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A mediodía anocheció

Por Ramón Carrillo - Allá en la tierra santiagueña, en el viejo cementerio entre unas piedras dispersas se encontró hace tiempo una lápida con esta inscripción: Chaupi Punchaupi Tutayara. Según la leyenda, tales palabras se grabaron en la tumba de un príncipe hijo del sol, muerto en plena juventud, mereciendo en grado sumo el cariño de sus súbditos: la inscripción quiere decir sencillamente "A mediodía anocheció".
Acabo de recordar la frase ahora, el corazón oprimido por la angustia ante el destino de EVA PERON. Destino misterioso y profundo el de esta mujer que entró en la inmortalidad como una princesa del sol. El mediodía es la plenitud del día. Sol alto y esplendoroso derramando su fuerza creadora, haciendo brotar de las entrañas de la tierra el máximo de las potencias que en ella se encierra.

Así EVA PERON, asciende en breves años hasta el ápice de su mediodía y con cariño inconmensurable por la humanidad doliente de su patria y de más allá de la patria derrama el conjunto increíble de sus obras y acciones, todas ellas enderezadas al mismo fin: La felicidad de los más humildes, de los más olvidados, de los más desgraciados; también a su conjuro, mediante su fuerza sin limites físicos, aquilatado por un sufrimiento tremendo, EVA PERON transforma al lado de su Líder y el nuestro la fisonomía y la esencia del pueblo argentino.

Los niños, los ancianos, las mujeres, los obreros, los enfermos de la carne y el alma, los rebeldes, los sin paz interior, los escépticos, los desesperanzados, los señalados por los aciagos signos del infortunio, reciben el amor de EVA PERON hecho creaciones que perdurarán mientras perdure la vida de los pueblos.


Pack de libros de Perón y Evita (zip  3 Mb)

Transcurrirá tal vez mucho tiempo para valorar las gigantescas y universales dimensiones del espíritu de EVA PERON que ahora la contemplamos sólo como un hecho nacional e histórico. Quienes hemos tenido el honor de trabajar cerca de ella sabemos que era imposible substraerse al influjo inextinguible de EVA PERON, a su singularísima captación de las necesidades del pueblo, las permanentes y las circunstanciales, a su magnético dinamismo, a su fortaleza realizadora. Subía su vida, como el sol a mediodía.
Y ahora también comprendemos por qué para ella no hubo pausa en la lucha, ni reposo alguno, ni baladí entretenimiento, ni un paso atrás ante los obstáculos de la incomprensión, de la mala fe, y hasta de la hostilidad que surgían ante ella, como surgen siempre ante los visionarios porque su personalidad evade el orden común.
Su fiebre de amor por el pueblo era contagiosa; emanaba de ella y transcurría por todos los canales de la vida argentina, haciendo surgir de la nada, esas realidades que se llaman FUNDACION EVA PERON. Ciudades Infantiles, Hogares-Escuelas, Ciudades Estudiantiles, Hogares de Tránsito, Hogares de Ancianos, Policlínicos, Escuela de Enfermeras y también la ayuda oportuna al sumergido para dignificarlo; la participación femenina en la vida política, social y gremial de la Nación incluso económica con su plan agrario todo en fin, lo que recibe hoy en beneficio el pueblo de la patria; este pueblo que antes jamás, entregó a nadie su corazón y que ahora lo ha encerrado en un solo nombre: EVITA.
Y al mediodía anocheció. Belleza, juventud, satisfacciones, descanso, todo ofrendó EVA PERON en aras de su amor por el pueblo, generado en su amor al Líder, compañero, guía y esposo. Sobre ella anocheció. Pero la hermosura del destino de EVA PERON, es la hermosura del bien.
Y lo impresionante de esta noche humana que nos atribula a todos los argentinos como la pérdida de algo propio, se compensa apenas con el convencimiento absoluto de que, hoy, mañana y siempre, EVA PERON vivirá en el amor de los humildes que son los elegidos de Dios y por eso Dios la recibirá en su seno entre el canto de los ángeles.


Evita Perón o viva el cáncer

Por
Enrique H. Panaro

Tu voz ronca de bronca rebelde comenzó a apagarse aquel 26 de julio del 52. Apenas había comenzado el segundo gobierno de tu esposo; y ni vos ni él imaginaban que alguna vez, ya muertos, ni siquiera los dejarían descansar en paz. Tu cuerpo embalsamado, Evita, poco después del golpe de Estado del 55, sería secuestrado, ocultado, humillado por tus enemigos y quizás los mismos bárbaros, tres décadas después, también profanaron la tumba del general Juan Domingo Perón para robarle su gorra, sable y dos manos serruchadas. Vaya a saber con qué rito macabro habrán celebrado su cobarde proeza.

Antes de suspirar dolorida y sin fuerzas, ¿oíste en tu memoria el pitazo de la locomotora que el 3 de enero de 1935 te había traído a Buenos Aires desde tu pueblo provinciano? ¿O fue una campana de estación de trenes o de iglesia la que a las veinte y veinticinco del 26 de julio de 1952 te anunció el fin?

¿Qué habías hecho para merecer lo escrito, Viva el cáncer, en una pared cercana adonde morías? Sólo tenías treinta y tres años y te odiaban tanto tus enemigos y te amaban tanto los descamisados del pueblo que, debajo de fotos tuyas, como si fueras una santa, encendieron velas en tu memoria y rezaron por tu descanso eterno... y durante días desfilarían ante tu cuerpo inmóvil para verte por última vez.


Marcha Evita Capitana

¿Qué habías hecho? Vamos, Evita, dímelo.

Cuando comenzó el primer gobierno de Juan, inicie la Cruzada de Ayuda Social con la que se hicieron obras urgentes: saneamiento en barrios humildes; fundación de comedores escolares, hogares de tránsito; donación de instrumental médico en hospitales; distribución gratuita de alimentos, remedios, ropa, calzado y juguetes para Navidad y Reyes a los niños más necesitados. Fue una acción rápida, improvisada, pero eficaz.

Después se organizó la Fundación Eva Perón.


El día del amor y de la paz

Sí, se creó a mediados del 48. Ya no se trataba de beneficencia, de limosna, sino de restituir derechos, de dar lo que correspondía, comenzando por los más débiles: los niños y los ancianos. Se construyeron policlínicos en los alrededores de Buenos Aires —Ezeiza, Avellaneda, Lanús y San Martín— y decenas de hospitales en el interior, miles de escuelas, hogares para ancianos y hogares para huérfanos, colonias de vacaciones, jardines de infantes, residencias para estudiantes del interior. El país que olvida a sus niños renuncia a su porvenir. El tren sanitario equipado con la mejor aparatología llegaba a los rincones más apartados de la Argentina. Y también fuimos generosos con importantes donaciones a países que atravesaban por situaciones difíciles: Bolivia, Perú, Ecuador, España, Italia, Francia, Israel.

"¡Viva el cáncer!, escribió alguna mano enemiga en un muro de Buenos Aires. La odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente. Ella los desafía hablando y los ofendía viviendo. Nacida para sirvienta, o a lo sumo para actríz de melodramas baratos. Evita se había salido de su lugar. La querían, la quieren los malqueridos; por su boca ellos decían y maldecían. Además Evita era el hada rubia que abrazaba al leproso y al haraposo y daba paz al desesperado, el incesante manantial que prodigaba empleos y colchones, zapatos y máquinas de coser, dentaduras postizas, ajuares de novia. Los míseros recibían estas caridades desde al lado, no desde arriba, aunque Evita luciera joyas despampanantes y en pleno verano ostentara abrigos de visón. No es que le perdonaran el lujo: se lo celebraban. No se sentía el pueblo humillado sino vengado por sus atavíos de reina. Ante el cuerpo de Evita, rodeado de claveles blancos desfila el pueblo llorando. Día tras día, noche tras noche, la hilera de antorchas: una caravana de dos semanas de largo. Suspiran aliviados los usureros, los mercaderes, los señores de la tierra. Muerta Evita, el presidente Perón es un cuchillo sin filo."
[Eduardo Galeano, Memorias del Fuego, México, Siglo XXI, 1990]

¿Es verdad que sacabas dinero a los ricos?

La ayuda social se solventaba con donaciones, principalmente, de los sindicatos y partidas del presupuesto nacional; lo demás, sólo fueron calumnias. ¿Cuántas denuncias hubo cuando cayó nuestro gobierno?...

Tras el golpe de Estado de septiembre de 1955 que derrocó al gobierno justicialista, una comisión investigó la administración de la Fundación Eva Perón y no registró ninguna denuncia por contribución forzada. En noviembre de ese año, el general Aramburu desplazó del gobierno de la “Revolución Libertadora” al moderado general Lonardi e incautó el féretro con el cadáver de Evita, depositado en custodia de la Confederación General del Trabajo. El cuerpo de Evita estuvo en un furgón en la calle, en la sede de la Inteligencia del Ejército, en la casa de un coronel que enloqueció. Finalmente lo sepultaron secretamente en un cementerio de Milán, Italia, hasta que en 1971 —en otra operación oculta de otro gobierno militar, “Revolución Argentina”— el cadáver de Evita fue entregado al general Perón que por entonces residía en la quinta “17 de Octubre”, Puerta de Hierro, Madrid, donde constató y documentó con fotografías las consecuencias del mal trato sufrido por el cuerpo embalsamado de su ex esposa.

María Eva Duarte de Perón, Evita, actualmente yace en el Cementerio de la Recoleta de Buenos Aires, en la bóveda de su familia. En un nuevo aniversario de su fallecimiento recibirá flores, velas encendidas y palabras de discurso. Tal vez lleguen a ella desde lejos voces sufrientes de millones de desocupados y empleados con salarios miserables, quizás oiga los ruegos de comida de los que aún hurgan en la basura o de los viejos y los niños que vagan sin rumbo por la ciudad y hace tiempo que ya no son los privilegiados de la Argentina.

26 de julio de 2006
www.enriquepanaro.com.ar


MI MENSAJE
[Texto completo]

INTRODUCCION - En estos últimos tiempos, durante las horas de mi enfermedad, he pensado muchas veces en este mensaje de mi corazón. Quizás porque en "La Razón de mi Vida" no alcancé a decir todo lo que siento y lo que pienso, tengo que escribir otra vez. He dejado demasiadas entrelíneas que debo llenar; y esta vez no porque yo lo necesite. No. Mejor sería acaso para mí que callase, que no dijese ninguna de las cosas que voy a decir, que quedase para todos, como una palabra definitiva, todo lo que dije en el primero de mis libros, pero mi amor y mi dolor no se conforman con aquella mezcla desordenada de sentimientos y de pensamientos que dejé en las páginas de "La Razón de mi Vida". Quiero demasiado a los descamisados, a las mujeres, a los trabajadores de mi pueblo, y por extensión quiero demasiado a todos los pueblos del mundo, explotados y condenados a muerte por los imperialismos y los privilegiados de la tierra. Me duele demasiado el dolor de los pobres, de los humildes, el gran dolor de tanta humanidad sin sol y sin cielo como para que pueda callar. Si, todavía quedan sombras y nubes queriendo tapar el cielo y el sol de nuestra tierra, si todavía queda tanto dolor que mitigar y heridas que restañar, cómo será donde nadie ha visto la luz ni ha tomado en sus manos la bandera de los pueblos que marchan en silencio, ya sin lágrimas y sin suspiros, sangrando bajo la noche de la esclavitud! Y como será donde ya se ve la luz, pero demasiado lejos, y entonces la esperanza es un inmenso dolor que se rebela y que quema en la carne y el alma de los pueblos sedientos de libertad y justicia! Para ellos, para mi pueblo y para todos los pueblos de la humanidad es "Mi Mensaje". Ya no quiero explicarles nada de mi vida ni de mis obras. No quiero recibir ya ningún elogio. Me tienen sin cuidado los odios y las alabanzas de los hombres que pertenecen a la raza de los

explotadores. Quiero rebelar a los pueblos. Quiero incendiarlos con el fuego de mi corazón. Quiero decirles la verdad que una humilde mujer del pueblo -¡la primera mujer del pueblo que no se dejó deslumbrar por el poder ni por la gloria!- aprendió en el mundo de los que mandan y gobiernan a los pueblos de la humanidad. Quiero decirles la verdad que nunca fue dicha por nadie, porque nadie fue capaz de seguir la farsa como yo, para saber toda la verdad. Porque todos los que salieron del pueblo para recorrer mi camino no regresaron nunca. Se dejaron deslumbrar por la fantasía maravillosa de las alturas y se quedaron para gozar de la mentira. Yo me vestí también con todos los honores de la gloria, de la vanidad y del poder. Me dejé engalanar con las mejores joyas de la tierra. Todos los países del mundo me rindieron sus homenajes, de alguna manera. Todo lo que me quiso brindar el círculo de los hombres en que me toca vivir, como mujer de un presidente extraordinario, lo acepté sonriendo, "prestando mi cara" para guardar mi corazón. Sonriendo, en medio de la farsa, conocí la verdad de todas sus mentiras. Yo puedo decir ahora lo mucho que se miente, todo lo que se engaña y todo lo que se finge, porque conozco a los hombres en sus grandezas y en sus miserias. Muchas veces he tenido ante mis ojos, al mismo tiempo, como para compararlas frente a frente, la miseria de las grandezas y las grandezas de la miseria. Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle, por eso no me deslumbró jamás la grandeza del poder y pude ver sus miserias. Por eso nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas. Ahora conozco todas las verdades y todas las mentiras del mundo. Tengo que decirlas al pueblo de donde vine. Y tengo que decirlas a todos los pueblos engañados de la humanidad. A los trabajadores, a las mujeres, a los humildes descamisados de mi Patria y a todos los descamisados de la tierra y a la infinita raza de los pueblos! como un mensaje de mi corazón.
 

MI MENSAJE


TENIA QUE VOLAR CON ÉL

En "La Razón de mi Vida" dije con mis pobres palabras cómo un día maravilloso de mi existencia me encontré con Perón. El ya estaba en la lucha. Lo recuerdo como si lo viese, con la mirada llena de brillo, con la frente levantada, con su limpia sonrisa, con su palabra encendida por el fuego de su corazón. Vi desde el primer momento la sombra de sus enemigos, acechando como buitres desde la altura o como víboras pegajosas desde la tierra vencida. Vi a Perón demasiado solo, excesivamente confiado en el poder vencedor de sus ideales, creyendo en la primera palabra de todos los hombres como si fuese su propia palabra, limpia y generosa, sincera y honrada. No me atrajeron ni su figura ni los honores de su cargo y, menos, sus galones de militar. Desde el primer momento yo vi su corazón, y sobre el pedestal de su corazón, el mástil de sus ideales sosteniendo cerca del cielo la bandera de su Patria y de su Pueblo. Vi su inmensidad, una soledad como la de los cóndores, como la de las altas cumbres, como la soledad de las estrellas en la inmensidad del infinito. Y a pesar de mi pequeñez, decidí acompañarlo. Por seguirlo, por estar con él, hubiese sido y hubiese hecho cualquier cosa menos torcer la ruta de su destino. Fue cuando le dije un día: "estoy dispuesta a seguirlo, donde quiera que vaya". Poco a poco yo entré también en sus batallas. A veces porque me provocaron sus enemigos. Otras, porque me indignaron sus traiciones y sus mentiras. Había decidido seguirlo a Perón, pero no me resignaba a seguirlo de lejos, sabiéndolo rodeado de enemigos y ambiciosos que se disfrazaban con palabras amistosas. Y de amigos que no sentían ni el calor de la sombra de sus ideales. Yo quería estar con él los días y las noches de su vida, en la paz de sus descansos y en las batallas de su lucha. Ya sabia que él, como los cóndores, volaba alto y solo. ¡Y sin embargo yo tenía que volar con él! Confieso que no medí desde el principio toda la magnitud de mi decisión. Creí que podía ayudar a Perón con mi cariño de mujer; con la compañía de mi corazón enamorado de su persona y de su causa, pero nada más. Pensé que mi tarea, junto a su soledad, era llenarla con la alegría y con los entusiasmos de mi juventud.

MI CORONEL

Y así emprendimos el camino: alegres y felices en medio de la lucha. Un día me confesó que yo, su pequeña "giovinota" como solía llamarme, era la única compañía sincera y leal de su existencia. ¡Nunca como ese día me dolió tanto mi pequeñez! ¡Ese día decidí hacer lo posible para acompañarlo mejor! Recuerdo que le pedí que fuese mi maestro y él, en las treguas de su lucha, me enseñó un poco de todo cuanto pude aprender. Me gustaba leer a su lado. Empezamos por "Las vidas paralelas" de Plutarco y seguimos después con las "Cartas completas de Lord Chesterfield a su hijo Stanhope". En un tiempo me enseñó un poco de los idiomas que él sabia: inglés, italiano y francés. Sin que yo lo advirtiese, fui aprendiendo también a través de sus conversaciones la historia de Napoleón, de Alejandro y de todos los grandes de la historia. Y así fue que me enseñó también a ver de una manera distinta nuestra propia historia. Con él aprendí a leer en el panorama de las cuestiones políticas internas e internacionales. Muchas veces me hablaba de sus sueños y de sus esperanzas, de sus grandes ideales. Metida en un rincón de la vida de "mi Coronel", se me ocurre que yo era algo así como un ramo de flores en su casa... Nunca pretendí ser más que eso. Sin embargo, la lucha que se libraba en torno de Perón era demasiado dura, muy grandes sus enemigos, casi infinita su soledad y demasiado grande mi amor para que yo pudiese conformarme con ser nada más que un poco de alegría en su camino.

LAS PRIMERAS SOMBRAS

La mayoría de los hombres que rodeaban entonces a Perón creyeron que yo no era más que una simple aventurera. Mediocres al fin, ellos no habían sabido sentir como yo quemando mi alma, el fuego de Perón, su grandeza y su bondad, sus sueños y sus ideales. Ellos creyeron que yo "calculaba" con Perón, porque medían mi vida con la vara pequeña de sus almas. Yo los conocí de cerca, uno por uno. Después, casi todos lo traicionaron a Perón, algunos en octubre de 1945, otros más tarde. Me di el gusto de insultarlos de frente, gritándoles en la cara la deslealtad y el deshonor con que procedían o combatiéndolos hasta probar la falsía de sus procedimientos y de sus intenciones. Yo me quedé sola junto a mi coronel hasta que se lo llevaron prisionero. Desde aquellos días desconfié de los amigos encumbrados y de los hombres de honor y me aferré ciegamente a los hombres y mujeres humildes de mi pueblo que sin tanto "honor", sin tantos títulos ni privilegios saben jugarse la vida por un hombre, por una causa, por un ideal. ¡O por un simple sentimiento del corazón! Aquellas primeras grandes desilusiones me hicieron ver con claridad el camino: Perón no podía creer en nada ni en nadie que no fuese su pueblo. Desde entonces se lo he dicho infinitas veces en todos los tonos de voz como para que nunca se le olvide, en medio de tantas palabras con que mienten su honor y lealtad los hombres que rodean por lo general a un presidente. Los pueblos de la tierra no sólo deben elegir al hombre que los conduzca: deben saber cuidarlo de los enemigos que tienen en las antesalas de todos los gobiernos. Yo cuidé por mi pueblo a Perón y los eché de sus antesalas, a veces con una sonrisa, y a veces también con las duras palabras de la verdad que dije de frente con toda la indignación de mi rebeldía.

LOS ENEMIGOS DEL PUEBLO

Los enemigos del pueblo fueron y siguen siendo los enemigos de Perón. Yo los he visto llegar hasta él con todas las formas de la maldad y de la mentira. Quiero denunciarlos definitivamente. Porque serán enemigos eternos de Perón y del pueblo aquí y en cualquier parte del mundo donde se levante la bandera de la justicia y la libertad. Nosotros los hemos vencido, pero ellos pertenecen a una raza que nunca morirá definitivamente. Todos llevamos en la sangre la semilla del egoísmo que nos puede hacer enemigos del pueblo y de su causa. Es necesario aplastarla donde quiera que brote si queremos que alguna vez el mundo alcance el mediodía brillante de los pueblos, si no queremos que vuelva a caer la noche sobre su victoria. A los enemigos de Perón yo los he conocido de cerca y de frente. Yo no me quedé jamás en la retaguardia de sus luchas. Estuve en la primera línea de combate; peleando los días cortos y las noches largas de mi afán, infinito como la sed de mi corazón, y cumplí dos tareas. ¡No sé cuál fue más digna de una vida pequeña como la mía, pero mi vida al fin! Una, pelear por los derechos de mi pueblo. La otra, cuidar las espaldas de Perón. En esa doble tarea, inmensa para mi, que no tenía más armas que mi corazón enardecido, conocí a los enemigos de Perón y de mi pueblo. Son los mismos. iSí! Nunca vi a nadie de nuestra raza y la raza de los pueblos! peleando contra Perón. A los otros en cambio, si... A veces los he visto fríos e insensibles. Declaro con toda la fuerza de mi fanatismo que siempre me repugnaron. Les he sentido frío de sapos o de culebras. Lo único que los mueve es la envidia. No hay que tenerles miedo: la envidia de los sapos nunca pudo tapar el canto de los ruiseñores. Pero hay que apartarlos del camino. No pueden estar cerca del pueblo ni de los hombres que el pueblo elige para conducirlos. Y menos, pueden ser dirigentes del pueblo. Los dirigentes del pueblo tienen que ser fanáticos del pueblo. Si no, se marean en la altura y no regresan. Yo los he visto también con el mareo de las cumbres.

LOS FANÁTICOS


"Evita", libro de lectura para primer grado, de Graciela A. de Videla, Edit. Luis Laserre, 1953 (Pa' que rabie el gorilaje) pdf 4 Mb.

Solamente los fanáticos -que son idealistas y son sectarios- no se entregan. Los fríos, los indiferentes, no deben servir al pueblo. No pueden servirlo aunque quieran. Para servir al pueblo hay que estar dispuestos a todo, incluso a morir. Los fríos no mueren por una causa, sino de casualidad. Los fanáticos sí. Me gustan los fanáticos y todos los fanatismos de la historia. Me gustan los héroes y los santos. Me gustan los mártires, cualquiera sea la causa y la razón de su fanatismo. El fanatismo que convierte a la vida en un morir permanente y heroico es el único camino que tiene la vida para vencer a la muerte. Por eso soy fanática. Daría mi vida por Perón y por el pueblo. Porque estoy segura que solamente dándola me ganaré el derecho de vivir con ellos por toda la eternidad. Así, fanáticas quiero que sean las mujeres de mi pueblo. Así, fanáticos quiero que sean los trabajadores y los descamisados. El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas. Es la gran fuerza de los pueblos: la única que no poseen sus enemigos, porque ellos han suprimido del mundo todo lo que suene a corazón. Por eso los venceremos. Porque aunque tengan dinero, privilegios, jerarquías, poder y riquezas no podrán ser nunca fanáticos. Porque no tienen corazón. Nosotros sí. Ellos no pueden ser idealistas, porque las ideas tienen su raíz en la inteligencia, pero los ideales tienen su pedestal en el corazón. No pueden ser fanáticos porque las sombras no pueden mirarse en el espejo del sol. Frente a frente, ellos y nosotros, ellos con todas las fuerzas del mundo y nosotros con nuestro fanatismo, siempre venceremos nosotros. Tenemos que convencernos para siempre: el mundo será de los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo. Quemarnos para poder quemar, sin escuchar la sirena de los mediocres y de los imbéciles que nos hablan de prudencia. Ellos, que hablan de la dulzura y del amor, se olvidan que Cristo dijo: "¡Fuego he venido a traer sobre la tierra y que más quiero sino que arda!" Cristo nos dio un ejemplo divino de fanatismo. ¿Qué son a su lado los eternos predicadores de la mediocridad?

NI FIELES NI REBELDES

Yo he medido con la vara de mi corazón la frialdad y el fanatismo de los hombres. Los dos extremos han desfilado permanentemente ante mis ojos. El paisaje de estos años de mi vida es un inmenso contraste de luces y sombras. En todos los momentos de esta vida mía me es dado contemplar y sufrir ese tremendo encuentro del fanatismo y de la indiferencia. Confieso que no me duele tanto el odio de los enemigos de Perón como la frialdad y la indiferencia de los que debieron ser amigos de su causa maravillosa. Comprendo más y casi diría que perdono más el odio de la oligarquía que la frialdad de algún hijo bastardo del pueblo que no siente ni comprende a Perón. Si alguna cosa tengo que reprocharle a las altas jerarquías militares y clericales es precisamente su frialdad y su indiferencia frente al drama de mi pueblo. Sí, no exagero: lo que sucede en nuestro pueblo es drama, auténtico y extraordinario drama por la posesión de la vida, de la felicidad, del simple y sencillo bienestar que mi pueblo venia soñando desde el principio de su historia. El 17 de octubre fue el encuentro del Pueblo con Perón. Aquella noche inolvidable se selló el destino de los dos, y así empezó el inmenso drama... Frente a un mundo de pueblos sometidos Perón levantó la bandera de nuestra liberación. Frente a un mundo de pueblos explotados Perón levantó la bandera de la justicia. Yo le sumé mi corazón y entrelacé las dos banderas de la justicia y de la libertad con un poco de amor... pero todo esto -la libertad, la justicia y el amor, Perón y su pueblo-, todo esto es demasiado para que pueda mirarse con indiferencia o con frialdad. Todo esto merece odio o merece amor. Los tibios, los indiferentes, las reservas mentales, los peronistas a medias, me dan asco. Me repugnan porque no tienen olor ni sabor. Frente al avance permanente e inexorable del día maravilloso de los pueblos también los hombres se dividen en los tres campos eternos del odio, de la indiferencia y del amor. Hay fanáticos del pueblo. Hay enemigos del pueblo. Y hay indiferentes. Estos pertenecen a la clase de hombre que Dante señaló ya en las puertas del infierno. Nunca se juegan por nada. Son como "los ángeles que no fueron ni fieles ni rebeldes".

CAIGA QUIEN CAIGA

Yo he visto a Perón peleando incansablemente por su pueblo frente a las fuerzas dominantes de la humanidad. Este capítulo está dedicado a ellas. No puedo callar porque sería mentirle a mi pueblo y a todos los pueblos de la tierra que han sufrido y sufren la despiadada prepotencia de los imperialismos. Es hora de decir la verdad, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Existen en el mundo naciones explotadoras y naciones explotadas. Yo no diría nada si se tratase solamente de naciones, pero es que detrás de cada nación que someten los imperialismos hay un pueblo de esclavos, de hombres y mujeres explotados. Y aún las mismas naciones imperialistas esconden siempre detrás de sus grandezas y de sus oropeles la realidad amarga y dura de un pueblo sometido. Los imperialismos han sido y son la causa de las más grandes desgracias de una humanidad que se encarna en los pueblos. Esta es la hora de los pueblos, que es como decir la hora de la humanidad. Todos los enemigos de la humanidad tienen las horas contadas. ¡También los imperialismos! En la hora de los pueblos lo único compatible con la felicidad de los hombres será la existencia de naciones justas, soberanas y libres, como quiere la doctrina de Perón. Y esto sucederá en este siglo. Aunque parezca ya una letanía de mi fanatismo sucederá, "caiga quien caiga y cueste lo que cueste".

LOS IMPERIALISMOS

¡Los imperialismos! A Perón y a nuestro pueblo les ha tocado la desgracia del imperialismo capitalista. Yo lo he visto de cerca en sus miserias y en sus crímenes. Se dice defensor de la justicia mientras extiende las garras de su rapiña sobre los bienes de todos los pueblos sometidos a su omnipotencia. Se proclama defensor de la libertad mientras va encadenando a todos los pueblos que de buena o de mala fe tienen que aceptar sus inapelables exigencias.

LOS QUE SE ENTREGAN

Pero más abominable aún que los imperialistas son los hombres de las oligarquías nacionales que se entregan vendiendo y a veces regalando por monedas o por sonrisas la felicidad de sus pueblos. Yo los he conocido también de cerca. Frente a los imperialismos no sentí otra cosa que la indignación del odio, pero frente a los entregadores de sus pueblos, a ella sumé la infinita indignación de mi desprecio. Muchas veces los he oído disculparse ante mi agresividad irónica y mordaz. "No podemos hacer nada", decían. Los he oído muchas veces; en todos los tonos de la mentira. ¡Mentira! ¡Sí! ¡Mil veces mentira...! Hay una sola cosa invencible en la tierra: la voluntad de los pueblos. No hay ningún pueblo de la tierra que no pueda ser justo, libre y soberano. "No podemos hacer nada" es lo que dicen todos los gobiernos cobardes de las naciones sometidas. No lo dicen por convencimiento sino por conveniencias.

POR CUALQUIER MEDIO

Nosotros somos un pequeño pueblo de la tierra, y sin embargo con nosotros Perón decidió ganar, frente al imperialismo capitalista, nuestra propia justicia y nuestra propia libertad. Y somos justos y libres. Podrá costar más o menos sacrificio ¡pero siempre se puede! No hay nada que sea más fuerte que un pueblo. Lo único que se necesita es decidirlo a ser justo, libre y soberano. ¿Los procedimientos? Hay mil procedimientos eficaces para vencer: con armas o sin armas, de frente o por la espalda, a la luz del día o a la sombra de la noche, con un gesto de rabia o con una sonrisa, llorando o cantando, por los medios legales o por los medios ilícitos que los mismos imperialismos utilizan en contra de los pueblos. Yo me pregunto: ¿qué pueden hacer un millón de acorazados, un millón de aviones y un millón de bombas atómicas contra un pueblo que decide sabotear a sus amos hasta conseguir la libertad y la justicia? Frente a la explotación inicua y execrable, todo es poco. Y cualquier cosa es importante para vencer.

EL HAMBRE Y LOS INTERESES

El arma de los imperialismos es el hambre. Nosotros, los pueblos sabemos lo que es morir de hambre. El talón de Aquiles del imperialismo son sus intereses. Donde esos intereses del imperialismo se llamen "petróleo" basta, para vencerlos, con echar una piedra en cada pozo. Donde se llame cobre o estaño basta con que se rompan las máquinas que los extraen de la tierra o que se crucen de brazos los trabajadores explotados... ¡No pueden vencemos! Basta con que nos decidamos. Así quiso que fuese Perón entre nosotros y vencimos. Ya no podrán jamás arrebatarnos nuestra justicia, nuestra libertad y nuestra soberanía. Tendrían que matarnos uno por uno a todos los argentinos. Y eso ya no podrán hacerlo jamás.

EL ODIO Y EL AMOR

En años de lucha he aprendido cómo juegan su papel en el gobierno de los pueblos las fuerzas políticas nacionales e internacionales, las fuerzas económicas y espirituales de la tierra, y cómo se disfrazan las ambiciones de los hombres. Yo he visto a Perón enfrentándolos de pie, sereno e

imperturbable, mirando siempre más allá de su vida y de su tiempo, con los ojos puestos exclusivamente en la felicidad de su pueblo y en la grandeza de su Patria. Nada ni nadie pudo ni podrá apartarlo de su camino. Yo recuerdo cómo, en los primeros tiempos de su lucha, debió enfrentar la calumnia que intentaba separarlo de sus descamisados: decían que él era un peligro para el pueblo porque era militar. Algunos años después, como la calumnia no prosperó, sus enemigos trataron de enfrentarlo con las fuerzas armadas. Decían que Perón intentaba crear una fuerza en los trabajadores para sustituir el influjo militar en el Gobierno de la República. Sobre todas estas cosas quiero decir la verdad ¡mi auténtica verdad! y espero que alguna vez se imponga sobre tanta mentira, o por lo menos -aunque no me crean- sirva para algo a los pueblos del mundo en sus luchas por la justicia y por la libertad. Declaro que pertenezco ineludiblemente y para siempre a la "ignominiosa raza de los pueblos". De mí no se dirá jamás que traicioné a mi pueblo, mareada por las alturas del poder y de la gloria. Eso lo saben todos los pobres y todos los ricos de mi tierra, por eso me quieren los descamisados y los otros me odian y me calumnian. Nadie niega en mi Patria que, para bien o para mal, yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle. Por eso, porque sigo pensando y sintiendo como pueblo, no he podido vencer todavía nuestro "resentimiento" con la oligarquía que nos explotó. ¡Ni quiero vencerlo! Lo digo todos los días con mi vieja indignación descamisada, dura y torpe, pero sincera como la luz que no sabe cuando alumbra y cuando quema. Como el viento que no distingue entre borrar las nubes del cielo y sembrar la desolación en su camino. No entiendo los términos medios ni las cosas equilibradas. Sólo reconozco dos palabras como hijas predilectas de mi corazón: el odio y el amor. Nunca sé cuando odio ni cuando estoy amando, y en este encuentro confuso del odio y del amor frente a la oligarquía de mi tierra -y frente a todas las oligarquías del mundo- no he podido encontrar el equilibrio que me reconcilie con las fuerzas que sirvieron antaño entre nosotros a la raza maldita de los explotadores.

LOS ALTOS CÍRCULOS

Me rebelo indignada con todo el veneno de mi odio, o con todo el incendio de mi amor -no lo sé todavía-, en contra del privilegio que constituyen todavía los altos círculos de las fuerzas armadas y clericales. Tengo plena conciencia de lo que escribo. Sé lo que sienten y lo que piensan de esos círculos los hombres y mujeres humildes que constituyen el pueblo. Todos los pueblos de la humanidad. Yo no los condeno personalmente. Aunque personalmente me combatieron y me combaten como enemiga declarada de sus propósitos y de sus intenciones. En el fondo de mi corazón, yo no deseo otra cosa que salvarlos con mi acusación, señalándoles el camino del pueblo por donde llega el porvenir de la humanidad. Yo sé que la religión es el alma de los pueblos y que a los pueblos les gusta ver en sus ejércitos la fuerza pujante de sus muchachos como garantía de su libertad y expresión de la grandeza de su Patria. Pero sé también que a los pueblos les repugna la prepotencia militar que se atribuye el monopolio de la Patria, y que no se concilian la humildad y la pobreza de Cristo con la fastuosa soberbia de los dignatarios eclesiásticos que se atribuyen el monopolio absoluto de la religión. La Patria es del pueblo, lo mismo que la Religión. No soy antimilitarista ni anticlerical en el sentido en que quieren hacerme aparecer mis enemigos. Lo saben los humildes sacerdotes del pueblo que me comprenden a despecho de algunos altos dignatarios del clero rodeados y cegados por la oligarquía. Lo saben los hombres honrados que en las fuerzas armadas no han perdido contacto con el pueblo. Los que no quieren comprenderme son los enemigos del pueblo metidos a militares. Ellos desprecian al pueblo y por eso desprecian a Perón, que siendo militar abrazó la causa del pueblo aún a costa de abandonar en cierto momento su carrera militar. Yo veo no sólo el panorama de mi propia tierra. Veo el panorama del mundo y en todas partes hay pueblos sometidos por gobiernos que explotan a sus pueblos en beneficio propio o de lejanos intereses. Y detrás de cada gobierno impopular he aprendido a ver ya la presencia militar, solapada y encubierta o descarada y prepotente. En este mensaje de mis verdades, no puedo callar esta verdad irrefutable que se cierne como la más grande sombra cubriendo los horizontes de la humanidad. Es necesario que los pueblos destruyan los altos círculos de sus fuerzas militares gobernando a las naciones. ¿Cómo? Abriendo al pueblo sus cuadros dirigentes. Los ejércitos deben ser del pueblo y servirlo. Deben servir a la causa de la justicia y de la libertad. Es necesario convencerlos de que la Patria no es una geografía de fronteras más o menos dilatadas sino que es el pueblo. La Patria sufre o es feliz en el pueblo que la forma. En la hora de nuestra raza, en la hora de los pueblos, la Patria alcanzará su más alta verdad. Es necesario que los ejércitos del mundo defiendan a sus pueblos sirviendo la causa de la justicia y de la libertad. Solamente así se salvarán los pueblos de caer en el odio contra "eso" que antes se llamaba Patria, y que era una mentira más ¡una bella mentira que inventó la oligarquía cuando empezó a vender la dignidad del pueblo, es decir la dignidad augusta y maravillosa de la Patria!

EL PUEBLO ES LA ÚNICA FUERZA

Yo no sé si no será posible que alguna vez el mundo cancele todo cuanto signifique una fuerza de agresión y desaparezca la necesidad de sostener ejércitos para la defensa, pero mientras eso -que sería lo ideal, acaso lo sobrenatural o lo imposible- no suceda, los pueblos del mundo deben cuidar que sus fuerzas militares no se conviertan en cadenas o instrumentos de su propia opresión. El ejército de mi Patria custodió en 1946 las elecciones que consagraron a Perón presidente de los argentinos. En aquella ocasión, fueron sus militares una garantía para el pueblo. A pesar de eso, yo considero que la función militar no debe ser en ningún caso garantía cívica de la justicia y la libertad. Porque la fuerza suele tentar a los hombres, lo mismo que el dinero. La garantía de la voluntad soberana del pueblo debe estar en el propio pueblo. Sacarla de sus manos es reconocerle una debilidad que no existe, porque los pueblos constituimos por nosotros mismos la fuerza más poderosa que poseen las naciones. Lo único que debemos hacer es adquirir plena conciencia del poder que poseemos y no olvidarnos de que nadie puede hacer nada sin el pueblo, que nadie puede hacer tampoco nada que no quiera el pueblo. ¡Sólo basta que los pueblos nos decidamos a ser dueños de nuestros propios destinos! Todo lo demás es cuestión de enfrentar al destino. ¡Basta eso para vencer! ¡Y si no que lo diga nuestro pueblo!

SERVIR AL PUEBLO

En estos momentos el mundo es una inmensa fortaleza. Todos los gobiernos han sido dominados por los altos círculos de sus fuerzas armadas. Así como la Edad Media fue clerical y la iglesia gobernó sobre los pueblos por medio de los reyes y los reyes dominaron a los pueblos valiéndose del clero, así en la Edad de nuestro siglo las fuerzas armadas mandan sobre los pueblos infiltradas en los gobiernos de las naciones y los gobiernos oprimen y sojuzgan y explotan a los pueblos valiéndose del instrumento colosal de sus ejércitos. Todo es militar en este mundo nuestro. Yo no diría una sola palabra si las fuerzas armadas fuesen instrumentos fieles al pueblo. Pero no es así: casi siempre son carne de oligarquía. O porque la oligarquía copó los altos círculos de la oficialidad, o porque los oficiales a los que el pueblo dio a sus fuerzas armadas se entregaron, olvidándose del pueblo, de sus dolores, y de su inmenso dolor! Nosotros, el pueblo, tenemos que ganar las altas jerarquías de las fuerzas armadas de las naciones. No se trata de destruirlas, aunque yo pienso que alguna vez serán inútiles. Se trata de convertirlas al pueblo y después, cuando todos sus dirigentes -sus oficiales- sean carne y alma del pueblo, habrá que permanecer alertas, vigilándolas para que no se entreguen otra vez. No creo que la solución sea la que adoptaron los espartanos en los años de su decadencia y que los generales tengan que ser elegidos por el pueblo. El pueblo sólo tiene que elegir a sus gobernantes para que ellos hagan lo que el pueblo quiere. Los generales deben servir al gobierno del pueblo con plena y absoluta conciencia de que nada en la Nación puede sobreponerse ni oponerse a la voluntad del pueblo.

LA GRANDEZA O LA FELICIDAD

La patria no es patrimonio de ninguna fuerza. La patria es el pueblo y nada puede sobreponerse al pueblo sin que corran peligro la libertad y la justicia. Las fuerzas armadas sirven a la patria sirviendo al pueblo. El gran error de algunas fuerzas armadas consiste en creer que servir a la patria es una cosa distinta. Entonces, en aras de lo que ellos creen que es la patria, no les importa sacrificar al pueblo, sometiéndolo a las reglas de la prepotencia militar. En todos los siglos de la historia ha sucedido lo mismo. El espíritu militar ha considerado que el gran ideal de su existencia consistía en alcanzar la grandeza de la Nación y que, ante ese objetivo supremo se justificaba todo, incluso sacrificar la felicidad del pueblo. Perón nos ha enseñado que la felicidad del pueblo es lo primero; que no se puede hacer la grandeza de un país con un pueblo que no tiene bienestar. Las fuerzas armadas del mundo deben convencerse de esta absoluta verdad del peronismo. Si no es así, los pueblos mismos, por su propia mano, con la conciencia plena de nuestro poderío insuperable, las iremos borrando de la historia de la humanidad.

SOMOS MÁS FUERTES

Todas estas ideas y razones me llevan a decirle a mi pueblo y a todos los pueblos del mundo en este mensaje de mis verdades: nadie puede más que nosotros. Somos más fuertes que todas las fuerzas armadas de todas las naciones juntas. Si nosotros no queremos que la fuerza bruta de las armas nos domine, no podrá dominarnos. Con las armas pueden matarnos, pero morir de hambre es más doloroso, y nosotros sabemos lo que es morir por hambre! No podrán matarnos. Los soldados son hijos nuestros y no se atreverán a tirar sobre sus madres aunque los manden miles y miles de oficiales entregados y vendidos a la oligarquía. Podrán vencemos un día, en la noche o de sorpresa, pero si al día siguiente nos largamos a la calle, o nos negamos a trabajar, o saboteamos todo cuanto ellos quieran mandar; tendrán que resignarse a devolvernos la libertad y la justicia. Si toda esta resistencia puede organizarse, mejor; si no, lo mismo venceremos con tal de que tengamos plena conciencia de nuestro poderío soberano. Debemos convencernos definitivamente de una sola cosa: de que el gobierno debe ser del pueblo y que nadie sino el pueblo puede ocuparlo, porque, si no, no será tampoco para el pueblo. La hora de los pueblos no será alcanzada por nuestro siglo si no exigimos participación activa en el gobierno de las naciones. Pero ¿cómo? Como nosotros lo hemos hecho en nuestra tierra, gracias a Perón. Llevando a los obreros y a las mujeres del pueblo a los más altos cargos y responsabilidades del Estado. Y cuidando después que los dirigentes políticos del pueblo y los dirigentes sindicales no pierdan contacto con las masas que representan. Los gobernantes del pueblo deben seguir viviendo con el pueblo. Es una condición fundamental para que los pueblos no empiecen a sentirse traicionados. Y para gobernar con sentido real de lo auténticamente popular.

VIVIR CON EL PUEBLO

Es lindo vivir con el pueblo. Sentirlo de cerca, sufrir con sus dolores y gozar con la simple alegría de su corazón. Pero nada de todo eso se puede si previamente no se ha decidido definitivamente encarnarse en el pueblo, hacerse una sola carne con él para que todo dolor y toda tristeza y angustia y toda alegría del pueblo sea lo mismo que si fuese nuestra. Eso es lo que yo hice, poco a poco en mi vida. Por eso el pueblo me alegra y me duele. Me alegra cuando lo veo feliz y cuando yo puedo añadir un poco de mi vida a su felicidad. Me duele cuando sufre. Cuando los hombres del pueblo o quienes tienen obligación de servirlo en vez de buscar la felicidad del pueblo lo traicionan. También tengo para ellos una palabra dura y amarga en este mensaje de mis verdades. Yo los he visto marearse por las alturas. Dirigentes obreros entregados a los amos de la oligarquía por una sonrisa, por un banquete o por unas monedas. Los denuncio como traidores entre la inmensa masa de trabajadores de mi pueblo y de todos los pueblos. Hay que cuidarse de ellos: son los peores enemigos del pueblo porque han renegado de nuestra raza. Sufrieron con nosotros pero se olvidaron de nuestro dolor para gozar la vida sonriente que nosotros les dimos otorgándoles una jerarquía sindical. Conocieron el mundo de la mentira, de la riqueza, de la vanidad y en vez de pelear ante ellos por nosotros, por nuestra dura y amarga verdad, se entregaron. No volverán jamás, pero si alguna vez volviesen habría que sellarles la frente con el signo infamante de la traición.

LAS JERARQUÍAS CLERICALES

Entre los hombres fríos de mi tiempo señalo a las jerarquías clericales cuya inmensa mayoría padece de una inconcebible indiferencia frente a la realidad sufriente de los pueblos. Declaro con absoluta sinceridad que me duelen como un desengaño estas palabras de mi dura verdad. Yo no he visto sino por excepción entre los altos dignatarios del clero generosidad y amor... como se merecía de ellos la doctrina de Cristo que inspiró la doctrina de Perón. En ellos simplemente he visto mezquinos y egoístas intereses y una sórdida ambición de privilegio. Yo los acuso desde mi indignidad, no para el mal sino para el bien. No les reprocho haberlo combatido sordamente a Perón desde sus conciliábulos con la oligarquía. No les reprocho haber sido ingratos con Perón, que les dio de su corazón cristiano lo mejor de su buena voluntad y de su fe. Les reprocho haber abandonado a los pobres, a los humildes, a los descamisados, a los enfermos, y haber preferido en cambio la gloria y los honores de la oligarquía. Les reprocho haber traicionado a Cristo que tuvo misericordia de las turbas. Les reprocho olvidarse del pueblo y haber hecho todo lo posible por ocultar el nombre y la figura de Cristo tras la cortina de humo con que lo inciensan. Yo soy y me siento cristiana. Soy católica, pero no comprendo que la religión de Cristo sea compatible con la oligarquía y el privilegio. Esto no lo entenderé jamás. Como no lo entiende el pueblo. El clero de los nuevos tiempos, si quiere salvar al mundo de la destrucción espiritual, tiene que convertirse al cristianismo. Empezar por descender al pueblo. Como Cristo, vivir con el pueblo, sufrir con el pueblo, sentir con el pueblo. Porque no viven ni sufren ni sienten ni piensan con el pueblo, estos años de Perón están pesando sobre sus corazones sin despertar una sola resonancia. Tienen el corazón cerrado y frío. ¡Ah, si supieran qué lindo es el pueblo, se lanzarían a conquistarlo para Cristo que hoy, como hace dos mil años, tiene misericordia de las turbas!

LA RELIGIÓN

Cristo les pidió que evangelizasen a los pobres y ellos no debieron jamás abandonar al pueblo donde está la inmensa masa oprimida de los pobres. Los políticos clericales de todos los tiempos y en todos los países quieren ejercer el dominio y aún la explotación del pueblo por medio de la iglesia y la religión. Muchas veces, para desgracia de la fe, el clero ha servido a los políticos enemigos del pueblo predicando una estúpida resignación... que no sé todavía cómo puede conciliarse con la dignidad humana ni con la sed de Justicia cuya bienaventuranza se canta en el Evangelio. También el clero político pretende ejercer en todos los países el dominio y aún la explotación del pueblo por medio del gobierno, lo que también es peligroso para la felicidad del pueblo. Los dos caminos del clericalismo político y de la política clerical deben ser evitados por los pueblos del mundo si quieren ser alguna vez felices. Yo no creo, como Lenín, que la religión sea el opio de los pueblos. La religión debe ser, en cambio, la liberación de los pueblos; porque cuando el hombre se enfrenta con Dios alcanza las alturas de su extraordinaria dignidad. Si no hubiese Dios, si no estuviésemos destinados a Dios, si no existiese religión, el hombre sería un poco de polvo derramado en el abismo de la eternidad. Pero Dios existe y por El somos dignos, y por El todos somos iguales, y ante El nadie tiene privilegios sobre nadie. ¡Todos somos iguales! Yo no comprendo entonces por qué, en nombre de la religión y en nombre de Dios, puede predicarse la resignación frente a la injusticia. Ni por qué no puede en cambio reclamarse, en nombre de Dios y en nombre de la religión, esos supremos derechos de todos a la justicia y a la libertad. La religión no ha de ser jamás instrumento de opresión para los pueblos. Tiene que ser bandera de rebeldía. La religión está en el alma de los pueblos porque los pueblos viven cerca de Dios, en contacto con el aire puro de la inmensidad. Nadie puede impedir que los pueblos tengan fe. Si la perdiesen, toda la humanidad estaría perdida para siempre. Yo me rebelo contra las "religiones" que hacen agachar la frente de los hombres y el alma de los pueblos. Eso no puede ser religión. La religión debe levantar la cabeza de los hombres. Yo admiro a la religión que puede hacerle decir a un humilde descamisado frente a un emperador: "¡Yo soy lo mismo que Usted, hijo de Dios!" La religión volverá a tener su prestigio entre los pueblos si sus predicadores la enseñan así: como fuerza de rebeldía y de igualdad, no como instrumento de opresión. Predicar la resignación es predicar la esclavitud. Es necesario, en cambio, predicar la libertad y la justicia. ¡Es el amor el único camino por el que la religión podrá llegar a ver el día de los pueblos!

LAS FORMAS Y LOS PRINCIPIOS

Yo vivo con mi corazón pegado al corazón de mi pueblo y conozco por eso todos sus latidos. Yo sé cómo siente, cómo piensa y cómo sufre. No se me escapa que muchas veces ha sido engañado y que en materia religiosa tiene demasiado prejuicios y acepta numerosos errores. Yo no me siento autorizada para juzgar sobre este trascendente tema. Mi mensaje está destinado a despertar el alma de los pueblos de su modorra frente a las infinitas formas de la opresión, y una de esas formas es la que utiliza el profundo sentido religioso de los pueblos como instrumento de esclavitud. El sentimiento religioso debe ser defendido por los pueblos y por eso todas sus deformaciones reclaman una condenación imperdonable. Yo creo que tanto mal han hecho a la humanidad los que creen que la religión es una simple colección de formalidades exteriores como aquellos que no ven otra cosa que principios de absoluta rigidez. La religión es para el hombre y no el hombre para la religión, y por eso la religión ha de ser profundamente humana, profundamente popular. Y para que la religión sea así, profundamente popular; debe volver a ser como antes. Ha de volver a hablar en el lenguaje del corazón que es el lenguaje del pueblo, olvidándose de los ritos excesivos y de las complicaciones teológicas también excesivas. Cuando al pueblo se le habla con sencillez y con amor; acepta la verdad que se le ofrece. Y con más fe todavía si se le predica con el ejemplo. Desgraciadamente nuestro pueblo, y acaso todos los pueblos de la tierra, sólo han visto demasiado interés en los predicadores de la fe y acaso por eso mismo, les han cerrado el corazón.

LOS PUEBLOS Y DIOS

Muchas veces, en estos años de mi vida, he pensado qué lejos estaban ciertos predicadores y apóstoles de la religión del corazón del pueblo... porque la frialdad y el egoísmo de sus almas no podía contagiar a nadie ni sembrar en las almas el ardor de la fe, que es fuego ardiente. Yo sé -y lo declaro con todas las fuerzas de mi espíritu- que los pueblos tienen sed de Dios. Y sé también como trabajan sacerdotes humildes en apagar aquella sed. Mi acusación no va dirigida contra éstos, sino contra quienes por egoísmo, por vanidad por soberbia, por interés o por cualquier otra razón indigna a la causa que dicen defender. alejan a los pueblos de la verdad, cerrándoles el camino de Dios. Dios les exigirá algún día la cuenta precisa y meticulosa de sus traiciones con mucho más severidad que a quienes, con menos teología, pero con más amor, nos decidimos a darlo todo por el pueblo. Con toda el alma, con todo el corazón.

LOS AMBICIOSOS

Enemigos del pueblo son también los ambiciosos. Muchas veces los he visto llegar hasta Perón, primero como amigos mansos y leales, y yo misma me engañé con ellos, que proclamaban una lealtad que después tuve que desmentir. Los ambiciosos son fríos como culebras pero saben disimular demasiado bien. Son enemigos del pueblo porque ellos no servirán jamás sino a sus intereses personales. Yo los he perseguido en el movimiento peronista y los seguiré persiguiendo implacablemente en defensa del pueblo. Son los caudillos. Tienen el alma cerrada a todo lo que no sean ellos. No trabajan para una doctrina ni les interesa el ideal. La doctrina y el ideal son ellos. La hora de los pueblos no llegará con ningún caudillo porque los caudillos mueren y los pueblos son eternos. Por eso es grande Perón, porque no tiene otra ambición que la felicidad de su pueblo y la grandeza de su Patria. Y porque ha creado una doctrina -una doctrina es un ideal- para que su pueblo siga su doctrina y no su nombre. Yo pienso, en cambio, que los pueblos cuando encuentran un hombre digno de ellos, no siguen su doctrina, sino su nombre. Porque en el hombre y en el nombre ven encarnarse a la doctrina misma y no pueden concebir la doctrina sin su creador. Por eso yo no puedo concebir al justicialismo sin Perón, y por eso he declarado tantas veces que yo soy peronista, no justicialista. Porque el justicialismo es la doctrina, en cambio el peronismo es Perón y la doctrina. ¡La realidad viva que nos hizo y que nos hace felices! Los caudillos en cambio, los ambiciosos, no tienen doctrina porque no tienen otra conducta que su egoísmo. Hay que buscarlos y marcarlos a fuego para que nunca se conviertan en dueños de la vida y las haciendas del pueblo. Yo los he conocido de cerca y de frente, y algunas veces incluso me han engañado, por lo menos momentáneamente. Hay que identificarlos y hay que destruirlos. La causa del pueblo exige nada más que hombres del pueblo que trabajen para el pueblo, no para ellos. En esto se distinguen los ambiciosos: en que trabajan para ellos, nada más que para ellos. Nunca buscan la felicidad del pueblo, siempre buscan más bien su propia vanidad y enriquecerse pronto. El dinero, el poder y los honores son las tres grandes "causas", los tres "ideales" de todos los ambiciosos. No he conocido ningún ambicioso que no buscase alguna de estas tres cosas o las tres al mismo tiempo. Los pueblos deben cuidar a los hombres que elige para regir sus destinos. Y deben rechazarlos y destruirlos cuando los vean sedientos de riqueza, de poder o de honores. La sed de riquezas es fácil de ver. Es lo primero que aparece a la vista de todos. Sobre todo a los dirigentes sindicales hay que cuidarlos mucho. Se marean también ellos y no hay que olvidar que cuando un político se deja dominar por la ambición es nada más que un ambicioso; pero cuando un dirigente sindical se entrega al deseo de dinero, de poder o de honores es un traidor y merece ser castigado como un traidor. El poder y los honores seducen también intensamente a los hombres y los hacen ambiciosos. Empiezan a trabajar para ellos y se olvidan del pueblo. Esta es la única manera de identificarlos. El pueblo tiene que conocerlos y destruirlos. Solamente así, los pueblos serán libres. Porque todo ambicioso es un prepotente capaz de convertirse en un tirano. ¡Hay que cuidarse de ellos como del diablo!
No quisiera morirme, por Perón y por mis descamisados. No por mí, que he vivido todo lo que tenía que vivir. Perón y los pobres me necesitan.

¿Sabrán mis "grasitas" todo lo que yo los quiero?
Si alguien me preguntase, en estos momentos difíciles y amargos de mi vida, cuál es mi deseo más ferviente y cuál mi voluntad más absoluta, yo les diría: vivir eternamente con Perón y con mi pueblo. Muchas veces, en las horas largas y duras de mi enfermedad, he deseado vivir no por mí, que ya he recibido de la vida todo cuanto podía pedir y más todavía, sino por Perón y por mis "grasitas", por mis descamisados. La enfermedad y el dolor me han acercado a Dios y he aprendido que no es injusto todo esto que me está sucediendo y que me hace sufrir. Yo tenía todas las posibilidades de tomar, cuando me casé con Perón, el camino equivocado que conduce al mareo de las altas cumbres. En cambio Dios me llevó por los caminos de mi pueblo y por haberlo seguido he llegado a recibir como nadie el cariño de los hombres, de las mujeres, de los niños y de los ancianos. Pero le pido a Dios que me dé algunas vacaciones en mi sufrimiento.

EL GRAN DELITO

Muchas veces, sobre todo en los años de la revolución, oía como los altos jefes militares trataban de disuadir al Coronel de su amor por el pueblo. Ellos no concebían que un oficial superior pudiese entregarse así a "la chusma". Al principio creían que el Coronel hacia demagogia para conquistar el poder. Fue entonces cuando, envidiosos del éxito de Perón, le hicieron la primera revolución, le exigieron su renuncia y lo encarcelaron en Martín García. Pero felizmente el pueblo ya lo había conocido a Perón, y ya no veía en él al jefe militar con vocación de dictador; sino al compañero cuyo corazón había sentido el dolor de nuestra raza. Y el pueblo se lanzó a la calle dispuesto a todo. Los jefes militares de la reacción huyeron asustados y la oligarquía se escondió con ellos. Fue el 17 de octubre de 1945. Después, las cosas cambiaron. El Coronel, ya Presidente, siguió fiel a sus descamisados. Ya no podía ser que fuese demagogo, como decían. Era cierto entonces aquello de que Perón, un jefe militar, concedía importancia fundamental a los trabajadores de su pueblo. Y a medida que los trabajadores se organizaban constituyendo la más poderosa fuerza del país, la oligarquía infiltrada también en las fuerzas armadas preparaba la reacción. Yo he presenciado la dura batalla de Perón con el privilegio de la fuerza, tan dura como las luchas contra el privilegio del dinero o de la sangre. Yo sé lo que ha sufrido, aunque he tenido el raro y maravilloso privilegio de ser algo así como el escudo donde se estrellaron siempre los ataques de sus enemigos. Ellos, cobardes como todos los traidores, nunca lo atacaron de frente, lo atacaron por mí... ¡Yo fui el gran pretexto! Cumplí mi tarea gozosa y feliz, parando los golpes que iban dirigidos a Perón. Sin embargo los que no me querían a mí, siempre terminaron por alejarse de Perón. De alguna manera se fueron... ¡Y muchos lo traicionaron! La verdad, la auténtica y pura verdad, es que la gran mayoría de los que no quisieron a Perón por mí, tampoco lo quieren sin mí. En cambio el pueblo, los descamisados, los obreros, las mujeres, que me quieren a mí más de lo que merezco, son fanáticos de Perón hasta la muerte. En el pueblo reside la fuerza de Perón, no en el ejército. Solamente el pueblo lo quiere a Perón con fanatismo y sinceridad. Y cuando en los últimos tiempos algunos oficiales de las fuerzas armadas quisieron "terminar con Perón, tuvieron que enfrentarse con el pueblo que rodeó a su Líder; oponiendo a los traidores el pecho descubierto, la fuerza infinita del corazón. Aún en el ejército, los hombres leales, aún las que cayeron en defensa de Perón, fueron hombres del pueblo, humildes pero nobles y fieles ante la defección traidora de la oligarquía. Aquel día, el 28 de septiembre, yo me alegré profundamente de haber renunciado a la vicepresidencia de la República el 22 y el 31 de agosto. Si no, yo hubiese sido otra vez el gran pretexto. En cambio, la revolución vino a probar que la reacción militar era contra Perón, contra el infame delito cometido por Perón al "entregarse" a la voluntad del pueblo, luchando y trabajando por la felicidad de los humildes y en contra de la prepotencia y de la confabulación de todos los privilegios con todas las fuerzas de la antipatria. ¡Este es el gran delito de Perón! El gran delito que yo bendigo desde el fondo de mi corazón descamisado. En mí, no tiene importancia ni tiene valor todo lo que yo siento de amor y de cariño por mi pueblo, porque yo vine del pueblo, yo sufrí con el pueblo. En cambio, el amor de Perón por los descamisados vale infinitamente más, porque dada su condición de coronel, el camino más fácil de su vida era el de la oligarquía y sus privilegios. En cambio se decidió por el pueblo, contra toda probabilidad, venciendo las resistencias de muchos compañeros y abrazó nuestra causa definitivamente. ¡Cometió el gran delito! Pienso que, cometiéndolo, salvó él sólo a las fuerzas armadas de mi Patria del descrédito y del deshonor. Si Perón no fuese militar, nuestro pueblo estaría convencido de que las fuerzas armadas son un reducto de la oligarquía. Los militares tienen, en este año de Perón, la gran oportunidad de asegurarse el porvenir ayudándolo en su tarea de servir al pueblo, partiendo de la base fundamental de que eso no es delito: es servir a la Patria.

MI VOLUNTAD SUPREMA

Quiero vivir eternamente con Perón y con mi Pueblo. Esta es mi voluntad absoluta y permanente y será también por lo tanto cuando llegue mi hora, la última voluntad de mi corazón. Donde esté Perón y donde estén mis descamisados allí estará siempre mi corazón para quererlos con todas las fuerzas de mi vida y con todo el fanatismo de mi alma. Si Dios llevase del mundo a Perón antes que a mí, yo me iría con él porque no sería capaz de sobrevivir sin él, pero mi corazón se quedaría con mis descamisados, con mis mujeres, con mis obreros, con mis ancianos, con mis niños para ayudarlos a vivir con el cariño de mi amor; para ayudarlos a luchar con el fuego de mi fanatismo y para ayudarlos a sufrir con un poco de mis propios dolores. He sufrido mucho, pero mi dolor valía la felicidad de mi pueblo y yo no quise negarme -no quiero negarme-, acepto sufrir hasta el último día de mi vida si eso sirve para restañar alguna herida o enjugar alguna lágrima. Pero si Dios me llevase del mundo antes que a Perón, yo quiero quedarme con él y con mi pueblo, y mi corazón y mi cariño y mi alma y mi fanatismo seguirán en ellos, seguirán viviendo en ellos, haciendo todo el bien que falta, dándoles todo el amor que no les pude dar en los años de mi vida, y encendiendo en sus almas todos los días el fuego de mi fanatismo que me quema y me consume como una sed amarga e infinita. Yo estaré con ellos para que sigan adelante por el camino abierto de la justicia y de la libertad hasta que llegue el día maravilloso de los pueblos. Yo estaré con ellos peleando en contra de todo lo que no sea pueblo puro, en contra de todo lo que no sea la "ignominiosa" raza de los pueblos. Yo estaré con ellos, con Perón y con mi Pueblo, para pelear contra la oligarquía vendepatria y farsante, contra la raza maldita de los explotadores y de los mercaderes de los pueblos. Dios es testigo de mi sinceridad. El sabe que me consume el amor de mi raza, que es el pueblo. Todo lo que se opone al pueblo me indigna hasta los limites extremos de mi rebeldía y de mis odios, pero Dios sabe también que nunca he odiado a nadie por si mismo, ni he combatido a nadie con maldad, sino por defender a mi pueblo, a mis obreros, a mis mujeres, a mis pobres "grasitas" a quienes nadie defendió jamás con más sinceridad que Perón y con más ardor que "Evita". Pero es más grande el amor de Perón por el pueblo que mi amor; porque él, desde su privilegio militar supo encontrarse con el pueblo, supo subir hasta su pueblo, rompiendo todas las cadenas de su casta. Yo, en cambio, nací en el pueblo y sufrí en el pueblo. Tengo carne y alma y sangre del pueblo. No podía hacer otra cosa que entregarme a mi pueblo. Si muriese antes que Perón, quisiera que esta voluntad mía, la última y definitiva de mi vida, sea leída en acto público en la Plaza de Mayo, en la Plaza del 17 de Octubre, ante mis queridos descamisados. Quiero que sepan, en ese momento, que quise y que quiero a Perón con toda mi alma y que Perón es mi sol y mi cielo. Dios no me permitirá que mienta si yo repito en este momento una vez más, como León Bloy, que "no concibo el cielo sin Perón". Pido a todos los obreros, a todos los humildes, a todos los descamisados, a todas las mujeres, a todos los pibes y a todos los ancianos de mi Patria que lo cuiden y lo acompañen a Perón como si fuese yo misma. Quiero que todos mis bienes queden a disposición de Perón como representante soberano y único del pueblo. que todos mis bienes, que considero en gran parte patrimonio del pueblo y del movimiento peronista, que es del pueblo, y que todo lo que dé "La Razón de mi Vida" y "Mi Mensaje", sea considerado como propiedad absoluta de Perón y del pueblo argentino. Mientras viva Perón, él podrá hacer lo que quiera de todos mis bienes: venderlos, regalarlos e incluso quemarlos si quisiera, porque todo en mi vida le pertenece, todo es de él, empezando por mi propia vida que yo le entregué por amor y para siempre, de una manera absoluta. Pero después de Perón, el único heredero de mis bienes debe ser el pueblo y pido a los trabajadores y a las mujeres de mi pueblo que exijan por cualquier medio el cumplimiento inexorable de esta voluntad suprema de mi corazón que tanto los quiso. Todos los bienes que he mencionado y aún los que hubiese omitido deberán servir al pueblo, de una o de otra manera. El dinero de "La Razón de mi Vida" y de "Mi Mensaje", lo mismo que la venta o el producido de mis propiedades, deberá ser destinado a mis descamisados. Quisiera que se constituya con todos esos bienes un fondo permanente de ayuda social para los casos de desgracias colectivas que afecten a los pobres y quisiera que ellos lo aceptasen como una prueba más de mi cariño. Deseo que en estos casos, por ejemplo, se entregue a cada familia un subsidio equivalente a los sueldos y salarios de un año, por lo menos. También deseo que, con ese fondo permanente de Evita, se instituyan becas para que estudien los hijos de los trabajadores y sean así los defensores de la doctrina de Perón, por cuya causa gustosa daría mi vida. Mis joyas no me pertenecen. La mayor parte fueron regalos de mi pueblo. Pero aún las que recibí de mis amigos o de países extranjeros, o del General, quiero que vuelvan al pueblo. No quiero que caigan jamás en manos de la oligarquía y por eso deseo que constituyan, en el Museo del Peronismo, un valor permanente que sólo podrá ser utilizado en beneficio directo del pueblo. Que así como el oro respalda la moneda de algunos países, mis joyas sean el respaldo de un crédito permanente que abrirán los bancos del país en beneficio del pueblo, a fin de que se construyan viviendas para los trabajadores de mi Patria. Desearía también que los pobres, los ancianos, los niños, mis descamisados, sigan escribiéndome como lo hacen en estos tiempos de mi vida y que el monumento que quiso levantar para mí el Congreso de mi Pueblo recoja las esperanzas de todos y las convierta en realidad por medio de mi Fundación, a la que quiero siempre pura como la concebí para mis descamisados. Así yo me sentiré siempre cerca de mi pueblo y seguiré siendo el puente de amor tendido entre los descamisados y Perón. Por fin, quiero que todos sepan que si he cometido errores los he cometido por amor y espero que Dios, que ha visto siempre mi corazón, me juzgue no por mis errores ni mis defectos, ni mis culpas, que fueron muchas, sino por el amor que consume mi vida. Mis últimas palabras son las mismas del principio: quiero vivir eternamente con Perón y con mi Pueblo. Dios me perdonará que yo prefiera quedarme con ellos, porque él también está con los humildes y yo siempre he visto en cada descamisado un poco de Dios que me pedía un poco de amor que nunca le negué.

UNA SOLA CLASE

Es necesario que los hombres y mujeres del pueblo sean siempre sectarios y fanáticos y no se entreguen jamás a la oligarquía. No puede haber, como dice la doctrina de Perón, más que una sola clase: los que trabajan. Es necesario que los pueblos impongan en el mundo entero esta verdad peronista. Los dirigentes sindicales y las mujeres que son pueblo puro no pueden, no deben entregarse jamás a la oligarquía. Yo no hago cuestión de clases. Yo no auspicio la lucha de clases, pero el dilema nuestro es muy claro: la oligarquía que nos explotó miles de años en el mundo tratará siempre de vencemos. Con ellos no nos entenderemos nunca, porque lo único que ellos quieren es lo único que nosotros no podremos darle jamás: nuestra libertad. Para que no haya luchas de clases, yo no creo, como los comunistas, que sea necesario matar a todos los oligarcas del mundo. No, porque sería cosa de no acabar jamás, ya que una vez desaparecidos los de ahora tendríamos que empezar con nuestros hombres convertidos en oligarcas, en virtud de la ambición, de los honores, del dinero o del poder. El camino es convertir a todos los oligarcas del mundo: hacerlos pueblo, de nuestra clase y de nuestra raza. ¿Cómo? Haciéndolos trabajar para que integren la única clase que reconoce Perón: la de los hombres que trabajan. El trabajo es la gran tarea de los hombres, pero es la gran virtud. Cuando todos sean trabajadores, cuando todos vivan del propio trabajo y no del trabajo ajeno, seremos todos más buenos, más hermanos, y la oligarquía será un recuerdo amargo y doloroso para la humanidad. Pero, mientras tanto, lo fundamental es que los hombres del pueblo, los de la clase que trabaja, no se entreguen a la raza oligarca de los explotadores. Todo explotador es enemigo del pueblo. ¡La justicia exige que sea derrotado!
 
[Fin de "Mi Mensaje"]
 

Eva: filantropía de choque

En un clima diplomático tenso, con EE.UU., Eva Perón envió, en 1949, ayuda a los niños negros de Washington. El acto fue tachado de arrogante y generó pedidos de explicaciones.

Por Rogelio García Lupo

En 1952, cuando falleció, hace ahora medio siglo, muchos aún recordaban en los Estados Unidos que tres años antes Eva Perón había asombrado al mundo político al enviar un avión con ayuda de invierno para los niños pobres de Washington.
Fue en 1949, en medio de un clima de tensión diplomática creciente entre nuestro país y los Estados Unidos, y en vísperas de que Harry Truman asumiera la presidencia. El vicepresidente Truman era un granjero de Missouri a quien la muerte del presidente Franklin Roosevelt depositó en el centro del poder mundial.
Truman arrojó sin titubear la bomba atómica sobre Japón y había dado muestras de que estaba dispuesto a poner a los Estados Unidos a la cabeza del mundo cuando se firmara la paz. Su elección por cuatro años, a partir del 21 de enero de 1949, fue una celebración internacional marcada por la guerra fría ya desatada contra la Unión Soviética y un reconocimiento hacia la mayor potencia. Las principales figuras de la política se hicieron presentes en Washington y todos se sorprendieron al recibir una comunicación de la embajada argentina que informaba sobre un evento que tendría lugar al día siguiente de los festejos oficiales. Se trataba de la entrega de ropa de invierno para 600 niños pobres residentes en los barrios bajos de la capital.
La donación en nombre de Eva Perón y su Fundación de Ayuda Social había sido gestionada cuidadosamente con el reverendo Ralph Faywatters, quien presidía la Children''s Aid Society, una entidad caritativa que protegía a los niños negros de Washington. Consistía en ropa de abrigo y calzado, fabricados en la Argentina y enviados por avión, lo que sugería la situación apremiante de quienes se beneficiarían con la ayuda.
La reacción del gobierno norteamericano no se hizo esperar y la embajada argentina tuvo que dar explicaciones sobre las intenciones del regalo. Entretanto, el reverendo Faywatters había puesto en acción a otras organizaciones y un total de 27 entidades —en su mayoría de ciudadanos negros— reclamaron su porción del cargamento. La idea de que el gobierno norteamericano podía impedir que los niños pobres obtuvieran su ropa de invierno argentina produjo una rápida agitación entre miles de familias de Washington.
El asunto fue tratado por la prensa internacional. La Agence France Presse describió "una situación que por momentos parecía casi enojosa, debido a la confusión producida por la inesperada noticia" de la donación. "No hubo intención de demostrar que en un país rico cual es Estados Unidos, hay niños ''pobres''", agregó la AFP. Los diarios de la cadena Scripps-Howard no ocultaron su perplejidad y publicaron en docenas de ciudades norteamericanas un comentario donde afirmaban que "la Fundación encabezada por la esposa del presidente argentino no hace las cosas con moneda pequeña ni tampoco peca de falsa modestia".
También trataron el episodio los semanarios de mayor circulación, como Newsweek, bajo el título "Señora" pockets (Señora bolsillos) y Time, que lo encabezó "Helping hand" (Dando una mano), donde no ocultaban que la filantropía peronista transpiraba arrogancia pero había golpeado exactamente en un punto muy sensible, el de la pobreza alarmante de la mayoría negra de Washington.
El reverendo Faywatters, silencioso cómplice de Evita, se hizo cargo de los regalos y retribuyó con una nota oficial donde subrayó que "entendemos ante esta evidencia su deseo (de Eva Perón) de que toda América viva y trabaje unida para bien de su pueblo (y) esta contribución para los niños necesitados está por encima de toda diferencia internacional de opinión política".
El caso quedó cerrado definitivamente y la embajada argentina insistió en que si bien la entrega formal de la donación se había superpuesto con la asunción presidencial de Truman, se trataba de una coincidencia sin propósitos secundarios.
Truman le dio en parte la razón a Evita cuando en su discurso de posesión afirmó que "Estados Unidos sufre el efecto de los precios excesivamente elevados, la producción no cubre aún las necesidades y los salarios mínimos son demasiado bajos, al mismo tiempo que las pequeñas empresas pierden terreno en beneficio de los monopolios". La prosa de Truman anticipaba los cambios en los derechos civiles para los negros aunque faltaban años y mucha sangre para que estos se concretaran definitivamente.
Unos apuntes de Eva Perón hasta ahora inéditos, pertenecientes a la Colección Alberto Casares, revelan cómo siguió personalmente la donación a la Children''s Aid Society y en todo momento fue conciente de su alto contenido político. "Sirva de ejemplo este acto y esta ayuda que lo hacemos con todo el respeto y todo el cariño por el gran pueblo de los Estados Unidos y humildemente le hacemos llegar nuestro granito de arena de ayuda", escribió con su tumultuosa caligrafía. En otro lugar afirma que "este avión argentino que pronto llegará a Estados Unidos representa a la bondad de nuestro conductor y lo que somos capaces de hacer por el desposeído, esté donde esté y se encuentre donde se encuentre".

Pero en Washington la procesión iba por dentro y a nadie se le ocultó que detrás de la prosa protocolar rugía la furia de la mujer más poderosa de la Argentina y sin duda la más famosa en el mundo de su tiempo. En los dos años siguientes la misma Fundación de Ayuda Social enviaría donaciones semejantes a más de ochenta países, entre los que se incluían naciones europeas devastadas por la guerra, pequeños principados africanos y prácticamente todos los países latinoamericanos. Sin embargo, aquella donación para los niños pobres de Washington D.C. resultó incomparable


Evita: la difamación y el odio de la oligarquía

Por Oscar Raúl Bidegain

[Oscar Raúl Bidegain, médico cirujano y militante de la causa nacional y popular desde 1943, ejerció la gobernación de Buenos Aires entre el 25 de mayo de 1973 -tras un categórico triunfo peronista sin segunda vuelta- y enero de 1974. Su militancia en el peronismo marcó una trayectoria honesta y sin declinaciones. Fallecido el 15 de diciembre de 1994, en septiembre de 2004 se le rendió homenaje en su ciudad natal, Azul, bautizando una avenida con su nombre.]

-Es difícil para el político desprenderse de sus pasiones cuando hace referencia a sucesos alejados en el tiempo y en los cuales ha tenido actuación personal. La década 1945-1955 dio un claro ejemplo de la carencia de mesura de los censores del peronismo, que en sus ataques no respetaron ideas ni personas.

Eva Perón fue la víctima predilecta de la difamación, que en vida pretendió destruir su imagen -arraigada en los sectores populares- y que, después de muerta, alcanzó proyecciones desconocidas en el país con la aparición de libelos y publicaciones maliciosas.

La parcialidad enemiga centrada en la oligarquía fue perversa, porque pretendió inculcar en las nuevas generaciones la carga de veneno de sus autores, interesados en interrumpir los vínculos afectivos y emocionales que identificaron para siempre a Eva Perón con el pueblo.

Buscando en amplísimos espacios de nuestra historia, investigadores de mi generación han logrado despejar las cortinas de humo de un pasado amojonado con falsedades y omisiones, hasta conseguir una equitativa integración del procerato nacional. Esclarecido el pasado, se dan las condiciones favorables para cimentar el presente y construir el futuro.

Hace ya muchos años que me alejé de los partidos políticos tradicionales buscando caminos novedosos para una Argentina más libre, poderosa y justa, y he podido contemplar más tarde -caído el peronismo- desde la cárcel, que todavía existían organismos políticos estáticos, anclados en el pasado, que en los aspectos formales parecían adecuarse a la hora, pero en realidad se mantenían unidos al liberalismo por el cordón umbilical.


Al finalizar la década del '30, las aflicciones y apetencias populares tomaron el carácter de exigencias; pregoneros de una Argentina renacida, golpearon vanamente ante los gobiernos carentes de autenticidad, representatividad y ejecutividad, poniendo en evidencia la existencia de un vacío que sólo podía cubrirse con algo nuevo.

Satisfizo esa necesidad la aparición meteórica de Juan Perón, dispuesto a trabajar por el país real, incorporándose al quehacer nacional y social.

Con él advino Eva Perón, produciendo un impacto popular que aún perdura, a pesar de la monocorde tentativa de desperonización por la dictadura.

Perón y Evita se complementaron magníficamente. Perón puso genialidad, formación intelectual y capacidad de trabajo para crear un movimiento nacional y conducir un gobierno de progresivo reformismo, y Evita agotó su vida al servicio de Perón y de su causa. Nada hizo ella que no aprobara previamente el Conductor.

Pocos años de sacrificada labor pudo ofrecer Eva Perón al pueblo argentino, especialmente en ayuda social a los indefensos y marginados por el egoísmo predominante en la oligarquía nativa y el imperialismo. Recibió a torrentes halagos y sinsabores; conoció la adhesión de los humildes y su inextinguible amor, y fue el blanco predilecto de los dardos que la oposición sistemática y la diatriba centraron sobre su persona.

Eva Perón era frágil, suave y agresiva, razonadora y fanática. Antinomias éstas que su fe peronista y el hostigamiento contumaz de sus enemigos, explican y justifican.

Largos años transcurridos desde esa época, y las peripecias políticas sufridas a su turno por tirios y troyanos, nos dieron experiencia y madurez a todos.

Hemos aprendido, ellos y nosotros los peronistas, a elevar la mirada hacia el común horizonte en un ensayo de convivencia y conciliación que el país necesita para salvarse y liberarse. Aunque quedan todavía enemigos activos, que deben ser inhibidos por el pueblo protagonista.

Eva Perón murió en el momento en que los antagonismos estaban en su apogeo, y nos ha dejado su recuerdo de compañera revolucionaria y combatiente, intransigente y altiva.

Discípula de nuestro querido jefe, su adhesión a él no tuvo otras limitaciones que las impuestas por su delicada salud, llegando en los hechos a ser, en su martirio, una inmolada voluntaria a la causa nacional y popular.

Los descamisados la comprendieron en toda su dimensión humana, rindiéndole en vida y después de muerta conmovedores homenajes trascendidos al mundo entero.

Siempre recuerdo el último día en que saludé a Evita en la residencia del Libertador San Martín y Austria. Estaba asida al pasamanos al pie de la escalera, un mes antes de morir. Débil y pequeña, un vivo fulgor iluminaba su mirada.

Estreché su mano, despidiéndome para siempre de Eva Perón inmortal.

El día infausto, yo me hallaba en un país nórdico cumpliendo como tirador con una representación deportiva.

Descendí nuestra bandera a media asta, dejándola adolorida y augusta, en compañía de las enseñas ondeantes al tope de sus mástiles, de cien países concurrentes.

Oscar Bidegain


Oscar Bidegain, cronología comentada de un patriota

Por Roberto Baschetti

1905. Un 3 de septiembre nace en Azul, provincia de Buenos Aires.

1927. Se recibe de doctor en Medicina en la Universidad Nacional de Buenos Aires; especializándose en Cirugía y Clínica Quirúrgica. Cabe acotar con respecto a su profesión, que como cirujano nunca mandó una cuenta u honorarios a los pacientes que le confiaron su vida.
1931/43. Durante la Década Infame actúa oponiéndose a la entrega económica del país en diversos sectores del nacionalismo (Legión Cívica Argentina. Acción Nacionalista Argentina. Alianza Libertadora Nacionalista). Rememora Bidegain esa época: “Fue en el ambiente universitario donde se produjeron las circunstancias y alternativas capaces de orientar mi inquietud definitivamente: huelgas, conflictos estudiantiles contra el gobierno de Alvear, la campaña electoral en que fue reelecto Yrigoyen, los discursos de Cantoni en Buenos Aires, la intromisión imperialista de Estados Unidos en Nicaragua, fueron creando un clima que no olvidaré jamás. Una vez graduado me sentí ubicado con naturalidad en las organizaciones nacionalistas de tendencia popular. Con esos antecedentes y principios apoyé la revolución del 4 de junio de 1943 e ingresé al peronismo”.
1945. Se incorpora al Partido Laborista que propicia la candidatura de Perón a la primera magistratura. Enfrenta electoralmente a la Unión Democrática que nuclea a sectores de la izquierda cipaya, con estancieros y oligarcas, como así también partidos políticos del régimen; todo bajo la tutela del embajador de EE:UU. en Argentina, Mr. Spruille Braden.
1946. Ingresa al Partido Único de la Revolución Nacional, antecedente inmediato del Partido Peronista. También en el curso de este año funda el Partido Peronista de Azul.
1947. Resulta electo presidente del Consejo del Partido Peronista de Azul y Convencional Provincial. Deportista excelso (ver año 1949) luego de obtener el Campeonato Mundial de Tiro por Equipo en Estocolmo, Suecia, le es otorgada la Medalla Peronista al Mérito Deportivo.
1948. En las elecciones del 7 de marzo es elegido Diputado Nacional por la provincia de Buenos Aires, para el período 1948/52. Entre sus proyectos más significativos como legislador se encuentra aquel que enuncia la “Afirmación de la soberanía sobre el mar y la plataforma submarina hasta 200 millas, sobre las Islas Malvinas y sus adyacencias”.
Solía hacer llegar su voz clara en el recinto parlamentario cuando debía defender el proyecto peronista: “Revolución en paz, con la participación voluntaria de mis comprovincianos, a quienes concientizamos para que se sumen a esta empresa de liberación, que no es exclusivamente obra de gobierno, sino realización del pueblo”.
1949. A nivel deportivo, se consagra Campeón Mundial por Equipos en la categoría Revólver. En años anteriores había salido Campeón Argentino de Tiro en Pistola Libre y Campeón de Conjunto y Recordman de Maestros Tiradores en Santiago de Chile, entre otros logros.
Contrae enlace con María Antonia Moro, su entrañable compañera de toda la vida, tanto en el amor como en su proyecto político. Tuvieron dos hijas, Gloria y Cristina, quienes supieron y saben llevar con orgullo el apellido paterno. Ambas también fueron perseguidas por sus ideas peronistas revolucionarias y debieron partir al exilio luego del golpe militar del ’76.
1949/51. Es nombrado Tesorero del Consejo Provincial del Partido Peronista en la Provincia de Buenos Aires. A posteriori se lo designa Interventor Reorganizador del Partido Peronista de los Territorios Nacionales de Chaco, Formosa y Misiones.
1952. Es reelecto como Diputado Nacional para el período 1952/58. Tiene muy claro su rol en el bloque cuando afirma que: “El mejor gobierno no es el más liberal en principios, sino aquel que hace la felicidad del pueblo”.
1955. Alcanza la presidencia del Bloque de Diputados Nacionales del Partido Peronista. Durante los bombardeos gorilas a Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955 se presenta con su arma para defender el orden constitucional contra los alzados. El edecán presidencial, Mayor Cialceta, le hace saber que el General Perón solo autoriza a los militares a tomar las armas.
1955/57. Desde el 24 de octubre de 1955 y hasta el 26 de noviembre de 1957 es encarcelado por la tiranía de Rojas y Aramburu y procesado conjuntamente con otros legisladores y el propio General Perón por “asociación ilícita” en el Parlamento y por “traición a la Patria” al haber votado el Segundo Plan Quinquenal. Todos su bienes son interdictos por la dictadura militar. (Recién pasados siete años, en 1962, le fueron reconocidos como legítimos y bien habidos). Lo alojan primero en la penitenciaria de avenida Las Heras y luego en la cárcel de Caseros: Lorenzo Miguel recuerda la acción desplegada en el encierro obligado, por Don Oscar: “Bidegain nos daba ánimos a todos”. El mismo Bidegain tiene su parecer sobre la revuelta militar que lo tuvo como víctima: "Cuando la reacción se impuso en 1955, atrasó el reloj en 100 años, en una vana tentativa de reimplantar la dependencia económica, la injusticia social y el vasallaje. Por eso tiene vigencia todavía la convocatoria de Perón cuando dice que ’Pensamos en una nueva Argentina, profundamente cristiana y profundamente humanista’. Esa finalidad humanista llevó a cabo una reforma económica para instalar la economía social, muchos años antes que los Papas reclamasen a los países y a los pueblos reformas económico-sociales que ya había sostenido con firmeza la doctrina peronista”.
1957. En la Resistencia, el general Perón lo designa integrante del Comando Táctico Nacional Peronista.
1958. Es víctima de un atentado con explosivos por los servicios de inteligencia del Estado. Sabe porque es atacado: “Nada ha superado en el país a la doctrina peronista. Está en el corazón de los viejos que acompañamos a Perón y se ha arraigado en la juventud. El peronismo es un frente ideológico jamás reconocido antes en la Argentina. Está aglutinado por un ingrediente que abunda en el Pueblo: la lealtad. Por eso ha soportado persecuciones, cárceles, martirios, fusilamientos y está hoy más fuerte que nunca”.
1959/60. Miembro de la Delegación Nacional designada por el General Perón para representarlo en el país. Nuevamente la casa en que mora es objeto de un atentado nocturno, cuando arrojan explosivos que destruyen por completo el balcón del primer piso.
1960/69. Se dedica de lleno a la reorganización política del peronismo en su ciudad natal.
1970. Un 8 de octubre es confirmado -conjuntamente con el Dr. Héctor J. Cámpora- como Delegado Representante de la provincia de Buenos Aires en el Congreso Nacional del Partido Justicialista.
1971. Por su idoneidad y compromiso con la causa popular es designado para actuar en varios cargos partidarios: Delegado para la Reorganización Electoral del Partido Justicialista en el Chaco; Secretario Delegado para la Reorganización del Partido Justicialista en la Provincia de Buenos Aires; Congresal Nacional del Partido Justicialista; Miembro del Consejo Nacional del Partido Justicialista.
En su enfrentamiento natural con la dictadura militar de Lanusse, trata por todos los medios de evitar el derramamiento de sangre argentina: “Desde 1955 hasta ahora, el Pueblo ha sufrido penurias sin cuento y su estado de ánimo es de creciente irritación. Brotes violentos eclosionan por todas partes: la juventud quiere la lucha activa en su ansiedad por cambios revolucionarios. Creo que el Gobierno no tiene que echar más leña al fuego, puesto que después de 5 años con la suma del poder sólo avista la perspectiva afligente de la Revolución Social. El paso decisivo debe darlo las Fuerzas Armadas, enfundando las armas y tendiendo su mano al Pueblo, facilitando el retorno incondicional de Perón y rehabilitando las estructuras políticas partidarias heridas de muerte desde 1955”. También tiene palabras de reconocimiento para el anciano Líder exiliado: “Yo conozco a Perón, su grandeza de alma y su patriotismo; su entrañable amor por el Pueblo. Y conozco el inmenso ascendiente que tiene en nuestra Patria, en América y en el llamado Tercer Mundo. Sabemos también el afecto que le tienen los jóvenes que no lo conocieron pero han podido apartar de sus ojos las patrañas difamatorias con que la Oligarquía pretendió durante 15 años desfigurar su gigantesca imagen”.
1972. Bidegain es designado organizador del Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires, controlando las afiliaciones; promoviendo el cotejo democrático interno sin proscripciones y reorganizando los cuerpos orgánicos estatutarios. Sobre el particular recibe el reconocimiento de Perón, en una carta fechada en Madrid, el 23 de mayo: “Tengo la impresión que de una manera general, las cosas marchan bien. No descarto las grandes dificultades que ustedes deben enfrentar allí, pero considero también que la dictadura militar las tiene peores. La mejor comprobación de su acertada gestión es haber conseguido, dentro del galimatía dominante, la preponderancia de las ’listas únicas’ y el orden y tranquilidad en los comicios internos, por todo ello le hago llegar mi felicitación más sincera. Un gran abrazo. Juan Perón”.
Asimismo es integrante de la Comisión Pro Retorno del General Perón a la Argentina. Luego de 18 años de lucha, el 17 de noviembre: ¡¡Perón Vuelve!!
1973. La campaña electoral lo tiene como uno de los principales animadores. Como si fuera un pibe más, derrocha entusiasmo y fe en los miles de actos partidarios organizados por la Juventud Peronista. Su palabra clara y señera marca el camino: “Verdadera democracia es la que garantiza un gobierno para todos, sin entenados y en paz” dirá en una entrevista que le hace el diario “El Día” de la ciudad de La Plata antes de las elecciones. El 11 de marzo es electo Gobernador de la Provincia de Buenos Aires en la primera vuelta electoral. La salud pública será una de sus principales preocupaciones: “Debemos atender en forma prioritaria las exigencias del ser humano (...) Vamos a garantizar un régimen sanitario que ofrezca la mejor asistencia en cualquier lugar de la Provincia; no como ahora que hay centros especiales de asistencia privilegiada, mientras en otros lugares se carece de todo”. La educación, otra prioridad: “Nosotros vamos hacia un Estado revolucionario pacífico que iremos concretando paulatinamente. Una de las medidas fundamentales que debemos tomar son las que garanticen a todos los habitantes la escolaridad barata o gratuita. Con el correr del tiempo esperamos también tener una escuela formativa...queremos que los niños aprendan a ser amigos, compañeros, compatriotas, que tengan cariño y amor a la tierra, al suelo y que aspiren para el país lo mejor, dedicándole el máximo de sus esfuerzos”.
En este mismo año, el Gobernador Oscar Bidegain conjuntamente con el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, General Raúl Carcagno, organiza el Operativo de Reconstrucción Provincial “Manuel Dorrego”, dirigido al auxilio de los habitantes de una extensa región bonaerense inundada en el sector centro-oeste de la misma. Trabajan codo a codo los soldados conscriptos y suboficiales del Ejército Argentino, el gobierno provincial y los militantes de Juventud Peronista adscriptos a la tendencia revolucionaria del peronismo. Durante tres semanas de trabajo conjunto, los muchachos peronistas ayudaron a reparar 7 centros hospitalarios, 34 escuelas, 12 caminos, 6 estratégicos canales de desague, 2 cementerios, 3 puentes, 300 cuadras en zonas urbanas, un hogar de ancianos y más de 50 viviendas.
Siempre en 1973, el 14 de noviembre, en el Salón Dorado de la Gobernación, Bidegain preside el acto de promulgación de la Ley que a su vez deroga expresamente a otra injusta (Ley 139, del 28 de julio de 1957) que declaraba “reo de lesa patria” al Brigadier General Juan Manuel de Rosas. En consonancia con esta resolución, el Salón de Acuerdos llevará el nombre del caudillo federal reivindicado.
1974. El 24 de enero se ve obligado a renunciar a la Gobernación. Estaba acosado por la derecha burocrática y traidora del propio peronismo y por la izquierda revolucionaria que seguía con sus acciones armadas pese a que el país transitaba por un ámbito democrático y con un gobierno elegido por el pueblo. Una vez muerto Perón, en octubre, la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) de origen parapolicial, organizada y protegida por el “Brujo” López Rega, lo condena públicamente a muerte.
1975. El 20 de noviembre, el matutino “La Nación” hace saber en su primera página que “Ordenóse la captura de Oscar Bidegain”. Es por una falsa acusación que lleva adelante el Ejército pro golpista, allanando un campo de su propiedad, donde dice haber encontrado 6.500 proyectiles de guerra. (En rigor a la verdad eran balas calibre 22 que fueron adquiridas por la Federación Argentina de Tiro para distribuirlas entre los integrantes del equipo argentino cuando actuara en competencias internacionales. Munición que debido a su antigüedad de más de 20 años se encontraba en un estado de deterioro muy grande y no apta para su uso). Ilustrativo al respecto es el documento N° R212141Z que el embajador norteamericano en Argentina, Robert Hill, envía a su gobierno aclarando sobre el pedido de captura que pesa sobre Bidegain: afirma que las balas “tenían unos 23 años” y que “tanto las Fuerzas Armadas como los peronistas ortodoxos buscan una buena causa para proscribir al Partido Auténtico, sea que se encuentren pruebas o no de que participe en actividades terroristas”.
Evidentemente, lo quieren sacar del medio. Pero Don Oscar no se amilana y presenta pelea con el fin de recuperar el Movimiento Peronista. Es fundador del Partido Peronista Auténtico (de entrada nomás, consiguen 80.000 afiliaciones) y es elegido por sus pares Presidente, en el Congreso Nacional partidario realizado en Córdoba en diciembre, bajo la advocación de Perón y Evita. En su discurso de cierre fustigó a las grandes empresas monopólicas “que a la vez que intensifican la concentración de capitales e incrementan sus ganancias elevan los precios y provocan despidos, todo lo cual trae como consecuencia una inflación incontenible e incontrolable. A los trabajadores hay que defenderles el salario real, afectando los ingresos de los monopolios y la oligarquía”. Vale la pena recordar que el local para el Congreso que iba a ser utilizado en las deliberaciones, fue arrasado con explosivos un día antes, por paramilitares del III Cuerpo de Ejército del Comando Libertadores de América (versión cordobesa de la Triple A), por lo que debió elegirse de urgencia, un segundo ámbito.
En ese mismo mes, un decreto del P.E.N. proscribe al Partido Auténtico (anteriormente ya le habían prohibido usar el aditamento de “Peronista”.
El Dr. Bidegain, también es expulsado del Partido Justicialista por los oportunistas y alcahuetes de turno a pesar de haber cancelado su afiliación públicamente con anterioridad y haber fijado a través de solicitadas periodísticas, su clara posición a favor de un peronismo nacional, popular y revolucionario que cumpliera con el mandato popular. (“Bidegain no está solo. Tiene detrás a miles y miles de verdaderos peronistas. A los que les roban el salario y el esfuerzo. Todos los que son perseguidos por decir la verdad. Los que luchan por la Liberación Nacional y Social de la Patria. Los que no se rinden ante la intimidación y el miedo. Los que no se entregan a los monopolios. Lo siguen los viejos peronistas defraudados por este gobierno que ha suplantado el programa votado el 11 de marzo y el 23 de setiembre y que ha desvirtuado las banderas peronistas. Lo siguen los jóvenes que construirán la Patria Liberada. La mentira tiene patas cortas. Por eso no podrán proscribir al Partido Auténtico, que preside este auténtico peronista y viejo soldado del Movimiento. Pero en esta hora crucial Bidegain es, además, un símbolo”. Solicitada del Partido Auténtico. La Opinión. 26-11-75).
1976. La sangrienta dictadura oligárquico-militar instalada el 24 de marzo lo incluye en una burda “Acta Institucional” que nuevamente -como en 1955- pone en interdicción todos sus bienes hasta 1980, cuando le son devueltos una vez más “sin menoscabo de su buen nombre y honor”. También le suspenden el pago de sus haberes jubilatorios obtenidos después de 30 años de servicios ininterrumpidos.
1977. Acorralado por los militares golpistas, acosado por una caricatura de Justicia y perseguido por los grupos de tareas de la dictadura para asesinarlo, es obligado por sus compañeros a viajar al exterior para preservar su vida. Se deja crecer la barba para siempre. En el exilio denuncia la feroz represión que lleva a cabo la Junta Militar y desarrolla numerosas actividades ligadas a la defensa de los derechos humanos en Argentina. En la ciudad de Roma, el 20 de abril, representando al Partido Auténtico fue cofundador, juntamente con la organización político-militar Montoneros y otros representantes, del Movimiento Peronista Montonero (MPM) con el fin de bregar políticamente por la recuperación democrática de Argentina, constitucionalmente avasallada por la dictadura militar genocida. Estos objetivos fueron documentados públicamente en un manifiesto fundacional de 8 puntos, que fue difundido a escala mundial.
1979. En su carácter de ex legislador es invitado por el Parlamento Europeo a participar de una Conferencia Interparlamentaria Europea y Latinoamericana realizada en la capital de Italia.
1980. En representación del MPM (rama política), en Ginebra, Suiza, actúa como miembro informante ante el Tribunal Permanente de los Pueblos “Lelio Basso”, sobre la violación fundamental que sufre el pueblo argentino a través de secuestros, torturas, desapariciones de personas y asesinatos cometidos por la dictadura videlista. Su participación y denuncia fundamentada, ayuda a que toda esa barbarie, sea definida como “crímenes contra la humanidad”.
1982. Acompañado del Dr. Ricardo Obregón Cano (ex gobernador de Córdoba) y contando con el apoyo de personalidades latinoamericanas de once países intenta regresar a la Argentina para defender las Islas Malvinas atacadas por el invasor inglés. Bidegain, concretamente se ofrece “como combatiente, como médico o como instructor de tiro”. La dictadura militar no solo le impide pisar suelo patrio sino que ignora olímpicamente su pedido. El embajador argentino en Lima, contralmirante Luis Sánchez Moreno, les comunicó la negativa, en una entrevista de apenas dos minutos. En este mismo año, debe recordarse, ambos veteranos dirigentes peronistas eran con Rodolfo Puiggrós integrantes de la última conducción del MPM en el exilio, conjuntamente con Mario Eduardo Firmenich, Fernando Vaca Narvaja, Roberto Cirilo Perdía, Eduardo Pereira Rossi y Raúl Clemente Yaguer. Estos dos últimos -Pereira Rossi y Yaguer- como se sabe, fueron asesinados a su regreso a la Argentina, en acciones separadas, cuando estaban empeñados en reorganizar la resistencia a la dictadura en desbande por las espontáneas luchas populares.
1983. Con la vuelta del sistema democrático e instaurado un gobierno constitucional, regresa a nuestro país nuevamente en compañía del Dr. Obregón Cano, siendo éste último detenido a requerimiento de un juez remanente del llamado “Proceso de Reorganización Nacional” (Siro de Martini); empeñado seguramente en perseguir a los opositores al sistema injusto, que este personaje, desde el poder judicial había servido gustosamente. Bidegain también recibe orden de arresto por el mismo juez el 21 de diciembre. Visto que la persecución no concluye, Don Oscar nuevamente parte al exilio. Antes de irse tiene tiempo, en una conferencia de prensa, para anunciar la disolución del MPM con motivo de hallarse cumplimentadas sus finalidades fundacionales.
1986. Desde Madrid, el 11 de noviembre da a conocer una carta abierta que simboliza su compromiso siempre vigente. “Hoy, noviembre de 1986, estoy todavía en el exilio. Son 10 años de oposición y denuncia de la violación de los derechos humanos cometidos en Argentina. El ejercicio de esa actividad política en el exterior ha ido esclareciendo la realidad de la tiranía oligárquico-militar y sus atrocidades (...) Desde aquí abrigo la esperanza, que el peronismo se consolide unificado para retomar el camino de la victoria electoral y que la juventud idealista motorice la actividad política conducente a la liberación nacional y social, y que todos los dirigentes de nuestro campo político antepongan las soluciones que el país y su pueblo reclaman, a sus legítimas ambiciones personales. Creo, como lo afirman en su libro Roberto Perdía y Fernando Vaca Narvaja que ’existe otra Argentina posible’”.
1987. Para enero se conocen declaraciones suyas que hacen referencia a la coyuntura política nacional. Por su clarividencia y anticipo de lo que vino, conviene recordarlas: “Hasta ahora el gobierno del presidente Alfonsín, no se ha desprendido de la gravitación y la influencia de los enfoques oligárquicos, que han acompañado a la UCR en la sistemática oposición al peronismo. Históricamente, la oligarquía nativa solidariamente apoyada por militares que siempre han afirmado gobernar en nombre de las Fuerzas Armadas (comprometiendo el prestigio de dichas instituciones), ha tratado de anular a los partidos mayoritarios -peronismo y radicalismo- para destruir el sistema democrático, abriendo las puertas a la penetración imperialista, endeudar astronómicamente a la Nación destruyendo paralelamente las fuentes de trabajo y someter lo que con Perón se llamó soberanía, a una vergonzosa dependencia, quedando el pueblo argentino ’a la intemperie’, sin trabajo, mal pagado y desprotegido”.
1989. Luego de recibir el indulto presidencial, en el mes de diciembre, regresa a la Argentina y se radica en su querida ciudad de Azul.
1993. El 30 de septiembre, con 88 años de edad, con problemas hemiplejicos y cardíacos y después de dos décadas, Oscar Bidegain regresa a la Casa de Gobierno de La Plata. Fue recibido con todos los honores por el entonces gobernador Eduardo Duhalde. Observador lúcido, Don Oscar tuvo tiempo para reclamar: “Al lado de los cuadros de Perón y de Yrigoyen falta el de Juan Manuel de Rosas...”. Es que precisamente el Ministerio del Interior lo había convocado con anterioridad, para que participara de los actos de repatriación de los restos del Restaurador.
1994. Es declarado Ciudadano Ilustre de la provincia de Buenos Aires, el 7 de septiembre, por decreto N° 2632 del Poder Ejecutivo Nacional; con tal motivo recibe en su casa a las autoridades bonaerenses que le entregan una medalla alusiva.
También es reconocido como Deportista Ilustre y Ejemplo para la Juventud. El 15 de diciembre de este año fallece rodeado de los suyos a la edad de 89 años. El escritor Miguel Bonasso con acierto, lo describió así: “Fue poseedor de una barba y de una palidez de hijodalgo toledano con las que atravesó intacto los años, las cardiopatías y los destierros. Don Oscar era uno de esos viejos peronistas ortodoxos que un observador superficial, más atento al discurso que a los hechos, podría hasta considerar medios ’fachos’. Pero en realidad fue uno de esos hombres del 45 que, por miles de razones, incluídos los azares familiares, supieron sintonizar con los jóvenes utopistas de los 70 y correr la suerte de los que se jugaban la vida, antes de sumarse al bando de los verdaderos fascistas, que fueron sus victimarios. Más allá de las etiquetas, malentendidos y tragedias, ha muerto un individuo perteneciente a una especie castigada, que ojalá no haya entrado en extinción: lo que solía llamarse un patriota”.
2004. El Concejo Deliberante de Azul aprueba el proyecto presentado por el compañero concejal Julio Varela de bautizar la calle Moreno -prolongación sur- de esa ciudad con el nombre de “Avenida Gobernador Dr. Oscar Bidegain”.
Es Justicia.


