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María
García nació en 1974 en Godoy Cruz, Mendoza. Desde 1995 ha conducido y
escrito programas de radio y también ha colaborado en diversos fanzines,
webzines y publicaciones de Argentina, Chile, México, Perú y España. Es
traductora autodidacta de inglés y portugués.
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Symphony of the Times
1. movement
(Allegro maestoso)
In the light of the night.
I can see as far
as your eyes
in the night of delight.
I can feel as far
as your hands
in the sight of denial.
I can trust as far
as your mind.
I know that you fly
watching your broken wings.
You cannot lie
who lies beyond
your sore wounds
the mistreated being
nor angel, nor demon, wanna be human for tonight?
Just...
wanna give it a try?
Let’s begin saying
time
time
time
time
nameless time
waiting for the end,
to begin.
Come to me!
2. movement
(Andante)
Didn’t you pick up my loneliness shirt hon?
Gosssshhh, the only thing you could do for me
and you just let it outside...
Don’t you see it’s raining again?
It’s really heavy to wear it wet...
I’ll have to wait one more day
‘til I can put it on.
I cannot get rid of you...
time
time
time
time
between programs on the tv
one worse than the other
while I think:
what a big writer I am
should I put this in my
biographical sketch?
This strenght to endure...
Should I not say
that I beat you
almost every day?
time out
I was your friend
that’s why I did it
I took your time
I took your life
I took your pain away
with this bang bang death.
But then
how come I’m hearing
what you just said?
Oh dude, you’ll have to take it
I failed
now you’re on that chair
and I’m in Tahiti.
next round
Another porno star
believes in being
the incarnation
of Virgin Mary.
Another latinamerican
president
takes seriously
his tough rough duty
of trying to sleep
without pills
but you
buy you
bum you
gang bang you.
You time
time me
my time
tiny me
stunt me
sting me
it’s time to me
meet me?
(Probably next time)
sometime
papacito,
anytime...
Comercial time.
Please place your comercial here.
I dunno.
I dunno.
I dunno.
I dunno.
What you dunno?
Just new mantra babe.
You religious man?
I dunno.
I dunno.
I dunno.
You dunno what?
Just new babe mom.
You a father man?
I dunno.
I dunno.
I dunno.
Red light at the corner,
total bless of the ultimate civilization
emotion guaranteed every corner
new political images of masturbation
of mess
of non-conscience
of mental castration
of menstrual supression
you wanna stress obedience
allow some outsiders.
you wanna find something
first you have to lose it.
dress yourself as a stewardess
that’s the furthest
the highest
the fastest
you’ll get.
¿Policewoman?
That’s so glamorous...
But you can get dead.
Do as many tests as you want
none
will come up with your degree of wildness.
Oh poor boy
nobody understands you.
Be a writer,
that’s the coolest
you’ll have your ass.
We artists,
we writers
know what’s going on.
Oh man,
what a bunch of idiots,
what a waste of time.
I bet that you couldn’t bear
to be a mother
in the next century
"Good mothers
should eat their kids
as soon as born,
fresh, full of proteins, free of viruses,
with good taste.
multipregnancies are allowed,
sharing is better than keeping
only for youuuuu...
Come on baby, I made it with you
gimme a bite, gimme a piece
sing me a li’l, li’l lullaby...
Mothers: Feeding Our Future
(Weren’t our parents right when said:
Children are the future?)"
It’s just a matter of
of
of
guess what?
time
time
time
time
time
Time to write
to decide
what I was
in the begin
wanna keep
what I got?
I dunno...
Wanna lose?
I forgot
for God
for good
for the best religion reason
I’ve a condor hidden on my back
that cannot fly
he tries and he tries and he tries
I had an idea
few days ago
I’ll tatoo it
soon
later than sooner better
bitter will turn sweeter
you won’t see it
with lights off
I’ll embrace you
as a bird
but you won’t see
of course
with the lights off
you won’t see
as I jump
buildings,
skyscrapers,
on razor blades
until
it
comes
the
time
time
time
Species in danger
of extinction:
time to laugh
time to rest
time to spend
time to play
time to pray
time to learn
time to cry
time to cook
time to sleep
time to fuck
time to understand
(and that takes more time and space)
time to meet
time to walk
time to be
time to grow
time to write
time to puke
(you’re supposed to do dirty things fast and alone, no witnesses at all, did you
get your time to decide wether you like it or not?)
time
to make
more time
to make
spare time
for a few or four
is the only time
we’ve got.
