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NOTAS EN ESTA SECCION
Monte Chingolo
| Gloria a los héroes
de Monte Chingolo |
Argentina, diciembre 1975
| Qué pasaba en la
Argentina en 1975
A 30 años de Monte Chingolo
| Monte Chingolo, por Daniel De Santis
| Nunca Más, el poder real
de la guerrilla |
El combate de Monte Chingolo
Presentación de "Ernesto
Che Guevara: Otro mundo es posible" de Néstor Kohan |
Discurso de Daniel de Santis en 2003 en Monte Chingolo
El sonido y la furia, por Susana Viau
| Crónica de una masacre
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Entrevistas a Gustavo Plis-Sterenberg
Las tumbas de Monte Chingolo, reveladas 30 años después |
Homenaje
a los caídos en Monte Chingolo
NOTAS RELACIONADAS
Revista El
Combatiente | Documento
desclasificado del Dto de Estado USA |
Hechos y noticias de 1975 |
Documentos del PRT
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Mario Roberto Santucho y el PRT |
Gorriarán Merlo y el ajusticiamiento de Somoza
| Operativo Independencia
ENLACES RELACIONADOS
El PRT en Wikipedia |
Página
de Santucho (pdf) en La Fogata
LECTURA RECOMENDADA
Daniel De Santis - A
vencer o morir. Documentos del PRT-ERP |
Una causa judicial investiga los crimenes de Monte Chingolo (08/03/09)
Daniel De Santis -
El combate de San Lorenzo y Monte Chingolo |
Informe del Partido Revolucionario de los Trabajadores (Diciembre 2005)
María Matilde Ollier - Partidos armados: La lógica oficial y las voces
disidentes (Argentina, 1976-1977)

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El 23 de diciembre de
1975, el Ejército Revolucionario del
Pueblo (ERP) intentaba copar el depósito de arsenales de Monte Chingolo
pero la acción ya estaba cantada. Una feroz represión a los combatientes
y a los vecinos de la zona fue el saldo.
Por Luciana Bertoia
La acción que se llevó a cabo el 23 de diciembre de 1975 en el sur del conurbano
había sido planificada para extraer armas del batallón Domingo Viejobueno
de Monte Chingolo, un importante depósito de arsenales. El armamento guerrillero
era escaso en esos tiempos y con una operación de semejante envergadura
se podrían solucionar varios de los problemas que acarreaba la escasez.
Y, según explican los protagonistas, se podría dar un paso adelante en la
lucha revolucionaria. Sin embargo, Monte Chingolo se convirtió en la derrota
más sangrienta de la guerrilla urbana en la Argentina.
Una gran cantidad de combatientes habían sido designados para intervenir
en la toma del Batallón de Arsenales 601. El Ejército Revolucionario del
Pueblo (ERP) había dispuesto para esta acción a su unidad militar más numerosa,
el Batallón General San Martín que estaba integrado por tres compañías.
El grupo de asalto guerrillero estaba al mando del capitán Abigail Attademo.
Por su parte, militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores
(PRT) participaban de actividades de contención, que tenían como objetivo
el corte de las vías de acceso desde la Capital Federal y la zona oeste
a la zona sur del Gran Buenos Aires.
Tal como se explicaba en un boletín interno de la organización dado a conocer a cuatro días del fracaso del copamiento, el ERP planeaba extraer de Viejobueno alrededor de 20 toneladas de armamentos: 900 FAL con 60.000 tiros, 100 m-15 con 100.000 tiros, seis cañones antiaéreos automáticos de 20 milímetros, quince cañones sin retroceso, itakas con sus proyectiles y 150 subametralladoras. Sin embargo, este objetivo no se pudo completar.
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Cien menos |
El fracaso del operativo que comenzó antes de las 20 del día anterior a la nochebuena se debió a la infiltración dentro de la organización revolucionaria de un agente del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE). Así fue como las fuentes castrenses previeron que el golpe del ERP se realizaría en Monte Chingolo. Y los esperaron.
Las cifras dejan en evidencia
la magnitud de la masacre. "Más de cuarenta combatientes del ERP, cinco
militares -tres de ellos, conscriptos- y una cantidad nunca determinada
de vecinos murieron en el cuartel y sus inmediaciones, durante y después
del mayor enfrentamiento librado en la Argentina entre una fuerza guerrillera
y efectivos militares", detalla Gustavo Plis-Sterenberg en su libro "Monte
Chingolo".
Años después se supo que efectivamente hubo combatientes que cayeron prisioneros
dentro del predio de Viejobueno y cuyos cuerpos nunca aparecieron. El diario
Página/12 aseguró en 1999 que tuvo acceso a una información militar en la
que se hablaba claramente de sobrevivientes. "A las 3.30 de la madrugada
del 24 de diciembre, siete horas después de comenzado el ataque al Batallón
de Arsenales y cuando el enfrentamiento había finalizado, el escribiente
militar detalla que 'el Capitán Lazzarano con cinco vehículos marcha a transportar
detenidos, custodiados por la fracción al mando del Teniente Silvani'. Media
hora más tarde se detalla que 'regresa la columna con los detenidos'. A
partir de este momento, el registro sólo refleja los preparativos efectuados
para recibir la visita del Comandante de la fuerza, general Jorge Videla",
repasa el periodista Eduardo Tagliaferro.
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"Nuestros compañeros no cayeron
combatiendo sino que después de haber sido hecho prisioneros fueron asesinados
por las fuerzas del Ejército. De estos 50 compañeros, yo creo que más o
menos unos 20 deben haber caído en combate y los otros 30 deben haber sido
asesinados", comentó a esta cronista Daniel De Santis, ex dirigente del
Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).
El Oso
Jesús Ramés Ranier se incorporó al ERP a fines de 1974. Había militado en las Fuerzas Armadas Peronistas 17 de octubre (FAP-17 de octubre) y tenía buenos amigos en la derecha sindical peronista. Tal como se explica en el libro "Monte Chingolo", Ranier se convierte en "filtro" después de caer en manos de la Policía. Tras ser capturado en una pinza montada por la Bonaerense, el "Oso" se quiebra rápidamente. Así es como, atemorizado por su vida y la de su familia, empieza a trabajar para los servicios de Inteligencia.
Los contactos de Ranier serían con el jefe de la división Situación General del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército, el coronel Carlos Antonio Españadero. Este militar al que el "Oso" le suministraría información por teléfono era más conocido por su alias "Peirano".
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Aunque la misión de Ranier no
se basaba únicamente en su supervivencia. Se podría decir que su función
era vocacional. El traidor cobraba un sueldo mensual, por lo que su caracterización
como agente es más que acertada. Y recibía grandes premios por delatar una
acción importante o por señalar a un militante notorio de la organización.
En la revista El Combatiente del miércoles 21 de enero de 1976 aparece publicada
la confesión del "Oso". Allí, el infiltrado declara que ganaba mensualmente
la suma de 1.200.000 pesos y que por entregar la operación de Monte Chingolo
recibió 30 millones de pesos.
Al actuar dentro del ámbito de Logística del ERP, el "Oso" conocía algunas
casas operativas y sabía hacia dónde se trasladaban armas. Además, como
era chofer, podía tener manejo de la mayoría de las municiones que debía
entregar a los militantes.
Al respecto, De Santis recuerda
el encuentro que tuvo con Ranier antes del intento de copamiento de Monte
Chingolo. Daniel iba a participar en una contención en el Puente Ocho. Pero
para hacerlo los ocho integrantes de la escuadra erpiana necesitaban el
armamento y los autos, que debería entregarles justamente el infiltrado.
El compilador de "A vencer o morir" revive el encuentro en el Parque de
Lomas de Zamora: "Estaba en la cita con un pañuelo (que era la contraseña)
y veo aparecer un Ford Falcon -color crema- con dos personas a bordo. El
que manejaba tenía el aspecto característico de los integrantes de los servicios
de inteligencia y de la policía, sobre todo, de la provincia de Buenos Aires.
Dudé un momento si irme o no. Me quedé porque era la cita. Este auto, que
venía a gran velocidad, cuando me vio, se detuvo y subí."
Pero el indicador más certero de que se podía tratar de un miembro de los
Servicios de Inteligencia apareció en la conversación: "Antes de entregarme
al lugar donde estaban ubicados los coches con las armas, me preguntaba:
'Adónde vas a ir', 'Adónde te llevamos'"
Acto seguido, al militante del PRT le explican cómo hicieron para llegar
a la cita desde la zona de Quilmes. La anécdota fue tan sorprendente que
Daniel sólo atinó a pesar que la gente del ERP era muy intrépida. "Me contaron
que la cita se la habían dado en la zona de Quilmes diez minutos antes y
habían tenido que venir a toda velocidad por la avenida Pasco con las luces
prendidas. El 'Oso' había sacado una pistola y se abría paso
entre los demás vehículos como si fuera un auto de la policía".
Después de lo vivido, De Santis comentó con su responsable
sus sospechas. Pero todo fue peor cuando el 23, ya en el Puente Ocho,
los combatientes abrieron los baúles de los autos y notaron que faltaba
gran parte del armamento. En un primer instante, debieron recomponerse
del golpe anímico que significó la falta de las armas pero así y todo
pudieron cumplir con su función y cortar el acceso.
Aunque había evidencias más elocuentes para suponer que la organización
revolucionaria estaba infiltrada y que la acción había sido entregada,
no hubo marcha atrás. Días antes del intento de toma caían trece dirigentes
del área de Logística y el comandante Pedro Juan Eliseo Ledesma. A pesar
de esto, el Buró Político decidió seguir en pie con la operación.
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El traidor a la causa revolucionaria
Tres días después del fracaso de la acción, el 26 de diciembre de 1975,
los integrantes del Buró Político se plantearon la posibilidad de que
los estuvieran esperando dentro del Batallón.
Después de hacer una lista de las caídas más importantes y de las personas que tuvieron alguna relación, se hizo evidente un dato. El "Oso" aparecía siempre, a pesar de los diferentes descartes. Él siempre había concurrido a la cita o había trasladado armamento.
Por eso, se empezaron a buscar sus antecedentes, que eran nulos. La certeza de su delación era casi total pero no se tenían pruebas definitivas. Así que se decidió detenerlo e interrogarlo.
El 28 de diciembre una escuadra detuvo a Ranier junto
a otro militante leal, "Coco". A éste se le había asignado la misión
de simular la detención. La idea era ejemplificar con "Coco" el posible
maltrato que sufriría el "Oso" si no confesaba. Aunque la tortura física
quedaba desterrada para el ERP, después de que Mario Roberto Santucho
afirmara que la guerrilla no podía emplear los mismos mecanismos que
el enemigo.
El 13 de enero un Tribunal Revolucionario condenó a Jesús Ramés Ranier
por "traición a la revolución y delación al enemigo". La pena era una
sola: la muerte.
A Ranier le fue comunicado su destino y se le preguntó cómo prefería
morir: con la inyección letal o con un disparo. El "Oso" prefirió la
segunda opción. Nunca había sido un valiente. En su supuesta militancia,
había procurado evitar cualquier enfrentamiento armado.
El 14 de enero de 1976 aparecía un cadáver en Flores. Era el de un hombre
joven -de unos 29 años- y corpulento. Un epitafio lo acompañaba: "Soy
Jesús Ranier, traidor a la revolución y entregador de mis compañeros".
En su condena pesaban las detenciones, desapariciones y ejecuciones
de muchos militantes, la entrega de talleres de armamentos y automotores,
las cárceles del pueblo de Pilar y Florencio Varela, un depósito de
propaganda y la acción del Batallón 601.
La sentencia del Tribunal Revolucionario era aleccionadora: "La justicia
popular tarde o temprano descargará su fuerte brazo sobre los criminales
contrarrevolucionarios, sobre todos los que realizan crímenes contra
el pueblo".
Fuente: www.anred.org, diciembre 2006


Gloria
a los héroes de Monte Chingolo
Por PRT - Argentina (Pedro, corresponsal de Estrella Roja)
Hace unos días se encontraron la totalidad de los restos de los compañeros
caídos en combate en el copamiento del Batallón de Arsenales "Domingo
Viejobueno" de Monte Chingolo, el 23 de diciembre de 1975. Algunos de
los restos ya habían sido encontrados en ocasiones anteriores.
Estos son los restos de los compañeros que cayeron dentro del batallón
y en el perímetro inmediato al mismo. Muchos de ellos heridos y luego
fusilados, aplastados por tanques y topadoras, torturados aún en sus
últimos momentos de vida.
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Sus nombres son:
Daniel Barbate, 21 años
Francisco Blanco, 21 años
Hugo Boca, 17 años (JG)
Carlos Bonet
Aída Bruchstein, 24 años
Alejandro Bulit
Roberto Cejas, 22 años
Carlos Cingualbe, 28 años
Hugo Colautti, 32 años
Jorge Correa, 19 años
Carlos Crespo
Francisco Cuello, 31 años
Eduardo Delfino
Nelly Enatarriaga, 31 años
Eduardo Escobar Bustos, 23 años
Orlando Fabián, 24 años
Norma Finocchiaro, 25 (embarazada, asesinada a culatazos)
Ernesto García, 20 años
Silvia Gatto, 24 años
Angel Gonzalez, 25 años
Tristán Guanziroli
Ismael Islas Ibarra, 50 años
Mónica Lafuente, 21 años
Vicente Lasorba, 25 años
Ana María Lezcano, 25 años, embarazada, detenida con vida apareció en
el Riachuelo con un compañero no identificado.
Ana María Liendo, 25 años
Omar Lorenzo Rodríguez
Carlos Machado, 23 años
María Marabotto de Escobar, 16 años (JG)
Alejandro Mastrogiovanni, 24 años
Luis Menéndez, 27 años
Rubén Mensi, 21 años
Ismael Monzón, 19 (JG)

Víctor Mosqueira, 19 años
Carlos Oroño
Cristóbal Paredes
Guillermo Ramos Berdaguer, 21 años
Nancy Rinaldi, 25 años
Guillermo Salinas, 35 años
Humberto Salvador, 22 años
Carmen Sánchez, 20 años
Miguel Sánchez, 24 años
Guillermo San Martín, 23
Abel Santa Cruz Melgarejo, 21 años
Gastón Schottenfeld, 19 años (JG)
Rodolfo Siba
Luis Sportuno, 20 años
Carlos Stanley, 22 años
Roberto Stegmayer, 31 años
Enrique Tauil, 26 años
Claudio Tisminetzky, 21 años
Juan Carlos Valencia, 43 años
Víctor Vázquez Valdivia, 30 años
Más nueve camaradas sin identificar.
Hoy el Equipo Argentino de Antroplogía Forense está trabajando para
identificar los restos de nuestros compañeros, cuyos nombres han vencido
a la muerte para convertirse en ejemplo de lo que un revolucionario
debe ser, el compromiso de luchar hasta las últimas consecuencias A
VENCER O MORIR, guerrilleros heroicos que siguieron el ejemplo del gran
comandante Ernesto Che Guevara. Nuestros héroes, nuestros queridos compañeros,
los mejores de la generación revolucionaria de los 60 y 70 cayeron luchando,
combatiendo, no pidamos que ellos hagan el trabajo que ahora nos toca
a nosotros, los que quedamos y las nuevas generaciones de revolucionarios.
Basta de "memorias" que matan la memoria de lo que nuestros compañeros
fueron: luchadores, clasistas, guerrilleros, REVOLUCIONARIOS. Este gobierno
burgués no podrá apropiarse de estos caídos, de los héroes, porque ellos
no lucharon por este país de exclusión, de súper explotación, de entrega,
de hambre, miseria y muerte. Ellos lucharon contra lo que este gobierno
representa.
No olvidamos los nombres de nuestros compañeros, su pensamiento y ejemplo.
Su accionar vive en la Reconstrucción del PRT, en la construcción del
PRT Santucho, en el camino de la Guerra Revolucionaria Popular y Prolongada,
hasta la Victoria, SIEMPRE.
62 Compañeros Héroes de Monte Chingolo: Presentes!!!
5.000 Héroes de nuestro PRT-ERP, 30.000 detenidos desaparecidos: ESTAMOS
CUMPLIENDO!!!
A VENCER O MORIR POR LA ARGENTINA!!!
Fuente: Indymedia Argentina
Por Alberto Amato (Clarín, 2000)
[Ver también: Hechos y noticias de
1975]
Fue la semana en la que vivimos en peligro. Un anticipo despiadado de
la vida en peligro que nos esperaba de allí en más. Entre el 18 y el
23 de diciembre de 1975 el país fue sacudido por la violencia: un intento
de golpe de Estado encarado por la Fuerza Aérea intentó derrocar al
gobierno de la entonces presidente María Estela Martínez de Perón. Cinco
días después, el mayor ataque guerrillero contra una instalación militar,
el arsenal Domingo Viejobueno de Monte Chingolo, terminó en desastre
para los irregulares y marcó el final del accionar armado del ERP (Ejército
Revolucionario del Pueblo) diezmado ya en los montes tucumanos.
Tres meses después de estos dos hechos, el 24 de marzo
de 1976, el golpe militar de las fuerzas armadas lideradas por Jorge
Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti no sólo derrocaría a la viuda
de Perón: instauraría en el país el terrorismo de Estado, la práctica
de secuestrar, torturar, asesinar y ocultar luego los cadáveres de miles
de opositores a quienes se calificó con el eufemismo de "desaparecidos".
La pesadilla de la más cruel tiranía padecida por la Argentina terminaría,
seis años después, con la derrota de Malvinas a manos de Gran Bretaña.
Pero todo eso parecía imposible en diciembre de 1975. Un año y medio
antes, junto con Juan Perón, habían muerto en el país las últimas esperanzas
de un renacer de la democracia y de un sistema civilizado de convivencia.
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Acosada por su incapacidad, por los militares, por el poder económico
que vació las góndolas de los supermercados, por los gremios que corrían
en pos de igualar los salarios a los caprichos de una inflación desorbitada
y con una causa judicial pendiente por una presunta defraudación, Isabel,
la viuda de Perón, se debatía en vano por continuar al frente de la
presidencia y se negaba a renunciar.
El Congreso, con mayoría peronista, se negaba a iniciarle un juicio
político. Las fuerzas armadas, que ya tenían planificado el golpe e,
incluso, la fecha del alzamiento, esperaban cruzadas de brazos a que
"todo se deteriorara más", como reveló este diario en 1998 al analizar
una serie de documentos de la época cruzados entre la Embajada de los
Estados Unidos y el Departamento de Estado de ese país.
El 17 de diciembre el gobierno decidió anticipar las
elecciones generales de 1977 para el 17 de octubre de 1976. Fue la salida
ideada por el gabinete de la viuda de Perón como un intento de aplacar
al golpismo en acecho. Era tarde. Y fue inútil. Ese mismo día, el general
Antonio Bussi se hizo cargo de la V Brigada de Infantería de Tucumán,
el general Leopoldo Galtieri asumió como segundo jefe del Estado Mayor
del Ejército y el general Reynaldo Bignone se hizo cargo del Colegio
Militar. Al día siguiente se sublevó la Fuerza Aérea.
Los golpistas obedecían al brigadier Jesús Orlando Capellini, un militar
nacionalista que detuvo al jefe de la fuerza, Luis Fautario, en pleno
Aeroparque Jorge Newbery. El gobierno designó a Agosti como jefe de
la fuerza mientras los golpistas dejaban en claro sus pretensiones:
"1) Considerar totalmente agotado el actual proceso político que agobia
al país; 2) Desconocer las autoridades que detenta el gobierno nacional
y 3) Requerir que el comandante del Ejército asuma en nombre de las
FF.AA. la conducción del gobierno nacional."
Los sublevados sobrevolaron la Casa de Gobierno y arrojaron
panfletos mientras el gabinete de Isabel (el actual senador Antonio
Cafiero y el hoy gobernador de Buenos Aires Carlos Ruckauf eran entonces
ministros de Economía y Trabajo) intentaba superar la crisis. La Armada
y el Ejército se mantuvieron al margen. Todavía no era la hora. Videla
instó a "dar un ejemplo de cohesión, disciplina, desinterés y responsabilidad",
cualidades que echaría por la borda tres meses después.
La
sublevación militar terminó el lunes 22, después de que los amotinados
se refugiaran en la base aérea de Morón, que fue bombardeada. La débil
reacción del entonces poderoso sindicalismo y la indiferencia con la
que la ciudadanía siguió el levantamiento llevaron tranquilidad al golpismo:
el ensayo general del 24 de marzo de 1976 había sido perfecto.
El martes 23, a menos de veinticuatro horas de superado el alzamiento
aeronáutico, la guerrilla lanzó su golpe más ambicioso de los tantos
que había dado desde finales de los años 60. Un grupo de cerca de 270
guerrilleros, en su mayoría del ERP (se dijo en su momento que había
también miembros de la guerrilla peronista Montoneros), intentó copar
el Batallón de Arsenales 601, Domingo Viejobueno.
Los estaban esperando. Un agente de inteligencia del Ejército, Juan
"Oso" Ranier, infiltrado en el ERP, había anticipado el golpe guerrillero.
La madrugada del miércoles 24 encontró la zona sur del Gran Buenos Aires
en pie de guerra. Tanques, aviones, incluso tropas de la Armada tomaron
parte de una batalla por la recuperación del cuartel. Las tropas ingresaron
luego a una villa miseria cercana donde, se dijo entonces, se habían
refugiado los atacantes. Se cree que al menos 85 irregulares murieron
esa noche, lo mismo que un número nunca determinado de inocentes alcanzados
por los tiroteos que se extendieron por Lanús, Villa Dominico y Lomas
de Zamora. También murieron un capitán, un teniente primero, un sargento
ayudante, cuatro soldados y dos policías.
La noche del 24 de diciembre, desde Tucumán, Videla dijo observar "con
la sana rabia del verdadero soldado, las incongruentes dificultades
en las que se debate el país, sin avizorarse la solución"
El país estaba helado por la sorpresa. Oscilaba entre el desconcierto
y el terror. Intentaba descifrar las andanzas de un dólar financiero
especial ($82,45) y otro dólar financiero ($58). Y también intentaba
sobrevivir, claro. La clase media pugnaba por el dos ambientes ($650.000
en Devoto) o por el Citroen 2CV ($85.000 un usado) y hasta arañaba de
vez en cuando un traje de fibra poliester ($3.199). Tampoco veía soluciones.
Y ni siquiera avizoraba lo que Videla y compañía tenían en mente. También
intentaban sonreír.
En el Teatro Astros, dos grandes de la revista, Alfredo Barbieri y Don
Pelele, apostaban a la esperanza. Cada noche salían con sus disparates
a representar: "Entre julepe y julepe llegaremos al 77"
Pero no, no llegamos.
Lectura recomendada: Recortes de prensa y documentos del año 1975

Qué
pasaba en la Argentina en 1975

El deterioro del gobierno de Isabel Perón aumenta cada día más. Este
año hay 860 muertos por causas políticas y la inflación alcanza
al 330 por ciento.
El país tiene cuatro ministros de Economía en un año. Uno de ellos,
Celestino Rodrigo, vinculado a López Rega, decreta una brutal devaluación
del 150 por ciento y un aumento de tarifas del 200 por ciento. La nafta
aumenta un 172 por ciento. Es el famoso "Rodrigazo". Los sindicatos
se resisten a esta política, abandonan la Gran Paritaria Nacional, que
intentaba reeditar el pacto social y, en una gran movilización, piden
la expulsión de López Rega. Finalmente, la presidenta debe acceder a
que "El Brujo" renuncie a sus cargos y abandone el país.
