«Montoneros sigue siendo el único hecho maldito en Argentina, una vez domesticado el peronismo en democracia»

Guillermo Robledo es coordinador del Observatorio de la Riqueza “Padre Arrupe”, espacio bendecido por el Papa Francisco, coordinador de la agrupación “Peronismo de la inteligencia artificial”, especialista en antropología del Poder y miembro de la “diáspora” montonera. En un extenso diálogo con AGENCIA PACO URONDO, habla sobre la historia de la organización político militar y sus vínculos con el sindicalismo.

Por Rodrigo Lugones | Agencia Paco Urondo

APU: ¿Cómo te sumás a Montoneros

Guillermo Robledo: Mi militancia empieza en la UES, después sigue en la Juventud Trabajadora Peronista Metalúrgica, junto con la Coordinadora de Gremios en Lucha (que es el movimiento más potente que se organizó de bases obreras después de muerto Perón) y después paso a integrar el ejército montonero, en toda la zona sur del Gran Buenos Aires. Mi jefe era Néstor «Paco» De Vicenti, hijo de Azucena Villaflor (fundadora de Madres de Plaza de Mayo). Paco conocía todos mis datos y los de mis compañeros, murió torturado y desaparecido y no cantó. Hoy me defino como parte de la diáspora del peronismo montonero.

APU: ¿Cuál es el balance que hacés de la experiencia histórica de Montoneros?

GR: Yo no califico como derrota lo que pasó en los 70 en términos políticos y morales. Sí en términos militares, obviamente. Y sí en términos de incidencia directa como organización del campo popular, aunque no en el plano del capital simbólico del campo popular. Yo creo que una de las grandes potencias que tuvo y tiene (creo que lo sigue teniendo en términos de formas de interpretar la realidad y de actuar) es la re-significación y la potenciación de los capitales simbólicos del pueblo. Ahí estuvo su fuerza. Montoneros sigue siendo el único hecho maldito en Argentina, una vez domesticado el peronismo en democracia. Por eso nos estigmatizan. La trayectoria austera de sus tres máximos sobrevivientes es un contraste que ningún político argentino resiste en términos de comparación.

Los que hacen hincapié deliberadamente en la cuestión militar buscan y necesitan borrar la potencia simbólica de las acciones de Montoneros: políticas, militares y de todo tipo. Entonces ahí yo creo que hay una gran experiencia que las nuevas generaciones tienen que salir a recuperar, borrando por completo todo lo que se ha escrito. Hay muy poquitito que se ha escrito con honestidad intelectual, y sobre todo con datos fehacientes y realidades históricas, desde que volvió la democracia. El diario «La Voz» (era nuestro, era de los Montoneros), donde escribían todos, desde el trotkismo hasta el presidente del Partido Justicialista, Vicente Leónidas Saadi, dirigentes sindicales como Lorenzo Miguel y también Firmenich, fue el último diario pluralista de Argentina, a partir de ahí todos los diarios empezaron a estar controlados por poderes coloniales internacionales, sin excepción.

El poder de edición, que es el poder que forma la memoria de las nuevas generaciones, está totalmente controlado a nivel internacional en Argentina. Desaparecido nuestro diario, no quedó ningún otro. Página 12 es un medio gorila de izquierda, progresista. Parió ni más ni menos que a Lanata, con eso está todo dicho.

APU: ¿Creés que hay una operación ideológica alrededor de la lectura crítica que se realiza sobre Montoneros?

GR: Hay muchas ideas alrededor de Montoneros, reproducidas incluso por ex montoneros, que tienen que ver con ese poder de edición de los medios. Para poder acceder al complejo editorial colonial tenés que cumplir una serie de requisitos, uno de ellos es reforzar la teoría de los dos demonios. Miguel Bonasso es un ejemplo, o el mismo Juan Gelman (que fue el comunicador de las acciones militares de Montoneros contra el Mundial de 1978), que se tuvo que olvidar de eso para poder tener el premio Cervantes a la poesía. Por eso se plegó a la teoría de los dos demonios, después de haber sido parte activa de uno de los «demonios».

Aldo Duzdevich habla de Montoneros Lealtad. Yo he tenido varias polémicas con él, creo que la mayor parte de lo que él dice no tiene fundamento ni demostración histórica. Infobae, que es un diario con relaciones internacionales, tiene tres columnistas dedicados permanentemente al relato sobre las luchas de las organizaciones revolucionarias de los 70, uno es Duzdevich. Eso es curioso. En esto se pierde la visión histórica. Creo que en realidad la que fue derrotada fue la Nación, y no Montoneros. Desde que murió Perón la Argentina no ha dejado de perder soberanía.