3. movement
(Presto)
more
I want more
What else?
gimme some time out
uf
uf
That’s the best you’ve got?
Try again.
uf
Say it:
"Love is the end of hope"
That’s the best you’ve got?
Say it backwards:
"Epoh fo dne eht si evol"
No crap.
"Hope is the end of love"
You’ve got it
that’s better
you get it?
Love will be only
at the end of all times
the only thing
that we can do
Now
is to kNow it
to bring forth
little loves
and live.
And try.
Try to live.
Try to love.
Time over.
Come back now from where you came.
Soon it’ll be dawn.
(It’s done)
18052006
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Los ojos de Corina eran de un verde muy claro con
finas vetas amarillas. Como una manzana, verde. Pero eso no era todo ni aun lo
más importante. Estaba su mirada. La forma en que los usaba para expresarse e
identificar el mundo que la rodeaba tenía intención y estilo. Estaba segura que
podía y debía usarlos en forma intencionada, sin recoger demasiada información
visual que la perturbase. Descartaba siempre lo inútil y lo grotesco y así,
decía, moldeaba sus pensamientos sólo con lo bello. Por eso tenía una mirada que
se hospedaba lentamente sobre los objetos y las cosas, una mirada de reptil o de
felino, según se posaran con intencionalidad fría y racional o emotiva.
También estaban sus manos, el detalle de ingeniería mejor acabado del cuerpo
humano. Lo que tocaba o acariciaba, lo que golpeaba o abría, lo que cerraba,
empujaba, tiraba, ojeaba, comprimía, señalaba, rascaba, ceñía o masajeaba, lo
que obturaba, frotaba, rasguñaba y pellizcaba parecía obtener alguna dosis de su
naturaleza al punto de modificarlo en forma permanente. Así fueran objetos
inanimados como la más sensible de las pieles.
Pero sus ojos, ¡ay sus ojos! La fuerza poderosa de lo intangible... de lo
imposible de asir. De lo que provoca estupor y respeto, de todo eso estaban
impregnados.
Yo la conocí cuando salía del juicio por estafa. Fui un estafador no
consuetudinario y de poca monta, algo de escasa relevancia si se considera los
estándares de corrupción que hoy día imperan. Como contador conocía los
movimientos de dinero de mis clientes y a veces hacía el papel de psicólogo y
confesor cuando las cosas apretaban. La mayoría de mis clientes siempre tenían
alguna ropa sucia que esconder, y yo me hacía de algunos pesos extras a cambio
del silencio y la connivencia con mi propia falta. Hasta ahí podría decirse que
lo mío era sencillamente extorsión, pero dejó de serlo hasta que uno de ellos no
aceptó la transa, y me denunció por simple y sencilla estafa. Que lavara dinero
y que se supiera no iba a detenerlo, una rata con corbata jamás lo tendría
agarrado de las pelotas, según sus textuales palabras.
Así se tituló la carátula: Estafa, y por eso me sentenciaron. Me suspendieron la
matrícula, me hicieron un hueco en el consejo, mis amigos de fin de semana
dejaron de aparecerse por mi casa, me hicieron un juicio sumario porque según
entendí, lo peor no había sido que hubiera estafado, extorsionado, hecho mal uso
de mis derechos y faltado a mis obligaciones, sino que se hubiera sabido.
Me di cuenta de la vida equivocada que llevaba, de la falsedad de mis
convicciones, de la porquería de la que me había rodeado. Con algún dinero que
me había quedado luego de pagar las costas y los abogados me inicié como
comerciante alejado de las gentes y los lugares que había frecuentado en mi vida
pasada.
No fue fácil arrancar de cero pero ella venía siempre a comprarme medialunas y
otras cosas a la panadería. Es verdad, era un hilo muy fino el que nos unía,
pero podría no haber existido. También es cierto que jamás me dijo una palabra
de más de las estrictamente necesarias, nunca me dio pie, nunca se pasó, ni un
doble sentido ni una intención camuflada. Era esa mirada que me esquivaba y esas
manos tan éticas y delicadas.