Antonio Cafiero asume en el Ministario de Economía.
Pero el alejamiento del siniestro personaje no mejora las cosas. En
Tucumán, cae un avión en el que viajaba el general Enrique Salgado,
que llevaba soldados para enfrentar a la guerrilla rural: mueren 13
personas.
El 4 de Febrero, las Fuerzas Armadas reciben la orden de reducir a la
guerrilla del E.R.P. en Tucumán, quienes habían derribado un avión Hércules
C-130. Según el Ejército, se producen 350 bajas.
Posteriormente, Montoneros intenta atacar un regimiento de Formosa y
no tiene éxito. Los atacantes huyen en un avión de línea secuestrado
pero la Mayoría es capturada. El 23 de Diciembre, hay un ataque conjunto
del E.R.P. y Montoneros contra el Regimiento 601, ubicado en Monte Chingolo.
La operación también fracasa y hay 100 guerrilleros muertos.
Otros
hechos de violencia ocurridos este año son el asesinato del general
Jorge Cáceres Monié y su esposa, cerca de Paraná; la bomba, atribuida
a la Triple A, que destruye los talleres del diario cordobés La Voz
del Interior; la destrucción por parte de Montoneros de una fragata
que se estaba construyendo en Río Santiago y la explosión que afecta
el Teatro Estrellas, donde se presentaba Nacha Guevara y que provoca
dos muertes.
Después de varios cambios, la presidenta designa comandante en jefe
del Ejército al general Jorge Rafael Videla. Luego, pide licencia y
se establece en Córdoba para cuidar su salud. Por un momento se cree
que la presidenta renunciará y que será reemplazada por Italo Luder.
El déficit de la balanza comercial y la salida de capitales acentúan
aún más el nivel de endeudamiento. La estatización de las deudas del
sector privado y los créditos que contrae el Estado desde 1976 disparan
el endeudamiento en forma exponencial.
Sobre Isabel pesa una grave acusación por manejos irregulares en la
Cruzada de la Solidaridad, similar a la Fundación Eva Perón. La acusación
es por la firma de un cheque por 3.000 millones de pesos. Pero después
de un mes, Isabel reasume la presidencia y, aún sin la influencia nefasta
de López Rega, se la ve vacilante y errática y crecen los rumores sobre
un golpe militar. Una virtual sublevación de la Fuerza Aérea, ocurrida
hacia fines de año, es como un anticipo de lo que inevitablemente va
a suceder en pocos meses.
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Este año muere Aníbal Troilo, "Pichuco", intérprete
del tango y renovador de su música.
Por otra parte, inicia sus actividades la Universidad Nacional de Mar
del Plata. Pero el desarrollo cultural es menor al de años anteriores.
Leopoldo Torre Nilsson estrena El pibe cabeza, una de sus películas
menos logradas, y Yo maté a Facundo, de Hugo del Carril, pasa casi inadvertida.
También tiene escasa repercusión el decreto que, el 7 de Octubre, firma
la presidenta y que encarga a las Fuerzas Armadas el cuidado del orden
interno y la lucha contra la subversión. Esta norma será el amparo que
luego reclamarán las Fuerzas Armadas para justificar su accionar contra
las organizaciones guerrilleras. Y aunque convoca a elecciones para
fines de 1976, son pocos los que creen que el gobierno de Isabel llegará
hasta entonces.
La gente está harta de la violencia, de la inseguridad, del problema
económico y descree de la democracia. El reclamo de orden se extiende
a todos los sectores y ya se sabe cuál es la institución que puede imponerlo,
aunque sólo sea mediante el uso de la fuerza.
El grupo Sui Generis se despide con dos recitales en el Luna Park. El
7 de Septiembre reunen a 30 mil personas.
El 14 de Agosto, y después de 18 años, el equipo de River Plate gana
el torneo Metropolitano.
Fuente: www.todo-argentina.net

A 30 años de Monte Chingolo
Por Carlos Torrengo, 24/12/05
La mayor batalla de la guerrilla que marcó también su final.
Aquel diciembre del ’75 siempre será difícil de olvidar.
Un país ensangrentado por la violencia de índole política se encerraba
en sí mismo y esperaba un golpe militar que se tornaba inexorable. En
ese marco, el ERP atacó en Monte Chingolo, en un intento desesperado
por recuperar poder. No lo logró.
El recuerdo de tanto horror borra la textura del material que cubría
los cuerpos destrozados.
Pero está latente que, fuera lona o tela, una u otra se habían pegado
a las heridas transformadas en costras.
Cuerpos de adolescencia casi sin terminar cuando se toparon con la muerte.
El calor los descomponía aceleradamente. Se imponía el olor a muerte.
Arboles desgajados por la furia del combate. Maceteros
descuajeringados. Paredes cribadas por ráfagas. En una de ellas, una
inmensa mancha de sangre con restos humanos pegados. Muchos años después,
el minucioso relato de Gustavo Plis-Sterenberg develaría la naturaleza
de esa casi estampa de cuerpo: un guerrillero del ERP fue atado a la
trompa de un Carrier y estrellado contra el muro de ese depósito de
Batallón de Arsenales "Domingo Viejobueno", situado en Monte Chingolo,
al sur del Gran Buenos Aires.
Quien escribe estas líneas entró en el predio de la unidad en las primeras
horas de la tarde del 25 de diciembre de aquel terrible 1975. Acompañaba
a un oficial de la Armada que, en situación de retiro, sospechaba que
una sobrina suya había caído como miembro del ERP en lo que la historia
recupera como "la última batalla de la guerrilla en la Argentina".
– Mire rápido, señor –le advirtió al oficial de la Armada un civil de
porte militar–. El periodista entró en condición de "un familiar".
El ERP había perdido más de setenta militantes dentro de la unidad y
en zonas aledañas. El Ejército y la Bonaerense, diez. Pero estaban los
otros muertos, los de la población civil: ocho, según el parte oficial.
Más de cuarenta, según la investigación de Gustavo Plis-Sterenberg.
Una nena de cuatro años degollada por una esquirla. A otra, de once,
una ráfaga le borró el pecho y la vida.
El marino y el periodista se encontraron circunstancialmente en aeroparque.
Uno llegaba desde Jujuy; el otro, desde Bahía Blanca. Los une una sólida
amistad forjada en años, incluso de desacuerdos que aún mantienen.
– Acompañame, vamos a Monte Chingolo... creo que ahí puede estar la
hija de Guillermo, mi cuñado –dijo el marino–. Una hora larga después,
en un marco propio del Saigón de la Ofensiva del Ted, entraban al batallón
de Monte Chingolo.
El grueso de los cuerpos había sido retirado. Posiblemente no habría
más de ocho o diez alineados en un potrero que los años imaginan lindero
a una cancha de fútbol. Lonas o telas crujían al despegarse de la sangre
coagulada. Casi como resistiéndose a revelar la cara del horror.
Semana terrible aquella que precedió la Navidad del 25 de diciembre
de 1975. Un eslabón más en un tiempo en el que desde largo en la Argentina
mandaba la violencia política. Mandato que se prolongaría por varios
años más; aún restaba la noche larga de dictadura.
El régimen de la cupletista Isabel Perón se desvanecía zamarreado por
contradicciones y luchas intestinas y desafiado por la violencia de
la izquierda y la respuesta de la derecha.
El poder estaba muy disperso en el país de aquellos tiempos. Y desde
un punto de la estructura de poder ya se dibujaba cómo cohesionarlo
en un único vértice.
Ya en aquel diciembre ese dibujo tenía forma de golpe militar.
Pero no era ese diciembre el momento para que tronara la lugoniana y
fascistoide "Hora de la Espada".
Y eso fue lo que no entendió en aquel diciembre del ’75 el ultramontano
brigadier Jesús Orlando Capellini. El 18 se sublevó en la Zona Militar
del aeroparque Jorge Newbery. Lo hizo bajo invocaciones varias. La patria.
Cristo Rey. Alguna Virgen. Una larga lista de valores supuestamente
ligados a los argentinos. Y, fundamentalmente, la necesidad de orden.
– ¡Qué pelotudo este Capellini! –recupera la historia que dijo Jorge
Rafael Videla desde el exterior–. Inmediatamente, el Ejército se corre
de toda especulación sobre su rol en ese cuadro. Está con el orden constitucional.
La Armada se le suma.
A Capellini –"Capelletti" para "Tato" Bores– se le suma Base Aérea de
Morón. Y aquí, también con atisbos lugonianos, un joven oficial de la
Fuerza Aérea que acompaña la chirinada sentencia solemnemente por radio:
la vida se modela en cuatro verbos de acción: "armar, combatir, mandar
y enseñar".
Capellini y Morón se juramentan: caerán en la cruzada.
Pero, a los primeros tiros, se rinden.
Aunque hay alguien que no repliega planes ni acciones.
Se llama Roberto Santucho. Lidera el ERP, en aquel diciembre del ’75
acorralado por la represión. En los montes tucumanos está en vías de
ser diezmado. En el teatro urbano, desde mayo pierde sistemáticamente
cuadros y militantes.
Es complejo imaginar que el desánimo ganara al ERP. Se lucha y muere
heroicamente. La entrega es total y exenta de fanatismo. Pero la poda
y los términos en que se lo poda es brutal. Hoy se sabe que en la intimidad
de cada militante y cuadro estaba instalado el revulsivo generado por
aquel todo y nada.
La respuesta que Santucho y el alto mando del ERP dan al cuadro de situación
apela a lo demencial: intensificar la lucha. Nada de repliegue.
Más vanguardismo. Más militarismo.
Gustavo Plis-Sterenberg es un hombre fino, culto. Director de orquesta
sinfónica en Europa. Cuando habla de su estremecedor "Monte Chingolo,
la mayor batalla de la guerrilla argentina", confiesa no querer hablar
de dónde estuvo él en toda esa tragedia.
Pero explica:
– El ataque al batallón de Monte Chingolo se explica como un acto de
desesperación política. Santucho quería, mediante una acción militar
de envergadura contundente, revertir el cuadro de situación desfavorable
que sobrellevaba el ERP, plantear un nuevo escenario político... el
mejor momento del ERP fue cuando no se olvidó de la política, cuando
puso la política por delante. O sea, cuando tenía frente sindical, estudiantil,
militar e incluso frente legal. Pero ya para mediados del ’75 todo eso
había dejado de existir o estaba en vías de hacerlo... entonces la desviación
fue el militarismo puro... balazo por balazo. ¿Línea sin objeciones?
Bajo un régimen de represión que buscaba el exterminio, no se podía
mantener una dinámica de debate democrático ni autocrítico... se cayó
en un verticalismo feroz. Y así se fue a Monte Chingolo.
En el atardecer del 23 de diciembre del ’75, más de cien cuadros y militantes
del ERP atacan el batallón de Monte Chingolo. Están armados precariamente
para semejante operación. Y los están esperando.
Porque hace años que, de la mano del un coronel de Inteligencia de apodo
"Españadero", el Ejército tiene infiltrado al ERP. "Oso" Ranier, ése
es el nombre del infiltrado. En sus memorias, Enrique Gorriarán Merlo
(Edt. Planeta) dice que a lo largo de ese lapso, Ranier entregó operaciones
y centenares de cuadros y militantes. Santucho no ignora que hay un
infiltrado, pero sigue adelante. Hasta la madama de un cabaret lindero
al batallón sabe que el ataque está por suceder.
El ataque termina en una carnicería. Las escenas que adquiere la represión
en las imágenes que se han recuperado dejan sin palabras.
El 24 a la noche, Videla habla desde el monte Tucumano. No hay golpe
sin advertencia.
Marzo del ’76 estaba a la vuelta de la esquina. Sólo era cuestión de
tiempo y de más sangre.
La sobrina del marino no estaba en Monte Chingolo.
EL GOLPE
Por Gabriel Rafart, 24/12/05
Diciembre del ’75. Tiempo acuciante para la clausura
trágica del último capítulo de una democracia que había aceptado vivir
la época de la militarización de la política desde su propio advenimiento,
en 1973.
Desde mediados del ’75, después del "Rodrigazo" y de la caída de López
Rega, la situación en todos los frentes del gobierno peronista era dramática
y no había actor que supiera cómo contener la salida militar que muchos
entendían irreversible. La sucesión de ministros y los intentos fallidos
por promover la salida institucional de la propia Isabel dieron lugar
a otros cauces. Los militares empezaron a manejar el tiempo de la política,
mientras se extendía la imagen del caos y de una situación de ingobernabilidad
producto también de ese peronismo extraviado por arriba y por abajo
que era incapaz de encontrar su equilibrio.
En diciembre, los mandos militares estrecharon aún más sus filas. Aun
así, propiciaron el clima de ingobernabilidad, amplificando a su medida
la idea del desborde social, del caos y de la necesidad de una salida
ejemplificadora para la sociedad. Ese mes fue demasiado urgente, de
ingobernabilidad por la fragilidad de un orden político peronista que
muy pocos creían posible reconstruir. La salida electoral estaba muy
lejos del menú de opciones. Por ello no hubo obstáculo al plan elaborado
desde los comandos militares. Se impondría un proyecto que no conocía
antecedentes en la historia argentina.
Para el último mes de 1975 estaban en camino los componentes de un régimen
de naturaleza mesiánica, capaz de disponer de una la voluntad que colocase
a la patria en orden y a la sociedad bajo los dictados de una cultura
"cristiana y occidental" que la Argentina había extraviado por aceptar
el ingreso del germen de la descomposición de la lucha de clases entre
tantos intelectuales, estudiantes y obreros fabriles. Y para ello había
que desatar la furia de su versión extrema de la militarización para
la política, aunque sus acciones ocurrieran mayormente en la noche,
sin uniformes ni insignias a la vista, y supusieran torturas interminables
y desapariciones masivas; en definitiva, el imperio de la muerte en
campos ilegales de detención. La cuestión pasaba por la construcción
de una nueva sociedad depurando la totalidad del orden vital heredado.
La última dictadura tuvo su fecha el 24 de marzo de 1976, pero su momento
de partida se puede hallar en ese diciembre urgente de 1975.
Fuente: www.rionegro.com.ar

Monte
Chingolo
Por Daniel De Santis
[Fragmento del documento
Documental para descargar - Asalto al arsenal de Monte Chingolo![]() ![]() De 1975, de Roberto Di Chiara, documental periodístico en blanco y negro. El 23/12/75 doscientos combatientes de PRT-ERP se empeñaron en la mayor batalla contra las fuerzas legales con el objetivo de expropiar 20 toneladas de armamentos para dar un vuelco en la relación de fuerzas. Fuente: ARCOIRIS TV, duración: 9 min Cortesía de Roberto Di Chiara Elige una opción de descarga: |
La mayoría de los análisis del período critican la continuidad
de la lucha armada bajo un gobierno constitucional pero, esos análisis,
no mencionan un hecho determinante en la situación política, tan o más
importante que la enorme fiesta popular que significó la asunción del
Presidente Cámpora, representante de Perón y del ala progresista del
peronismo, y su punto culminante con la liberación de los presos políticos
el 25 y 26 de mayo. Nos referimos a la Masacre de Ezeiza el 20 de junio
de 1973, a sólo veintiséis días de asumido el nuevo Gobierno. Ese día,
para recibir a Perón que regresaba del exilio, se realizó la movilización
de masas más grande de toda la historia argentina, alrededor de dos
millones de personas. La derecha peronista, responsable de la organización
del acto, planificó y ejecutó una verdadera emboscada a las enormes
columnas de Montoneros y la Juventud Peronista y en realidad contra
todos los asistentes al acto. Desde el palco y desde distintos puntos
elegidos tácticamente se lanzó una lluvia de disparos, con armamento
de guerra, sobre la masas indefensa. ¡La misma cúpula peronista masacró
a sus propios simpatizante! Perón, jefe del peronismo, realizó declaraciones
esa misma noche avalando completamente la matanza. Decir esta verdad
es muy difícil en la Argentina ya que se nos responde con una suerte
de terrorismo ideológico. Les respondemos: ¡no nos crean a nosotros,
lean a Perón!
Este hecho marcó el inicio de la contraofensiva derechista contra las
fuerzas populares que la habían tomado el 29 de mayo de 1969 con el
Cordobazo. El BP [Buró Político] del Partido, debido a varios hechos
de signo progresista del gobierno, consideró la posibilidad de suspender
la continuidad de las acciones militares, posibilidad descartada después
de Ezeiza. Decisión reforzada luego de consumado el autogolpe contrarrevolucionario
del 13 de julio de 1973, que derrocó a Cámpora, a sólo cuarenta y nueve
días de asumido el nuevo Gobierno. De todas maneras el ERP no realizó
ninguna acción armada durante el Gobierno de Cámpora, ni luego de derrocado
este, hasta el mes de setiembre, pese a que nuestro compañero Eduardo
Giménez, mientras realizaba una pegatina, fue detenido y asesinado el
29 de julio. Es necesario remarcar la verdad histórica ya que, muy superficialmente,
casi todos nuestros críticos no se toman el trabajo de investigar los
hechos y nos achacan haber realizado acciones durante el Gobierno de
Cámpora y soslayan a la Masacre de Ezeiza.
Los análisis que ven en Monte Chingolo las causas de la derrota, por
un lado parten de los mismos supuestos que los que critican la lucha
armada revolucionaria, el más utilizado es que: las masas no habían
madurado lo suficiente, por lo tanto no era el momento, se debía esperar.
Para los críticos nunca llegará el momento de la lucha con la esperanza
infantil de que las masas le saquen las castañas del fuego. En cambio
para la concepción guevarista hay una relación, si me permite, dialéctica
entre lucha de masas y lucha armada en la que una se alimenta de la
otra, y, en particular nuestros críticos, no tienen en cuenta que se
trataba de una gran acción de cuyo resultado dependía la situación política
posterior. Un éxito hubiese fortalecido política y orgánicamente al
Partido y al ERP, hubiese multiplicado al menos por 10 su poder de fuego,
se podrían haber armado varias compañías en la zona rural -hombres y
mujeres dispuestos había- y completado el armamento de todas las urbanas.
Pero la afirmación que puede resultar más controvertida, que está en
la esencia de la línea del PRT y en la del guevarismo, es que una acción
victoriosa en ese momento hubiese repercutido favorablemente en el estado
de ánimo de las masas, fortaleciendo políticamente al conjunto del movimiento
revolucionario.
Debemos recordar que en la otra región estratégica, el Monte, habíamos
sufrido pocos meses antes, el 28 de mayo, una derrota en el plano político
aunque, paradójicamente, un triunfo militar. El ERP por intervención
de su Compañía de Monte (reforzada) se dirigía al departamento de Famaillá,
en la Provincia de Tucumán, donde estaba asentado el Comando Táctico
de la V Brigada del ejército enemigo con el objetivo de tomarlo completamente.
Para ello debió salir del Monte o sea operar en terreno desfavorable.
En la marcha de aproximación, en el paraje llamado Manchalá, la cabeza
de la columna fue atacada por fuerzas enemigas. La actuación de los
combatientes y oficiales del ERP fue muy destacada ya que pese a la
sorpresa batieron a las fuerzas enemigas, y se retiraron ordenadamente.
Pero esta suerte de emboscada enemiga abortó los objetivos de la acción.
Este desenlace negativo del proyectado copamiento del Comando Táctico
y una línea táctica errada que había fijado la guerrilla al terreno,
sobre la cual no nos vamos a referir ahora, llevaron a que el ERP perdiera
la iniciativa militar en la Región y con ella la política.
Por
su parte no había sido completamente exitosa la mayor acción militar
llevada adelante por los Montoneros. El 5 de octubre de 1975 se ocupó
parcialmente y se recuperó importante armamento del Regimiento de Infantería
de Montaña N° 29 con asiento en la ciudad de Formosa, cercana a la frontera
paraguaya.
Anteriormente sólo hemos detallado algunos de los hechos más importantes,
los que dan cuenta de un año de enormes avances y de un despliegue inusitado
de las fuerzas revolucionarias, políticas y militares, de las masas
y de la vanguardia (debemos agregar que Montoneros y otras fuerzas revolucionarias
se mostraban muy activas en el plano militar y en la acción de masas)
pero que no habían culminado en la unidad de los revolucionarios y del
campo popular sino que este seguía dividido, lo que no permitió explotar
al máximo la situación favorable generada por las masas en las jornadas
de junio y julio. En este contexto político y militar se inscribe la
decisión del PRT, en todo de acuerdo con la tradición revolucionaria
mundial: la aspiración a mantener la ofensiva. Dentro de esta concepción
hay que analizar la decisión de realizar la ocupación del Comando Táctico
de la V Brigada en Tucumán y la toma del Batallón de Monte Chingolo
en el Gran Buenos Aires.
Sólo después de ocurridas las dos derrotas del ERP (y un éxito parcial
de Montoneros en Formosa): una política en el Monte Tucumano, y la derrota
militar y política de Monte Chingolo, a las que debemos agregar el desbaratamiento
a mediados de febrero de 1976 del intento del ERP de abrir un segundo
Frente rural en El Cadillal, al norte de la ciudad de Tucumán y, de
un primer frente, en la misma zona y en el mismo momento, por parte
de Montoneros; digo sólo después de estos hechos hubiese sido correcto
prever que el retroceso en las movilizaciones de los últimos meses de
1975 se podía convertir en un reflujo de masas, producto del golpe militar
que se esperaba. Se requería realizar un análisis muy valiente y descarnado
de la situación en aquel momento (ahora es muy fácil), pero a su vez
muy difícil de realizar por verdaderos revolucionarios que habían logrado,
debido a su espíritu de ofensiva, hacer avanzar las luchas hasta las
puertas de un situación revolucionaria. Este hipotético análisis nos
hubiese indicado que el Golpe militar en lugar de provocar un nuevo
auge hubiese producido el efecto contrario. Esta conclusión hay que
sostenerla con firmeza pero con voz muy serena, con mucho respeto por
los compañeros que tuvieron esa responsabilidad porque ellos, desde
hace muchos años, no tienen voz.
En varios documentos del Partido se afirmaba que, en la Argentina, se
vivía un auge ininterrumpido del proceso revolucionario iniciado en
1969 con el Cordobazo, y que este se sostendría por el desarrollo de
las fuerzas revolucionarias políticas y en particular militares.
Nuestro renunciante, en su libro Hombres y Mujeres del PRT-ERP, atribuye
la visión de un auge ininterrumpido al contenido positivista (sic.)
del pensamiento de Santucho. A nuestro entender este concepto provenía,
más que de un análisis lógico, de una generalización de las revoluciones
China, Cubana y Vietnamita, las que eran tomadas como ejemplos de revoluciones
donde se había seguido un procesos de guerra popular prolongada, en
los que la lucha de las masas se habían sostenido en las fuerzas militares
de la revolución.
Coherente con esta concepción, al producirse el golpe del 24 de marzo,
el Comité Central que se reunió inmediatamente, llegó a la conclusión
de que la ofensiva militar era un paso más en la espiral represión-resistencia,
la que se quebraría en el momento en que las fuerzas populares y revolucionarias
superaran a las del sistema. En consecuencia se redactó un llamamiento
en el que se instaba a los ¡Argentinos a las Armas!, en él se analizaban
las características de la dictadura y se concluía que: "No se trata
de un régimen provisorio... Es el tipo de gobierno definitivo que se
dan las fuerzas burguesas-imperialistas para luchar contra las fuerzas
revolucionarias argentinas"16. En la misma proclama Santucho puso especial
acento en el elemento principal y permanente de su concepción revolucionaria:
la necesidad de fortalecer y mantener unido al Partido. Decía al respecto:
"Y hoy más que nunca, la principal de nuestras tareas, la que garantizará
avances consistentes en todos los aspectos de la actividad revolucionaria,
es la construcción del Partido, su consolidación y desarrollo, su fortalecimiento
incesante". Ya ve Eleuterio, no hace falta demostrar que en el centro
de nuestra concepción se encuentra la idea del partido revolucionario,
aquí Santucho lo reafirma, una vez más, en forma contundente.
