Mientras el mundo tiembla

Por Amado Boudou

El ex vicepresidente analiza como los sectores concentrados de la economía insisten en imponer su agenda, la sin razón de las reducciones en los salarios sin que haya luego reparto de ganancias y la siempre vigente disputa ideológica en torno a la deuda y el impuesto a la riqueza.

En los últimos días nos hemos enterado de la gran preocupación del sector concentrado del empresariado y sus voceros por el daño que causará en vidas humanas la caída de la actividad producto de la cuarentena. “El derrumbe de la economía provocará mas muertes que la pandemia” sentencian con su habitual seriedad y circunspección. La misma con la que piden seguridad y certezas para sus inversiones (¿una de las justificaciones de las ganancias empresariales no era el riesgo?) en simultáneo a propiciar incertidumbre y temor a los pueblos mediante la flexibilización laboral y previsional (como si viviéramos en un mundo en el cual lxs trabajadorxs explotan a los capitalistas).

Ahora bien, ¿qué es la “economía”? ¿no es, acaso, un conjunto de arreglos sociales para satisfacer las necesidades y deseos de lxs humanxs preservando la naturaleza? Entonces pierde sentido la falsa dicotomía que pretende instalarse entre salud y economía. Por lo tanto, el sector que pugna por una salida indiscriminada de la cuarentena debería desenmascararse y decir “no me importa ninguna vida si me provoca una baja en mis ganancias”.

Porque ni en las preocupaciones del establishment empresarial concentrado, ni en la institucionalidad que han construido y condicionan diariamente, jamás aparece la preocupación por las “vidas humanas”. En tiempos “normales” (léase sin pandemia) no les preocupa ninguna vida ni la condición de las mismas. O acaso se horrorizan con los salarios bajos, el desempleo, las malas condiciones laborales, el desfinanciamiento del sistema de salud, el hacinamiento, la desnutrición, el deterioro del sistema previsional u otras consecuencias de sus verdaderas preocupaciones. ¿Acaso la brutalidad policial que predican y militan para defender la propiedad (su propiedad) no provoca muertes innecesarias? Ni que hablar del impacto en vidas de las guerras y bloqueos que provocan e impulsan en todo el globo.

La súbita preocupación del establishment por las vidas humanas intenta disimular una sola preocupación: la disminución de las ganancias de sus empresas y sus financistas. Hoy, al igual que en tiempos “normales”, no están preocupados de en forma alguna por ninguna vida. Y es en este sentido la pretensión y presión para que el Gobierno altere sus prioridades. Prioridades humanistas y democráticas han permitido que ningún filtro economicista determine las políticas públicas en esta etapa. ¿Por que preservar la “economía” en un mundo donde puede acotarse el margen de riesgo de la vida? Esta visión deja al descubierto que el neoliberalismo pretende, mediante sus voceros y beneficiarios, ocupar el lugar metafísico de una religión procurando que el sentido último de la vida sea mercantil, que no exista otra motivación, sentido o razón por fuera de la ganancia del capital.

No nos distraigamos. Aún en los dolorosos y difíciles tiempos que corren, por los motivos expuestos, el discurso dominante intenta avanzar y obtener nuevas ventajas concretas para el capital y su correlación de fuerzas. Pretenden utilizar la situación como un punto de apoyo para mover el mundo hacia sus objetivos, imponiendo condiciones de vida más duras a la población y recortando derechos. A cualquier costo. Sin vacilar siquiera ante el “costo” de vidas.

En este marco debe leerse que al mismo tiempo los trabajadores “aceptan” reducciones salariales del 25% mientras las 12.000 personas más ricas no aceptan (y dan una pelea feroz utilizando todo su sistema político, comunicacional y de “sentido común”) un impuesto por única vez sobre sus patrimonios. Es decir la carga de la lucha contra la pandemia es soportada por lxs trabajadorxs, mientras los capitalistas lejos de mirar indiferentes exhiben sin pudor su egoísmo desenfrenado y su codicia. Mientras tanto los precios de los bienes suben sin parar afectando mas aún a los primeros y beneficiando a los últimos.