Sorbía con delectación de degollado cada minuto que pasaba a su lado, frente a
frente, cada moneda que me pasaba refulgía con un brillo distinto, y las
guardaba en una cajita aparte para devolvérsela como vuelto cuando era
necesario. Ahí guardaba sólo su dinero y no lo mezclaba con el de ningún otro.
Era el más limpio que había ganado en mi vida, casi hasta sagrado porque era la
única prenda que de ella tenía.
Un día, y luego de su compra habitual, se quedó vacilando medio segundo en el
que pensé me diría algo, y pensé algo terrible. Que no le gustaban más las
panificaciones, que había equivocado el vuelto, que había encontrado un cabello
dentro de la baguette. Casi entro en desesperación y lo arruino todo, porque
cuando empezó a girar la cabeza y su mirada me enfrentó seria y sincera el
tiempo se detuvo y tuve la certeza de que estaba enamorado de una vez y para
siempre.
-¿Necesita a alguien que lo ayude en la panadería? –Me exhortó haciendo evidente
ofrecimiento de trabajo.
No sabía cuál era la mejor respuesta, se me mezcló todo con desorden. Mis
recursos provenían de mi vida anterior y estaba acostumbrado a mentir y a
hacerme rogar, a sacar el mejor provecho, a buscar mi interés y a descalificar
para que quedar siempre mejor parado. Pero supe que todo eso no funcionaría, que
no lo quería tampoco. Me costó muchísimo, lo admito, pero fue el "no" más
importante, duro y sincero de mi vida. No podía pagar una empleada más, la
demanda para atender aún no era importante y en realidad sólo la hubiera tomado
para estar más tiempo con ella.
Supo agradecérmelo con una leve mueca de su boca, y no ofendiéndose por mi
negativa. Temí perderla pero no podía darle el que había sido. Pensé que no
volvería, pero al otro día volvió de manera acostumbrada y yo di mi sacrificio
pagado con creces.
Así pasaron los meses, plácidos y sin sobresaltos. Me había reconciliado conmigo
mismo y con lo que hacía. No me daba mucho dinero pero me daba a Corina todos
los días, y además me sentía reconfortado con mi oficio. No era brillante ni
grandilocuente, sólo le daba hidratos de carbono a la clase baja y a la media en
picada, pero trataba de hacerlo bien y con esmero. Aumenté el tamaño del pan
dulce sin aumentarle el precio. Regalaba las tortas del día anterior y hasta
probé metiendo las manos en la masa. Así nacieron el pan de yerba y los bombones
de legumbres.
Finalmente me casé con ella. Yo que creía ser un soltero de raza pura me
descubrí un feliz hombre atado. Y lo que hubiera hecho por mantenerla a mi lado.
La abundancia se multiplicaba mientras más le daba. La felicidad, señor, dormía
a mi lado, y me miraba con amor y deseo cuando se despertaba.
A mí, y no a otro ser o cosa. A mis propios ojos. A mí mismo. A veces no me lo
creía. Llegué a pensar que amaba esos ojos no sólo por mérito propio, sino
también porque reflejaban quién era yo, en lo que me había convertido.
Jamás hubiera soñado hacer lo que estaba haciendo, si me lo hubieran dicho hace
ocho años diría que era una broma muy mala, pero el hecho es que me puse en sus
manos física, espiritual, civil y después legalmente en forma completa. Sortié
todo impedimento legal para traspasarle mis propiedades y puse a su nombre la
casa que habíamos logrado comprarnos con las utilidades del negocio.
En ese tiempo debíamos mudarnos, y yo en ella tenía una confianza ya completa,
una confianza ciega como se dice. Por ello dejé en sus manos todo lo referente a
la mudanza y le confié incluso el embalaje de mi ropa, mis papeles y mis objetos
personales. Por eso es que no lo vi, no me di cuenta.
Llegaba a casa luego de hacer unos trámites y la vi mirando con atención unas
viejas carpetas. Tenía una expresión entre sorprendida, triste y decepcionada. Y
no pude soportarlo. Menos cuando me miró con esa mirada de interrogación que no
quiere escuchar la respuesta. ¡Es que nunca debió ver ciertas cosas! ¡Es que no
era lindo ni era necesario que lo mirara! ¿Es que no entendía...? ¡Es que me
estaba enterrando vivo para poner en mi lugar al que yo había sido, al
estafador, al inescrupuloso, mentiroso y vacío timador!