Pero más interesante resulta leer el párrafo con que el Robi culmina
el llamamiento, con el que seguramente usted estará de acuerdo y que
nuestro renunciante olvidó dos años después.
Cuando muchos años después volví a leer el párrafo que voy a citar me
causó una viva impresión, sentí que Santucho estaba expresando un mandato,
y a la vez una clara visión del futuro que se avecinaba, ya que era
probable que él y otros dirigente cayeran en la lucha pero que la continuidad
estaría dada por la unidad en torno al CC, y así lo creíamos firmemente.
Leamos con qué convicción lo expresaba: "Estrechamente unidos en torno
al Comité Central, siguiendo el elevado y poderoso ejemplo de nuestros
héroes y mártires, los militantes del PRT cumpliremos cabalmente y con
honor nuestras misiones revolucionarias".
En
los dos meses siguientes al golpe la imposibilidad de aplicar la línea
votada y una serie de caídas de importantes cuadros del Partido y la
pérdida de grandes recursos materiales, hicieron comprender a Santucho
que se había cometido un "error de apreciación táctica que nos debilitó
en lo ideológico y en lo orgánico. En lo ideológico en cuanto dificultó
el enraizamiento de la concepción de guerra prolongada, y en lo orgánico
en cuanto no nos orientamos con máxima energía a simplificar el aparato
y volcar más compañeros a los frentes de masas"17. El error consistía
en no haber previsto el reflujo del movimiento de masas.
Inmediatamente se reunió el CE, se modificó la línea táctica, la cual
consistió en replegar al Partido y al ERP, una reducción general de
los aparatos nacionales, y de la Compañía de Monte, dirigir el trabajo
de esos compañeros hacia las masas, suspender las grandes unidades militares
y por lo tanto las grandes acciones, pero manteniendo activos los comandos
guerrilleros ya que "el accionar guerrillero mantendrá viva la llama
de la resistencia popular...
porque en el presente período la lucha armada ocupa el centro de la
lucha política, es y será el eje de la política nacional"18.
En un intento por fortalecer al Partido en lo orgánico, entre otras
cosas, se resolvió democratizar su vida interna, para lo cual debían
ser elegidos por la base todos los responsables de las células, elegir
en plenarios estatutarios las direcciones zonales y regionales (los
Estatutos contemplaban estas elecciones pero muchas veces no se cumplían).
El CC había sido elegido en agosto de 1975, por un Comité Central Ampliado,
previo plebiscito en la base del Partido consultada sobre la suspensión
del VI Congreso. Santucho siempre estuvo muy atento a la democracia
interna, esto es de mucha importancia, porque un partido de combate
en el que no hay posibilidad de obtener bienes materiales y en el que
la mayor responsabilidad trae como consecuencia mayores riesgos y compromisos,
no está ajeno al surgimiento de desviaciones como el burocratismo, el
culto a la personalidad y la obsecuencia. Estas desviaciones, en germen,
estuvieron presentes en la aceptación pasiva del error de Santucho por
el Comité Central y luego del conjunto del Partido de lo resuelto por
el CC.
Santucho no desfallecía ante las crecientes dificultades, miraba con
optimismo el presente y, sin dudas, con mucho realismo percibía la aparente
contradicción entre el reflujo de las masas y la creciente toma de conciencia
de las mismas. A partir de los nuevos análisis proponía, como corresponde
a un revolucionario, nuevas tareas: "En aparente contradicción con el
reflujo, las masas viven una intensa vida política de características
profundas y singulares... las masas obreras y populares van dejando
de ser meras espectadoras del choque entre la guerrilla y las fuerzas
represivas y comienzan a tomar partido activamente por los revolucionarios.
Al mismo tiempo amplias capas de proletariado y el pueblo acrecientan
su interés por el socialismo, comienzan a considerar seriamente la necesidad
y la posibilidad de un profundo cambio de sistema. Y una nueva vanguardia
obrera y popular, mucho más amplia que la anterior irrumpe en la política
nacional... Educar y formar esa nueva vanguardia, en el curso de la
resistencia a la dictadura de Videla, transmitirle la rica experiencia
acumulada, aprender de ella, renovando con su fresco y vigoroso impulso
las estructuras revolucionarias, es una de las misiones fundamentales
de la reciente ‘promoción’ de templados cuadros que se forjó en los
primeros seis años de guerra revolucionaria"19.
Pero que Santucho no tenía una visión estrecha de la política revolucionaria
y que no se plantaba ante ella con una actitud sectaria para nosotros
siempre estuvo claro. El ERP desde su fundación venía levantando una
consigna que proponía la unidad de las organizaciones revolucionarias.
Cuando esta unidad estaba a las puertas de concretarse nos transmitió
su enorme entusiasmo, en su penúltimo escrito que acabamos de citar.
Bajo el subtítulo de Un gran paso unitario y a continuación de la frase
antes citada escribió: "Esta gran tarea se verá considerablemente facilitada
por los recientes avances unitarios en el campo revolucionario que nos
han colocado ante la posibilidad real e inmediata de construir una organización
frentista integrada por el PRT, Montoneros y Poder Obrero, que unifique
la lucha antidictatorial y encauce un transcendental proceso hacia la
completa unidad política y militar de las organizaciones revolucionarias
proletarias y populares (el partido de la clase obrera, el ejercito
popular y el frente de liberación nacional). Dar este paso significará
iniciar un proceso de convergencia quizás complejo, pero de un positivismo
difícil de exagerar". Luego analizaba el impacto que este hecho tendría
en el ánimo de las masas, la repercusión a nivel internacional y daba
una serie de recomendaciones para que este paso no se frustrara.
El CE [Comité Ejecutivo] del Partido había resuelto que Santucho saliera
del país, este solicitó quedarse unos días más para dejar firmado el
acuerdo unitario, él temía que diferencias secundarias pudieran frustrarlo.
Insistía en que si se podía realizar un acuerdo que condujera a concretar
los tres ejes estratégicos antes mencionados (partido, ejército y frente)
era aconsejable, si era necesario, ceder en los demás puntos. Ponía
como ejemplo el hecho de que Montoneros impulsaba una CGT en la Resistencia
y nosotros no acordábamos con ella. Es así que Santucho además de un
héroe y mártir de la revolución lo fue también de la unidad de los revolucionarios.
El conjunto de resoluciones que rectificaban la línea nunca pudo ser
aplicado plenamente, porque el enemigo fue asestando golpe tras golpe.
Poco antes del 19 de julio habían caído el Comandante Juan Manuel Carrizo
y Eduardo Castello. La caída de Santucho originó un estado de sospecha
entre los dirigentes que nos desviaron de la tarea central que era reorganizar
al Partido con la táctica de repliegue. En los meses siguientes cayeron,
junto a muchos compañeros, otros importantes dirigentes: Eduardo Merbilháa,
Carlos Germán, Leandro Fote y Norberto Pujol, lo que nos impidió reorganizarnos
eficazmente. Esto llevó a que un error que se apreciaba como táctico20
se convirtiera en estratégico.
Queremos insistir sobre esta conclusión: el error que llevó a la desarticulación
del PRT, luego de haber realizado los mayores esfuerzos en mantener
la ofensiva, fue no prever, y sobre todo no ver, el reflujo de masas
en los términos en que lo hemos expuesto. Incluso en junio/julio de
1976 se estaba a tiempo de rectificar el rumbo lo que no se pudo concretar
por la caída de Santucho y los demás compañeros. En muchos balances
de esta experiencia se pone el acento en que la equivocación fue haber
continuado la lucha armada durante el gobierno peronista, o, como veremos,
que no fuimos suficientemente marxistas-leninistas. Nosotros ya hemos
dado nuestra opinión. Para ser consecuentes con la teoría del conocimiento
del marxismo debemos decir que lo primero es un hecho objetivo: muertos,
desaparecidos, pérdidas materiales, derrota, exilio, división, desintegración
como fuerza política. Lo segundo es un análisis político que no tiene
en cuenta que aquellos grupos revolucionarios que apoyaron al gobierno
peronista corrieron nuestra misma suerte. En cambio, el punto en común
a todas las organizaciones revolucionarias fue no ver el reflujo de
masas y replegarse a tiempo. Por su parte la insuficiencia de marxismo-leninismo
es una abstracción que no dice nada.
Desde el 20 de junio de 1973, con la masacre de Ezeiza, hasta Monte
Chingolo la lucha de clases había tomado contornos muy definidos, de
un lado la gran burguesía y el imperialismo con su Partido militar,
el peronismo burgués y burocrático, la mayoría de la dirigencia radical
y las demás formaciones políticas de la burguesía; del otro la clase
obrera fundamentalmente la industrial de las grande fábricas, el sindicalismo
clasista con sus Coordinadoras de Gremios en Lucha, las Ligas Agrarias,
los curas del tercer mundo, los cristianos por el socialismo, el peronismo
revolucionario, dignas individualidades del radicalismo y de otros partidos
burgueses, la intelectualidad revolucionaria, gran parte del estudiantado
universitario y las organizaciones revolucionarias que los acaudillaban.
Los dos polos de la lucha de clases se disputaban los sectores intermedios
de las masas, en la resolución de esta lucha jugó un gran papel a favor
de la burguesía el peronismo burgués y burocrático. La fuerzas revolucionarias
pusieron todas sus fuerzas por mantener la ofensiva iniciada con el
Cordobazo y esas fuerzas mantuvieron la disputa hasta finales de 1975.
Valoro como absolutamente correcto haber aceptado el desafío. Disputa
que a nuestro entender comenzó a definirse en la segunda mitad del año
1975 por los motivos enunciados.
Como acaba de leer Eleuterio, en mi opinión, la derrota de las fuerzas
revolucionarias y de las masas argentinas se dio en el terreno de la
lucha política, no en el ideológico.
A esta altura del análisis es legítimo preguntarse si el agotamiento
de los sectores aliados del proletariado y luego del proletariado mismo
se produjo por la táctica del engaño de la burguesía con el Gran Acuerdo
Nacional, la acción terrorista de los paramilitares, la cuña metida
por Perón y el peronismo burgués y burocrático entre el grueso de la
población y sus sectores sociales de vanguardia, los fracasos de las
últimas y más importantes acciones guerrilleras, o una combinación de
ellos y otro factor de suma importancia que hemos mencionado, la división
en la vanguardia. Pero como nuestra intensión no es dar una respuesta
cerrada, y para que el balance nos sirva como guía ante posibles futuras
situaciones revolucionarias, le cedemos la palabra a Santucho quien,
en su último escrito, nos dejó como enseñanza cuál debe ser la actitud
de un revolucionario ante las más grandes dificultades: "Pero los profundos
cambios que registra la realidad nacional no provienen de una evolución
lineal e incruenta. Como todo proceso revolucionario se viene desarrollando
en espiral, con avances y retrocesos, en tendencia siempre ascendente,
y a costa de sensibles pérdidas. Como dijo Mao Tsé Tung ‘luchar, fracasar,
volver a luchar, volver a fracasar, volver a luchar hasta la victoria’
es una ley de lucha revolucionaria. En la guerra de nuestra primera
independencia los ejércitos patrios intentaron avanzar dos veces por
Bolivia hacia Perú, hasta descubrir el triunfal camino de Chile; Bolívar,
a su vez, fue 4 veces vencido en Venezuela y 4 veces se exilió, hasta
encontrar en su quinto intento el camino de la victoria definitiva.
Así ocurre y ocurrirá en nuestra guerra revolucionaria. Cada paso adelante
ha sido conquistado atravesando pruebas y errores, sufriendo dolorosas
pérdidas... Y en este momento de reflujo de las masas... las fuerzas
revolucionarias podrán analizar serenamente las experiencias, ‘hacer
un alto en el camino’, reagrupar, reorganizar y consolidar el potencial
revolucionario para estar en condiciones de aportar vigorosa y organizadamente
para la máxima extensión y potencia del próximo auge obrero-popular"21.
Una primera respuesta que, creo, casi nos eximiría de otros comentarios
es que usted nos acusa de haber introducido en el MLN una concepción
política que no tiene absolutamente nada que ver con la nuestra. Muy
difícilmente nosotros hayamos podido introducir en el movimiento tupamaro
esa concepción llamada marxismo-leninismo pensamiento Mao ya que nos
era completamente ajena y hasta antagónica con la nuestra."
NOTAS [La numeración coresponde al documento original]
14 Ambas citas son del Boletín Interno del PRT n° 98 del 27 de diciembre
de 1975.
15 Luis Mattini, ob. cit. p 435.
16 Argentinos a las Armas. Editorial de El Combatiente N° 210. Miércoles
31 de marzo de 1976.
17 Con Fuerza hacia las Masas. Editorial de El Combatiente N° 220. Miércoles
9 de junio de 1976.
18 Idem. 17.
19 Boletín Interno nº 121, del 14 de julio de 1976.
20 Los conceptos táctica y estrategia son relativos. Si tomamos en cuenta
que el PRT denominaba a su estrategia como de una guerra popular prolongada,
el error cometido fue de orden táctico, lo cual no quiere decir que
fuera de menor importancia.
21 Diez años de luchas y experiencias. Editorial de
El Combatiente N°
225. Miércoles 21 de julio de 1976.

Sobre el ataque al Batallón de Arsenales
601BALANCE Y CONCLUSIONES DE LA DIRECCION DEL PRT-ERP SOBRE EL FRACASO DEL ATAQUE AL BATALLON DE ARSENALES 601 DOMINGO VIEJOBUENO EL 23 DE DICIEMBRE DE 1975 ...En la guerra de nuestra primera independencia, tres ejércitos patrios fueron derrotados y casi aniquilados en Paraguay y Bolivia, San Martín se sobrepuso a la derrota de Cancha Rayada y a inconvenientes sin fin para ejecutar su plan estratégico. Bolívar fue cuatro veces derrotado en Venezuela, aniquiladas sus fuerzas, obligado a irse del país, y las cuatro veces retornó y reinició la lucha, hasta imponerse. La revolución cubana sufrió golpes durísimos; con más de 80 muertes en el Moncada, varios centenares en la toma del cuartel de la Marina de Cienfuegos y el aniquilamiento de la casi totalidad de las fuerzas expedicionarias del Granma. En China sólo los levantamientos de Cantón y Shangai costaron decenas de miles de muertos al Partido Comunista, y en la Larga Marcha perdieron sesenta mil de los noventa mil que la iniciaron. Con estos elementos podemos arribar a un balance objetivo de las acciones del día 23 y señalar: Que políticamente fueron una nueva y más relevante demostración nacional e internacional de que nuestro pueblo se arma y combate valerosamente por su liberación nacional y social. Que el ERP se extiende nacionalmente y aumenta rápidamente sus posibilidades operativas. Que los combatientes del ERP son elevados ejemplos de heroísmo y determinación revolucionaria. Que en el terreno militar fue una sensible derrota, con pérdidas importantes de compañeros y armamento, pero al mismo tiempo una gran experiencia que desnudó fallas de base para acciones y avances fundamentales. Compaiieros: en estos momentos duros, en que sufrimos las pérdidas de tantos compañeros tan valiosos, somos también herederos de su ejemplar heroísmo y responsables ante nuestro pueblo y nuestra patria de la continuidad del accionar revolucionario ante el criminal enemigo que asesinó a compañeros prisioneros y heridos, teniendo una deuda más que saldar. No tienen cabida entre otros ni la pusilanimidad, ni la vacilación, ni el desaliento, ni tampoco la ceguera y justificación ante los errores. Unidos férreamente en nuestro partido y nuestro ejército guerrillero, con voluntad revolucionaria de acero y el aporte activo de todos, cubriremos nuestras bajas, repararemos nuestras pérdidas y demostraremos una vez más al país que el PRT y el ERP no se amilanan, que sabemos asumir con honor la responsabilidad revolucionaria que nos toca y persistir en la lucha hasta la victoria. PRT-ERP, enero de 1976 |
La aparición de la guerrilla
rural en el monte tucumano fue motivo de alarma nacional. En 1974, el
propio jefe del ERP, Mario Roberto Santucho, se ocupó personalmente
de entrenar a quienes luego formarían parte de la Compañía de Monte
"Ramón Rosa Jiménez", al mando de Hugo Irurzun, un histórico de la organización.
El grupo inicial estaba integrado por cuarenta hombres (5) y, según
documentos internos de la organización, el ERP jamás llegó a tener en
el monte a más de noventa efectivos, de los cuales diez eran mujeres.(6)
El 9 de febrero de 1975, el Ejército argentino inició el "Operativo
Independencia", al que se destinaron "...un total aproximado de 5000
hombres, con una fuerza de tareas nucleada en torno a la V Brigada de
Infantería de Monte. Estaba integrada por los regimientos 19 de Infantería
(Tucumán); 28 de Infantería de Monte (Tartagal, Salta); 20 de Infantería
de Montaña (Jujuy); el Grupo de Artillería de Montaña 5; las compañías
de Comando de Ingenieros, de Comunicaciones, de Sanidad, pertenecientes
a la V Brigada; tres escuadrones de Gendarmería; tres compañías de la
Policía Federal y fuerzas militares provinciales" (7). Cinco mil efectivos
en total.
El enemigo no llegaba al centenar. Todos los datos coinciden en señalar
que la cifra máxima de guerrilleros concentrados en Tucumán llegó a
sumar 117 combatientes armados. Fue a raiz de dos operativos de envergadura
que se llevaron a cabo en las localidades de Famaillá y Los Sosa.
Una vez que
los refuerzos regresaron a su destino original, en el monte tucumano
quedó una dotación guerrillera permanente compuesta por unos 50 efectivos,
que recién a fines de 1975 comenzó a reducirse debido al accionar represivo
de las fuerzas militares enviadas a esa provincia por el gobierno constitucional
de la presidente María Estela Martínez de Perón. Los efectivos legales
tardaron un año en terminar con el foco guerrillero en Tucumán.
Se calcula que los cinco mil efectivos a cargo de eliminar a 100 guerrilleros
mataron a unas dos mil personas en esa provincia por sus supuestos vínculos
con los insurgentes.
La caída
En el segundo semestre de 1975, las organizaciones Montoneros y ERP
ya habían sido declaradas ilegales por el gobierno de Isabel Martínez.
Una exultante pasión militarista se había apoderado de los comandantes
guerrilleros que festejaron como un triunfo el pase a la clandestinidad.
Ese año, tan sólo los Montoneros, consumaron más de quinientas acciones
militares en todo el país, algunas de importancia. Pero también en ese
año comenzaría el tiempo de la derrota.
El 5 de octubre de 1975 Montoneros atacó el Regimiento de Infantería
29, en la provincia de Formosa. En la operación participaron más de
cincuenta guerrilleros, en su mayoría vestidos con el uniforme de combate
azul que había diseñado la organización. Para llevar a cabo la ofensiva,
se robaron más de 20 vehículos y secuestraron un Boeing 739 de Aerolíneas
Argentinas en pleno vuelo. Durante el asalto se produjo un intenso enfrentamiento,
con un saldo de 13 muertos y 19 heridos en las filas del Ejército y
un número similar o mayor de bajas, nunca confirmado, en el grupo guerrillero.
La destrucción del aparato militar del ERP, mientras tanto, se produjo
a raíz del frustrado copamiento del Batallón de Arsenales 601, en la
localidad bonaerense de Monte Chingolo. El operativo ya había sido advertido
por los servicios de Inteligencia, y el Ejército se preparó para recibir
el ataque. El 23 de diciembre de 1975, minutos antes de las 20, se inició
la mayor operación guerrillera urbana contra un objetivo militar, aunque
en realidad se trató de la mayor operación militar urbana contra las
fuerzas insurgentes, que sufrieron más de 50 bajas en un solo día.
A la deserción de centenares de militantes de base y políticos que desarrollaban
actividades sindicales y que no compartían la determinación de los comandantes
insurgentes de combatir contra las Fuerzas Armadas "de ejército a ejército",
se sumaron las numerosas detenciones de sus miembros, a las que se sumaban
las bajas producidas en diversos enfrentamientos. A fines de 1975, las
organizaciones guerrilleras ya no eran las mismas que habían comenzado
el año.
Cuando se produjo el golpe de marzo de 1976, tanto el ERP como los Montoneros
se habían retirado de los barrios y fábricas, e interrumpido buena parte
de su comunicación con las bases, lo que les significó perder una vital
infraestructura para llevar adelante su funcionamiento clandestino.
Dependían del aparato propio, y del dinero necesario para financiarlo.
A esto se sumaron las numerosas bajas entre sus cuadros militares, lo
que redujo notablemente su capacidad ofensiva. La guerra contra las
Fuerzas Armadas que se proponían ganar estaba a punto de culminar con
su derrota aun antes de comenzar.
La conducción de Montoneros, ante la gravedad de la situación, elaboró
un Código Penal de Justicia Revolucionario que castigaba la deserción
de su filas con la pena de muerte. Un intento desesperado para frenar
la constante fuga de militantes en sus filas. También lanzó lo denominaron
"La Tercera Campaña Militar Nacional Montonera", cuyo objetivo principal
consistía en eliminar físicamente a cualquier miembro de las fuerzas
de seguridad que fuera detectado, donde fuera detectado. Necesitaban
triunfos fáciles, militarizar a todos sus cuadros mediante el asesinato.
Pobre guerra revolucionaria.
En marzo de 1976, el ERP y Montoneros tenían su estructura militar prácticamente
reducida a la mitad de lo que habían logrado consolidar un año atrás.
En otras palabras, en el territorio argentino no había más de 600 guerrilleros
armados; el resto pertenecía a las ramas política, logística y otras
igualmente ajenas a las operaciones de combate.
Ya en enero de 1976, el propio general Videla, en ese entonces Comandante
en Jefe del Ejército, elaboró un informe referido a las organizaciones
insurgentes en general, el que se originó tras el frustrado copamiento
del Batallón de Monte Chingolo por parte del ERP. En ese documento,
después de afirmar que las organizaciones guerrilleras se encontraban
ante una "impotencia absoluta" en cuanto a su "presunto poder militar",
señalaba que se había demostrado repetidamente "la incapacidad de los
grupos subversivos para trascender en el plano militar". (8)
Sin embargo, en los últimos meses del gobierno militar, en abril de
1983, bajo la presidencia del general Reynaldo Bignone, la junta de
Comandantes elaboró un "Documento final", con el que pretendía dar por
cerrada toda revisión del pasado y que, entre otras cosas, afirmaba
que los subversivos habían contado con 25.000 militantes, de los cuales
15.000 habían sido combatientes.
Una exageración absurda que contradecía los datos aportados por los
propios militares, pero políticamente oportuna.
Fuente: www.nuncamas.org

El
combate de Monte Chingolo
Informe
del Partido Revolucionario de los Trabajadores (Diciembre 2005)
Hace 30 años, el 23 de diciembre de 1975, a menos de 20 Km. de la Casa
Rosada -sede del Poder Ejecutivo Nacional- en un barrio del Sur del
Gran Buenos Aires, alrededor de doscientos combatientes del Batallón
Urbano General San Martín del Ejército Revolucionario del Pueblo se
empeñaron no sólo en la mayor batalla de la guerrilla, sino en la mayor
batalla de la lucha de clases en la Argentina.