Hay algo mucho más grave que si Montoneros acertó en esta o aquella operación, y es que hemos perdido como nación. Y ahí no se escucha ninguna autocrítica al día de hoy. Ya van 46 años desde que murió el viejo y no hay ninguna autocrítica del poder sindical, del PJ, ni hablar del menemismo. Argentina perdió toda la soberanía. Hemos retrocedido del puesto 27 que teníamos entre las naciones del mundo cuando murió Perón, al 140 hoy, esa es la derrota. Montoneros perdió militarmente, pero no perdió en términos políticos y morales. Pero la patria sí perdió, y no se escucha hablar a nadie de esa derrota. La crisis mundial actual, tanto económica como sanitaria, da una oportunidad única para resolver la herencia de Perón a favor del pueblo, recuperar la soberanía y terminar con la pobreza. Está toda la correlación de fuerzas a favor para estatizar el sistema financiero y las empresas privatizadas. Causas de la pérdida de soberanía.

Nosotros hicimos las autocríticas, en algunas coincidimos, en otras no, no importa. Pero acá hay un problema más grave para la patria y el pueblo. El problema es que la patria derrotada es pueblo empobrecido. Y eso es lo que vivimos desde que murió Perón. Yo creo que lo que está en disputa desde que él murió es su herencia política. Él lo dijo clarito: «Mi único heredero es el pueblo», y en ningún momento dijo: «Mi único heredero es el pueblo…y Montoneros no está dentro del pueblo». Montoneros formaba parte de la disputa de la herencia del General Perón.

Hasta ahora nadie ha sido coherente cien por cien con esa herencia, el peronismo kirchnerista fue el que más se acercó a la política peronista, pero no se animó a replantear el sistema financiero como lo hizo Perón en el 45 y el 73, como lo siguen haciendo 73 países que hacen peronismo con distinto nombre. Al peronismo kirchnerista le faltó eso, nacionalizar el Banco Central y terminar con la fuga de capitales. Con eso no retrocedíamos al colonialismo de Macri. La autocrítica tiene que estar ahí, en porqué el peronismo no logró resolver la herencia política y el mandato que dejó Perón con su teoría y su acción.

APU: ¿Cómo habría que leer, entonces, la experiencia montonera?

GR: La historia de Montoneros las nuevas generaciones tienen que entenderla dentro de ese proceso de disputa. Es una organización que estaba disputando, y tenía todos los medios para ser la hegemonía de la herencia del General Perón. Contra eso fue la violencia genocida de la dictadura y la de la Triple A, que no la funda Perón, sino la CIA, en el marco del Plan Cóndor en América Latina, y López Rega era un infiltrado de la CIA en el entorno de Perón, como los han tenido absolutamente todos los líderes políticos y sociales de la historia. Montoneros estaba en las mejores condiciones generacionales, de capital político, económico, y con voluntad de tomar esa herencia, por eso se dio esa violencia que luego se perfeccionó con la teoría de los dos demonios de Alfonsín y de la derecha peronista.

APU: ¿Qué rol hubiera tenido, de continuar, Montoneros después de la vuelta de la democracia?

GR: Lo más difícil es reconstruir el clima social de una época pasada, para que las nuevas generaciones tengan todo el panorama. Yo estoy escribiendo sobre la etapa de la vuelta de la democracia y el rol de Montoneros. Cuando vuelve la democracia el capital político que tenía Montoneros era completamente distinto al que después se relató en la democracia. Montoneros tenía a todos los gobernadores con alto prestigio, que habían tenido su mandato con Perón. De Buenos Aires, de Córdoba, de Mendoza, de Santa Cruz. Tenía un capital político en relación a los desaparecidos, ya que el 85% de ellos era montonero. Los diez mil presos políticos eran jóvenes, tenían una capacidad política, por eso los matan ni bien empiezan a salir ya en democracia, o en el tránsito de la democracia, matan Yaguer a Haidar a Pereyra Rossi y a Cambiaso, como señal clarísima de que aquel que se anime a juntarse con los Montoneros iba a ser boleta en democracia. Señal del sistema. Teníamos la presidencia del Partido Justicialista con Vicente Leónidas Saadi, teníamos el diario, y teníamos una excelente relación con Lorenzo Miguel. Con todo eso inicia la democracia Montoneros.

Todas las generaciones que se han politizado en democracia ignoran ésta realidad, es una ignorancia planificada, desde luego. La teoría de los dos demonios destruyó esto, claro. Sin la teoría de los dos demonios, la proyección de Montoneros en el peronismo durante la democracia era muy fuerte. Y seguramente el peronismo no hubiera sido ese liberalismo en el que se convirtió con Menem. Esa es mi interpretación. El primer lawfare en democracia fue la teoría de los dos demonios. De hecho hoy están abiertas muchas causas para extorsionar a militantes montoneros y que no se sumen a discutir las políticas del peronismo.

