Memoria, verdad y justicia

Testimonio desde la militancia

Narrada en base a experiencias propias, el autor hace un repaso del papel del militante en la última dictadura y el rol que ocupa actualmente.

Por Juan Domingo Javier

. Imagen: Télam

La última dictadura militar que asaltó el poder el 24 de marzo de 1976, trajo consigo métodos de terror nunca imaginados en nuestro país: persecuciones, detenciones, encarcelamiento, torturas, secuestros, violaciones, desapariciones, robo de bebes y saqueos a la propiedad privada y al país, contra una generación de idealistas que pensaban y soñaban que era posible una Argentina digna de ser vivida con plena justicia social, independencia económica y soberanía política.

Fuimos protagonistas en esa lucha y por ello fuimos marcados como subversivos, terroristas, zurdos y esa marca caló hondo, tanto que al día de hoy, en un sector de la sociedad, seguimos siendo considerados mala palabra, minando toda posibilidad de aportar nuestro saber y experiencia para el bien del pueblo y del país.

Con nuestra lucha hemos logrado llevar al banquillo de los acusados a muchos genocidas, pero falta mucho aún para lograr una justicia plena, como también falta mucho para consolidar el proyecto “Nacional y Popular” soñado, porque los mismos actores políticos y económicos que apoyaron a esa dictadura genocida, reciclados, vuelven a tomar poder para mantener y profundizar el modelo neoliberal salvaje a través del acecho y la difamación permanente en complicidad con parte de los medios masivos de comunicación, del poder judicial.

Tenemos que defender nuestro sistema democrático para que no se vuelva a repetir lo del 76, cuando una dictadura intentó disciplinar al pueblo argentino para instalar un modelo económico de opresión y someter al país a la desesperanza, al hambre y la miseria.

Para lograrlo, todos los días tenemos que movilizarnos y despertar conciencias para que cada argentino sea guardián de nuestra constitución, esa es la tarea.

Que este 24 de marzo se haya convertido en un día de reflexión que nos dé fuerza para seguir por el camino de la recuperación de la Argentina soñada por miles de compañeros muertos y desaparecidos que fueron, son y serán guías de nuestras luchas.

Durante mi exilio interno en Tartagal fui testigo del secuestro del escribano Aldo Melitón Bustos por parte de militares genocidas del Regimiento de Monte 28, que después de muchas luchas se logró llevar a juicio por delitos de lesa humanidad, fueron juzgados y condenados a cadena perpetua .

Aún falta esclarecer la desaparición de vecinos como Chicho Ochoa y los asesinatos de Menena Montilla, Jorge Santillán, y doctor Pedro Urueña entre otros.

¡¡¡No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos!!!

Salta/12