Matar de hambre a la bestia, alimentar la recesión

Por Paul Krugman

Un repartidor de Amazon cruza Park Avenue, en Nueva York. GETTY

De modo que, en una ruptura con toda práctica anterior, el nombre de Donald Trump aparecerá en los cheques que mitigarán ligeramente la recesión de Donald Trump causada por la pandemia de Donald Trump. Se supone que debemos ponerle su nombre a todo, ¿no? Sin embargo, la palabra clave es “ligeramente”. Resulta que esos cheques de 1.200 dólares son solo una pequeña fracción del paquete de rescate que el Congreso aprobó hace unas semanas. Por otra parte, la Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica por Coronavirus (CARES por sus siglas en inglés) no cubría ni de lejos las necesidades del país. Dada la escala del desastre económico, necesitamos otro programa de ayudas enorme, tanto para limitar los problemas financieros como para evitar el daño económico que persistirá cuando la pandemia remita.

Pero tal vez no consigamos el programa que necesitamos, porque los ideólogos antigobierno, momentáneamente prudentes cuando se vio con claridad la magnitud de la crisis provocada por la covid-19, vuelven a recurrir a sus trucos habituales.

En estos momentos la economía está en el equivalente a un coma inducido, con sectores enteros cerrados para limitar el contacto social y de ese modo ralentizar la difusión del coronavirus. No podremos sacar la economía de este coma, como mínimo, hasta que hayamos reducido drásticamente la tasa de nuevas infecciones y aumentado espectacularmente la realización de pruebas de manera que podamos responder con rapidez ante cualquier rebrote.

Dado que no estamos ni mucho menos cerca de llegar a ese punto, faltan meses para poner fin al cierre sin correr riesgos. Esto está causando graves penurias a trabajadores, empresas, hospitales y —por último, pero no menos importante— a los Gobiernos estatales y locales que, a diferencia del federal, deben equilibrar sus presupuestos.Lo que la política puede y debería hacer es mitigar esas penurias. Y el último paquete de ayudas hizo, de hecho, muchas de las cosas que había que hacer, pero no las suficientes. Es verdad que una parte del paquete de ayudas, la mejora de las prestaciones por desempleo, podría resultar más o menos adecuada una vez que las desbordadas oficinas de desempleo estatales consigan hacer que el dinero fluya, y suponiendo que no prosperen los esfuerzos de Eugene Scalia, secretario de Trabajo de Trump, por restringir el acceso.

Pero el programa especial de préstamos para pequeñas empresas ya se ha agotado. Los Gobiernos estatales y municipales están declarando pérdidas de ingresos drásticas y gastos disparados. Y el Servicio Postal está al borde de la quiebra. Por lo tanto, necesitamos otro paquete de ayudas para corregir estas lagunas. ¿De dónde vendría el dinero? Se puede pedir prestado. Ahora mismo, la economía está llena de ahorros excesivos que no tienen adónde ir. El tipo de interés de los bonos federales protegidos contra la inflación es de -0,56%; esencialmente, los inversores están dispuestos a pagar a nuestro Gobierno para que use su dinero. Financiar la ayuda económica no es ningún problema. Pero, en este momento, la legislación para ampliar las ayudas está paralizada. Y seamos claros: los republicanos son responsables de la paralización.

Es cierto que los republicanos del Senado están intentando que se apruebe la concesión de otros 250.000 millones de dólares para ayudar a pequeñas empresas, y los demócratas están dispuestos a aceptar. Pero los demócratas insisten también en que el paquete incluya ayudas de calado para los hospitales y para las administraciones estatales y municipales. Y Mitch McConnell, líder de la mayoría en el Senado, se niega a incluirlas. McConnell afirma que estaría dispuesto a considerar medidas adicionales en una legislación posterior. Pero seamos realistas. No hay absolutamente ninguna razón para no incluir el dinero ahora.

Todos, y quiero decir todos, sabemos lo que está pasando realmente: McConnell está intentando obtener más dinero para las empresas y al mismo tiempo seguir engañando a los Gobiernos estatales y municipales. Después de todo, lo de “matar de hambre a la bestia” —obligar a las administraciones locales a recortar servicios por el método de dejarlas sin recursos— ha sido la estrategia republicana durante décadas. Esto no es sino es más de lo mismo.

Esta realidad no da a los demócratas más opción que mantenerse firmes mientras sigan teniendo influencia. Tengan en cuenta que McConnell podría tener el dinero que quiere mañana mismo si estuviera dispuesto a encontrar un punto medio. Sin embargo, de momento, no lo está. Ah, y Trump personalmente ha descartado la concesión de ayudas al Servicio Postal.

Por lo tanto, básicamente, los ideólogos antigobierno nos están impidiendo responder adecuadamente al peor desastre económico desde la Gran Depresión. Al obligar a recortar servicios públicos básicos, su obstruccionismo causará un enorme sufrimiento. También agravará los daños económicos.

En un futuro cercano, veremos millones de pérdidas innecesarias de puestos de trabajo a medida que las familias empobrecidas recortan el gasto, las administraciones locales despiden a profesores y bomberos, y el servicio de correos, si es que logra sobrevivir, se convierte en una sombra de lo que fue. Y muchas de estas pérdidas de empleo persistirán probablemente una vez remita la pandemia.

Cualquiera que espere una recuperación económica en V, en la que volvamos rápidamente a donde estábamos hace unos meses, seguramente va a sentirse muy decepcionado. Si en todo esto hay un aspecto positivo, es que los que están saboteando nuestra respuesta económica ante la covid-19 podrían estar saboteando también su futuro político. Al fin y al cabo, Trump cuenta con que una rápida recuperación económica borre de la memoria de los ciudadanos su desastrosa gestión de la pandemia. Pero él y sus aliados en el Senado están haciendo que esa recuperación sea mucho menos probable.

 

Paul Krugman es premio Nobel de Economía
© The New York Times, 2020
Traducción de News Clips
El País

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