APU: Entre las críticas a Montoneros está la de no haber abandonado la lucha armada luego del 25 de mayo de 1973, ¿qué tenés para decir al respecto?

GR: Cabe aclarar que Montoneros dejó la lucha armada ni bien llega Perón, y no retorna hasta dos meses después muerto Perón. Quienes siguen en la lucha armada como si nada hubiera cambiado es el ERP. Y de hecho nosotros salimos en contra de las acciones militares que ellos hacían. No hubo lucha armada de Montoneros hasta dos meses después de muerto el General, donde ya las Tres A habían matado a 400 compañeros. Luego se pasa a la clandestinidad el 6 de septiembre de 1974. Por lo tanto las acciones, incluida la de Rucci, no fueron de Montoneros. Nunca estuvo identificada. Para nosotros fue una acción en el marco de la Operación Cóndor, que ya operaba en toda América Latina y adentro de Argentina. Habían matado al General Prats. Y la Triple A conducía el Plan Cóndor en Argentina.

APU: Uno de los planteos más instalados es el que sostiene que Montoneros rompe con Perón y desconoce al líder del pueblo.

GR: No hubo ruptura con Perón. Se pueden buscar los reportajes realizados a Firmenich. Se puede leer el libro de Oscar Allende, sus memorias. Él estaba en el balcón el día de la plaza, y cuenta que Perón le dice que no fue más que un lavado de cabeza, que no se iba a pelear con nosotros. Éste mismo sindicalismo colonial que sostiene que Rucci fue asesinado por Montoneros para evitar tener que denunciar a la CIA, necesita mantener también el mito de que Perón echó a los Montoneros. Nos calificó de imberbes en una disputa que se libraba en la plaza para que Perón echara a López Rega. Montoneros fue a pedir eso y el viejo, con derecho, no aceptó, cuando todo subió de temperatura contra Isabel, tiró eso. Nunca nos echó.

Después hubo discursos posteriores y reuniones posteriores con Perón hasta que murió. Donde claramente el viejo decía que el enemigo era el Imperialismo, no los Montoneros. Reiterar esa falacia es funcional a que no se resuelva la herencia del peronismo. Por eso la mantienen. Las nuevas generaciones tienen que descreer de ese poder comunicacional. La ruptura no existió.

APU: Hay quien sostiene que un debate interno entre los sectores peronistas y los sectores de izquierda derivó en la separación entre la «vanguardia», «el líder» y «las masas». ¿Existía la formación política dentro de Montoneros?

GR: Decir que los Montoneros no estábamos formados, es parte de la teoría de los dos demonios: «Eran brutitos». Es una forma de sofisticarla. Rodolfo Puigróss fue uno de los grandes intelectuales argentinos, que terminó siendo conducción nacional de Montoneros. Perón lo pone como rector de la UBA, en el 73. Él venía del anarquismo, después pasó por el comunismo, y cuando entendió el peronismo el PC lo echó, y después se integra a la lucha de Montoneros. Ni hablar si tenemos que hablar de Rodolfo Walsh, Roberto Carri. Además hay otro concepto, un cuadro no es el que escribe bien, es el que hace. La acción práctica y la formación teórica, la capacidad de conducción, de comunicación, de organización, de vínculo con las masas. A Montoneros le sobraban esos cuadros, por eso fue una organización que llegó a mover la gente que movió en Ezeiza. No te define en qué momento leíste a Lenin. Eso es insuficiente.

Además quedó demostrado que Lenin no tenía nada que ver con la historia de Latino América y de Argentina. Sin embargo Perón y los Montoneros, supieron rescatar a los pensadores nacionales para acumular poder revolucionario. La JP lealtad no existió, son unos pocos que emitieron algunos documentos. Nunca tuvieron trabajo social, y mucho menos programa económico, jamás Perón los escuchó. Además, si ellos se auto proclamaban «leales» estaban diciendo que el resto eran traidores. Montoneros nunca dejó de ser peronista. Fue una parte del peronismo. Que si no hubiese sufrido el plan sistemático de exterminio hubiese tenido otro arraigo. No estaba separada de las masas, lo que pasó es que las masas se replegaron por la violencia que empezaron a ejercer las Tres A y después la dictadura genocida. Esa violencia atemorizó a las masas. Montoneros siempre se definió como movimiento peronista montonero, nunca perdió esa identidad.

A modo de ejercicio me gustaría que quienes formamos parte de la organización Montoneros tengamos tres meses de igualdad mediática frente a nuestros críticos para ver si, luego de eso, el peronismo montonero sigue estando igualmente percibido por el pueblo.