¿Quiénes se enfrentaron en esta batalla?
De un lado estaba la gran burguesía nativa, aliada y socia menor del
imperialismo, con sus instituciones de poder: el sistema parlamentario,
los medios de comunicación de masas, la jerarquía de la iglesia y las
fuerzas armadas y policiales.
Del otro, el pueblo argentino: la clase obrera, el campesinado pobre,
los estudiantes e intelectuales revolucionarios, la clase media urbana
y rural, quienes de lo pequeño a lo grande, de lo simple a lo complejo,
de la filosofía a la acción política, habían ido construyendo, también,
sus organizaciones de poder: las organizaciones políticas revolucionarias,
el sindicalismo clasista, las coordinadoras de gremios en lucha, las
ligas agrarias, el movimiento de sacerdotes para el tercer mundo, los
cristianos por el socialismo, las fuerzas armadas de la revolución,
sus organizaciones guerrilleras y, en particular, el Partido Revolucionario
de los Trabajadores, dirección política y militar del Ejército Revolucionarios
del Pueblo.
¿Por qué, en la actualidad, la burguesía y los reformistas tratan de
ocultar al ERP, por qué tratan de que no quede siquiera su recuerdo,
igual que como hicieron con la sublevación de los esclavos en el imperio
Romano en el siglo II antes de Cristo? Los esclavos durante años mantuvieron
la lucha contra los esclavistas y cuando estos lograron derrotarlos
el emperador de Roma ordenó que fueran destruidas todas las construcciones
que habían levantado, que no quedara de ellas piedra sobre piedra, para
que no dejar ningún rastro de esa ejemplar lucha por la libertad. Pero,
aunque no quedó nada material, no pudieron ocultarla: durante dos mil
años el nombre de Espartaco fue levantado por las clases oprimidas cada
vez que la idea de la libertad se afirmamó en la conciencia de los pueblos.
Del mismo modo las clases dominantes han intentado enterrar la historia
del PRT y del ERP y, en particular, su acción más audaz, más decidida,
más emblemática en la lucha por el poder y por la construcción del socialismo
en la Argentina. Que no se hable de su grandeza, que no recordemos la
pujanza de aquellos combatientes, que no relatemos el desinterés y el
altruismo de aquellos jóvenes patriotas, que no veneremos a nuestros
héroes y mártires. Y si ello no fuera posible, al menos, que nos avergoncemos
ante nuestros hijos y ante nuestro pueblo de haber luchado, de haber
tenido la valentía de disputarle el poder al amo imperialista.
Pero ¿cómo se explica que los trabajadores y la juventud argentina hayan
hecho una gesta tan gloriosa que para encontrar otras de tamaña magnitud
tengamos que remontarnos a las batallas fundadoras de nuestra nacionalidad
en la guerra por la independencia de Argentina y América Latina? ¿Cómo
se explica que en una misma jornada se dieran cita jóvenes heroicos
como el tambor de Tacuarí y las niñas de Ayohuma, aguerridos soldados
como los infernales gauchos de Güemes y oficiales revolucionarios como
la Capitana Juana Azurduy o el Sargento Cabral?
La situación política
A fines de la década de 1960 la acumulación de fuerzas y experiencias
desde el golpe gorila de 1955 -con el consiguiente debilitamiento de
la alternativa parlamentaria como forma de dominación burguesa- y del
triunfo de la Revolución Cubana en 1959 con sus vientos de renacer revolucionario,
comenzaban a darse los frutos organizativos y a extender la conciencia
socialista en miles de hombres y mujeres de nuestro pueblo. Es así que
el pueblo de Córdoba los días 29 y 30 de mayo de 1969 y el de Rosario
los días 16 y 17 de setiembre del mismo año se levantaron en contra
de la dictadura de Onganía dando inicio a una serie de puebladas y al
nacimiento de poderosas fuerzas revolucionarias en nuestra patria. El
29 y 30 de julio de 1970 el Partido Revolucionario de los Trabajadores,
en su V Congreso, fundó al Ejército Revolucionario del Pueblo cuya línea
operativa y su programa aspiraban ganar el corazón y la mente de las
masas.
En un nuevo movimiento semi insurreccional en Córdoba, el 15 de marzo
de 1971, conocido popularmente como el
Viborazo, ya flamearon acompañando las columnas obreras las banderas
del Ejército de los Andes desde cuyo centro alumbraba la Estrella Roja
del socialismo. El Viborazo dio por tierra con el dictador Levigston,
reemplazante de Onganía.
Ya derrotada, la dictadura militar ahora de la mano del nuevo dictador
Lanusse, retrocedió y llamó a elecciones para desviar y contener el
torrente revolucionario. Pero, al mismo tiempo y contradictoriamente,
retrocedía favoreciendo la extensión de la conciencia socialista y la
consolidación de una vanguardia combatiente. El PRT intentó responder
en el terreno de lucha que proponía la burguesía organizando un partido
electoral y un frente político para poder disputarle, también en él,
la conciencia de las masas populares a la ideología dominante. Pero
no logró concretar su participación electoral por sus propias limitaciones
y porque estuvo casi solo en esta batalla contra la burguesía argentina
que se unía ante el terror a la Revolución Social. En cambio, sí logró
responder en el terreno militar, ocupando el 28 de febrero el Batallón
141 de Comunicaciones en Córdoba y alzándose con todo su armamento.
Pocos días después, el 11 de marzo de 1973, el peronismo ganaba las
elecciones presidenciales y el Presidente Cámpora pedía una tregua a
la guerrilla. A este pedido el ERP respondió con un comunicado en el
que argumentaba extensamente su negativa.
Luego de la enorme fiesta popular que significó la asunción del Presidente
Cámpora, representante de Perón y apoyado por el ala progresista del
peronismo, con su punto culminante: la multitudinaria y combativa movilización
que consumó la liberación de los presos políticos el 25 y 26 de mayo
y debido a varios hechos de signo progresista del gobierno, la máxima
dirección del PRT consideró la posibilidad de suspender la continuidad
de las acciones militares. Esto no llegó a expresarse públicamente ya
que a sólo veintiséis días de asumido el nuevo Gobierno, el 20 de junio,
se produjo la Masacre de Ezeiza. Ese día, para recibir a Perón que regresaba
del exilio, se realizó la movilización de masas más grande de toda la
historia argentina. La derecha peronista, responsable de la organización
del acto, planificó y ejecutó una verdadera emboscada a las enormes
columnas de Montoneros y la Juventud Peronista y, en realidad, contra
todo el pueblo peronista. Desde el palco y distintos puntos elegidos
tácticamente se lanzó una lluvia de disparos, con armamento de guerra,
sobre la masa indefensa.
Este hecho marcó el inicio de la contraofensiva derechista contra las
fuerzas populares que habían pasado a la ofensiva con el Cordobazo y
el Rosariazo. De todas maneras el ERP, pese a que no había aceptado
la tregua pedida por Cámpora, no realizó ninguna acción armada durante
su Gobierno ni luego de derrocado éste el 13 de julio de 1973, hasta
el mes de setiembre y a pesar de que nuestro compañero Eduardo Giménez,
mientras realizaba una pegatina, fue detenido y asesinado el 29 de julio.
Con la caída de la Dictadura, la ampliación de los marcos democráticos
y la liberación de los presos políticos, el PRT se fortaleció mucho.
En los tres años posteriores, de 450 pasó a contar con alrededor de
6.000 miembros orgánicos. En los actos de homenaje a los Héroes de Trelew,
la masiva concurrencia a los mismos fue otro indicador de la influencia
y el prestigio alcanzado. A los pocos días, en las masivas movilizaciones
de condena al golpe militar en Chile, varios miles de manifestantes
se encolumnaron tras las banderas del ERP. Los sucesivos Congresos del
Frente Antiimperialista y por el Socialismo, liderado por el PRT, convocaban
cada vez más compañeros para culminar, a mediados del 74, con una concurrencia
de veinticinco mil militantes que llenaron el estadio del Club Tiro
Federal en la ciudad de Rosario.
El PRT centró su trabajo organizativo entre los obreros de las grandes
fábricas, en particular en muchas de las doscientas cincuenta con más
de quinientos trabajadores, el estudiantado universitario y secundario,
en las villas y barrios populares, en el campesinado pobre del noroeste
y el noreste.
El año 1974 fue de un rápido crecimiento y de profunda inserción en
el movimiento obrero y de fogueo de los oficiales y combatientes del
ERP en cientos de acciones, incluidas dos tomas de cuarteles, una exitosa
y la otra frustrada.
La maduración del PRT como partido de la clase obrera se reflejó en
la reunión de su Comité Central de setiembre, tanto en sus resoluciones
sobre organización, como en el folleto Poder burgués poder revolucionario
escrito por Santucho: "Las tendencias de la lucha de clases argentinas
que se venían marcando cada vez más nítidamente apuntando hacia el fin
del proyecto populista, y el comienzo de un período de grandes enfrentamientos
de clase, han comenzado a cristalizar a partir del mes de julio de 1974.
Perón, líder de masas, pese a su intransigente defensa de los intereses
capitalistas conservaba aún alguna influencia sobre sectores de nuestro
pueblo. Poseía autoridad, experiencia y habilidad para mantener a flote
el desvencijado barco del sistema capitalista en el tormentoso mar de
la lucha obrera y popular; y había logrado restablecer trabajosa y precariamente
el equilibrio con la maniobra táctica del 12 de junio. Por eso es que
su muerte colocó a la burguesía ante la necesidad de adoptar de inmediato
definiciones políticas -que explotadores y opresores deseaban postergar
aún por unos meses- con la consiguiente agudización de la crisis interburguesa".
"Este fenómeno, un notable impulso del auge de las masas, y un fortalecimiento
acelerado de las fuerzas revolucionarias, políticas y militares, se
combinan para configurar el inicio de una etapa de grandes choques de
clases, antesala de la apertura de una situación revolucionaria en nuestra
Patria. En otras palabras, entramos en un período de grandes luchas
a partir del cual comienza a plantearse en la Argentina la posibilidad
del triunfo de la revolución nacional y social, la posibilidad de disputar
victoriosamente el poder a la burguesía y al imperialismo".
"Pero apertura de una situación revolucionaria... no quiere decir que
ello pueda concretarse de inmediato... Ese período -que debe contarse
en años- será mayor o menor en dependencia de la decisión, firmeza,
espíritu de sacrificio y habilidad táctica de la clase obrera y el pueblo,
del grado de resistencia de las fuerzas contrarrevolucionarias, y fundamentalmente
del temple, la fuerza y capacidad del Partido proletario dirigente de
la lucha revolucionaria".
La primera mitad del año 1.975 fue de grandes triunfos populares y del
PRT y el ERP en particular. A principios de este año Santucho, en el
editorial de El Combatiente del 7 de abril titulaba Nítidas luchas político-revolucionarias
y analizaba que: "En cuatro frentes principales se está hoy combatiendo
y en ellos es posible comprobar fácilmente que se trata de enfrentamientos
políticos, de fondo revolucionario. En el Ingenio Ledesma de Jujuy,
en los departamentos de Famaillá, Monteros y Chicligastas de Tucumán,
en la ciudad de Córdoba y en las riberas del Paraná, la clase obrera
y el pueblo se bate vigorosamente con todos sus recursos y motorizado
por las fuerzas revolucionarias... Para comprender cabalmente el momento
político que vive nuestra Patria es muy importante tener claro que estos
cuatro frentes son las trincheras avanzadas del combate político-revolucionario...
son los primeros choques de una lucha por el poder, de una verdadera
lucha revolucionaria que comienza a tomar fuerza de masas".
Seis días después de publicado este editorial el ERP realizó, en las
cercanías la ciudad de Rosario, la más importante acción militar exitosa
de todo el período revolucionario iniciado con el Cordobazo. El ERP
por intermedio de "la Unidad Combate de San Lorenzo escribió una vibrante
página militar cubriéndose de gloria en el triunfal ataque al batallón
de Arsenales 121 del ejército opresor". Lo que hizo más resonante el
triunfo de las armas del pueblo fue que los militares lograron montar
el sistema de defensa del Cuartel, pese a lo cual el ERP logró todos
sus objetivos derrotando en combate abierto a las fuerzas enemigas.
A los cuatro frentes principales se le sumarían, en los meses de junio
y julio, las luchas del proletariado de Buenos Aires con toda la significación
de su enorme peso numérico. En estas movilizaciones, conocidas como
las jornadas de junio y julio, que se dieron en todo el país al calor
de las discusiones por los Convenios Colectivos de Trabajo, jugaron
un papel dirigente las Coordinadoras de Gremios en Lucha constituidas
por militantes del sindicalismo clasista y, entre ellos, jugando en
la mayoría de los casos un papel dirigente, los militantes del PRT,
de Montoneros y de la OCPO. Las luchas obreras de este año sumaron 25
millones de jornadas de huelga.
En el intento de ampliar las libertades democráticas sostenidas por
las luchas recientes, el PRT adoptó, aunque tardíamente, la propuesta
de convocar a una "Asamblea Constituyente Libre y Soberana". Mientras
tanto, Montoneros impulsaba la "Renuncia de Isabel Perón y Elecciones
Libre en 60 días" y el PC reclamaba por un "Gobierno de Amplia Coalición
Democrática Cívico Militar". Las principales organizaciones del campo
popular tenían distintas propuestas y no llegaron a coordinar una política
para darle una salida política a ese enorme estado de movilización obrera
y popular.
Al no lograrse la unidad del campo popular y decaer momentáneamente
el accionar de la guerrilla, al no lograr "unir la lucha reivindicativa
a la lucha democrática y formular, progresivamente, un único programa
democrático y reivindicativo, que exponga sintéticamente las principales
aspiraciones del pueblo argentino... en la perspectiva de un extenso
Frente Democrático y Patriótico", comenzó un decaimiento en las movilizaciones.
El
combate
El 23 de diciembre de 1975, en el marco de esta cruenta lucha por el
poder, el PRT como dirección política y militar del ERP decidió la toma
del Batallón de Arsenales 601 de Monte Chingolo con el objetivo de apropiarse
de 20 toneladas de armamento para dar un vuelco en la relación de fuerzas
político militares y, en lo inmediato, demorar la consumación de un
nuevo golpe militar que ya estaba en preparación.
Ese día a las 19:45 hs. se iniciaban las acciones con el corte de los
nueve puentes carreteros que unen la Capital y el Oeste con el Sur del
Gran Buenos Aires; se hostigaba al Regimiento 7 de La Plata y las brigadas
de la policía provincial de Quilmes, Avellaneda y Lomas de Zamora; se
interrumpía el tránsito en los dos caminos que unen La Plata con el
Sur de Gran Buenos Aires y se tendían dos anillos de contención alrededor
del cuartel de Monte Chingolo. El combate fue encarnizado en muchos
de esos puntos, algunos con particular éxito como el de la Avenida Pasco
y en el puente La Noria.
A esa misma hora, 70 aguerridos combatientes al mando del Capitán del
ERP Abigail Attademo iniciaban el asalto al cuartel. Ni bien entraron
se encontraron, desde distintos puntos, con nutrido fuego de fusilería
y de ametralladoras pesadas, haciendo evidente la preparación previa
y con ella la pérdida del factor sorpresa. Pese a ello y sostenidos
en su alta moral de combate, los combatientes tomaron parcialmente el
cuartel, la guardia central, varios puestos de la guardia y la compañía
Servicios. Era tal el empuje de los combatientes del pueblo que las
fuerzas del ejército burgués, que los doblaban en número y multiplicaban
varias veces su poder de fuego, sintieron que perdían el control de
la situación y que el Cuartel caería en las manos insurgentes. Ello
no se pudo concretar por la llegada de los refuerzos del Regimiento
3 de La Tablada y el Regimiento 1 de Palermo. A las 21:00 hs., pese
a la enorme superioridad del ejército opresor, los combatientes del
pueblo se reorganizaron y provocaron un contraataque para favorecer
su propia retirada.
Monte Chingolo se inscribe en el marco de una contienda de clases en
que las fuerzas populares habían pasado a la ofensiva por la revolución
y el socialismo y en el cual las fuerzas contrarrevolucionarias, desde
junio de 1973, intentaban quebrarla por medio del Terrorismo de Estado.
En este contexto político y militar, la decisión del PRT aspiraba a
mantener la ofensiva en todo de acuerdo con la tradición revolucionaria
mundial.
¿Cómo se explica tanto coraje, tanto heroísmo, tanto despliegue de preparación
combativa y combatividad? ¿Cómo explicar que habría que remontarse a
las batallas de la guerra de nuestra primera independencia contra el
colonialismo español para encontrar hechos que se le puedan comparar?
La única explicación es que los combatientes revolucionarios del ERP
estaban conscientes de ser protagonistas de una batalla decisiva por
la segunda independencia nacional, esta vez en contra del imperialismo
norteamericano, principal enemigo de la humanidad y de los pueblos argentino
y de toda América Latina.
¡Gloria eterna a los héroes de Monte Chingolo!
Comisión de Homenaje
Fuente: Documento público del PRT, diciembre 2005

Presentación
del libro "Ernesto Che Guevara: Otro mundo es posible" de Néstor
Kohan
Biblioteca Popular Julio Huasi, Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, editoriales "Nuestra América" y "La Rosa Blindada", 15 de diciembre de 2003.
Intervenciones de los panelistas e invitados: Néstor
Kohan, Daniel De Santis, Agustín Prina, Noel Pérez y Claudia Korol.
Néstor Kohan:
A los compañeros que desgrabaron las clases, que luego las corregimos
varias veces, pero que era un trabajo muy pesado, y que lo hicieron
en forma totalmente gratuita, con esfuerzo de militante, les queríamos
agradecer. A Pablo Kilberg, que trabajó mucho, nos ayudó bastante en
la Cátedra del Che, y a Delia Matute. Los dos compañeros hicieron ese
trabajo a lo largo de todo el año 2002.
Al compañero Luciano, de Rebelión, que puso muchas de esas clases y
otros materiales de la Cátedra en el sitio de Rebelión. Esta fue una
ayuda muy grande para que estos debates, estas discusiones, los invitados
que venían se conocieran fuera de este ámbito, que nosotros consideramos
muy valioso, pero restringido a un espacio, a un segmento. Y a través
de Rebelión llegó a mucha otra gente, nos empezamos a conocer con gente
de otros países, a intercambiar. Así que Luciano nos dio también una
mano muy grande en la Cátedra.
Y Pablo Kilberg, que es el compañero que organizaba el sitio de Madres
en Internet, también nos ayudó mucho a poner muchos materiales nuestros
en el sitio.
Con Claudia (Korol) hicimos la Cátedra. ¿Cómo fue la historia de la
Cátedra? Muy brevemente: en el año ’97 hubo varias Cátedras Che Guevara
en todo el país, porque se cumplían 30 años del asesinato del Che, y
en coordinación con el Centro Che Guevara de La Habana, donde hay muchos
materiales sobre el Che, donde están su hija Aleida Guevara, María del
Carmen Ariet y otros compañeros, nos pusimos de acuerdo en la idea de
la necesidad de difundir ese pensamiento, para que no quedara únicamente
en la militancia de izquierda, sino tratar de llegar a un espacio más
amplio. Y por distintas vías, distintas experiencias, distintas miradas,
comenzaron a nacer Cátedras Che Guevara en todo el país. Yo trabajaba
en el ’97 en la Cátedra Che Guevara de la UBA (Universidad de Buenos
Aires), Claudia trabajaba en la Cátedra Che Guevara de la ciudad de
Rosario, y también había otras, las de Salta, Mar del Plata, el Chaco,
etcétera…
Fue un movimiento bastante interesante, con muchas discusiones. Yo le
agradezco a todos los compañeros y compañeras que vinieron hoy, en particular
el "Gato" Felicetti, que pasó tantos años preso, tanto durante la dictadura
militar como en la –entre comillas- "democracia". Y recuerdo uno de
los tantos debates que tuvimos en aquella época, con motivo del segundo
juicio a los presos de La Tablada, hecho que dividió muchas aguas, también
entre los compañeros que hacíamos las diversas Cátedras del Che.
Luego entramos como en un declive. Pasó el auge de las Cátedras del
Che, pasó la euforia, la moda mercantil. Porque de un lado había una
ofensiva de nuestra parte, pero el mercado también trató de manipular
lo que no podía ocultar, de trivializarlo, de frivolizarlo, entonces
se inundó el mercado con videos, miles de biografías, etcétera. Y lo
siguen haciendo: el diario Clarín acaba de prometer una nueva biografía
del Che, también Pacho O’Donnel editó una.
Sigue esa disputa, entonces, no solo por un individuo o una biografía
personal, sino por un conjunto de ideas, por un proyecto político.
Cuando surge la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, creímos
necesario en este espacio plantar una continuidad con todo ese trabajo
previo realizado en un ámbito más amplio. Se nos ocurrió entonces, con
Claudia Korol, porque aquí también existía una discusión sobre la necesidad
de una materia de formación política, que este espacio político-cultural
no debía ser sólo para venir a estudiar lo que cada uno deseaba, sin
tener una visión social de la Argentina, de nuestra historia, de la
política. Entonces veníamos reclamando que hubiera una materia "transversal",
que estudies lo que estudies, ya sea teatro, música, periodismo, derechos
humanos, lo que sea; que tenía que ser de formación política. Elemental,
mínima, una información que compartiéramos a pesar de todas las corrientes
que convinimos aquí adentro, que no son pocas, a pesar de todas las
carreras que hay, algo mínimo, para saber donde estamos parados. Entonces
reclamamos esa materia, y surgió como una Cátedra del Che… como materia
de formación política, y la iniciamos, entonces, en el año 2002.
Este libro, y otras cosas que seguramente saldrán en este año próximo,
son el resultado de este trabajo. Así surgió la Cátedra del Che en este
espacio.
También pensamos que había que dar un debate hacia afuera, no sólo hacia
adentro de la izquierda, con otras corrientes del movimiento popular,
de manera fraternal, tratando de evitar ese clima tan salvaje con el
que a veces nos valemos dentro de la izquierda, donde el que tiene un
matiz distinto al nuestro pasa a ser "el" enemigo, porque no nos da
el cuero para enfrentar a nuestro enemigo de fondo: el estado burgués,
sus instituciones de represión, sus aparatos de hegemonía. Como no nos
da el cuero para enfrentar a ese enemigo histórico, que sigue siendo
el que destruyó este país, entonces es más fácil pegarle al grupito
que tenemos al lado. Y esa cultura está instalada, aunque algunos lo
reconozcan y otros no.
Y el debate fraternal, con otras corrientes que no entran en esa salvajada,
en ese canibalismo, sigue siendo complicado. Aún no hemos resuelto el
confundir al compañero que tenemos al lado con el enemigo histórico.
En ese espíritu, el libro intenta dar ciertas polémicas, con las corrientes
que hoy están más "de moda". Como aquella que sugiere que el Che es
algo "viejo", como si se estuviera hablando de un tango de Gardel… que
"lo nuevo" es Deleuze y Spinoza... A mí me asombra realmente cómo penetró
ese discurso en un segmento del movimiento popular. No mayoritario pero
sí significativo.