Y fue ahí cuando le arranqué esa mirada y el recuerdo de lo que había visto. Le
arranqué mi vida pasada y mis propios recuerdos, le arranqué mi felicidad y lo
que puede llamarse con dignidad una vida. Nunca supe bien cómo la tristeza
infinita me dio la fuerza y la precisión para arrancarle los ojos de cuajo con
la cuchilla de la cocina. Nunca debieron ver ciertas cosas. Nunca más las
verían.
Y yo creo que chilló y gritó y pataleó y que se desmayó y se empezó a desangrar
profusamente mientras yo buscaba un escondite para enterrar para siempre esos
recuerdos. Y también creo que la policía o la ambulancia, alguien las llamó, o
pasaban por ahí, o los vecinos... o yo. No me acuerdo, porque entonces ya no
estaban las cosas claras. Y las carpetas, no sé dónde quedaron, y tampoco las
flores que le había traído de regalo.
Lo que nunca encontraron y nunca van a encontrar son sus ojos. Los que
encontraron fueron los míos, marrones con el blanco un poco turbio, los que me
saqué con la misma cuchilla y traté de ponerle en sus órbitas para que así
pudiera entenderme, para que viera el mundo como yo lo había visto, para que
supiera cómo la amaba... cuánto la necesitaba... cuánto había cambiado, y que
todo lo había hecho por ella.
Los suyos, los ojos de Corina, mi amada, me los tragué antes de sacarme los
míos.
02/09/2005
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"Conozco a mi mamá desde el día que nací y no
está loca", solía repetirle a mis compañeros de clase como una gran verdad a la
que ellos jamás podrían haber arribado cuando me hostigaban con falsas
acusaciones de mi madre. Acto seguido me reía burlonamente en sus narices y los
asustaba con un pequeño alicate del cual sacaba la inútil lima amenazándolos con
clavársela en el corazón si no me dejaban tranquilo.
Claro, en aquel entonces yo no sabía que nunca podría haber alcanzado su corazón
con una punta de cinco centímetros y también que carecía de la fuerza para
incrustarlo incluso ese largo. También debo admitir que desconocía a mi madre, y
que sólo pude llegar a conocerla bien el día que dejé de verla como madre para
verla sólo como una persona. Bien luego superé el estadio de culpa y como
conceptos relacionantes nos necesitábamos uno al otro para existir.
Era tan fuerte el vínculo que nos unía y sus invariables torturas diarias, sus
azotes e ingeniosos y siempre sorprendentes dolores que me causaba me hacían tan
feliz, porque era yo, sólo yo el único objeto de sus ataques, y era mío, sólo
mío, el inmenso placer que sentía al ver sus ojos brillantes y desvariados.
Ella me enseñó que el umbral del dolor es mucho más distante, más inalcanzable,
y su camino más rico y diverso que el umbral del placer.
Cuando la mayoría de las personas no puede soportar la picadura de una abeja o
un dolor de muelas, yo me enfrenté estoicamente a agujas de coser, aceite
caliente, cacerolas candentes, comida en mal estado, y aún más, a la
insoportable omisión, al negativo, al menos que cero de permanecer atado a la
cama durante días sin ser merecedor siquiera de su mirada, a la privación de luz
y alimento, a la incertidumbre de quedar solo en casa sin saber si volvería
entera o completamente pasada, como la última que regresó para no regresar más.
Entre los matices de la omisión de la tortura física conocí las incluso más
sutiles, infinitas y tormentosas variantes de la manipulación psicológica. La
tortura psicológica se convirtió en mi deseo obsesivo, la más acuciante de mis
necesidades casi diría biológicas. Mi madre me enseñó todo lo que precisaba
saber, pero yo la adelanté rápidamente, como buen alumno y fue cuando empecé a
verla como la pobre mujer que era, alcohólica, sola, abandonada por mi padre...
enferma.
Puedo decir con orgullo que reconozco todo intento de control en cualquier
persona que se me acerque diez metros a la redonda, por el mismo hecho soy capaz
de ejercerlo en casi todo ser humano, sé reconocer la debilidad y la templanza y
me introduzco como cuña desapercibida para tejer por dentro las redes de mi
antojo.
Pero, como soy una persona, aún para mi sorpresa, tremendamente fuerte, he
reconocido en estas artimañas sólo terreno fértil para la psicosis y decidí
sublimar todo mi potencial en el arte. Bella y versátil creación humana si las
hay, antipragmática, manipuladora, tan orgánica.
Me dediqué tras largas reflexiones a algo que consideré muy original, y, sin
querer sonar pedante, genial. Siempre había admirado las delicadas imágenes, las
innumeras variantes pero de fuerza erótica constante de las fotos del bondage
japonés. Esas dulces criaturas, tan indefensas en su desnudez, tan poderosas en
su entrega, no hacían sino despertar en mí los más intensos anhelos de amarlas y
protegerlas. Tan pequeñas, lisas, tenues, pulidas, tan gradualmente variadas.
Todo lo opuesto a lo sublime. Un compendio de hermosura.
Los estándares de belleza occidentales son tan aparatosos y desproporcionados.
Son tan necrófilos los ideales que la propaganda propone y el público compra,
tan... imbéciles.
Desde entonces comencé una búsqueda infructuosa en tratar de primero,
encontrarlas, y en segundo lugar, fotografiar su cuerpos amordazados. Pero, como
anticipé, mi búsqueda fue infructuosa, no había muchas japonesas dispuestas a
posar para mí, ni siquiera había muchas. Coreanas, chinas, hasta me topé con
unas filipinas. Continuas frustraciones que podrían haber sido espléndidas
experiencias de no ser porque el objeto de mi busca era otro. Con razón dice el
Tao que es feliz el que nada desea.
Muy alterado volví a mi casa, mi razón pendiente de un hilo, y ahí la vi, con su
piel aceitunada, sus maneras dulces, la lindura de sus rasgos resumidos en esos
ojos rasgados tan llenos de arcano y sigilo. Su breve estatura... Todo me hacía
acordar a las orientales que había estado buscando.
Tan iluminado como estaba me acerqué con una sonrisa resplandeciente a la
boliviana que vendía ropa interior a la entrada de un mercado. Ciertamente su
piel era dura y curtida, ¡ya podía imaginar las fotos que le haría!
Le hice todo tipo de nudos, marineros, de alpinismo. Para empezar un nudo
margarita atado a sus tobillos, lo que se convertiría casi en un ritual en mis
posteriores sesiones de bondage, seguían hermosos nudos y lazos y vueltas y más
vueltas sobre el cuero tirante en cintura, entrepierna, axilas, muñecas. Sus
pieles contrastaban con suaves cuerdas blancas o con otras moteadas.
A veces empezaba haciendo un nudo chino que taparía su ombligo y remataba con
cuatro nudos de aferrar en brazos y piernas. Así andaban caminando un rato por
la casa luego de las fotos hasta que se adormecían sus miembros y debía
sacárselos. Una vez simulé una tela de araña y otra dibujé con sogas sobre el
cuerpo de una particularmente alta una cadena de ácido nucleico, o por lo menos
así me lo pareció.
Aprendí con maestría a atarlas a sillas, escaleras, postes, árboles y columnas.
También le hice a una, sólo una ocasión, un nudo corredizo y confieso que sentí
tremendas ganas de ser el verdugo. Pero yo estaba ya más allá de todo eso.
Estaba satisfecho. Era una persona socialmente adaptada y artísticamente
disfrutaba de alguna notoriedad en publicaciones europeas especializadas. La
página ABCduBondage había hecho un especial con mi trabajo.
Todo iba tan bien. Yo estaba curado. Todos contentos. Yo sacaba mis fotos y
ellas no sólo cobraban muy bien sino que siempre las traté con cariño y respeto.
¡Tanto afecto desperdiciado! ¡Tan en mi cara se habían burlado de mí!
Fue una tarde muy fría de otoño que descubrí por casualidad el complot del que
tal vez toda la raza humana éramos víctimas... y al que yo debía poner remedio.
Estaba sacando unas fotos con una nueva modelo cuando una sustancia pastosa,
purulenta y verdosa empezó a fluir de su ombligo manchando mis cuerdas, mi
alfombra y dejándome perplejo por entero. La mujer simplemente se levantó
corriendo, se vistió y salió sin dar explicaciones.