APU: ¿Creés que existía una coherencia entre el «socialismo nacional» defendido por la tendencia y los planteos de la «comunidad organizada» del General Perón?

GR: Las nuevas generaciones tienen que leer a Perón. Ir a los libros: «Los vendepatria», «La fuerza es el derecho de las bestias», «La hora de los pueblos». Perón ahí planteaba que el camino iba hacia el socialismo y la socialización. Por distintas vías políticas. Hablaba de las monarquías socialistas, por los países nórdicos de Europa. Hablaba de los socialismos árabes. Del socialismo de la Unión Soviética. Del de Mao. De Cuba. No había tal contradicción, los dos trabajamos y seguimos trabajando hoy hacia un socialismo en distintas expresiones. Es más, hoy el mundo que sobrevive por la emisión de moneda es un mundo socializado, no hay más mercado, es mentira eso. Los mecanismos de socialización que planteó Perón tomaron infinitas formas desde que él se murió. Él las anticipó, se fueron dando y se siguen dando, con efectos triunfantes. Mirá Eurasia, los países de allí son hegemónicos y son socialistas de una manera o de otra, pero son todos socialistas, el Estado tiene un rol central en la conducción política de esos países, y ése es el socialismo del que habló Perón.

Esa era nuestra diferencia con el ERP, por ejemplo. Para nosotros no era por la vía marxista-leninista clásica. Por eso adherimos fuertemente en 1979 a la revolución Sandinista, porque era ésta concepción puesta en práctica. La comunidad organizada para Perón era un mecanismo de socialización inevitable del mundo. Nosotros siempre creímos en un socialismo nacional, no en uno subordinado a las internacionales socialistas como la social-democracia. Por eso Perón siempre nos tuvo bajo su ala, porque éramos un experimento de esa socialización que él planteaba.

APU: Por último, volvamos a Rucci y a los sucesos de Ezeiza, ¿cuál es tu posición al respecto?

GR: Se habla mucho de Ezeiza, y se silencia la movilización conjunta de Montoneros y las 62 Organizaciones el 31 de agosto de 1973, en la CGT con Perón en el balcón, todas las columnas sin un roce, durante seis horas de movilización. Esa movilización, que fue posterior a Ezeiza, la acordó Lorenzo Miguel con Montoneros (si mal no recuerdo fueron Roberto Perdía y Dardo Cabo y varios más), como signo de unidad a veinte días de que asumiera Perón. La idea era borrar lo que había dejado Ezeiza. De eso no hay relato. De Ezeiza sí. Porque es funcional a la teoría de los dos demonios. Esto no quiere decir que no se produjeron enfrentamientos, los hubo, no hay duda. Ahora el relato de hacer hincapié en eso y borrar ese acto de unidad masiva es lo que hay que revertir. De hecho, nuestro diagnóstico es que esa acción de unidad entre la UOM y Montoneros, fue lo que provocó que la CIA matara a Rucci.

El relato del enfrentamiento dentro del movimiento es funcional a debilitar al peronismo, los puntos de unidad se borran. A cuatro días de esa marcha Perón da un reportaje con los tres periodistas más reconocidos de ese momento, y él dice: «Estamos en una crisis, en una emergencia en el país, el momento de la juventud va a ser dentro de tres años». Imaginate lo que significa para el Imperialismo que Perón diga que va a preparar a la juventud para que después de él vengan ellos. No había lógica que después de hacer un acuerdo, se matara a Rucci. No hay racionalidad ahí. Además Montoneros bancaba el pacto social entre Rucci y Gelbard, a diferencia de Peronismo de base y otras organizaciones. Criticábamos cosas, pero desde adentro. Montoneros planteaba que la fórmula tenía que ser «Perón-Balbín», en el Descamisado. Cuando aparece Isabel, «El Descamisado» dice: «No entendemos, pero acatamos».

¿Nosotros impulsando a Peron-Balbín, después matamos a Rucci? Es una locura. Un alto dirigente de la UOM Tres de Febrero, por ejemplo, también dice que a Rucci lo mató la CIA. Lorenzo Miguel lo dijo en el consejo directivo de la UOM, públicamente. Por eso la UOM nunca se constituyó como querellante en el asesinato de su secretario general. Firmenich y Lorenzo Miguel tenían el mismo abogado, Fernando Torres. Otra cosa, en los libros de Perdía, de Vaca Narvaja y de Firmenich, niegan que Montoneros haya matado a Rucci. Fue el único hecho que Montoneros no se adjudicó, y los sobrevivientes niegan haberlo realizado. La CGT nunca acusó a Montoneros, Perón tampoco.

Agencia Paco Urondo

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