¡Al Che lo mataron hace 36 años, pero Spinoza es del 1600! Si eso es
lo "nuevo"…
Ese discurso, que ha penetrado también en muchas Asambleas Populares,
a mí personalmente no me preocupa que en el suplemento cultural del
diario Clarín le den "manija". El periodista que hizo varias notas en
Clarín defendiendo a Toni Negri, un día lo encuentro y le digo "¿vos
leíste Imperio, el libro de Negri?". Y como el tipo sabía que yo había
escrito un librito sobre el tema me dice: "la verdad que no…" Y le pregunto:
"¿cómo, escribiste varias notas defendiendo las posiciones de Negri
y no leíste el libro?". "Y, no – me contesta – viste como es esto…"
Ahora, ¿cuánta gente habrá leído la nota de Clarín, y salió a repetir
que "el marxismo está viejo", que "el Che es del pasado", que lo nuevo,
que viene de la mano de Internet, es Negri, etcétera, etcétera…
Eso, a mi, personalmente no me preocupa. Que el suplemento de Clarín
sea tan frívolo y superficial, y el suplemento de Página/12 no es muy
distinto, tampoco… Sí es distinto el de La Nación, que es más coherente,
desde la derecha clásica. Pero La Nación también "levantó" toda esa
teoría: le dedicó tres suplementos a revindicar a Negri, a reivindicar
el supuesto "autonomismo".
Ese espacio no me preocupa tanto, pero sí que un compañero del movimiento
de desocupados "compre" esa teoría, que a mi modo de ver lleva a más
división, más fragmentación. Los compañeros del MTD Aníbal Verón aquí
presentes pueden contar en carne propia a qué condujo en la práctica
ese discurso, aparentemente tan atractivo…
Parte de este libro, entonces, entra en polémica con esas corrientes.
No desde la nostalgia, no para volver a suspirar por los años ’60 -
que personalmente no viví - sino porque creemos que el pensamiento del
Che puede servir para discutir hoy, con los problemas actuales, con
los problemas que se dan en el foro Social Mundial, con los problemas
del movimiento piquetero, las fábricas recuperadas, el movimiento estudiantil.
Hay también otros segmentos que seguramente Daniel (De Santis) va a
comentar: un capítulo – que para mí es el más polémico del libro – sobre
(Mario Roberto) Santucho.
Ese es el espíritu con el que hicimos este libro, y con el que hicimos
la Cátedra. Claudia luego dará el complemento de cómo lo vivió ella.
Le damos entonces la palabra a Daniel de Santis, pero antes presentamos
al resto del panel.
Empezamos con Noel Pérez, que es un compañero que integra el Seminario
del El Capital y la Cátedra Che Guevara, y forma parte de la Coordinadora
Febrero Boliviano, que jugó aquí un papel importante en las jornadas
de movilización en solidaridad con Bolivia. Con él hace tiempo que venimos
discutiendo sobre qué tiene que ver el Che con Bolivia. No sólo con
la Bolivia del ’67, sino con la Bolivia de hoy en día.
Claudia Korol, coordinadora de la carrera de Educación Popular y de
la Cátedra del Che, secretaria de redacción de la revista América Libre.
Marcelo Cafiso, director de la Editorial Nuestra América, que estaba
invitado, no pudo venir porque operaban a su madre.
El otro editor del libro, José Luis Mangieri, director de la Editorial
La Rosa Blindada. Un histórico nuestro. Un histórico del guevarismo
en la Argentina. Y que no pudo tampoco venir porque presentaba – en
el mismo horario – un libro de poesía suyo en otro centro.
Agustín Prina, un joven de 18 años que nos sorprende a todos, que comparte
con nosotros la Cátedra del Che y el Seminario de El Capital.
Daniel de Santis, coordinador de la Cátedra del Che en la ciudad de
La Plata, y un militante histórico del PRT (Partido Revolucionario de
los Trabajadores), que ha compilado los dos tomos de los documentos
del PRT. En los comienzos de los años ’90, quienes no vivimos aquellos
años, nos quedábamos con el relato de lo que habían dicho los diarios
o los "quebrados", en el que los que habían intentado llevar a la práctica
en nuestro país el pensamiento del Che, eran unos "irracionales", "dementes".
Estas palabras se repiten siempre si uno busca en los textos periodísticos.
No usaban el lenguaje de los militares: "la delincuencia terrorista",
o "la subversión". Pero siempre usaban términos como "locura demencial"
, ""irracionalidad", "culto a la violencia", como si hubiera sido lo
mismo todo: la violencia popular del Cordobazo y la violencia de los
campos de concentración. Todo era "los años de plomo". Entonces no teníamos
de dónde leer, los que no vivimos esas décadas. Y empezaron a aparecer
algunos libros, que devorábamos con pasión: el famoso "Todo o nada",
después "Hombres y mujeres del PRT-ERP", "Los últimos guevaristas".
Hubo otros materiales, pequeños, pero a estos le daban mucha "manija"
porque venían con el sello de las grandes editoriales. Y todavía se
siguen vendiendo… Entonces no teníamos de dónde leer, de dónde saber
que había pasado, qué habían pensado aquellos compañeros. Y Daniel sacó
por Editorial Eudeba, dos tomos que a mí, y a muchos de nuestra generación
nos fueron muy útiles, por los documentos que contienen esos libros.
No por hacer el cuento positivista de "el documento objetivo", no para
conocer "lo que dijeron que dijo", sino qué dijo, y después vemos si
nos gusta o no nos gusta. Esos dos libros de documentos fueron muy importantes.
Así como Baschetti había editado varios tomos sobre la resistencia peronista,
de las otras izquierdas no peronistas no había nada, y Daniel jugó un
papel muy importante. También me ayudó mucho en el capítulo sobre Santucho.
Le damos la palabra…
Daniel De Santis:
Buenas tardes a todos. Aprovechando que hay dos ausencias en el panel,
voy a hablar un rato, para cubrirlas…
El libro lo leí ahora casi todo, no sé si me queda algo por leer, pero
ya otros capítulos y trabajos los había leído antes, cuando fueron saliendo.
Cuando leo éste, me surgió una comparación: yo soy profesor de física
en la escuela secundaria, algo bastante aburrido porque cada vez el
nivel es más bajo, y lo único que me conmueve un poco es cuando explico
las leyes de Newton y la diferencia entre velocidad y aceleración. Y
cuando leí este libro me dio esa sensación: esto está escrito por alguien
que lo conoce, que lo ha desmenuzado, que lo ha trabajado. No es una
cosa de apuro, que lo pensó hoy, cómo desmenuza, y vuelve, y vuelve
otra vez, y amplía,,,,
Las leyes de Newton se pueden explicar, pero son cosas profundas. Este
libro también habla de cosas profundas, pero lo hace de una forma que
puede llegar a un público muy amplio. Tiene una forma de exposición
muy clara, muy amena. Muy desmenuzada, pero manteniendo una gran profundidad.
Uno que algunas cosas conoce, sigue aprendiendo cuando lee los libros
de Néstor, y en particular éste. No sólo uno puede hacer de crítico,
también aprender con esta lectura.
Néstor decía recién sobre cómo nos han tratado: siempre nos han tratado
mal, y peor también…
De lo malo a lo peor, nos han dicho de todo, pero nunca nos han dicho
algo bueno. Cuando uno lee este libro, y el capítulo donde habla del
PRT y de Santucho, nos llama "los guevaristas". No sé como decirles
lo que uno siente, después de 20 años de agresiones e insultos, que
se hable de "los guevaristas", o de "Santucho y sus compañeros"…
Este es un libro que despliega marxismo por todos lados. Y cuando dice
"Santucho y sus compañeros", también lo está haciendo. ¿Por qué digo
esto? Porque de Santucho, ¿qué se decía?: Santucho, el héroe revolucionario…
pero nunca las ideas de Santucho. Siempre el estandarte, el Che, pero
nunca lo que pensaba Santucho.
Y cuando habla de "sus compañeros", también está expresando un profundo
contenido marxista.
Porque Santucho era el máximo dirigente, el más profundo pensador del
PRT, el mejor jefe militar, pero no estaba solo. Estaba acompañado por
una organización, no era una cuestión individual. No el mito, no la
leyenda, sino las ideas, expresadas en una organización revolucionaria.
Todo eso dice la frase "Santucho y sus compañeros". Esto no lo encontramos
en otros escritos, publicaciones, o referencias.
En este libro, Néstor desmenuza, explica muy bien, con mucha amplitud,
cuestiones que nosotros, como militantes del PRT, formados con una línea
política de la cual Santucho fue el principal exponente - aprendió en
la práctica, las leyó.
En los años ’60 y ’70, después del triunfo de la Revolución Cubana,
surge una nueva expresión dentro del marxismo que recupera la visión
de ofensiva que éste había perdido. El marxismo había dejado de expresar
ese espíritu de ofensiva, y se retoma a partir de la Revolución Cubana.
Los que militamos en esa corriente en aquellos años, nos fuimos formando
en eso.
Desde el punto de vista teórico, discutíamos otro tipo de cosas, por
ejemplo la relación entre lo objetivo y lo subjetivo. Por allí, en aquellos
años todavía muy mezclado, muy influenciado por la expresión dominante
dentro del marxismo, proveniente de la Unión Soviética.
Pero la práctica y la visión de la necesidad de la revolución nos hacía
incorporar otros elementos, por ejemplo el papel de la subjetividad,
el papel del revolucionario. Y lo veíamos esto, claramente expresado
en la posición que tenía Santucho, que tenía el PRT ante cada uno de
los problemas.
Esto, que desarrollamos en la práctica y expresado teóricamente muy
"en borrador", en algunos de los capítulos de este libro aparece explicado
con mucho detalle, muy minuciosamente, bien desarrollado, como para
entender cuál es la esencia del marxismo, ese espíritu de ofensiva,
la lucha revolucionaria, el problema del poder.
En un documento del PRT, en el IV Congreso, el prólogo comienza diciendo
que el problema fundamental del marxismo es el problema del poder y
la lucha armada, cosa que los marxistas argentinos no han tenido en
cuenta. Así comienza este documento, que es del año 1968. Y la cuestión
del poder en el libro "Otro mundo es posible" aparece a cada momento,
está permanentemente rondando ese problema fundamental del marxismo,
por lo menos en la etapa previa a la toma del poder. Después de la toma
del poder, aparecen otros problemas, pero que no dejan de lado, no dejan
de contener también el problema de la construcción del socialismo y
el tema del poder.
Otro tema bien desarrollado en el libro es el de la política como elemento
central. Yo lo he explicado de una manera mucho más burda: cuando le
explicaba a los compañeros qué es la ideología, qué es la filosofía,
qué es la economía, sobre todo la diferencia entre la ideología y la
política, la forma de explicarlo es que la ideología es como un camino
ancho del cual uno no se tiene que apartar, y que te lleva a una meta.
Pero la expresión concreta, de todos los días, es la lucha política.
La que nos vincula con la realidad, la que nos hace partícipes de la
lucha de clases, es la política. Este tema – mucho mejor explicado,
mucho más desarrollado – aparece en el libro, que explica como el Che
valoraba ese aspecto en Lenin, y también en Fidel Castro.
Todos los demás elementos que hacen a una visión del mundo están influídos,
están determinados por el accionar político. Por supuesto que estamos
hablando de la política en un sentido revolucionario, transformador
de la realidad.
Otra cuestión que quería abordar es la importancia que tiene la teoría
en la formación de los militantes. Hemos visto en estos últimos veinte
años que en general se ha dejado de lado la teoría revolucionaria, pero
a un punto extremo. No sólo se ha dejado de lado la teoría revolucionaria,
también se ha perdido el lenguaje revolucionario. No soy especialista
en ese tema, pero se me ocurre que si no hay palabras, si desaparecen
las palabras para explicar una revolución, el camino hacia una transformación
de la sociedad, muy difícilmente se pueda hablar de eso, cuando no hay
palabras para explicarlo.
Lo que ha pasado en el mundo, en particular con la desintegración del
campo socialista, es que han desaparecido las palabras. Hace unos años
– no hace mucho – uno decía "imperialismo" y te decían que "te quedaste
en el ’70…" Y no estamos hablando de algo tan difícil de visualizar
como es el imperialismo. "Vanguardia". "Célula", que debe ser una de
las palabras más difíciles de reivindicar. Y si uno se pone a pensar,
célula no es andar escondiéndose detrás de algo, la palabra célula viene
de la biología. Y muchas otras palabras que nos han robado.
Recuerdo el año ’97, participando en la Cátedra Che Guevara de la Facultad
de Ciencias Sociales, yo fui a "putear", en realidad. Pero mi puteada
¿cuál fue?. Vanguardia, partido revolucionario, célula, cuadro político…
o sea, todas las palabras que había refrescado en la preparación del
tema que tenía que dar, sobre el Che, en ese momento aparecían de esa
forma. Esa fue mi puteada en la Cátedra, porque en ese momento algunos
pretendían presentar un Che Guevara no leninista. No hace falta buscar
mucho para darse cuenta que el Che era leninista.
Yo creo que este libro aporta mucho en el tema de la formación teórica.
Cuando venía hacía aquí pensaba: por lo menos hoy, este año, el año
que viene, en dos o tres años, no sé en cuanto tiempo, pero durante
el período que me animo a preveer, corto, de un par de años, yo recomendaría
que al lado de "El Estado y la Revolución" de Lenin - un libro que divide
aguas, o estás de un lado o estás del otro lado – vamos a tener que
poner "Otro mundo es posible", porque creo que para la formación de
los militantes en esta época, es fundamental. Por lo que dice el Che,
por lo que dice Santucho, por lo que dice Néstor Kohan, y por cómo lo
desarrolla.
Con respecto al capítulo que habla del PRT, basado en una charla que
hubo aquí, en el Auditorio de la Universidad de las Madres. Claro, uno
está acostumbrado a hablar, y en general se hace una reivindicación
de Santucho, pero luego venían detrás todas las críticas. Ese día el
19 de Julio del año pasado (2002), Néstor hizo algo que me llamó la
atención. Yo no lo conocía mucho hasta ese momento. Se había informado
sobre cuáles eran las fuentes del pensamiento y la formación de Santucho,
de su juventud, cómo habían ido evolucionando sus ideas, cómo fue incorporando
distintos elementos, desarrollando una visión de Santucho de acuerdo
a la realidad histórica. Este hombre no era un tonto que lo único con
que contaba era voluntad, o no era un hombre que no entendía nada de
política – ni siquiera de política sindical, como dijera alguna vez
un compañero de Santucho – sino que era un compañero formado en las
mejores tradiciones del marxismo revolucionario y del latinoamericanismo.
Cuando termina de hablar Néstor, ese día, le digo a Claudia Korol: "¿Y
ahora qué digo?". Porque hasta ese momento, yo estaba acostumbrado a
ir a discutir, a defender nuestra historia, y por primera vez me encontré
con alguien que se ponía a estudiar en serio esta historia y estas ideas.
En estos días – el 23 de diciembre – se cumple un nuevo aniversario
del intento de copamiento del cuartel de Monte Chingolo. Yo no quería
dejar pasar la oportunidad para, por un lado, homenajear a los compañeros
caídos en Monte Chingolo, y también decir algo sobre esa acción, que
tiene sus aspectos necesariamente críticos, pero también es necesario
inscribir a Monte Chingolo – lo mismo que a la Compañía de Monte, en
la provincia de Tucumán – dentro de ese rescate que hubo del marxismo
a partir de la Revolución Cubana, del espíritu de ofensiva, extraordinariamente
positivo, de la Revolución Cubana, del marxismo revolucionario, y de
la experiencia del PRT.
Dentro de ese espíritu de ofensiva es probable que hayamos cometido
errores. Pero hay que poner cada cosa en su nivel, y en su importancia.
No puede cometer nunca el "error" de Monte Chingolo un reformista. Nunca
lo va a cometer alguien que aún dentro del marxismo, no tiene bien aferrado
ese espíritu de ofensiva, pensando en el poder, en la revolución, en
la transformación de la sociedad.
Y por último. Hace alrededor de un mes, un compañero nos preguntaba
sobre qué hacer en este momento. A mí se me ocurrió algo que me tiene
muy preocupado. Creo que en la izquierda - argentina, sobre todo, en
la cual obviamente me incluyo – no sabemos resolver un problema que
sí han sabido resolver aquellos procesos revolucionarios que se han
desarrollado. No digo triunfado, sino que se han desarrollado. Uno lo
ve en la Revolución Cubana, lo ve en la Revolución Sandinista, lo ve
en El Salvador, lo ve ahora en el MST de Brasil, y es la resolución
entre la construcción ideológica, estratégica, la formación de cuadros
- es decir los cimientos del movimiento revolucionario – con la necesaria
acción política en el momento "aquí y ahora".
Ese tema no lo hemos podido resolver. Me parece que en el caso del PRT,
en el momento en que comenzó a desarrollarse, en el que por lógica de
su desarrollo tenía que participar en la realidad política, necesariamente
fue incorporando elementos de análisis político y de participación en
la lucha política. Pero parece que hoy estamos nuevamente muy alejados
de esa combinación.
Otro elemento que planteaba Santucho es el problema de la unidad. A
mí me parece que están combinados. El problema de la unidad está combinado
con lo que decía antes: es muy difícil que avancemos en unidad si no
flexibilizamos nuestra manera de pensar, si no dejamos de pensar que
el que no tiene todos los elementos teóricos definidos exactamente iguales
a los nuestros, con ese compañero no podemos avanzar.
¿Qué significa este "flexibilizar"? Si nos compenetramos de la acción
política real en cada momento, vamos a encontrar los elementos de flexibilidad
que nos permitan ir uniéndonos. Y a su vez – como esto es una relación
dialéctica – en la medida que se va ganando fuerzas, tiene más posibilidades
de incidir en la realidad. Y ese "incidir en la realidad" – que es a
lo que yo le llamo "hacer política" - a su vez permite mayor flexibilidad,
mayor política, mayor unidad.
Para terminar, les recomiendo a todos los que les interese el tema del
marxismo revolucionario, que al lado del "Qué hacer", tengan – para
leerlos – "Otro mundo es posible", el libro de Néstor Kohan.
Nada más.
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Agustín Prina:
En primer lugar, quisiera subrayar la importancia de este libro, a contracorriente
de numerosos escritos y bibliografías sobre el Che pertenecientes a
la industria cultural, que además de ser poco rigurosos ocultan el pensamiento,
la acción y el proyecto que realmente tenía el Che, utilizando su imagen
para una construcción hegemónica de una cultura de resignación.
Entonces me parece que hay que situar este libro en la pelea ideológica
y teórica vinculada a los intereses de la revolución latinoamericana
y el socialismo, ya que no es casual que los ideólogos del poder tiendan
a separar al Che de su teoría de la revolución social, y muestran al
triunfo de la Revolución Cubana como una excepción histórica. Por lo
tanto, las ideas del Che basadas en esa experiencia no tendrían validez
para el resto de América Latina, además de mostrar la muerte del Che
como un fracaso.
De ahí la importancia de este libro, que apunta a un Che no lo suficientemente
conocido ni valorado, si bien – en mi opinión – es el más auténtico.
Apunta a la vez al hombre de acción y al teórico, no al "voluntarista
extremo" ni al "aventurero", sino que reivindica la figura del dirigente
revolucionario poseedor de una rica experiencia, de un pensamiento y
un conocimiento de la teoría profundos, y de una ética que no por utópica
deja de ser realizable.
De esta forma se podría decir que se saca al Che del "poster" y se lo
inserta en la Revolución Latinoamericana. No se lo separa de su proyecto
político, sino que se toma partido con y por el Che. Y a propósito de
esto, no es casual que un capítulo entero esté dedicado a Santucho.
Entonces, de esta manera, se dividen las aguas, ya que tomar partido
por el Che significa hacerse cargo de la convicción de que el Hombre
Nuevo y el Socialismo son realizables, y que por lo tanto la lucha y
el sacrificio valen la pena. Es por esto que Néstor toma partido por
el Che, en estos tiempos de "socialdemocratización" y posmodernismo,
y defiende el proyecto profundo de liberación humana sostenido por el
político revolucionario.
A partir de todo esto resulta indispensable desentrañar el mito del
Che, si bien hay que reconocer que su vida fue realmente excepcional.
Pero detrás de esta apariencia mítica y novelesca, si se quiere, se
halla oculto lo que es mucho más profundo, y es lo que le da sentido
a sea vida, y que es justamente la coherencia total y rigurosa entre
la teoría y la práctica.
Sólo a través de esta coherencia es que se puede entender la experiencia
boliviana. Por eso la ideología dominante recupera el mito del "aventurero
heroico", pero es intolerable e imposible de digerir el militante revolucionario
consecuente que ha llevado sus ideas a la práctica. En todo caso el
heroísmo del Che no es un heroísmo abstracto, sino que es un heroísmo
al servicio de la revolución socialista.
Para explicarnos la extrema consecuencia entre su conducta personal
y sus ideas, no alcanza con recordar que su intransigencia, su austeridad,
su entrega total, su heroísmo, su voluntad, lo hace paradigma de revolucionario,
sino que es necesario también comprender las relaciones entre teoría
y práctica al interior de su posición teórica. Y cómo el Che postula
la superación de la separación y contradicción existentes en el capitalismo
entre la economía, la política, la ideología, la educación, la ética,
como parte de la construcción del socialismo.
Entonces, me parece que este libro muestra el pensamiento del Che como
un conjunto coherente, desarrollando sus aportes originales a la teoría
marxista. Por eso me gustaría señalar – muy por arriba – algunos puntos
fundamentales del pensamiento del Che.
Porque además de ser un revolucionario, el Che era una persona muy estudiosa,
y que tenía una vocación por la conceptualización teórica. Es decir
que no era un pragmático desconectado de la teoría social.
En primer lugar, me gustaría señalar su antidogmatismo. Él comprendió
muy bien la consigna de Mariátegui, cuando reclamaba que "el socialismo
en América Latina debe ser creación heroica", y se va a alejar cada
vez más de las posiciones soviéticas para acercarse a una vía alternativa
al socialismo, que podríamos llamar "más humana".
De allí que su obra está lejos de ser un sistema cerrado, y por el contrario,
es una guía para la acción. Es un desarrollo creador, que va en contra
de las verdades eternas e inmutables. El Che es parte de una tradición
que incorpora el humanismo al marxismo, y esto Néstor lo desarrolla
a fondo en su libro. Él está convencido que el socialismo no tiene sentido
si no representa una ética social.
El humanismo del Che no es un humanismo abstracto, sino que hay que
verlo desde un punto de vista de una perspectiva de clase. De allí que
el Che va a oponer al humanismo proletario revolucionario - que se expresa
en su visión del Hombre Nuevo y de su ética comunista – al humanismo
burgués. Por eso se puede conectar al humanismo del Che con su filosofía
de la praxis, que se puede entender como acción humana organizada y
conciente, como palanca eficaz para transformar una realidad que podemos
llamar conocida, en una realidad creada.
El Che sostiene que lo objetivo puede ser transformado y hasta superado
por el factor subjetivo. Él parte de la lucha de clases, de la que el
hombre es expresión viviente, y de que no se puede desligar del análisis
de las contradicciones económicas, el hecho histórico de la lucha de
clases. De allí hay que situar como punto de partida su crítica al marxismo
soviético, ortodoxo, o al materialismo histórico, o a lo que Gramsci
llamó acertadamente " materialismo metafísico", ya que va más allá de
la historia.
