Migrantes entre la esperanza y la desesperación

Foto AFP

Tecún Uman, Guatemala, 21 de octubre .– Con una bebé en los brazos, Jonathan sube a una nutrida balsa en la orilla del río Suchiate para cruzar a México, país que este sábado abrió a cuentagotas su frontera provocando la desesperación en muchos de los migrantes hondureños que ansían llegar a Estados Unidos.

La niña de cuatro meses duerme y no se inmuta ante el bullicio de decenas de personas que suben a las balsas construidas con cámaras de neumáticos y tablas de madera en la ciudad guatemalteca de Tecún Umán, fronteriza con México.

Algunos se muestran temerosos por el extenso y caudaloso río; otros cobran valor por la oportunidad de alcanzar México ante la mirada de unos cinco policías que no intervienen.

 

 

“No hay respuestas. Unos dicen una cosa, otros dicen otra, entonces la única opción es pasar por las balsas”, dice a la AFP Jonathan, de 22 años, quien sube a la precaria embarcación con dificultad mientras carga a la hija de una amiga que lo acompaña en este éxodo de miles de migrantes hondureños.

Las lanchas atraviesan a diario el río Suchiate desde Tecún Umán a la mexicana Ciudad Hidalgo, principalmente para trasladar mercadería que guatemaltecos compran en México obviando los controles aduaneros.

“Ya estamos desesperados, cuatro días de estar aquí y no hay respuesta de nada”, asegura el joven migrante, parte de la caravana que salió el sábado pasado de la ciudad de San Pedro Sula, en el norte de Honduras.

El éxodo masivo, que huye de la violencia y la pobreza en Honduras y que fue severamente criticado por el presidente estadounidense Donald Trump, entró a Guatemala el lunes por la tarde y luego se fue fragmentando en grupos que avanzaban a pie o en vehículos.

El viernes, la multitud logró vencer un cordón de policías y soldados en el paso fronterizo guatemalteco y llegó en estampida al portón mexicano, donde fueron repelidos por la policía con gases lacrimógenos.

– “Quiero una vida mejor” –

Al toparse con el cierre de la frontera mexicana, los integrantes de la caravana se apostaron en el puente internacional que une ambos países y armaron un campamento improvisado.

Allí, hacinados, han comenzado su espera interminable. Pero las autoridades mexicanas solo han permitido el ingreso al país de pequeños grupos de mujeres con niños, generando desesperación en el resto de la muchedumbre agotada por las altas temperaturas durante el día, el frío nocturno, la sed y el hambre.

“Necesito pasar porque quiero una vida mejor para mis hijos”, dice Blanca Serrano, de 30 años, quien llegó a la frontera dos días atrás con sus tres hijos de 3, 7 y 10 años.

La caravana ha tomado por sorpresa a los lancheros, que cobran desde 60 centavos hasta unos tres dólares a quienes quieren cruzar en sus balsas, que soportan hasta una veintena de personas.

Uno de estos trabajadores asegura a la AFP que “nunca había vivido una migración de este tipo”, pese a que la zona es uno de los pasos principales para inmigrantes ilegales que buscan llegar a Estados Unidos, sobre todo guatemaltecos, salvadoreños y hondureños que comparten los mismos problemas económicos y de inseguridad.

“Se siente feo”, resalta el hombre de bigote recortado, antes de tomar una larga estaca que sirve para mantener el control de la balsa en el río verdoso.

Algunos migrantes han preferido caminar por las partes bajas del afluente y otros se han lanzado desde el puente, motivados por aventurados que los convencen de reunirse en la plaza central de Ciudad Hidalgo.

Selvin Espinal, de 28 años, toma sus precauciones y no se decide a cruzar. Dice que no le teme al agua, pues sabe nadar, pero aún no supera los momentos de represión de parte de la policía mexicana.

“Tengo miedo de llegar y que nos vayan a golpear los policías del otro lado”, asegura. Junto con su compañera Nicole (20), se ha dedicado a vender cigarros y chicles comprados con dinero que les regalaron al atravesar Guatemala.

Los migrantes en la zona fronteriza podrían sobrepasar los 5.000, de acuerdo con sobrevuelos de las autoridades mexicanas.

La Jornada, México

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