le previene y él no les hace caso
y piensa mientras muerde su labio sin bigote,
—¡No han nacido los machos que me salgan al paso,
ni se templó la daga que me corte el cogote...!—

“Pucha con este Ibarra siempre tan desconfiado
y con esa manía de endilgarme un consejo,
nada menos que a mí que empecé de soldado
y llegué a general regalando pellejo”.

Le asustan a la gente que lleva en el cortejo,
con cuentos de camino y crímenes villanos,
como ser, las memorias de aquel sangriento viejo
que galopó dos leguas, las tripas en las manos.

—¡Déjense de pavadas y enganchen la galera...!
por cuenteros y maulas les metería una soba.
¿Qué quieren, que a mis años pida la escupidera
y me quede en Santiago masticando algarroba...?—

La mañanita brilla con un sol de verano.
A la vieja del mate le tiembla hasta la espuma.
Ella tuvo un valiente que partió con Belgrano
hasta que lo tripearon los cuervos de Ayohuma.

“Siempre los cordobeses metiéndose en la fiesta.
No se les puede dar ni un chiquito de lazo.
Si son como esas moscas que zumban en la siesta
y escapan en cuantito lo ven mover un brazo”.

Los algarrobos gozan en el viento temprano.
El carruaje está listo y listo el contingente.
Quiroga revolea su vicuña riojano
y vivando su apodo lo despide la gente.

Hay un poco de pena en el coro apagado.
No es un grito violento sacudiendo el estío.
Es un viva de muerte, con un eco enlutado
que se pierde sin alma en la arena del río.

Un arreador trenzado de afinada puntera
refusila chasquidos sobre el aire del anca
y las yuntas sacuden la lujosa galera
y se escucha el quejido de la rueda que arranca.

“¡VIVA EL TIGRE...!” le gritan Ibarra y sus mesnadas.
Ya Quiroga está sordo a ese viva ladino
y mira sin mirar dos nubes coloradas
que ensangrientan el fondo de su cielo argentino.

El coche cruza el campo repechando albordones,
después de hacer un bado cejeador en el río
y costea las chacras de dorados melones,
que maduran al fuego de los hornos de estío.

Una paisana asoma con su alforjón peruano
tranqueando al contrarumbo de la ilustre galera
y al ver de qué se trata saluda con la mano
y haciéndose a un costado, bajo un mistol espera.

Entra un polvo de arena que los párpados cierra.
A Facundo, entre sueños, le trabaja una idea.
“¡Para qué tanto miedo si no estamos en guerra...!
¡Si aura es hombre de paz y no busca pelea...!”

“¿Acaso no está allá comandando las cosas
Juan Manuel, su compadre, su aparcero, su hermano...?
¿Acaso no comprenden que si él le pide a Rosas
el favor de un castigo, le va a dar una mano...?”

De pronto le pregunta con burla y de sorpresa
al Coronel Ortiz que le tiembla el camino.
—¿Moriremos los dos en tierra cordobesa
o seguiremos viaje como cualquier vecino...?

El coronel contesta de manera evasiva
él ha oído decir que en Córdoba es la cosa.
Por algo en Buenos Aires en forma persuasiva
les quiso dar escolta don Juan Manuel de Rosas.

—No se escribe la historia con sangre de gallina...
¿no entiende, coronel, que le estoy dando soga...?
No ha de haber en la patria una mano argentina
capaz de asesinar a Facundo Quiroga.

Se apacigua su orgullo en ese enorme alarde.
Contento de sí mismo reclina la cabeza
y se tira a la sombra propicia de la tarde
con un aire de tigre que regusta la presa.

Baraja los recuerdos el Tigre de los Llanos.
Desfilan los lanceros tras la bandera negra
y le brindan aplauso los pueblos soberanos
que buscan el perdón de su tropa altanera.

Y vuelve a hacer arreos en estancias salvajes
y se llena de fuego su cuatrera demencia,
mientras sus milicianos van pechando el vacaje,
que se clava en las patas y se afirma en querencia.

Él es un general de machete y espuela,
con nalgas para el trote y sangre de pelea;
no como el manco Paz, contador sin abuela,
que le ganó dos manos peleando a la europea.

Y evoca aquel instante cuando en un largo pliego,
don Juan Manuel de Rosas le anotició en detalle,
de la trágica muerte del Coronel Dorrego
y el motín decembrino del faccioso Lavalle...


Poema

Soy un obrero de tristeza.
La esconderé detrás de todas las carcajadas
y cuando nadie me vea seré con ella.

Un muchacho se tiró desde una esperanza.
Nadie quiso reírse de su cadáver.
Tan sólo un poeta no le tuvo lástima.

El hombre estando solo es estoico.
Si no, se moriría de pena.

La soledad es la altura de uno mismo
y la desilusión es un vértigo.

Hay un mejor equilibrio: la muerte.
Y hay una mejor dulzura: el reposo.

Hay cosas que recordamos no haber dicho nunca
y palabras cada vez más nuevas.

Con eso se puede hacer tristeza
sobre la dulzura agonizante de un amor
o sobre el amor en equilibrio mudo.

Pero algún día por París o por Pekín o por Leningrado,
lamiendo la pared con la sombra,
no me acordaré de tu nombre.