El Che plantea el desarrollo de la conciencia como el único posible
que conduce a la nueva sociedad, que con las armas gastadas del capitalismo
el socialismo no puede formar su hombre, y que el estímulo material
es un mal necesario. De allí su crítica a la vigencia de la ley del
valor en el socialismo y a los criterios mercantiles mantenidos en las
relaciones económicas entre los países socialistas.
El Che asume una posición filosófica, que privilegia la acción conciente
y organizada como creadora de realidades sociales. Es una filosofía
de la praxis que se opone al determinismo económico y social que considera
que los cambios son producto de la ruptura de una correspondencia entre
fuerzas productivas y relaciones de producción, correspondencia que
fue extendida a la transición socialista.
Sus conceptos sobre la transición socialista, más ligados al campo económico,
no se pueden entender sin una concepción moral y ética. Su defensa permanente
del sistema presupuestario, radicalmente opuesto al "socialismo real",
conciben que el socialismo presupone un alto grado de participación
popular y sólo puede ser mantenido mediante un sistema de gestión que
privilegie los estímulos morales, y que tienda a aniquilar las categorías
económicas sobre las que se asienta el sistema capitalista de producción.
Quisiera concluir retomando el comienzo, ya que me parece central disputar
la herencia del Che, cuestionando sus visiones de héroe trágico, que
ve su muerte como la expresión de una acción desesperada, entre lo que
podríamos llamar una voluntad extrema de combatir y una impotencia real.
Frente a eso, hay que reivindicar al revolucionario conciente de las
posibilidades y dificultades de la lucha. Es cierto que el Che cayó
en condiciones muy difíciles y duras, pero su muerte no es el resultado
de una necesidad implacable, ni de una lucha trágica y desesperada.
Hay que verla como una posibilidad con la que él contó en un momento
dado.
Hay que tomar su ejemplo que enseña que la historia la hacen los hombres,
y que deben hacer la revolución elevándose de la condición de enajenación
a la de sujeto de la historia.
Quería finalizar con una tesis de Adolfo Sánchez Vázquez, que sostiene
que el Che es inconcebible sin el socialismo, pero a su vez el socialismo
de Marx y Lenin no se puede entender sin el Che.
Gracias.
Noel Pérez:
Buenas noches. Estaba pensando, a partir de las intervenciones de los
compañeros, cómo expresar una opinión sobre el texto que se presenta
hoy. Y se me ocurre que una de las maneras es planteando una conceptualización
de Sartre acerca del Che. Él probablemente haya hecho el elogio más
grande realizado a Ernesto Che Guevara, cuando decía que "es el hombre
más completo de nuestra época".
Y me preguntaba si es cierta esta afirmación hoy en día. Pero no por
falta de convicción, tampoco por una pretenciosa reflexión filosófica
sobre la duda metódica. Nada de eso, lo mío es más sencillo, simplemente
tratar de transmitir a ustedes una opinión personal sobre el libro de
Néstor.
Y creo que la respuesta, a lo largo de estas páginas de Néstor es contundente,
no hay duda alguna. Yo comparto esa respuesta en ese sentido: sin duda,
para mí también el Che sigue siendo el hombre más completo de nuestra
época.
Pero, ¿qué significado tiene esto hoy en día?
Tomando a Sartre, que calificó a Marx y al marxismo como el horizonte
inseparable de nuestro tiempo. Otra vez nuestro tiempo. Sin duda, el
tiempo al que él se está refiriendo no es a una cronología, sino a un
modo de vivir. O dicho de un modo más clásico: a un modo de producción
que se llama capitalismo.
En este horizonte es que las reflexiones de Marx y del Che, como un
hombre completo de nuestra época, es que deben pensarse.
Cuando Sartre se refiere a que el marxismo es el horizonte inseparable
de nuestro tiempo, está haciendo alusión, entre otras muchas cosas,
a la genialidad de Marx.
Marx, como muchos autores reconocen, es un hombre que ha sido capaz
de apropiarse de las médulas de su época. Una enciclopedia acerca de
lo que fue y es aún la filosofía alemana, todo lo que significó la lucha
de clases en Francia y en todos los países que estaban luchando en ese
momento. Todo esto fue sintetizado por Marx. Obviamente, por supuesto,
con un método.
Esta suerte de fervor por la síntesis es lo que justamente, como una
herencia que recoge de Marx, o más bien Ernesto Che Guevara. Con la
peculiaridad que ésta es una visión latinoamericana. Analizando esa
visión congelada, eurocentrista, a la que se había condenado al marxismo.
Y para ser breve, simplemente señalar un ejemplo concreto: ¿Qué sería
el hombre nuevo que nos proponía Ernesto Che Guevara?
Es la síntesis de la época. No del ’60, ahora. Es la propuesta teórica,
pero también práctica, de Ernesto Che Guevara.
Para decirlo a mi modo, y de una manera simple. El hombre nuevo no es
algo que nos espera al final de un proceso, sino es algo que debemos
construirlo desde ahora, desde el vamos. Y ese hombre nuevo es multifacético,
como nos acaba de expresar Agustín Prina. Tiene múltiples facetas que
van desde lo ético, pasan por lo económico, pero que en esencia, cuestionan
al modo capitalista de producción.
Pero también yo me preguntaba - si bien esto que digo puede reflejar
y responder a la pregunta de si el Che es un hombre de nuestra época
- a qué se refiere esa completud. Creo que esta es la faceta más desarrollada,
pero al mismo tiempo más criticada del Che: su práctica, desde su compromiso
de defender sus ideas con su cuerpo.
Esto también está expresado en un capítulo que Néstor explica muy bien,
sobre el "Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental",
que sin duda fue su mensaje póstumo, y su legado teórico quizás más
importante, porque es un llamado a la acción. Y es bueno que esto lo
reflexionemos, también planteándonos la misma pregunta: este mensaje,
este llamado a la acción, ¿es necesario?
Personalmente creo que sí, y hoy más que nunca.
Porque entre las muchas cosas que plantea ese "Mensaje…" , de un modo
profético, el Che planteó un llamado a crear "uno, dos, varios Vietnam".
Y bueno, ahora estamos viendo en el mundo estos varios Vietnam. Porque
si no, ¿qué es lo que está pasando en Colombia? ¿Qué es lo que está
pasando en Iraq? ¿Qué es lo que está pasando en Afganistán? Son esos
tantos Vietnam que el Che había reclamado en su momento, y que ahora
están presentes.
Por eso se da el debate, para otra vez llamar la atención sobre la vigencia
plena del pensamiento y el ejemplo del Che. Si en su momento fue el
gran debate el tema de la coexistencia pacífica y todos los temas que
tienen que ver con esto, como los debates acerca de cómo se debe construir
el socialismo, etc.
Si ese debate tenía que ver con el carácter que debe asumir la revolución,
este mismo tema de la coexistencia está hoy instalado en los debates
de la izquierda. Simplemente ha cambiado el nombre. Ese tema tiene ahora
la forma interactiva de la fórmula de Von Clausewitz, que dice que la
guerra es nada más que la continuación de la política por otros medios.
Esa fórmula ha sido invertida, y ahora nos proponen que la política
debe ser la continuación de la guerra. Y esto viene como anillo al dedo
acerca de los acontecimientos que acabamos de vivir.
Después de que pasó lo del 19 y 20 de diciembre aquí en Argentina, o
lo que ha pasado recientemente en Bolivia, con el levantamiento de octubre.
Después de esas explosiones violentas de rabia y rebeldía de nuestros
pueblos, ¿qué?...
Ésta es una de las propuestas. Frente a esto, lo que hay que hacer es
hacer política. Es una forma de ver, pero es toda una definición política
de quienes sostienen eso.
Hace poco, a propósito del acto que tuvimos en Plaza de Mayo, la Marcha
de la Resistencia, un compañero boliviano estuvo presente. Él es un
hombre histórico, ha sido parte de lo que fue la guerrilla del Che en
Bolivia. Actualmente está en el MAS. Es un hombre que en lo personal,
merece todo mi respeto, toda mi consideración, aunque es obvio, nadie
está obligado a compartir todo lo que él piensa. Pero él hacía alusión
a algo que me parecía importante: los problemas que viven Bolivia y
nuestros países son complejos, y no admiten simplificaciones.
Claro, así como sucede con Marx, como sucede con el Che, pese a esa
extraordinaria capacidad de síntesis no es posible sintetizar la vida.
La vida, la realidad, nos exigen desafíos, nos exigen respuestas creativas.
Y creo que más allá de debatir algo que antes mencionaba sobre esa dificultad
que tenemos en la izquierda de construir a partir de lo heterogéneo,
creo que las líneas maestras, las líneas principales, están expresadas
en todo lo que es el pensamiento teórico. Y a esto, ahora sí refiriéndome
al libro, es a lo que creo que Néstor ha intentado explicar.
Es eso también lo que me ha permitido recoger en las Cátedras del Che,
en las que he tenido la suerte de participar: ese necesario sustento
teórico a nuestras convicciones, que más que nunca ahora necesitamos.
Y por eso me voy a permitir calificar también a este libro de algo que
suena a insulto, que suena provocador: este es un libro peligroso. Y
es peligroso porque nos invita a reflexionar, pero nos invita también
a la acción.
Por eso me permitiría recomendar su lectura, pero más que todo a recoger
los desafíos y las aperturas que implícitamente plantea.
Gracias.
Claudia Korol:
Después de lo que dijeron lo compañeros, ya no me queda mucho por agregar.
Por ahí sí decir lo interesante que se haga la presentación este día,
aunque es un poco de casualidad, porque lo habíamos pensado para un
tiempo atrás, pero viene bien que sea en esta semana. Mañana se cumplen
10 años del Santiagazo, aquel 16 de diciembre en que ardió la provincia
de Santiago del Estero, cuando parecía que de la nada, un pueblo se
levantaba y ponía en la mira todos los símbolos del poder feudal, que
hasta ahora aún en muchos casos sigue establecido, y contra el cual
se sigue peleando allí.
Dentro de tres días, el 18 de diciembre, se cumplen dos años de la recuperación
por parte de las trabajadoras y trabajadores de Brukman, donde más allá
del hecho concreto de esa recuperación, también se estaba planteando
la posibilidad de un grupo de obreras y obreros de hacerse cargo de
su destino, y tratar de construir un proyecto propio, y también para
todos los trabajadores. Es parte de una experiencia que se viene dando
en nuestro país, con muchas contradicciones, con muchas dificultades,
pero con una tremenda riqueza, donde se ha demostrado que sí se puede
crear un movimiento de obreros sin patrones, que abra camino a la creación,
al trabajo y a la construcción de los sueños.
Y recordar que fue, precisamente, en la carpa de Brukman, cuando ya
habían sido desalojadas las trabajadoras de la empresa, donde se inauguró
este año la Cátedra del Che. Nos pareció que era el lugar más adecuado,
el lugar en ese momento simbólico y políticamente importante, para que
la Cátedra del Che justamente tuviera un sentido político concreto,
como parte de la lucha de clases que en la Argentina se sigue desarrollando.
Y lógicamente, esta semana también nos movilizamos para recordar la
presencia del fuego, de la lucha, de la rebelión del 19 y 20 de diciembre.
No en nuestra memoria solamente, sino en la nueva subjetividad modelada
a partir de esas jornadas de rebelión, en lo que se creó, en la energía
que se sigue desarrollando, que se sigue construyendo, más allá de que
hoy no sea la noticia principal de los diarios, y por el contrario la
noticia principal pase a ser la corrupción y la barbarie que nos muestran
sobre los hechos del senado. Sin embargo, los movimientos populares
siguen construyendo, siguen trabajando sobre la base de esa energía
y de esa rebelión que tuvo un momento de expresión el 19 y 20, y que
seguramente encontrará nuevas formas y nuevos momentos para seguir expresándose.
Entonces, es muy interesante que el libro se presente justamente en
esta semana, y es la manera de iniciarla, diciendo que también en el
terreno del pensamiento crítico seguimos participando activamente de
la rebelión. Y participamos con nuestras ideas y con nuestros cuerpos,
y con nuestras emociones, y con nuestras esperanzas, y con nuestros
deseos.
Como los compañeros hablaron del Che, y además el libro habla todo el
tiempo del Che, y además la Cátedra habla todo el tiempo del Che – hace
dos años que venimos escuchando a Néstor hablar todo el tiempo del Che
- , no voy a hablar del Che. Pero sí quería decir algunas cosas sobre
Néstor, a quien le molesta mucho que hablen de él.
También porque este año algunos hablaron bastante mal, y lo trataron
de manera bastante jodida, yo quería justamente señalar que Néstor,
lejos de ser un tipo que escribe sobre el Che, que investiga sobre el
Che – que eso lo hace y bien, como aquí se dijo -, lejos de ser un espectador
de la historia y las rebeliones, es un tipo comprometido, un tipo que
está en la pelea.
Lo recuerdo derribando las vallas de la policía en Brukman, lo recuerdo
el 20 de diciembre en la Plaza de Mayo, lo recuerdo en muchos momentos
de lucha en estos años que nos tocaron vivir; y lo conozco de todo este
tiempo de construcción en la Universidad Popular Madres de Plaza de
Mayo, en una tarea cotidiana, donde también Néstor se encarga de tirar
unas cuantas vallas, de las que nosotros mismos a veces levantamos en
nuestras propias prácticas y en nuestras actividades.
Hay que decir que Néstor se compromete absolutamente con cada palabra
que escribe, y que es un militante de la batalla cultural, de la batalla
por crear un pensamiento y una práctica política diferente, alternativa,
opuesta a los valores y las ideas y pensamientos que reproducen la dominación.
Néstor es polemista. Por eso digo que leyendo los libros de él estoy
viendo con quién se enfrenta en cada párrafo. No pone un solo párrafo
porque sí, o por nostalgia. Lejos de la nostalgia, en cada uno de sus
párrafos está "peleando" con alguien, y su obsesiva curiosidad se refleja
en la búsqueda del detalle, de la información, del dato. Lo que lo lleva
a buscar en donde sea… Cada uno sabrá del acoso sufrido en sus bibliotecas.
Los compañeros de la Biblioteca de las Madres han sufrido varios por
parte de él, porque el tipo, hasta que no encuentra lo que buscaba,
que explique, que contextualice, que ubique las causas, los por qué,
no para… Y se lanza a buscar, a investigar, a averiguar. Y esto se refleja
también en las entrevistas que están en el libro, donde las cosas que
no pudo resolver trata de preguntar a Aleida, a Borrego, de la misma
manera incisiva y curiosa.
Me parece muy interesante su modelo de investigación, la manera con
que Néstor busca en el Che, no un dogma o un modelo a copiar en este
tiempo, sino pistas para un pensamiento crítico y creativo que nos permita
seguir lo fundamental del Che, de su aporte y de su ejemplo; que es
la rebeldía, la capacidad de combatir las injusticias, el desafío del
poder, la desconfianza ante un sistema que corrompe y coopta a cada
paso.
Hablábamos de las rebeliones que estos días vamos a salir a recordar
en nuestras movilizaciones, y dijimos muchas veces que no alcanza con
la indignación y la rabia, que es necesaria también la teoría, las interpretaciones
del mundo que permitan también consolidar el ideario y el proyecto,
generar organización y fuerzas que actúen más allá del impulso, afirmando
una alternativa de poder con acciones y con reflexiones sobre las mismas.
Hace falta desarrollar estas teorías en este tiempo, en diálogo con
el pensamiento revolucionario más fértil, como es el caso del Che, de
Gramsci, de Rosa de Luxemburgo. Y también en diálogo con los movimientos
populares que con sus prácticas de lucha rehacen la realidad, la inventan
nuevamente, creando condiciones para su transformación.
Néstor en sus trabajos habla y discute con los actores del pensamiento
revolucionario, indaga en las circunstancias en las que pensaron una
u otra idea, y lo hace también con los actores de estos movimientos
populares que hoy están en la calle. No lo hace como una fría entrevista,
lo hace en la calle, luchando, marchando a su lado.
Creo por eso, que es uno de los intelectuales de la revolución que reclamaba
Gramsci, que pone pasión en el gesto de descifrar el mundo y aportar
a la creación de un mundo nuevo.
Entiendo por eso que es necesario el libro, que es importante. Porque
necesitamos de estos aportes, en un tiempo que ya no es de la moda,
lo que más vende, sino que es parte de la idea de todos los días. Y
en este tiempo, planificar el carácter anticapitalista de la lucha,
la idea que repetía una y otra vez el Che, de "revolución socialista
o caricatura de revolución", es una manera también de empezar a dialogar
con el tiempo actual.
No se trata de acomodarnos en las migajas del festín que nos ofrece
un poder que todos los días sigue destapando la podredumbre en que se
cocinaron cada una de sus leyes.
Se trata de crear otro poder, un poder revolucionario, un poder popular.
Y para ello, agrupar las fuerzas capaces de combinar el fuego, la rabia,
el proyecto. Creo que en esta dirección apunta el libro, que dice que
"otro mundo es posible". A lo que podríamos agregar que otro mundo es
necesario, para terminar con todas estas formas de explotación, dominación,
opresión, humillación, hipocresía, dobleces.
Un mundo nuevo, hecho de hombres nuevos, de mujeres nuevas, que tenemos
que ir construyendo aquí y desde ahora, en nuestras relaciones, en las
maneras que hacemos andar nuestros proyectos populares y revolucionarios,
en las formas de construir nuestras organizaciones, en las maneras en
que creamos y recreamos también la amistad, el amor o el compañerismo,
como valores que no tienen precio en el mercado. En la firmeza para
defender los sueños, para evitar que los rematen al mejor postor. En
esto también tenemos un ejemplo en el Che, y creo que otro ejemplo en
Néstor.

Discurso
de Daniel de Santis el 23/12/2003 en Monte Chingolo
"No alcanza con la bronca, es la hora de organizarnos…"
Hace exactamente 28 años, a esta misma hora, en este mismo lugar, alrededor
de doscientos combatientes del Batallón Urbano General San Martín del
Ejército Revolucionario del Pueblo iniciaban, no sólo la mayor batalla
de la guerrilla, sino la mayor batalla en la lucha de clases en la Argentina.
¿Quiénes se enfrentaron en esa batalla?
De un lado estaba la gran burguesía nativa, aliada y socia menor del
imperialismo, con sus instituciones de poder: El sistema parlamentario,
los medios de comunicación de masas, la jerarquía de la iglesia y las
fuerzas armadas y policiales.
Del otro el pueblo argentino, la clase obrera, el campesinado pobre,
los estudiantes e intelectuales revolucionarios, la clase media urbana
y rural, quienes de lo pequeño a lo grande, de lo simple a lo complejo,
de la filosofía a la acción política, habían ido construyendo, también,
sus organizaciones de poder: las organizaciones políticas revolucionarias,
el sindicalismo clasista, las coordinadoras de gremios en lucha, las
ligas agrarias, el movimiento de sacerdotes para el tercer mundo, los
cristianos por el socialismo, las fuerzas armadas de la revolución,
sus organizaciones guerrilleras y en particular el Partido Revolucionario
de los Trabajadores, dirección política y militar del Ejército Revolucionarios
del Pueblo.
¿Por qué, en la actualidad, la burguesía y los reformistas
tratan de ocultar al ERP? ¿Por qué tratan de que no quede siquiera su
recuerdo?
Igual que como hicieron con la sublevación de los esclavos en el imperio
Romano, en el siglo II antes de Cristo, quienes durante años mantuvieron
la lucha contra los esclavistas; y cuando éstos lograron derrotarlos,
el emperador de Roma ordenó que fueran destruidas todas las construcciones
que habían levantado los esclavos, que no quedara de ellas piedra sobre
piedra, para no dejar ningún rastro de esa ejemplar lucha por la libertad.
Pero aunque no quedó nada material no pudieron ocultarla, durante dos
mil años el nombre de Espartaco fue levantado por las clases oprimidas
cada vez que la idea de la libertad se afirmó en la conciencia de los
pueblos.
Del mismo modo las clases dominantes han intentado enterrar la historia
del PRT y del ERP y en particular de su acción más audaz, más decidida,
más emblemática en la lucha por el poder y por la construcción del socialismo
en la Argentina.
Que no se hable de su grandeza, que no recordemos la pujanza de aquellos
combatientes, que no relatemos el desinterés y el altruismo de aquellos
jóvenes patriotas, que no veneremos a nuestros héroes y mártires. Y
si ello no fuera posible, al menos, que nos avergoncemos ante nuestros
hijos y ante nuestro pueblo de haber luchado, de haber tenido la valentía
de disputarle el poder al amo imperialista.
Pero ¿cómo se explica que los trabajadores y la juventud argentina hayan
hecho una gesta tan gloriosa, que para encontrar otras de tamaña magnitud
tengamos que remontarnos a las batallas fundadoras de nuestra nacionalidad
en la guerra por la independencia de Argentina y América Latina?
¿Cómo se explica que en una misma jornada se dieran cita jóvenes heroicos
como el tambor de Tacuarí y las niñas de Ayohuma, aguerridos soldados
como los infernales gauchos de Güemes, y oficiales revolucionarios como
la Capitana Juana Azurduy o el Sargento Cabral?
A fines de la década de 1960, la acumulación de fuerzas y experiencias
desde el golpe gorila de 1955, con el consiguiente debilitamiento de
la alternativa parlamentaria como forma de dominación burguesa, y del
triunfo de la Revolución Cubana en 1959, con sus vientos de renacer
revolucionario, comenzaban a dar sus frutos organizativos y a extender
la conciencia socialista en miles de hombres y mujeres de nuestro pueblo.
Es así que el pueblo de Córdoba a fines de mayo de 1969 y el de Rosario
en setiembre del mismo año, se levantaron en contra de la dictadura
de Onganía y dieron curso al nacimiento de poderosas fuerzas revolucionarias
en nuestra patria.
Derrotada la dictadura militar por el pueblo movilizado, retrocede y
llama a elecciones para desviar y contener el torrente revolucionario,
favoreciendo la extensión en la conciencia del socialismo y la consolidación
de una vanguardia combatiente. Pero no todas las fuerzas populares tuvieron
cabal comprensión de la situación histórica, y muchas apoyaron la alternativa
burguesa encabezada por Perón. El PRT intentó responder, también, en
el terreno de lucha que proponía la burguesía, organizando un partido
electoral y disputar en ese terreno, también, la conciencia de las masas
populares. No lo logró por sus propias limitaciones y porque estuvo
casi solo en esta batalla contra la burguesía argentina que se unía
ante el terror a la Revolución Social.
Este momento histórico fue rico en enseñanzas para los militantes populares.
Allí vimos cómo la clase dominante que hasta poco antes estaba acorralada
por las masas, logró rehacerse y sobretodo cooptar para su política
a miles y miles de militantes populares. Este escenario fue propicio
para que la derecha, hasta ayer acorralada, iniciara su contraofensiva
con la masacre de Ezeiza el 20 de junio de 1973.
Pero la pujanza del movimiento de masas era tan grande que un puñado
de militantes revolucionarios destacados de su seno, fundamentalmente
por la clase obrera industrial, dieran batalla, encabezaran la mayor
y más profunda contienda de clases en nuestra patria, la que por primera
vez en nuestra historia puso frente a frente a las dos clases extremas:
a la gran burguesía y al proletariado industrial, en disputa por la
conciencia y la voluntad de las demás clases y sectores intermedios.
En el marco de esta cruenta lucha por el poder el PRT, como dirección
política y militar del ERP, decidió intentar la toma del Batallón de
Arsenales 601 de Monte Chingolo, con el objeto de apropiarse de 20 toneladas
de armamento para dar un vuelco en la relación de fuerzas político militares
y demorar la consumación de un nuevo golpe militar que ya estaba en
preparación.