Yo había quedado petrificado esos cinco o seis minutos que ella había tardado en
vestirse y salir por mi puerta, uniendo cabos sueltos, razonando los motivos de
este acontecimiento.
Y entonces fatalmente la verdad se descubrió a mis ojos.
Su pretendida actitud sumisa tan bien estudiada, sus camarillas, sus bailes
demoníacos, su música lastimera, su tolerancia al dolor, no eran más que una
pantalla para encubrir sus auténticos planes. Sin duda eran una poderosa raza
intraterrestre que pretendía colonizarnos, dominar a la raza humana y finalmente
destruirnos para imperar sobre la faz del planeta. Primero empezarían con
nuestro país, al cual accedían tan libremente, después con seguridad seguirían
por toda América y de ahí invadirían los otros continentes. Pero nos habían
elegido a nosotros para empezar a estudiarnos.
Esa sustancia viscosa que había salido del ombligo de una de las de su especie
debería ser de lo que estaban hechos, algún material incandescente del magma de
la Tierra. Todo encajaba a la perfección.
Tenía que poner fin a sus malévolos planes. Debía destruir a cuanto espécimen
tuviera a mi alcance y para eso estaba en una posición privilegiada. Debía
destruir a todas las hembras que pudiera de esa especie macabra.
Era una solitaria tarea a la que me enfrentaba, pero no podía contárselo a
nadie, temía que me creyeran un desquiciado. Mi historia clínica, mi madre,
heridas que había causado a otros niños en la escuela, las mascotas de mis
vecinos degolladas que había encontrado la policía al registrar mi casa en busca
de evidencias de que mi madre era un dealer.
Fue entonces que decidí con premeditación, en silencio y sistemáticamente,
comenzar a ahorcarlas.
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Del Manchester, brandy y eslabones perdidosjunio 2004
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Para acabar con la historia
La historia del español, la argentina y los dos marcianos.
Época actual
Un caballero se precipita en tierra junto a su caballo. El rocín, muerto de
hambre y cansancio se desploma y muere instantáneamente. El caballero a
duras penas se incorpora.
A lo lejos divisa una linda campesina ocupada en sus quehaceres; tiende la
ropa blanca que supuestamente son sábanas, pero ¡oh!, están hechas jirones.
Con certeza debe ser una pobre y fiel vasalla de un noble de la comarca.
-Moza tan fermosa, dignaos a ofrecer un reparo a este hidalgo caballero que
a cambio ofreceré el honor de distinguiros con mi amistad y presencia. -Dice
dirigiéndose con un mínimo quiebre de cabeza a la campesina.
*
Juana Villegas acaba de volver del trabajo en la fábrica de ladrillos a su
casa en El Algarrobal, Las Heras. Tiene una pila de pañales para lavar y aún
tiene que limpiar el vagón y arreglárselas para hacer la cena para siete con
cinco pesos.
Mientras tiende la ropa divisa a lo lejos una especie de robot o un payaso
vestido con un traje de lata que se acerca tambaleante y polvoriento. Muy
cerca de él yace un caballo muerto, que aunque magro, bien haría un buen
guiso.
A una especie de jerigonza que el tipo le espeta responde con actitud
harlemniana. Valentía y sinceridad de su miseria.
-Mire Don, si se escapó del Sauce va a tener que andar un buen trecho y
rumbear pa’l otro la’o. Igual a mí no me joda porque ya viene el Carlos ya
nomás y si lo ve, me va a cagar a golpes.
*
Año 2506, Hábitat 4 de la colonia marciana
Un ama de hábitat del cubículo 29 se entretiene grandemente viendo la novela
pretérita terrestre en su pantalla de implante incrustada en su brazo
derecho.
-Tatarabuelo, tatarabuelo, -le grita al bicentenario- mirá en la pantalla
este episodio no lo han dado.
(Se refiere a un seriado de grandes personajes)
Pero volvamos al presente.
*
Época actual
-No entendéis buena señora, y es lógico que estéis confusa. ¡He viajado en
el tiempo hacia el futuro! -Se entusiasma el caballero mientras se sacude el
polvo de los zapatos.
-Pus pa’ mí esto es el presente.
-¡Ah! Agudas palabras habéis dicho. ¡Y vuestro aspecto y rango no conllevan
astucia!