Tan sólo un sonido,
o una copa, o una palabra,
o cualquier ruido vacío,
puede resucitarte en amor.

Entonces serás amarga.


Si una vez

Si una vez, pensaras en la sinrazón de los resortes
que mueven esos gestos donde se afirma tu importancia.

Si una vez, te miraras en el espejo desnudo de la naturaleza
y pudieras salir de las formas que te envuelven
para medir las líneas de tu caricatura elegante.

Si una vez, pudieras hacer el balance de tus ideas
para comparar su saldo con la sabiduría de las estrellas,
de los pájaros, de las hierbas.

Si una vez, el monstruo estúpido de tu razón
pudiera asomarse al misterio de la eternidad.

Si una vez, pudieras ver la suciedad insaciable de tus manos
y fueras capaz de sentir náuseas ante el espejismo del oro.

Si una vez, solamente, compararas la tormenta artificial de tu carne
con la limpia fecundidad de las bestias.

Si una vez, te pudieras transformar en el juez y en el verdugo de tus culpas.

Si una vez, las lágrimas de tus ojos te alcanzaran para llorar tus errores
y tus palabras fueran suficientes para pedir perdón.

Si una vez, en la soledad de tu propia conciencia pudieras sentirte
el más humilde y el más malo y el más incapaz y el más inútil.

Si una vez, sintieras la sed de todo lo que te falta
y la repugnancia de todo lo que te sobra.

Si una vez, frente al misterio de Dios, pudieras descifrar su mensaje.

Si una vez, pudieras cerrar los ojos, sin encender en el alma
la envidia, el deseo, la ambición, el egoísmo.

Si una vez, te dijeran que no supiste querer a tu madre,
a tu padre, a tu hijo, a tu hermano, a tu amigo.

Si una vez, fueras capaz de dar la razón a los que llamas tus enemigos.

Si una vez, pudieras entrar en la luz de la santidad sin una palabra en los labios.

Si una vez, tus ojos creyeran sin ver y tus oídos tuvieran fineza
para escuchar la voz del corazón desnudo.

Si una vez, no sintieras horror ante la muerte por amor al placer de la vida;
o si sintieras amor a la vida sin necesidad del horror a la muerte.

Si una vez, te pudieras olvidar de tus triunfos, y de tus derrotas...
habrías justificado tu existencia.


Monedas de poeta

Quise ahorcarme en la trenza de tu cigarro rubio
cuando desde tus labios cargados de secretos
recordé la cortada por donde iba mi infancia
destrozando la suela de mis zapatos nuevos.

Yo no soy el ideal de tu sabiduría,
mitad galán de cine y mitad pugilista.
Soy un poeta moderno que ambula por las calles
evocando mis sueños, que son disconformistas.

Sin embargo te quiero porque sé que en tu vida
hace falta un muchacho que te cante pavadas
y que ponga perfume de poeta en la nafta
de tu coche lujoso, de tu coche sin alma.

Un muchacho humilde, sentimental y bueno,
que justifique el brillo vano de tus monedas,
comprándote con ellas montones de paisajes
montones de paisajes y un anillo de piedra.

Que te lleve por todas las calles apartadas,
que te cante tragedias de novios y de celos
y que al pasar contigo debajo de los árboles
aproveche la sombra para robarte un beso.

Un muchacho que un día, de tonto o de loco,
cuando menos lo pienses, vuele de tu existencia,
dejándote en un sobre, encima de la mesa,
unas cuantas mentiras... monedas de poeta.


Reminiscencia

Alrededor del alma gira y gira la historia
de un inútil recuerdo. (Inútil y querido).
Se fue por los caminos de la mala memoria
y retorna a mis versos como un niño perdido.

Era (la reconstruye vaga reminiscencia),
una dulce muchacha (prefiero dulce y triste).
Tenía, lo supongo, el temblor de la ausencia.
(Tengo que suponerlo, puesto que ya no existe).

Era (y hablo en pasado perfecto e imperfecto),
el vuelo fatigado que se posó en mi nido.
El tener pocos años fue mi enorme defecto
y mi culpa, la culpa de amontonar olvido.

Tal vez fue la más triste o fue la más sincera.
Tal vez la que me hubiera colmado de alegría.
Tal vez la que en el manso suceder de la espera
destejía en la noche los telares del día.

El mínimo rumor de su paso sin ruido
la trajo blandamente hasta un rincón cercano.
Con presencia de arena yo sé que la he tenido
y sé, también, que luego, se me fue de la mano.

Después busqué su vida en sórdidos intentos,
repitiendo su nombre, recordando sus ojos
y cavando en la tierra de mis remordimientos
con la mala esperanza de encontrar sus despojos.

Pero no es ni la luz que de pronto se apaga
y titila en el fondo de la noche perdida.
Es una estrella muerta, una estrella que vaga
más allá de ese cielo, más allá de esta vida.

Andará sobre el polvo que transitó mi paso.
(Caminos extraviados. Calles de pueblos viejos).
Y habrán de acompañarla en la hora del ocaso
las heladas imágenes que dejó en los espejos.

Estará acurrucada al lado de los días
que, sin duda, he vivido pero que no memoro,
junto con las palabras que una vez fueron mías
y los paisajes muertos por los que a veces, lloro.


Fuente: Homero Manzi y su tiempo de Horacio Salas/Eurindia.galeon.com


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