Ese día a las 19:45 hs. se iniciaban las acciones con el corte de los
nueve puentes que unen la Capital y el Oeste con el Sur del Gran Buenos
Aires; se hostigaba al Regimiento 7 de La Plata y las brigadas de la
policía provincial de Quilmes, Avellaneda y Lomas de Zamora; se interrumpía
el tránsito en los dos caminos que unen La Plata con el Sur de Gran
Buenos y se tendían dos anillos de contención alrededor del cuartel
de Monte Chingolo.
El
combate fue encarnizado en muchos de esos puntos, algunos con particular
éxito como el de la Avenida Pasco y en el Puente de la Noria. En nuestro
caso nos tocó cortar el puente del camino de Cintura sobre el río Matanza.
Allí una escuadra del ERP, mal armada, cruzó muchos automóviles particulares
y un gran camión tanque y derramó el gasoil que contenía, provocando
con él un enorme incendio. A las 19:15 hs, una columna de camiones y
carriers del Regimiento 3 de La Tablada rompió la contención y se dirigió
hacia Lanús. La enorme diferencia de fuerzas evitó que entráramos en
combate.
Recuerdo que en la contención de la calle Montevideo estaba un compañero
del Secretariado de la Regional Sur al que le decíamos Juancito. Ese
nombre se lo habíamos puesto porque era muy delgado, blanquito, casi
transparente. Alejandro Bulit, que así se llamaba Juancito, intentó
tirar una granada de fabricación casera -la granada había sido alterada
en su funcionamiento correcto por un agente enemigo infiltrado en nuestras
filas-, entonces Alejandro acciona el encendido de la granada y aparentemente
este no funciona. Alejandro mira el mecanismo y en ese momento explota
la granada destrozándole el rostro y una mano. Debido a una reciente
investigación sabemos que sus compañeros, dándolo por muerto e inmersos
en el combate, lo dejaron allí. Luego el enemigo lo recogió moribundo
y lo tiró al Riachuelo para que se ahogara. Alejandro reaccionó con
el agua y, pese a su estado, comenzó a nadar. Le tiraron varias ráfagas
acribillándolo a balazos. Alejandro Bulit o Juancito era un muchacho
de 25 años que no aparentaba gran fuerza muscular, parecía debilucho,
pero una vez más demostró que su fortaleza provenía de su mente, de
su ideología, de su convicción en la revolución y del amor a su pueblo.
A esa misma hora 70 aguerridos combatientes al mando del Capitán del
ERP Abigail Attademo iniciaban el asalto al cuartel. Ni bien entraron
se encontraron con nutrido fuego de ametralladoras antiaéreas y fusilería
desde varios puntos, haciendo evidente la preparación previa y con ella
la pérdida del factor sorpresa. De todas maneras el empuje de los asaltantes
era tan grande que tomaron parcialmente el cuartel, la guardia central,
varios puestos de la guardia y la compañía Servicios. Era tal el empuje
de los combatientes del pueblo que las fuerzas del ejercito burgués,
que los doblaban en número y multiplicaban varias veces su poder de
fuego, sintieron que perdían el control de la situación y que el Cuartel
caería en las manos insurgentes. Ello no se pudo concretar por la llegada
de los refuerzos del Regimiento 3 de La Tablada y el Regimiento de Infantería
1 de Palermo. Pese a la enorme superioridad del ejercito opresor los
combatientes del pueblo se reorganizaron y provocaron un contraataque
para favorecer su propia retirada.
¿Cómo se explica tanto coraje, tanto heroísmo, tanto despliegue de preparación
combativa y combatividad?
¿Cómo explicar que habría que remontarse a las batallas de la guerra
de nuestra primera independencia contra el colonialismo español para
encontrar hechos que se le puedan comparar?
La única explicación es que los combatientes revolucionarios del ERP
estaban conscientes de ser protagonistas de una batalla decisiva por
la segunda independencia nacional, esta vez en contra del imperialismo
norteamericano, principal enemigo de la humanidad y de los pueblos argentino
y de toda América Latina.
Compañeros:
¿Yo les estoy proponiendo que vayamos a tomar un cuartel? ¿Yo les estoy
proponiendo que es la hora de tomar las armas?
¡No!
Yo les estoy diciendo que es la hora de organizarnos, de prepararnos
para reiniciar la lucha por el poder con la misma determinación que
lo hicieron nuestros hermanos hace 28 años. Pero para lograr nuestros
objetivos tenemos que ser millones, no alcanza con la bronca de algunos
cientos o de varios miles.
Entonces, a todas las tareas de organización tenemos que agregarle una
muy importante: aprender a disputarle la conciencia de los hombres y
mujeres del pueblo a la burguesía. ¡Esa es la lucha fundamental en este
momento!
Hoy aquí somos trescientos compañeros, cada uno de nosotros debe acercarse
a su vecino, a su compañero de trabajo o de estudio, a su amigo, y convencerlo
de lo que nosotros ya estamos convencidos.
Y para lograrlo tenemos que partir de su nivel de conciencia y no de
nuestro estado de ánimo. Porque nosotros ya estamos convencidos, y si
vamos con toda la bronca que tenemos por todas las injusticias, quizás
el compañero no nos comprenda y no nos acompañe.
Entonces tenemos que aprender a ser maestros de nuestros compañeros,
y para eso es bueno no olvidarse de cómo pensábamos nosotros antes de
estar concientizados de la necesidad de la revolución. Entonces así
encontraremos la paciencia necesaria, las palabras adecuadas, las propuestas
justas, y mañana seremos miles. Y esos miles serán nuevos educadores
de su pueblo para pasar a ser cientos de miles y, luego, millones. Nuestras
propuestas, nuestras ideas deben lograr enderezar la voluntad del 75
o quizás del 80 % de la población detrás del objetivo revolucionario.
Nuestra lucha no debe ser sólo por objetivos aislados: un bolsón de
comida, un plan trabajar, un puesto de trabajo, un salario justo, o
una salita y una calle de asfalto, o agua potable y cloacas para el
barrio. Tenemos que pelear por eso y por mucho más.
Pero además nos tenemos que preparar para ser poder, para saber y poder
gobernar este país. Tenemos que prepararnos para dirigir la economía,
la salud y la educación, para organizar al pueblo en su participación
en una democracia directa. Tenemos que aprender a defender ese poder
conquistado.
En síntesis, tenemos que prepararnos para sustituir el poder de la burguesía
y el imperialismo por el poder del pueblo revolucionario.
La disputa de la conciencia de las masas es una lucha ideológica, pero
en cierto punto comienza a ser una lucha política, es parte de la lucha
política. Entonces tenemos que aprender a hacer política, de la buena,
la nuestra, una política revolucionaria. En la izquierda argentina no
sabemos hacer política, pasamos de la lucha reivindicativa a la lucha
ideológica y nos salteamos - porque no sabemos y porque no tenemos fuerza
suficiente - la lucha política.
Y ¿qué es la lucha política?
Es saber valorar las relaciones de fuerza entre las clases enfrentadas
y de acuerdo a esas relaciones de fuerza dirigir nuestras acciones para
que después de cada una de ellas nuestras fuerzas sean mayores y las
del enemigo de clase menores. Pero para hacer política es necesario
tener fuerza, si no tenemos fuerza lo que hacemos es ideología, que
está bien que la hagamos porque es parte de nuestra lucha, pero no alcanza.
Es por esto que la política es lo que más nos cuesta aprender a las
fuerzas revolucionarias porque para hacerla hay que tener fuerza, es
como el problema del huevo y la gallina y allí radica, hoy, la sabiduría
de los militantes revolucionarios, resolver ese "misterio": ¿cómo comenzar,
con las pocas fuerzas que contamos, a hacer política revolucionaria?
Nuestros compañeros, a quiénes hoy estamos recordando, estaban aprendiendo
a hacer política a disputarles espacios de poder a la burguesía. Eso
también hemos perdido en estos años y tenemos que recuperarlo. Y la
política no se hace siempre en el terreno que nosotros elijamos. El
terreno de la lucha política, las más de las veces, lo elige el que
tiene más poder, en este caso la burguesía. Si no aceptamos esta parte
de la verdad no aprenderemos a desarrollar la lucha política de la clase
obrera y del pueblo. A veces podremos, con inteligencia y audacia, determinar
el terreno de esa lucha, pero, repito, las más de las veces el más fuerte
elige el terreno de la lucha, es por ello que las fuerzas revolucionarias
deben desarrollar la astucia.
Nos han arrebatado la idea de que nosotros, el pueblo, los que trabajamos
con nuestras manos, los que hacemos todos los bienes que se ven sobre
la tierra, los que hemos sido empujados a la pobreza, a todos nosotros
nos han arrebatado la idea de que tenemos derecho al disfrute de los
avances de la técnica, a la idea de ser feliz en nuestra vida cotidiana.
Compañeros:
¡Nosotros también tenemos derechos, nuestros chicos también tienen derecho
a jugar en libertad, a tener algo más que un plato de comida! ¡Tenemos
que soñar con un mundo en el que el pueblo alcance la felicidad colectiva
y ese mundo hasta ahora se llamó un mundo socialista, un mundo constituido
y construido por hombres y mujeres con una nueva conciencia solidaria
y socialista. Ese mundo es por el que lucharon y murieron nuestros compañeros.
Desde aquí les decimos una vez más: Gloria eterna para los héroes de
Monte Chingolo!
Fuente: Rebelión
Por Susana Viau
El 23 de diciembre de 1975, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP)
intentó copar el Batallón de Arsenales Domingo Viejobueno, cerca de
la localidad bonaerense de Monte Chingolo. Por el despliegue de medios
y hombres, por la duración del combate, la envergadura del teatro de
operaciones y el número de víctimas que se cobró, el episodio Monte
Chingolo pasó a la historia como el mayor combate librado en el país
entre fuerzas guerrilleras y estatales. Casi 30 años después, Gustavo
Plis-Sterenberg –entonces un simpatizante orgánico del ERP y ahora un
músico de prestigio internacional– exhuma las voces de los sobrevivientes,
reconstruye el enfrentamiento en Monte Chingolo-La mayor batalla de
la guerrilla argentina (Editorial Planeta) y habla con Radar sobre la
relación que mantenía a mediados de los ‘70 con la organización armada,
el trabajo de investigación que el libro le exigió, la minuciosidad
obsesiva con que lo emprendió y también sobre el extraño derrotero –a
la vez fatal y azaroso– que lo llevó desde la pólvora y la sangre argentinas
hasta Rusia, hasta la remota
San Petersburgo, donde actualmente dirige la orquesta del teatro Mariinsky
(ex Kirov).
Gustavo Plis-Sterenberg es graduado en el Conservatorio Nacional, diplomado
en Composición y Dirección Sinfónica del Conservatorio Rimsky-Korsakov
de San Petersburgo, director asistente de Mstislav Rostropovich y Valery
Gergiev, becado por el Ministerio de Cultura de la ex URSS y por el
Mozarteum Argentino y director permanente de la orquesta del Teatro
Mariinsky. Alto, delgado, afable, parece tener bastantes años menos
de los cincuenta que bordea. Llega con su hijo, León. El chico está
conectado a un walkman que lo aísla de conversaciones escuchadas decenas
de veces, y cuando se aburre se recuesta sobre el escritorio y dormita.
"Leoncito me acompaña a todas partes", advierte Plis-Sterenberg a modo
de presentación. Tres años le llevó la minuciosa reconstrucción del
intento de copamiento del Batallón de Arsenales Domingo Viejobueno,
la historia que bajo el título de Monte Chingolo-La mayor batalla de
la guerrilla argentina acaba de publicar Planeta. Cualquiera podría
preguntarse cuál fue el cortocircuito que fundió al compositor premiado
en el IV Concurso Internacional de Música de Viena con las ametralladoras
y los helicópteros artillados de aquel atardecer del 23 de diciembre
de 1975. Sin embargo, la explicación es sencilla: el muchacho que Plis-Sterenberg
era entonces tenía la categoría de "simpatizante organizado" del PRT-ERP.
"Sentí que estaba haciendo lo que debía", dice, y agrega que su intención
fue mostrar a los protagonistas de esa jornada tal como eran: seres
comunes "a los que les gustaba el rock". O que tocaban el piano, como
el simpatizante organizado que acabó dirigiendo la orquesta del Kirov.
¿Cómo fue a dar a San Petersburgo?
–Cursando los últimos meses del Conservatorio Nacional, una comisión
de maestros de la URSS pasó por allí. Habían recorrido varias capitales
viendo cómo funcionaban los conservatorios del exterior. El rector les
recomendó conversar conmigo. Les dijo que había un muchacho que tocaba
el piano, que componía y dirigía. A ellos les interesaron mis trabajos,
que eran más bien experimentos musicales, y se llevaron unas fotocopias.
A los pocos meses me llegó una invitación para ir a estudiar: me costeaban
todo, decían que las obras eran muy interesantes, que había que desarrollarlo,
que durante cinco años me pagaban. Y me dieron la beca. Era 1986.
¿Desde el ‘76 al ‘86 estuvo en la Argentina?
–Bueno, salvo en dos momentos, siempre estuve aquí. Estuve en Israel
porque había habido un problema de seguridad en la organización en la
que yo estaba, y en el ‘79 estuve en Nicaragua, en una acción humanitaria
durante la Guerra Civil, como socorrista de la Cruz Roja.
¿Por qué como socorrista?
–Había estudiado medicina y quería participar de la lucha contra la
dictadura, porque sentía que no era sólo luchar contra la dictadura
en Nicaragua.
¿Se compatibilizaban la medicina, la música y la militancia?
Titanes
con el ERP
“Nosotros teníamos una serie
de contactos en una villa de La Plata que nos seguía mucho”,
afirma J., un ex militante del ERP que combatió en Monte
Chingolo, en el libro de Gustavo Plis-Sterenberg. “Habíamos
hecho mucho accionar propagandístico ahí, como repartos
de leche o cuelgues de banderas. Ahí hicimos, en el 75,
un desfile militar. Íbamos vestidos con los uniformes, con
armamento y con la bandera del ERP. Fue impresionante. Estuvo
muy bien preparado todo.
“Estoy en condiciones de
darles una primicia –me responde–, el responsable máximo
era el Superpibe. Pero también andaban el payaso Pepino,
Ararat. Ellos se arriesgaban porque sabían muy bien a lo
que se sumaban”. |

Crónica
de una masacre anunciada
Comentario sobre el libro "Monte Chingolo" "La mayor batalla de
la guerrilla argentina",
de Gustavo Plis-Sterenberg
El 23 de diciembre de 1975, el ERP (Ejército Revolucionario del
Pueblo) emprendió la acción guerrillera de mayor envergadura de
la historia latinoamericana: el intento de copamiento del Batallón
de Arsenales 601 "Domingo Viejobueno", ubicado en la localidad de
Monte Chingolo, en el sur del gran Buenos Aires. El ERP tenía un
doble objetivo para llevar a cabo semejante operación, uno político
y el otro militar. El primero era retrasar el inminente golpe de
estado, mediante una acción que mostrara la debilidad del Ejército
ante la opinión pública. El segundo era apoderarse de toneladas
de armamento que en teoría se encontraban en los arsenales del batallón.
Sin embargo, un infiltrado del ejército lo puso sobre aviso y los
combatientes del ERP corrieron hacia una trampa mortal. La masacre
fue el puntapié inicial para el derrumbe definitivo del ERP, que
fue diezmado por el ejército en los meses siguientes. Bien, si creen
que les conté el argumento del libro... es cierto. Sin embargo,
no les cuento nada que no se sepa ni tampoco afecto ni un ápice
el interés del potencial lector. ¿Por qué? Porque el autor hace
aquí lo mismo que Gabriel García Márquez con "Crónica de una muerte
anunciada": arranca por el final y entonces nos lleva, junto a los
militantes del ERP hacia ese final que nosotros conocemos, pero
ellos no.
Confieso que hacía mucho que un libro no me llenaba tanto de angustia
como este. Su lectura me llenó los ojos de lágrimas por momentos,
me hizo dormir muy mal en otros, me desbordó de desesperación y
rabia en otros tantos. Y, por sobre todas las cosas, me hizo preguntarme
repetidas veces "por qué". Por qué el ser humano puede llegar con
tanta facilidad a tantos extremos. Por qué puede ser tan altruista
y por qué puede ser tan sádico. Por qué puede ser tan inocente y
por qué puede ser tan hijo de puta. Por qué puede ser tan solidario
y por qué puede estar tan cargado de odio. Claro, todas esas preguntas
quedan sin respuesta. Aunque hay algo que queda sellado en mi cerebro:
nunca, jamás, una idea puede valer más que una vida humana.
¿Qué tiene este libro que lo hace indispensable por encima de otros
textos que tratan el tema? La respuesta es sencilla: la manera en
que está escrito. El autor reconstruye minuciosamente la previa
al ataque, el ataque en sí y sus consecuencias, pero todo ese enorme
trabajo no sería más que un encomiable esfuerzo de investigación
destinado a un manual sino fuera por lo otro, por las voces. Porque
el libro esta contado, casi en su totalidad por los protagonistas
de los hechos. Donde no son ellos quienes los cuentan (no olvidemos
que buena parte de ellos están muertos o desaparecidos en el caso
del ERP, o son reacios -como mínimo- a hablar del tema, en el caso
de los militares, excepción hecha de los colimbas), Plis Sterenberg
reconstruye diálogos y situaciones a partir de innumerables testimonios
recogidos con paciencia china. Eso es lo que permite sentir prácticamente
que se está allí, que se conoce a esa gente. Uno puede compartir
sus temores, sus dudas y también su entusiasmo. Y uno asiste, impotente
y horrorizado, a su espantoso final. Y también se llena de bronca,
porque ya sabe que la cosa va a terminar así.
El libro también dispara en el lector -más allá de que no hay dudas
de la simpatía del autor por el PRT/ERP- un durísimo cuestionamiento
hacia los líderes de ese movimiento. Porque muchos de los miembros
de Inteligencia ya sabían que había un infiltrado, que ese infiltrado
había entregado a tres de los principales jefes guerrilleros, quienes
conocían en detalle el operativo, y que eran altísimas las posibilidades
que el Ejército supiera del ataque y que los estuviera esperando.
Cualquier tipo de lógica indicaba que había que suspender el ataque,
porque estaba destinado al fracaso. Y ese fracaso, además, implicaba
la muerte de decenas y decenas de compañeros. Pero los mandos del
ERP llevaron a cabo la operación de todas maneras. ¿Por qué? A mi
juicio, el ERP hizo gala una vez más de aquello que lo marcó en
todo momento: una sobreestimación de sus fuerzas, errores estratégicos
y una lectura equivocada de la realidad. El PRT/ERP quiso trasladar
a la Argentina la Revolución Cubana con la pequeña diferencia de
que Argentina no es Cuba. Y eso se aplica a varios aspectos, entre
los que se cuentan las dimensiones del país (con lo que eso implica
en cuanto a logística, movilidad, etc. para desarrollar una guerra
de guerrillas), su composición social (el PRT/ERP insistió siempre
en la ignorancia del peronismo como fenómeno de masas exclusivo
-y excluyente-de nuestro país, un error que le costó demasiado caro)
y que el ejército argentino definitivamente no era la banda de rejuntados
que era el ejército de Batista. Es decir, y hablando "en porteño",
me parece perfecto si querés hacer la Revolución, de hecho -a pesar
de no compartir la violencia política como método- las circunstancias
político-sociales que vivía el país desde el '66 en adelante invitaban
a soñar con una Revolución que cambiara todo y le diera un poquito,
aunque sea, de justicia e igualdad a la gente. Pero si vas a hacer
la Revolución, hacela bien. Y eso es lo que nunca entendieron los
capos del ERP (más allá que el grado de pelotas que tenían Santucho,
Ledesma, Menna y tantos otros está fuera de discusión y era admitido
hasta por sus enemigos), quienes no quisieron ver que el pueblo
no se iba a levantar en armas jamás. Esto llevó a que se cometieran
demasiadas errores, siendo el más grosero de ellos el de Monte Chingolo.
Claro, esos errores, además costaron vidas. Y una porción demasiado
grande de esas vidas perdidas hacen todavía más criticable la irresponsabilidad
de los líderes del ERP. Porque me podrán decir lo que quieran decir,
pero un pibe de 18 años es energía pura, está cargado de ideales,
pero no sabe nada de la vida, del valor de su propia vida, como
para mandarlo a morir por un compilado de ideas. Y porque no hay
excusa, ni causa válida para que minas embarazadas, o madres de
chiquitos de dos meses de vida, conviertan en huérfanos a sus hijos.
¿Querés hacer la Revolución? Reclutá tipos de 25 años para arriba,
entrenalos, equipalos (otro error del ERP, nunca quiso comprarle
armas a los soviéticos y por eso muchos de sus combatientes estaban
armados con poco más que matagatos) y que vayan a combatir. Pero
no pendejos, no madres. Algunos testimonios del libro, en ese sentido,
me revolvieron las tripas y me hicieron pensar de aquel que testimoniaba:
"Todo bien, chabón. Pero sos un pelotudo. Estás enfermo de fanatismo".
El marido de Silvia Gatto, madre de dos hijos que terminó literalmente
desmembrada por una bomba de mortero la recuerda como "un cuadro
político muy entusiasta (...), ella era un ejemplo de las virtudes
del PRT (...)". Lees eso y decís: "¿Me estás jodiendo chabón? ¿Un
cuadro político? ¿Ese es tu recuerdo de la madre de tus hijos? ¿Tamaña
pelotudez les vas a contar cuando te preguten por ella?". O, más
adelante, cuando otro combatiente recuerda que en su grupo había
varios adolescentes, y lo entusiasmados que estaban antes de ir
a combatir, y lo lindo que era verles las caritas mientras cantaban
la marcha del ERP. Y tambien ahí, es imposible no pensar que el
que está hablando es un enfermo...
Pero, por otra parte, es imposible no admirar el valor y la convicción
de los combatientes del ERP. O acompañarlos, comprenderlos, empatizar
con ellos cuando se reproducen sus charlas, esas charlas exentas
de la verborragia partidaria y llenas de pasión por sus ideales,
de solidaridad con aquellos que la necesitaban. Y es imposible también
no llenarse de náuseas ante la cobardía, la hideputez y el sadismo
del ejército, de ese ejército que "no era el de San Martín" como
dijo uno de los padres de los caídos. Cobardía porque -como hicieron
en Malvinas- los que fueron al matadero fueron los colimbas (de
las cuatro bajas del ejército, tres fueron colimbas y uno fue un
sargento), pibitos que -como los del ERP- casi no entendían ni lo
que estaban haciendo, y que -a diferencia de los del ERP- ni siquiera
querían estar allí. Hideputez porque ejecutaron a los heridos y
a los que se rendían, y porque salieron a masacrar sin ton ni son
a la gente de la villa lindante por el hecho de estar ahí al lado
y de haber "colaborado con los extremistas". Sadismo porque, a diferencia
de lo que el ERP hacía con sus prisioneros, los milicos los torturaron
de las maneras más atroces, los mataron de las maneras más espantosas
y, no contentos con eso, asesinaron a los familiares. Un compilado
de cobardes hijos de puta que probablemente solo conseguían tener
una erección matando a culatazos a una mina embarazada o aplastando
heridos con una tanqueta. Todo justificado por un compilado de ideas
y el odio que ellas generan...