-...
-¿Al menos me prodigaréis una medida del espíritu del vino para que pueda
aliviar el dolor de mi magullada pierna?
-¡Santo remedio! Ahora sí nos vamos entendiendo –se excita la mujercita-. No
está tan loco al fin. El vino cura todos los dolores.
-Pero contadme más, contadme más de estos parajes en los que he caído. Estoy
maravillado.
-Bue’..., mire..., pa’ empezar pa’ andar por acá se precisa la Mendobú’
-¿Qué es eso?
-¡Ah! Se consigue en el kiosco de la Lucila.
-¿Kiosc ha dicho? ¿Qué es eso? Suena germano. ¡Qué maravillosas cosas habré
de aprender junto a vos campesina!
¿En qué año nos encontramos?
-Dos mi...
-¡Prodigio! –interrumpe el hispano-. No digáis más. Ahora dime país, país...
-La Argentina.
-¿Es en la Normandía? ¿O es en África acaso?
-Parecido.
-Dime más de tu comarca.
-A ver... ¿Maradona?
-¿La Madonna?
-No... ¿cumbia villera?
-Humm, no.
-Menem.
-...
-No. A ver... si estuviera mi prima la de Buenos Aires, ella sa... –Habla
con ella misma cuando es interrumpida.
-¡Nooooo! –el gentilhombre está sorprendido-. ¡América! ¡El Dorado! ¡La
encomienda! –Se queda estupefacto.
-¿Y qué? ¿Viajó en el tiempo? ¿Y cómo le hizo? –Le formula socarrona la
Juana-. Mire que yo soy burra pero no estúpida.
-Os debo una explicación gentil dama, que así os merecéis ser llamada. Tal
vez habréis escuchado hablar del libro del Arca. Encontrado en tiempos de
Alejandro, el Magno y copiado a mano en clandestinidad por monjes
cismáticos. Sería sin duda prohibido y defenestrado por nuestro Santo
Oficio, si supieran de su existencia. Sólo dos ejemplares se conservan,
según la leyenda, de los cuales uno obra en mi poder. Bueno, gracias a ese
texto he logrado construir una máquina del tiempo.
-...
-¿No? ¿No lo habéis escuchado? Hummm... tal vez siga siendo un arcano...
¡qué misterio! O tal vez todo ejemplar en esta época haya sido destruido...
¡sacrilegio inverso!
En fin. No es la primera vez que consigo este prodigio... bueno, pues claro,
con algunas diferencias. He logrado llevar a mi tiempo un objeto del futuro,
del año 1984, un extraño objeto negro de aspecto fálico... Aún no desentraño
su función y estructura. –Baja la voz-. Pero por supuesto todo esto hecho
con el mayor sigilo.
-Yo era buena pa’ la historia pero no terminé el secundario. No conozco ese
ojeto que usté dice. Pero... ¿no quiere pasar tomar mate y me cuenta? –dice
la obrera pensando en pedirle a cambio el cadáver fresco del caballo.
Después de todo, el Carlos se pondría contento.
-¡Ah! Con gusto. –Dice exultante nuestro caballero-. Presiento que me
inspiraréis muchas cosas.
*
Caniles, Granada. Año de 1589
Un sirviente se aleja corriendo de la máquina infernal ubicada en un atalaya
en la que acaban de desaparecer su buen amo y su leal caballo. Un humo
amarillento llena la estancia contigua poblada de libros prohibidos,
tratados de alquimia y un joystick encerrado cuidadosamente en una esfera de
cristal.
El sirviente grita a viva voz, conmocionado, a quien quiera oírlo: "Ha sido
el mismo Satán, por Nuestro Señor Jesucristo... " y asegura tener las
narices impregnadas de olor a azufre.
El sirviente no es otro, que el del mismísimo Cervantes.
*
Año 2056, mismo hábitat, mismo cubículo
El tatarabuelo que tarda un poco en moverse pero que aún piensa le responde
a la tres veces nieta:
-Sí m’hijita. ¡Y es el episodio de Juana Villegas! Nada menos que de ella.
Descubridora por error de la electricidad fría e inventora de las medias
descartables. –Dice orgulloso haciendo ostentación de su lucidez-. ¡Larga
vida a su memoria!
junio 2004
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