Las pequeñas historias de la Argentina Feliz

El sueño del pibe

EVITA Y JUAN MANGUCIO

Por Guada Aballe

En 1952 Juan Mangucio tenía doce años y era un chico de Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos. Su ilusión más grande era conocer personalmente a Perón y a Evita.

Un día le escribió una carta a Evita diciéndole que quería conocerla, ella le contestó diciendo que le comunicara cuando deseaba venir a Buenos Aires para enviarle los pasajes.

Y Juancito viajó a Buenos Aires el 19 de abril. Le habían despachado a Buenos Aires un giro telegráfico para que pudiera pagarse los gastos del viaje y los de la persona que lo acompañaría. El chico vino con su mamá, y como invitados de Evita que eran, se hospedaron en un lindo hotel hasta que un automóvil pasó a buscarlos para hacerles conocer Buenos Aires.

A las siete de la mañana del día 20 Juancito y su mamá llegaron a la residencia presidencial.

Se encontró frente a Evita mientras su mamá lloraba de emoción, su sueño se había convertido en realidad.

Evita y Juan Maguncio conversaron sentados en un sofá. Cuando ella le preguntó si deseaba algo Juan expresó sus deseos de poder conocer al General Perón. Evita le dijo que lo llevarían a la casa de Gobierno para que lo conociera pero por si no lo pudiese ver, iban a retratarse juntos debajo del busto del presidente.

Cuando se fue Juancito tuvo que ir a buscar la bicicleta que Eva le había obsequiado.

Al otro día se realizó un importante acto en la Casa de Gobierno donde el general Goes Monteiro condecoró a Eva Perón en nombre del gobierno del Brasil. Juan Mangucio estuvo en primera fila entre el público y desde allí pudo ver al presidente.

Fuente: www.reinodeguada.blogspot.com

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