Se han producido despidos y reducciones de salarios. Claro que estos hechos no se encuentran contemplados entre las “libertades y derechos básicos” por los que claman Macri, Bullrich (la militante del gatillo fácil que no trepidó en quitarle el 13% a lxs jubiladxs) y Vargas Llosa (el lobista Jekyll, no mi admirado escritor Hyde) en un documento que firmaron días atrás. Para ellos la libertad es una cuestión abstracta y solo para ricos. ¿Qué libertad puede existir en un contexto global de tanta desigualdad? Estos personajes jamás interpretarán la libertad como la situación de no sentir necesidades. Tampoco consideran dentro de los derechos básicos a los derechos laborales ni sociales. El derecho básico (quizás único) para ellxs es el derecho de propiedad como absoluto categórico. En criollo, entienden que la libertad es poder hacer lo se quieran con la vida de los demás mientras tengas el poder, los privilegios y la prepotencia que otorga pertenecer o representar a la clase dominante.

Por supuesto que otra libertad fundamental es la de no sentir miedo. En este aspecto millones de compatriotas genuinamente hoy lo sienten. No saben de que van a vivir no solo hoy, sino tampoco en un futuro quizás demasiado parecido al presente. Esto no puede dar lugar a confusión, permitiendo que sean argumento en los reclamos de quienes solo miran sus hojas de balance. El Gobierno viene avanzando en medidas para que toda la población acceda a sus necesidades básicas. En este sentido el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), el acompañamiento parcial en los salarios del sector privado y los créditos a tasa cero son Políticas en el mejor y mas efectivo de los sentidos. Sostener el acceso irrestricto a servicios públicos es indispensable en los tiempos invernales que se acercan. Es preciso que esta adecuada política no genere ninguna acreencia sobre los usuarios ni sobre el Estado, dado el contexto imperante.

Un capítulo aparte merece la posición de los bonistas con respecto a la más que razonable y responsable oferta Argentina en medio de la catástrofe de salud. Los datos que vamos conociendo refuerzan una certeza. Pretenden acorralar a la Argentina y cobrar sin miramientos ni valoración de las vidas, o de la necesidad del Gobierno de asignar su presupuesto para atender cuestiones de salud, aún en medio de la pandemia. Obviamente, y es lógico, el futuro de nuestra Patria jamás forma parte de sus evaluaciones. No alcanzó con que durante cuatro años Macri convirtiera nuestro país en el casino mas grande del mundo. Un casino muy particular, con cartas marcadas ya que el croupier trabajaba para los apostadores. ¡Siempre quieren mas! Sin un freno, nunca se detendrán hasta que la victima no tenga nada que le pueda ser quitado. Aún en un mundo tan delirante en que el petróleo pasa a tener precios “negativos” los dueños del capital no aflojan.

Algunos de los que claman por mejoras en el sistema de salud e incluso comienzan a percibir la importancia del rol del Estado en la vida de la comunidad, se encuentran a veces defendiendo la desproporcionada fortuna del 0,03% de nuestra sociedad implacable en su egoísmo y voracidad. No cierra. El feroz ataque contra el impuesto a las grandes fortunas propuesto por Máximo y Heller demuestra que es una disputa ideológica de los sectores más duros del capital. Como lo fueron los despidos de Techint. Sobre todo en un país donde la tasa impositiva de ganancias de las empresas es del 30% pero mediante mecanismos de elusión terminan pagando un 7,6%. Y esto sin considerar las actividades no declaradas, por las que obviamente tributan cero. Dicho sea de paso esto sucede en un país donde el hermano del ex presidente blanquea en forma ilegal decenas de millones de dólares durante su propio gobierno, contrabandeando mediante un decreto simple una posibilidad expresamente prohibida por la Ley que su propio espacio político votó y declamó en el recinto. Un país en el que ex funcionarios de alto rango del macrismo manejan su patrimonio mediante guaridas fiscales para evadir impuestos.

Finalmente convirtamos las dificultades en oportunidades, siempre. El argumento para despedir y suspender trabajadorxs, para bajar sus salarios o diferirlos es la caída de la actividad económica. Es decir, que no se podrán realizar ganancias a partir de la fuerza laboral. En forma simétrica ¿no es válido exigir que cuando haya ganancias éstas también se compartan con quienes la generan? Ofende la lógica mas sencilla no aplicar reversibilidad al argumento. Sí en las malas te obligan a ser socio, ¿por que no lo sos en las buenas?

La taba sigue en el aire.

El Destape

Un comentario

Responder a juan pividori Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *