Monopolios en la pandemia

Seamos libres, que lo demás no importa, clamó San Martín

Por Mónica Peralta Ramos

Imagen: William Kentridge

Nuevas oleadas de Covid-19 se desatan por el mundo. Esparcen un mar de incertidumbre sobre el futuro y acumulan destrucción en una economía global preñada de contradicciones y conflictos no resueltos. Algunos esperan la emergencia de un capitalismo «nuevo» en la post pandemia. Otros no pierden tiempo y nadando en aguas revueltas intentan redefinir lo que vendrá. En este contexto de sobresaltos, la crisis económica se disimula con nuevos ropajes. Sin embargo, la estridencia de su rumor precipita a un puñado de monopolios al centro de la escena política mundial. Desde allí gestionan un futuro impredecible.

La pandemia descascara hasta el hueso la trama del tejido social impregnada por el rugido de los monopolios y el lamento de una población mundial cada vez mas excluida, fragmentada, confinada al aislamiento y a la manipulación, una humanidad que padece atónita y desmovilizada los golpes de un presente que no domina. Sin embargo, como un terremoto que sacude las capas geológicas más profundas, la pandemia abre la posibilidad de construir algo nuevo en el caldo de lo viejo que agoniza. No tenemos conceptos para comprender en profundidad el drama que vivimos. Sin embargo, el rol de los monopolios en la catástrofe mundial muestra que solo desatando sus privilegios se podrá encontrar el camino de salida de una crisis que, por primera vez, abruma al mismo tiempo al conjunto de la humanidad.

Megabancos y crisis financiera

La fuerte intervención de la Reserva Federal en los mercados financieros contuvo en los últimos meses la debacle financiera desatada en marzo. Sin embargo, las llamas de un incendio incontenible siguen encendidas. Su resplandor ilumina el rol de algunos megabancos y entidades financieras en la crisis.

Hacia marzo del 2017, la FDI (Federal Deposit Insurance Corporation), agencia federal creada por el Congreso para supervisar la estabilidad del sistema financiero, consideró que cinco megabancos norteamericanos: Citigroup, JP Morgan, Morgan Stanley, Bank of America y Goldman Sachs, representaban un peligro inminente para la salud del sistema financiero en su conjunto. Estos bancos realizaban por ese entonces inversiones y transacciones financieras altamente riesgosas, poniendo en peligro a sus depósitos. Poseían además cantidades importantes de activos externos y estaban altamente interconectados entre sí y con el sistema financiero internacional. De ahí que, como ocurrió en la crisis financiera de 2008, un problema en uno de ellos podía contagiar al conjunto y desestabilizar rápidamente al sistema financiero internacional. La situación se complicaba aun más por el fuerte endeudamiento de estos bancos con derivados (instrumentos financieros complejos que derivan su valor de otros activos). Por ese entonces 25 bancos norteamericanos poseían 242.3 billones (trillions) de dólares de deuda con derivados, la mayor parte vinculada a la evolución de las tasas de interés. Un 89% del total de esta deuda estaba en manos de estos cinco bancos (occ.gov 2017). Hacia el primer trimestre de este año, el panorama no había cambiado sustancialmente (occ.gov 2020). Es bueno recordar que cuatro de estos cinco bancos son los accionistas principales, junto con Bank of New York Mellon, de la Reserva Federal de Nueva York, la mas poderosa de las entidades financieras que componen a la Reserva Federal de los Estados Unidos y por lo tanto con gravitación decisiva sobre esta última.

Estos cinco megabancos han salido airosos de los tests de stress financiero impuestos periódicamente por la Reserva Federal para monitorear su capacidad de resistencia a una recesión. Sin embargo, la constatación en junio pasado de la enorme disparidad existente entre los ingresos de estos cinco bancos y el dinero que repartían en dividendos y para la compra de sus acciones permitió vislumbrar una situación por completo diferente (bloomberg.com 24 6 2020). Así, por ejemplo: en los últimos cuatro años Citigroup –cuyo rol en 2008 derivó en el salvataje mas grande de la historia financiera— ha devuelto a sus accionistas casi el doble del dinero que ingresó a sus arcas. Paralelamente, su endeudamiento creció un 24% y asciende hoy a 102.5 mil millones (billions) de dólares que vencen entre 2020 y 2022.

Gestión del salvataje financiero

Para solucionar el problema de inminentes defaults bancarios y corporativos, la Reserva Federal ha diseñado un programa de salvataje, inyectando dinero para cambiar deuda vieja por deuda nueva. Eligió a BlackRock, uno de los fondos de inversión mas grandes del mundo, para gestionarlo. Este, conjuntamente con otros dos fondos de inversión (Vanguard y State Street) controlan el 80% de las inversiones pasivas (inversiones que se guían por la evolución de índices de los mercados financieros) y, en conjunto, son los mayores accionistas en más del 90%de las corporaciones que cotizan en el S&P 500.

Los conflictos de interés que se desprenden de este salvataje son notorios. Al 1° de junio, BlackRock había invertido el 48% de los dineros de la Reserva Federal desembolsados hasta ese entonces, en la compra de sus propios activos. Esto impactó positivamente sobre sus precios e impulsó su demanda creciente por parte de inversores que adelantaban operaciones siguiendo la orientación detectada en las operaciones de la Reserva Federal (front running).

Así, dos actores cumplen hoy un rol crucial en el salvataje financiero: por un lado, una Reserva Federal dominada por la Reserva Federal de Nueva York cuyos principales accionistas son precisamente cuatro de los 5 megabancos con mayor riesgo sistémico. Por el otro lado, BlackRock, con fuerte participación accionaria en las grandes corporaciones que cotizan en el S&P 500.

Esta semana la Reserva decidió extender hasta fin de año el programa de salvataje financiero, mientras aumenta el endeudamiento y el dólar se deprecia rápidamente frente al oro. Este ha llegado a su pico en una década reflejando una creciente desconfianza en la capacidad que la Reserva tiene de gestionar una crisis con tasas de interés fluctuando alrededor de cero y con un endeudamiento público, privado y con derivados que explotarán si suben las tasas de interés.

Así, la salida a través de mayor endeudamiento potencia los problemas y amenaza al dólar como moneda internacional de reserva. La posibilidad de que esto ocurra en el corto plazo es hoy reconocida por los megabancos (i.e Deutsche Bank, Goldman Sachs, entre otros zerohedge.com 22, 28/ 7 2020), y dirigentes de grandes fondos de inversión (i.e Ray Dalio, J Grundlach entre otros, zerohedge.com 25, 26/ 7 2020).

Monopolios, conflictos políticos y rumores de guerra

Un grupo de corporaciones tecnológicas (Amazon, Microsoft, Google/Alphabet, y Facebook), muy beneficiadas, junto con Apple, por la especulación financiera de los últimos tiempos, ha adquirido un rol cada vez mas activo en la vida política del país. Junto con Twitter se han opuesto públicamente a Trump y ejercen un control explícito sobre la información que circula en internet y en las redes sociales, censurando opiniones «peligrosas» en una amplia gama de temas que van desde la pandemia, al racismo de Trump y sus políticas. Esta semana su enorme poder sobre los mercados y su capacidad para controlar información han quedado expuestos en las sesiones del comité antimonopolio del Congreso norteamericano (zerohedge.com 30 7 2020).

En estos días Trump sugirió la posibilidad de postergar las elecciones ante el peligro de un posible fraude y subió su apuesta de movilizar a sus votantes enviando mas tropas federales del DHS (Department of Homeland Security) para reprimir la protesta racial en diversas ciudades. Estos envíos, no autorizados por las autoridades locales, detonaron nuevas manifestaciones reclamando la inmediata partida de las tropas federales. La violenta represión de esta protesta motivó nuevas acciones legales contra el gobierno federal por parte de las autoridades locales de distintos Estados, intensificando la crisis institucional.

Por otra parte, una nueva ofensiva contra China dominó la semana. El cierre de un consulado chino fue acompañado por varias operaciones navales y aéreas en el sur y este del mar de la China. El gobierno chino advirtió duramente que defenderá su soberanía sobre la región, incluso con acciones militares (zerohedge.com 27 y 28 7 2020). Al mismo tiempo, el Banco de China anunció la posibilidad de abandonar el sistema Swift de transacciones financieras (zerohedge.com 29 7 2020 ). Si esto ocurre, la posibilidad de que China empiece a deshacerse de su tenencia en dólares abre enormes interrogantes sobre su futuro.

En este clima, los anuncios de la mayor caída anualizada del PBI (-32.9%) en la historia del país, junto con desempleos masivos, hambre e incertidumbre sobre la continuidad del estímulo fiscal, contribuyen a pintar un panorama con fuertes trazos reminiscentes de las turbulencias que azotaron la década del ’30 del siglo pasado.

La Argentina en emergencia nacional

El país se aproxima a una emergencia nacional única en su historia: un avance incontenible de contagios y muertes por Covid-19 al mismo tiempo que la capacidad hospitalaria llega al borde del colapso y se complica seriamente la situación económica local e internacional.

Los grandes acreedores externos se cartelizan y exigen nuevas condiciones que el gobierno considera inaceptables. En este clima, los «poderes fácticos» y el periodismo de guerra se desgañitan exigiendo un acuerdo para que «las inversiones futuras sean posibles». Esto viene condimentado con amenazas de corrida cambiaria y desborde inflacionario si no se acuerda, críticas al gobierno por emitir y gastar demasiado y demandas de subsidios de todo tipo para impulsar la reactivación económica. La persistente pérdida de reservas y la desesperación del chiquitaje por el dólar dan música a este teatro.

Los «poderes fácticos» no se preguntan cómo pueden contribuir a paliar el hambre y contener a la pandemia. Exigen en cambio, que se controle el gasto fiscal y se reactive rápidamente la economía para aumentar las exportaciones. Es decir, que el gobierno profundice a todo trapo el ajuste fiscal y la matriz productiva actual, esa que les ha garantizado impunidad en su control monopólico/oligopólico de áreas claves de la economía local, décadas de dependencia tecnológica, endeudamiento y fuga de capitales y un dominio sobre la política y la economía del país incluso en épocas de apertura financiera.

El clamor de los «poderes fácticos» no es casual. Ocurre en el contexto de una severa crisis económica y financiera internacional de índole inédita y duración desconocida. Una crisis que, sumada al impacto de la pandemia y a una economía arrasada por la gestión de Macri y del FMI, configuran un desbarajuste brutal. Esto último, paradójicamente, abre la oportunidad de dar una orientación diferente al crecimiento económico futuro: un crecimiento con fuerte presencia de un Estado empresario, que garantice la seguridad alimentaria, el desarrollo del mercado interno, la generación de empleo, el desarrollo tecnológico local y la integración de las cadenas de valor tanto en la industria como entre esta y el campo.

Esto aterra a los «poderes fácticos» y se pliegan a la nueva ola que demanda para la post pandemia una sustitución de CEOs y de gerentes financieros por gerentes productivos. Esto es una falacia peligrosa. Lo que se hace hoy define lo que será nuestro futuro. Asimismo, si las políticas que hoy se implementan profundizan la matriz productiva actual se estarán reproduciendo las causas estructurales de la brutal crisis económica que hoy vivimos. Esta última no es simple consecuencia de la pandemia, ni de Macri y el FMI. Estos factores se suman a causantes estructurales que vienen de lejos.

En épocas como estas, cuando un ex Presidente derrapa hacia Paris en circunstancias en que se acumulan las pruebas en su contra por espionaje ilegal y negociados económicos de todo tipo, cuando el Poder Judicial se atrinchera contra una reforma que intenta imponer limites a sus chanchullos, cuando los dedos de BlackRock aprietan para extraer mas sangre a una economía vaciada e incapaz de auto sostenerse, en estas épocas resuenan con particular luminosidad las palabras que en 1819 pronunciara el General José de San Martín ante el avance del ejercito español:

«La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar; cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios. Seamos libres, que lo demás no importa».

El Cohete a la Luna

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