Martín el Titán y el hombre de la barra de hielo

60 años de «Titanes en el ring»

Por Camilo Sánchez

Se cumplieron seis décadas de la primera emisión de un programa que hizo historia, «Titanes en el ring», con el inolvidable Martín Karadagian a la cabeza. Pequeñas anécdotas de un gran hito de la television argentina.

Lo que fue un mensaje de whatsapp para ocho o diez amigos de mi edad, grandulones abrigados y con cierta desesperanza, parece que ahora será una nota.

Así, finalmente, surgen siempre las cosas.

El propio Martín Karadagian contó alguna vez que se había golpeado un hombro José Luis, el campeón español, y que por eso entró al estudio un tipo con una barra de hielo hacia los camarines y los chicos hicieron huuuuuuuu en la tribuna y el Campeón del Mundo del cortito letal, le ordenó que caminara, que siguiera caminando, que diera vueltas alrededor del ring.

Bramaba la tribuna.

A la semana volvió a aparecer el señor de remera blanca y la barra sobre el hombro, ya con la música de fondo, y una canción dedicada. Es un misterio. Es un misterio, decía el estribillo.

Siempre se dijo que el general Lanusse, un blando si se lo compara con sus camaradas que llegaron después, lo llamó a Olivos o lo invitó a la Casa de Gobierno, porque los nietos lo volvían loco y querían saber qué hacía ese hombre dando vueltas por el ring con la barra de hielo.

Karadagian le contó, o lo inventó ahí mismo, andá a saber, la historia del hombro maltrecho del campeón de España.

A Martín me tocó ir a verlo, creo, si la memoria no falla, para la Revista Libre, cuando le cortaron una pierna por la diabetes.

Con suero y todo me dijo: volveré al ring.

Ante mi gesto de desconfianza duplicó la.apuesta el armenio. Ese era su estilo.

«Tengo el personaje. Sólo necesito una pata de palo y un parche en un ojo», dijo.

«Volveré y seré el Pirata Morgan», fue el título de esa entrevista.

No pudo, pero quien le quita lo luchado.

Los datos fríos dicen que fue en marzo de 1962, es decir sesenta años atrás, que comenzó a emitirse, por Canal 9, Titantes en el Ring.

Un ciclo al que lo aguardaba una módica eternidad.

«Sabés que para mí es historia reciente. Acá tengo las figuritas que hice para relatarle las peleas y cantarle la canción de cada luchador a mi tio Juancito, hasta que se fue con Martin», me responde Gustavo Ng a ese primer mensaje que le mandé esta mañana.

«Tengo las figuritas en un sobre rojo chino, no sé qué hacer con ellas», me dice.

El tío Juancito es uno de los personajes centrales del último libro de Gustavo Ng, La intimidad de las islas.

En otro grupo de whatsapp, se armó una discusión encedida sobre el día en que se emitía el programa.

Es que en Buenos Aires iba los domingos a la noche, pero en el interior se proyectaba el viernes siguiente.

Fue una larga deliberación de gente grande.

«Titanes era cada viernes a la noche, en Mar del Plata, un ritual» fue terminante, para zanjar la discusión, el fotógrafo Horacio Paone.

«A principio de los sesenta -escribió Horacio Paone- mis viejos compraron una tele Zenith: Las vendía un primo de mi vieja. El corredor, como le decíamos al lugar donde estaba la tele, se llenaba primero de mis amigos y después también de los padres y se armaban hinchadas».

Todo era más dramático porque los padres de entonces creían lo que veían en pantalla.

Un poco como ahora.

«Mi vieja se creía que todo era cierto -remató Horacio- y lo puteaba a Karadagian cuando se hacía el pobrecito y pedía clemencia hasta que el rival se descuidaba y le saltaba encima».

Después, por mensaje privado, Horacio Paone aclaró que no tenía certeza del año, que ya no tenía con quien cotejar esa fecha precisa.

Una cosa es segura en todo este relato.

Martín Karadagian murió el 27 de agosto de 1991. Me pasé la tarde de esa día en el archivo de Página/12, por la escalera, al fondo.

Me tocó hacer la nota de su despedida.

El editor, Daniel Lagares, le puso un título inolvidable: Fue la lucha su vida y su elemento.

Estaba bien en varios sentidos.

Mucho más que Sarmiento, Ruben Peucelle, el Payaso Pipino, Mister Chile o el Doctor Karate, fueron nuestros próceres para siempre.

Si vimos luchar al asqueroso del Mercenario Joe, mirá si nos va a asustar Javier Milei.

Es cierto que más de una vez apareció, en nuestras vidas, William Boo y nos contó tres con la espalda en la lona.

Muchas veces.

Pero aquellos titanes nos enseñaron algo fundamental.

Hay que estirar la mano, amigas y amigos, que la cuerda está ahí nomás. Si los vientos ayudan, se detiene la contienda por un instante, y todo vuelve a empezar.

Socompa