Mejor no calentarse

Por Sergio Ferrari

(Desde la ONU, Ginebra, Suiza) — La salud del planeta empeora. La tierra tiembla por excesivo calor. Y el horizonte no aclara. Comida más escasa, más cara, menos nutritiva y de más difícil acceso, en particular para los países más pobres. Así lo enfatiza el nuevo informe «La Tierra y el Cambio Climático», presentado el jueves 8 de agosto por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). El escenario más desastroso es el de un planeta que no logra reducir el calentamiento global por debajo de los 2°C. Aunque la realidad de un aumento de 1,5°C ya amenaza la viabilidad de la Tierra y su sistema alimentario. El informe fue elaborado por 107 expertos, de los cuales el 40 % son mujeres. Es el primero en que la mayoría de los estudiosos —originarios de 52 países—, proviene de naciones “en desarrollo”.

El Panel Intergubernamental fue creado en 1988 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Buscaban ofrecer al mundo una visión científica clara del estado actual de los conocimientos sobre el cambio climático y sus posibles repercusiones medioambientales y socioeconómicas. En el mismo año, la Asamblea General de las Naciones Unidas hizo suya la decisión de la OMM y del PNUMA de crear conjuntamente el IPCC.

«La seguridad alimentaria se verá cada vez más afectada por el cambio climático futuro a través de la disminución del rendimiento agrícola, especialmente en los trópicos, con el aumento de los precios, la reducción de la calidad de los nutrientes y las interrupciones de la cadena de suministro”, subraya el nuevo documento.

Veremos diferentes consecuencias en diferentes países, pero habrá un impacto más drástico en aquéllos “de bajos recursos en África, Asia, América Latina y el Caribe», asegura Priyadarshi Shukla, una de las autoras.

El drama de los alimentos desperdiciados

El estudio subraya un drama sin calificativos. Actualmente, a nivel planetario, alrededor de una tercera parte de la comida se pierde o desperdicia.

Las causas difieren entre países desarrollados y en desarrollo, pero corregir esta realidad anómala disminuiría las emisiones de gases de efecto invernadero y la inseguridad alimentaria.

“Algunas dietas requieren más agua y más tierra, y causan más emisiones de gases que aumentan el calentamiento global”, enfatiza el Grupo de Expertos. Recordando que las dietas balanceadas estructuradas sobre la base de granos, legumbres, frutas y verduras —y con alimentos animales producidos de manera sostenible—, presentan oportunidades para limitar el cambio climático.

La Tierra confronta hoy una presión humana creciente y el cambio climático agrava la salud del planeta. Con la certeza –según el ente internacional— que con lo que hoy se está utilizando de la misma se podría alimentar a la población mundial y al mismo tiempo proveer biomasa para la energía renovable. Pero para ello, según el documento, se necesita “acción temprana y extensa para lograrlo”, retórica diplomática que expresa la necesidad urgente de una nueva voluntad política para luchar contra el calentamiento global.

Cuando la tierra se degrada se hace menos productiva y se reduce su capacidad para absorber carbono, lo que influye en el cambio climático, que en retorno contribuye más a su degradación.

En un futuro, con lluvias más intensas, aumentará el riesgo de erosión del suelo en las tierras de cultivo, explican los expertos. Quienes recuerdan que aproximadamente 500 millones de personas viven en áreas que experimentan la desertificación. Explicando que esas áreas secas son las más vulnerables al cambio climático y a los eventos extremos, incluidos la sequía, las olas de calor y las tormentas de polvo, con una creciente población mundial que proporciona más presión.

Hay riesgos muy altos de escasez de agua, riesgos por incendios, degradación del permafrost y de inestabilidad en el sistema alimentario, incluso con un aumento de temperatura de 1,5°C por encima de los niveles preindustriales. El riesgo se hace mucho más intenso con un aumento de 2°C, aseguran los expertos.

Hay alternativas: recomendaciones

Para el Panel, “un enfoque general en sostenibilidad combinado con acciones tempranas ofrece las mejores oportunidades para luchar contra el cambio climático”.

Esto incluye un menor crecimiento de la población, la reducción de desigualdades, una mejor nutrición y un menor desperdicio de comida.

Si se logra un sistema alimentario más resiliente se puede tener más tierra disponible para crear energías limpias, y al mismo tiempo proteger los bosques y los ecosistemas naturales. Sin embargo, si no se actúa pronto, más tierra podría necesitarse para generar energía y esto conduciría a desafiantes decisiones sobre su uso y el sistema alimentario.

Otras políticas fuera del sector alimentario y de los suelos, como el transporte y el medio ambiente, también hacen una diferencia crítica en la lucha contra el cambio climático. “Actuar rápidamente costará menos, ya que evitará más perdidas”, advierte el informe.

Por otra parte, la reducción de la desigualdad, el aumento de los salarios y asegurar el acceso a la comida en regiones donde la tierra ya no produce, también permitirían hacer frente a los impactos negativos del cambio climático.

El documento publicado este segundo jueves de agosto, será un aporte científico clave en las próximas negociaciones sobre el clima y el medio ambiente, como la que se realizará durante la Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación (COP14) en Nueva Delhi, India en septiembre. Así como en la Conferencia Marco de la ONU sobre el Cambio Climático (COP25) de diciembre próximo, en Santiago de Chile.

En 2015, los gobiernos respaldaron el objetivo del Acuerdo de París de fortalecer la respuesta global al cambio climático al mantener el aumento de la temperatura media global muy por debajo de 2ºC —en relación a los niveles preindustriales— y perseguir esfuerzos para limitar el aumento a 1,5ºC.

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