Miserables

Por Ariel Avila

La petición del Gobierno de Iván Duque a Cuba significaba desconocer los protocolos y violar las reglas de negociación que se habían pactado.

Gabino, líder del ELN, en una imagen de abril de 2018. Reuters

Es injusto lo que pasó con Cuba y, además, es miserable lo que hizo el Gobierno colombiano. Estados Unidos ha ingresado a Cuba, nuevamente, a la lista de países que apoyan al terrorismo. La gran mayoría de analistas esperaban la decisión y a pocos sorprendió. La causa es que la isla acoge a algunos de los líderes de la última guerrilla del hemisferio occidental: el ELN. Obviamente, el tema Venezuela también influyó en la decisión. Sin embargo, la principal explicación fue que el ELN mantiene al máximo dirigente en la isla, así como a la delegación que negociaba con el Estado colombiano un posible acuerdo de paz.

Desde el año 2011, el Estado colombiano asumió una búsqueda política de una salida negociada al conflicto armado que había padecido el país por varias décadas. Dentro de esa búsqueda, se optó por evitar “caguanizar” esas negociaciones de paz. Como se sabe, entre 1999 y 2002 se realizó una fallida negociación de paz entre el Estado colombiano y las FARC. La modalidad era que había una zona de despeje donde la guerrilla era la que controlaba el territorio, la cual se ubicó al sur del país, en la zona del Caguán. La experiencia no fue buena y por tanto se buscaban alternativas de negociación que no incluyeran zonas de despeje militar dentro del país. Entonces, se optó por hacer negociaciones fuera de Colombia.

Cuba acogió la negociación con las FARC, la cual llegó a buen término. Además, luego de que la negociación con la guerrilla del ELN fuera prácticamente expulsada de Ecuador por el Gobierno de Lenín Moreno, Colombia acudió a Cuba a pedirle que aceptara ser la sede de los diálogos. Cuba aceptó y además se establecieron protocolos estrictos para resolver contingencias o crisis dentro del proceso. Uno de esos protocolos determinaba los procedimientos a seguir con las delegaciones en caso de ruptura de las negociaciones.

Igualmente, en medio de esas negociaciones, el jefe del ELN, alias Gabino, sufrió un quebranto de salud. Entonces, el ELN solicitó al Estado colombiano la posibilidad de que, como un gesto humanitario, se le permitiera el traslado a un tratamiento médico en Cuba. Luego, el Estado colombiano solicitó esa posibilidad a Cuba y con eso se dio el traslado. Esto significa que Gabino llegó a Cuba por petición del Estado colombiano y no por un asilo político.

Con la posesión, el 7 de agosto de 2018, del nuevo Gobierno de Iván Duque, la situación cambió rápidamente. El nuevo Ejecutivo le pidió a Cuba que entregara a Gabino y la delegación de paz que estaba alojada en La Habana, lo hacía como pedido de extradición. Según los protocolos, en caso de romperse las negociaciones la delegación del ELN debía ser internada en Colombia, luego de cumplirse una serie de procedimientos que incluían un despeje militar de algunas horas para que dicha delegación fuera trasladada a las selvas del país.

Es decir, la petición del Gobierno de Iván Duque significaba desconocer los protocolos y violar las reglas de negociación que se habían pactado. Esto no solo ponía en aprietos a Cuba, sino también a Noruega y en general a los demás países garantes del proceso. Como era de esperarse, Cuba manifestó que ellos debían cumplir lo pactado y, por tanto, el cumplimiento de los protocolos era el camino. Al final, la delegación del ELN se quedó estancada en La Habana, sin poder regresar a Colombia.

La consecuencia de este debate diplomático fue que Cuba ingresó de nuevo a la lista de países que apoyan el terrorismo. Es insólito, pues fue Colombia la que le pidió a Cuba que aceptara ser sede de las negociaciones de paz, Colombia firmó unos protocolos, fue el Estado colombiano el que los desconoció y al final Cuba, por hacer un favor y cumplir lo pactado, fue sancionada. Así de miserable es la política exterior colombiana.

El País

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