Este libro no es un libro más, es de esos que te dejan hecho un
moño, en carne viva. Pero es necesario, es indispensable para entender
qué caminos hay que evitar recorrer, siempre. Es crucial para desmitificar
la épica de la violencia y para comprender que ésta no puede ser
solución nunca, porque solo genera muertes sin sentido. Y que, como
dije antes, una idea -cualquiera sea su signo- nunca puede valer
más que la vida de un ser humano. Nunca.
Fuente: http://ar.livra.com

Entrevistas a Gustavo
Plis-Sterenberg
"Monte Chingolo
sólo se explica desde la desesperación política"
Por Carlos Torrengo
Gustavo Plis-Sterenberg es pianista y diplomado en Composición y
Dirección Sinfónica y de Opera en el Conservatorio Rimsky-Korsackov
de San Petersburgo, Rusia, país donde reside desde hace años. Y
en Argentina acaba de publicar "Monte Chingolo, la mayor batalla
de la guerrilla argentina", libro excepcional.
"Bajo la presión de una política de exterminio, el PRT-ERP se olvidó
de la política y del debate crítico"
Dónde estuvo usted, desde dónde vio lo hecho y sucedido con el ERP?
- Disculpe, de eso no voy hablar. Es un tema muy íntimo.
- Esta bien, lo imagino. Pero tengo la impresión de que el libro
se explica vía una catarsis muy bloqueada de cuestiones que usted
sabrá, una cosa así como sacarse de encima algo de una vez y por
todas...
- Sí, me saqué de encima un peso. Fue muy difícil escribirlo, fue
duro traer aquellos hechos al papel. Pero me alentaba una necesidad:
explicar el por qué de la militancia, de tanta entrega, tan total.
Era necesario contar por qué tanta gente joven y no tanto, de extracciones
sociales, culturales, etc., tan distintas, habían tomado las armas.
Algo complejo de comprender hoy, ante la frivolidad, la ligereza,
la superficialidad conque se vive. Además me alentó el silencio
que hay sobre el PRT-ERP, un intento de toma del poder desde lo
político-militar muy significativo, una fuerza que tuvo 100 mil
ejemplares diarios con "El Mundo", tirada semanal de 25 mil con
"Estrella Roja" , "El Combatiente" con 20 mil.
- ¿Qué lecturas hace usted de esas tiradas?
|
Los prisioneros del
ataque a Monte Chingolo Página/12, 1999 |
- Inserción en la distintas franjas de los argentinos.
De todo esto nace mi libro. Además, tenía necesidad de explicar
cómo había sido Monte Chingolo. La historia de esa batalla se reduce
a una palabra: Terrorismo. ¿Pero cómo se explica que ante toda la
maquinaria militar, un pequeño grupo guerrillero tuvo el respaldo
de la gente humilde que vivía cerca del cuartel? Gente que pagó
con sangre y persecución ese respaldo...
- Pero quien lee con reflexión su libro percibe si no desprecio,
al menos cierto acritud para con Montoneros, casi como diciendo
"el PRT-ERP también cuenta".
- Es correcto. Salí al cruce de una idea muy pregonada cuando se
recuerda y hace la historia de aquellos días: que Montoneros eran
los únicos que habían desafiado al sistema y resistido al poder
militar.
- De lo publicado hasta hoy, de la tradición oral sobre todo aquel
tiempo, se puede llegar a concluir que el PRT-ERP era, desde lo
ideológico, el enemigo más duro del sistema. ¿Es así?
- Por algo el ejército, la mayor fuerza armada del país, se dedicó
al PRT-ERP y lo exterminó. Muy poca gente de esas estructuras logró
sobrevivir. Cosa que no hizo la Armada, que se dedicó a Montoneros
y que negoció con centenares de militantes y jefes de esa organización.
Massera se reunió con Firmenich en Europa y muchos montoneros se
sumaron a los proyectos políticos de Masssera. Esa relación era
impensable entre Videla y Roberto Santucho. Campo de Mayo fue el
lugar donde se exterminó al PRT-ERP, los que sobrevivieron eran
porque habían sido detenidos por equivocación. Es más, la única
militante del PRT que salió con vida de ese lugar fue la hija de
un pastor norteamericano, que zafó gracias a la intervención del
entonces presidente Gerald Ford.
- ¿Se puede inferir que hubo distinta fiereza en la aplicación de
la tortura según si era PRT-ERP o Montoneros?
- La tortura se aplicó con distintos grados de ferocidad sin mayor
elección, algo que tenía que ver incluso con el capricho de los
torturadores.
- "Y más duele recordarla", dice un personaje de Malraux.
- Sí, sí... por eso a quien ha sido torturado generalmente no se
le pregunta sobre el tema si es que el tema no lo instala él...
Pero en cuanto a la pregunta, lo concreto es que para el PRT-ERP,
la tortura siempre, inexorablemente siempre, fue un paso previo,
ya decidido por la represión: el asesinato. Obtención de información,
seguir torturando por venganza o lo que fuere y luego la muerte.
En relación con Montoneros, esto no fue tan así... Por algo sobrevivieron
tantos militantes y colaboradores de la organización. Es una realidad.
Y mucha de la infiltración que hicieron los servicios de inteligencia
sobre el PRT-ERP, se logró mediante gente de Montoneros y otras
organizaciones armadas peronistas.
- Santucho llega muerto a Campo de Mayo y hay injurias a su cuerpo
ya muerto, algo muy ancestral en la historia del continente. A Tupac
Amaru y toda su familia los descuartizan y tiran sus restos en distintos
puntos del imperio. En El Salvador, el mayor D’Abuisson coleccionaba,
en tarros, testículos de guerrilleros... década del ’80. A Eden
Spadafora lo asesinan, le cortan la cabeza y se la envían de regalo
a Noriega en una bandeja. Y aunque usted dice lo contrario en su
libro, la historia oficial dice que el ERP estrangula, mientras
está preso, al teniente coronel Ibarzabal.
- Eso dice la dictadura, pero no fue así. Muere el 20 de noviembre
en la intersección de San Martín y Donato Alvarez, San Francisco
Solano, mientras el ERP lo trasladaba y la policía intercepta la
columna y ametralla la camioneta en la que iba Ibarazabal. El ERP
mató, sí, pero jamás torturó.
- Pero ejerció presión psicológica . El caso del "Oso" Ranier infiltrado
del ejército en el ERP lo demuestra.
- Es cierto y en el libro está bien explícito. Era un infiltrado
que durante varios años entregó información que llevó a la muerte
a más de 120 miembros del PRT-ERP. Además, vendió operativos, Monte
Chingolo por caso. El ERP lo juzgó y ejecutó con una inyección.
Pero volvamos a la pregunta sobre el por qué de injurias a un cadáver.
Creo que con eso se expresa odio, tanto como para agraviar más allá
de la muerte, excluir más allá de lo que ya está excluido en un
primer acto de violencia que conduce a la muerte.
- ¿Una cuestión pulsional?
- Sí, pero que se funda en odios de clase, raciales, dictados de
venganza, etc. Lo sucedido con el cadáver de Santucho define claramente
ese tipo de conductas. Lo expusieron en el campo de concentración
de Campo de Mayo y lo orinaron... Miembros del ejército desfilaban
delante del cuerpo y lo orinaban. Es más, convocaron a agregados
militares de distintas potencias, entre ellos el de EE.UU., para
mostrarlo. Luego lo desaparecieron.
- ¿Qué era Santucho en el ’75? ¿Por qué insiste en atacar Monte
Chingolo cuando sabe que la operación está filtrada? ¿Por qué no
escucha las dudas que sobre la operación le manifiestan horas antes
del ataque los que van a ir al frente? En el libro usted dice que
hasta la "madame" de un prostíbulo cercano al regimiento sabía del
ataque. María Seoane señala en "Todo o nada" que en diciembre del
’75, Santucho le confiesa a uno de sus hermanos que la guerrilla
está liquidada. En Italia, hace muchos años, ese mismo hermano me
dijo a mí que el desmoronamiento se denunciaba día a día en cada
jornada del segundo semestre del ’75. Sin embargo, Santucho se larga
sobre Monte Chingolo.
- ¡Ah, tamaña pregunta! Yo le doy mi interpretación. Después de
las grandes movilizaciones de junio /julio del ’75 que provocó el
Rodrigazo, se agudiza en el gobierno de Isabel su debacle. Se va
López Rega, cuestión pedida también desde adentro y fuera del bloque
en el poder. Todo ese período esta marcado por un alza muy significativo
de auge de masas y de inserción del PRT-ERP en ese proceso, que
como contrapartida tiene un endurecimiento brutal de la represión.
En esos meses el PRT-ERP pierde muchos cuadros experimentados, con
formación de años, muy valiosos y se los remplazaba con jóvenes
con toda la formación por delante.
- ¿Son los días en que cae Ledesma?
- Sí, sí, el segundo del ERP, y cae con el grueso del aparato logístico
de Buenos Aires, una pérdida que caló muy hondo y así el PRT-ERP
queda incrustado en una situación signada por el alza del auge de
masas, represión y disminución del auge de masas. Inversión del
fenómeno. Entonces, el PRT-ERP se fue descolgando de la realidad.
- ¿Se cae en el vanguardismo?
- Vanguardia, aislamiento de todo aquello que los nutría de sentido,
en el libro yo hablo de reflujo de la clase obrera en la cual el
PRT-ERP tenía muy buena instalación. Y así se marcha rumbo a la
"fuga hacia adelante"
- ¿Un acto de desesperación política?
- Terrible, pero sí. Un tema muy crudo, mucha sangre.
- Se cae en el militarismo.
- Sucede que los éxitos militares de Villa María y San Lorenzo alentaron
en los hechos el accionar militar del ERP. Se fue independizando
de las necesidades políticas de la organización, formas que hacían
a cómo enmarcar la lucha en el campo político. Se quedó sin política
y todo devino en una guerra de aparatos. Se quedó "por delante",
en un cuadro de situación que no se interpreta correctamente .
- ¿Y en ese marco nace ir sobre Monte Chingolo? Es increíble.
- Pero es la realidad. En su desesperación política, Santucho quería
mediante una acción militar de envergadura, contundente, revertir
el cuadro de situación, plantear un nuevo escenario político, pero
se fue donde se fue...
- ¿Cómo era Santucho personalmente?
- Un ser cálido, hablaba suave, le gustaba cocinar. En las reuniones
del buró del PRT siempre cocinaba recetas que decía haber aprendido
en el monte tucumano. De pibe le dolía la injusticia, la pobreza.
- ¿Cuál fue el mejor momento político del PRT?
- Cuando no se olvidó de la política, cuando la política iba por
delante. O sea cuando tenía frente sindical, estudiantil, militar,
que era el ERP e incluso tenía frente legal. Y todos esos frentes
actuaban en base a las normativas políticas que elaboraba la dirección
del PRT.
- ¿Nadie ya, desde adentro o afuera de la estructura, les advirtió
de la desviación hacia la que se deslizaban?
- Sí, pero bajo una represión que buscaba el exterminio, no se podía
mantener una dinámica de debate democrático ni autocrítico. El PRT
cayó en un verticalismo feroz.
- ¿Puede afirmarse que al hacer usted en su libro de la militancia
un objeto de larga reflexión, desde esta perspectiva se sintetiza
lo que usted busca en ese tramo de "Reportaje al pie del patíbulo",
donde Fucik escribe la noche antes que lo maten los nazis:"He vivido
por la alegría, por la alegría fui al combate y por la alegría muero",
reflexión que rescata Silvia Gattó en carta a su compañero. Luego
muere en Monte Chingolo...
- Sí, es así... Silvia Gattó era "Ines" y la carta me la mostró
su compañero, hace pocos años. También la carta que les esribió
a sus hijos, muy chiquitos.
- Impresiona la dulzura que expresa la cara de Inés que usted publica...
- Sí, doloroso.
- Fue doloroso escribir el libro.
- No alcanzan las palabras para definirlo.
www.rionegro.com.ar, febrero 2005
Del ERP a la filarmónica de San Petersburgo, una vida de novela
Autor de una minuciosa investigación sobre la guerrilla, vive en
Rusia desde los 80. Fue becado por los soviéticos y colaboró con
el maestro Rostropovich.
Por Daniel Gutman
Alguien se imagina al célebre chelista y director de orquesta ruso
Mstislav Rostropovich interesado en un libro sobre el ataque del
Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) al Batallón de Monte Chingolo
de la Navidad de 1975? Créase o no, Rostropovich ya le pidió especialmente
un ejemplar autografiado al autor de ese libro, que acaba de publicarse
en la Argentina.
El misterio de la anécdota se esconde justamente detrás del autor
de Monte Chingolo. La mayor batalla de la guerrilla argentina, una
investigación de más de 400 páginas que recoge entrevistas en la
Argentina y varios países de Europa. Ex miembro del frente estudiantil
del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), que tenía
en el ERP a su brazo armado, Gustavo Plis-Sterenberg es director
de orquesta y ha desarrollado una exitosa carrera en Rusia, donde
vive desde los 80. Allí ha sido asistente de Rostropovich y hoy
es uno de los seis directores permanentes del prestigioso teatro
Mariinsky (ex Kirov), de San Petersburgo.
Plis, que está de visita en Buenos Aires y el domingo 14 dirigirá
a la Orquesta Sinfónica de Bahía Blanca, cuenta que se crió en Caballito
en una familia de clase media. A los 8 años empezó a estudiar piano
y en 1974, a los 18, ingresó a la Facultad de Medicina y se unió
al PRT. Allí, dice, sus actividades no pasaban de repartir las publicaciones
de la organización o de participar en campañas financieras.
"En esa época practicaba karate y después de los entrenamientos
les pasaba a mis compañeros las revistas Estrella Roja y
El Combatiente",
recuerda. Y de Monte Chingolo se enteró por los diarios. "Yo era
un perejil".
En 1979, como estudiante avanzado de medicina, Plis fue socorrista
de la Cruz Roja en Nicaragua, durante la guerra civil contra el
dictador Anastasio Somoza. Con inocultables simpatías por la guerrilla
de izquierda, a pesar de su supuesto rol neutral, Plis dice que
estuvo a punto de ser fusilado por el somocismo —cuando escondió
en su ambulancia a dos sandinistas— y debió huir antes del triunfo
de la revolución.
De regreso en la Argentina, dejó la carrera de medicina cuando le
faltaba un año para recibirse y colaboró con organismos de derechos
humanos en tiempos de represión y clandestinidad. En 1983, con la
vuelta de la democracia, cuenta que sintió que había cumplido una
etapa y abandonó la política para dedicarse definitivamente a la
música.
Fue en 1986, mientras estudiaba en el conservatorio nacional y vivía
de dar clases de piano, cuando ocurrió el hecho que le cambió la
vida: una comisión de maestros rusos enviada a pescar talentos lo
detectó y la Unión Soviética le ofreció becarlo por 5 años para
estudiar composición y dirección sinfónica.
En San Petersburgo (que entonces era Leningrado) vivió la dramática
caída del comunismo: "Tengo de recuerdo los talones que daba el
gobierno para comprar mensualmente un jabón, un kilo de harina y
un kilo de arroz. Pero en los negocios no había casi nada. Con 30
grados bajo cero, yo hacía cola desde las 4 de la mañana para buscar
comida. La mitad de los becarios extranjeros se fueron, pero yo
me quedé".
Tanto se quedó Plis que hoy sigue viviendo en San Petersburgo, la
antigua capital de la Rusia zarista, con su segunda esposa y su
hijo de un año. A falta de otra referencia de la lejana Argentina,
muchos en la ciudad lo llaman Maradona.
"Los rusos parecen muy hostiles. Pero cuando uno supera la barrera
idiomática, como hice yo, se da cuenta de que son cálidos. Yo ya
tengo mi vida allá e imagino que ya no voy a volver", explica Plis,
que tiene en Buenos Aires a su hijo mayor.
"En la Argentina —enfatiza— no hubiera podido desarrollarme de la
misma manera. No sólo porque la formación que tuve en Rusia fue
muy superior, sino porque aquí hay un grupo que se adueñó de los
puestos y no deja que crezcan los jóvenes. En el Colón, por ejemplo,
no quieren nuevos directores".
¿Qué motivó al exitoso director, después de haber actuado en el
Bolshoi de Moscú y en el Covent Garden de Londres, a escribir sobre
el ERP? "En uno de mis viajes a la Argentina —cuenta— busqué a quien
era mi responsable en el PRT y me contacté con ex compañeros. Un
día, escuchándolos, pensé que esos testimonios no debían perderse
y empecé a grabarlos, sin saber bien para qué. Quería escribir sobre
las motivaciones de tantos jóvenes que en aquella época tomaron
las armas. Ninguno de nosotros teníamos experiencia política porque
habíamos crecido bajo una dictadura que generó las condiciones para
la lucha armada. La democracia sólo volvió en el 73, con Cámpora,
y entonces el ERP cometió el grave error de no guardar las armas".
Finalmente, el director decidió centrarse en Monte Chingolo: "A
fines de 1975 el golpe militar ya tenía amplio consenso entre los
políticos y el ataque del ERP al batallón fue, mal o bien, el último
intento de frenarlo"
Fuente: Clarin, 06/12/03

Las tumbas de Monte Chingolo, reveladas treinta años después
Por primera vez, se conocieron las actas donde figuran 49 personas
sepultadas. Es en una fosa común, en Avellaneda. Hasta ahora se
creía que había unas 20.
Por Enrique Arrosagaray
Treinta
años y un mes después del combate de Monte Chingolo aparecieron
planos y certificados que arrojan luz sobre ese episodio sangriento:
cómo fueron enterrados en una fosa común del cementerio de Avellaneda
49 cuerpos de guerrilleros guevaristas del Ejército Revolucionario
del Pueblo (ERP), según documentos inéditos a los que accedió Clarín.
En la tarde del 23 de Diciembre de 1975, un comando del ERP intentó
copar el Depósito de Arsenales "Domingo Viejobueno", en Monte Chingolo.
La operación había sido delatada por un espía del ejército infiltrado
en el ERP, llamado Jesús Ranier. Algunos sectores especularon que
a los militares que ya estaban preparando el golpe contra Isabel
Perón no les convenía abortar ese ataque para propiciar un clima
de caos que justificara el golpe y también para asestar un golpe
mortal a la guerrilla guevarista.
Lo que ocurrió dentro del cuartel, ubicado en un borde del municipio
de Lanús que linda a modo de "tres fronteras" con Quilmes y Avellaneda,
fue contado por varios testigos además de existir una causa judicial
—la 820.902/75— sobre los hechos. Oficialmente hubo seis militares
muertos. En cuanto a los muertos civiles, se estimó cerca de un
centenar. Poco se supo del destino de los guerrilleros desaparecidos
dentro del cuartel. En una placa colocada en la fosa común del cementerio
de Avellaneda, figuran algo menos de 20 nombres.
Los memoriosos recuerdan que los cuerpos de los guerrilleros fueron
puestos en hilera sobre el asfalto de una calle interna del cementerio,
que ya no existe, pero que desembocaba en la Morgue. Antiguos obreros
del cementerio, recuerdan los cadáveres, todos desnudos, con un
número pintado sobre la piel del pecho y algunos con las manos cortadas.
Más allá de los recuerdos, los documentos más interesantes los han
dejado un oficial de policía y algunos médicos. El Oficial Inspector
Jorge Arnaldo Lino firmó un plano confeccionado en ese momento,
que indica quiénes, dónde y cómo fueron enterrados 49 civiles del
ERP.
El lugar —dentro del Cementerio de Avellaneda— Lino lo informa a
partir de dejar escrito "paredón trasero del cementerio" en un borde
del plano. Luego coloca un número de orden de sepultura, del 1 al
49. Luego, en pequeños rectángulos, un número que tiene que ser
el pintado en cada pecho y la definición del sexo, y finalmente,
por fuera del rectángulo, la mayoría de los apellidos. Quedan así
dos hileras o "tablones", la más larga junto al paredón, con 30
cuerpos, y una segunda hilera, delante de la primera, con 19 cuerpos.
La fosa común que contiene esos cuerpos, hoy delimitada con un muro
bajo de adoquines, mantiene esa curva que indica dos "tablones".
En estos archivos, también se pudieron ubicar algunas "licencias
de inhumación" extendidas por la segunda jefa de la Delegación Quilmes
Oeste Seccional 4ø del Registro de las Personas bonaerense, Francisca
de Satti. En estas licencias hay varios asuntos interesantes. Por
un lado, fueron extendidas casi un mes después de los hechos —entre
el 21 y el 23 de enero de 1975— y "al solo efecto de dar sepultura"
a esos restos humanos. Esto explica algún recuerdo aislado que dice
que los cuerpos estaban en avanzado estado de descomposición.
Además, aparecen los nombres de médicos que extendieron los certificados
de fallecimiento: Orestes Marchione, Jorge Pedemonte, Roberto Pasquale
y José Albisu, quien se desempeñó como jefe del Departamento de
Sanidad de la Policía. Pasquale habría sido revisor de cuentas de
la Sociedad de Cancerología de La Plata. Al parecer, estos profesionales
se cuidaron de no asentar que las causas de las muertes fueron por
acribillamiento. Sólo dejaron asentado que las muertes fueron a
causa de "hemorragia interna aguda" o "hemorragia cerebral" o "fractura
de base de cráneo".
Lo cierto es que la represión posterior fue tan feroz que no quedaron
heridos ni detenidos. Acercarse a estos papeles hace que cobre sentido
el testimonio que hiciera un soldado conscripto, asistente de un
alto oficial, que participó de aquellos hechos. Contó que en la
noche siguiente al ataque "llevaron a un galpón a varios detenidos,
los pusieron en hilera y los fusilaron. Yo vomité hasta lo que no
había comido".
Los nombres, tablón por tablón (ver imagen)
Los apellidos que aparecen en el gráfico de esta página son los
siguientes:
En el primer tablón, Islas, Tauil, Liendo, Spoturno, De la Fuché,
Rinaldi, San Martín, Correa.
En el segundo tablón aparecen los apellidos Lorenzo, Mastrogionnardi,
Vázquez, Tisminnetk, Valencia, Rivas, Stegmayer, Schottenfeld, Barbato,
Sánchez, Salvador, Belduz, Enatarriaga, Finochiaro, Menéndez, Mosquera,
Melgarejo, Escobar, Machado, Lasorba, Blanco, Boca, Orlando B. Fabián,
Monzón, Stanley, González, Mensi y García.
En este listado no aparece, por ejemplo, el nombre de una mujer,
Aída Bruschtein, aunque se sabe que está allí; además se sabe que
hay algunos apellidos mal escritos, como el de Belluz.
Víctimas militares y conscriptos
Durante el ataque que efectuaron miembros del ERP al Batallón de
Arsenales 601, "Domingo Viejobueno", en Monte Chingolo, murieron
además tres militares y tres conscriptos: el Capitán Luis María
Tetruzzi; el teniente primero José Luis Espinassi; el sargento ayudante
Roque Cisterna; y los soldados Roberto Caballero, Benito Ruffolo,
y Raúl Sessa.
Fuente: Clarín 2005
24
de diciembre de 2006
De
Santis, quien era militante del PRT y participó en una de las contenciones
realizadas ese 23 de diciembre, sostuvo que con las críticas que
se le efectúan al intento de asalto del Depósito de Arsenales 601
se entierra la "acción más heroica, más audaz, más decidida y más
importante que llevaron adelante las fuerzas revolucionarias en
los años 70".