Mundo violento

Por Roberto Samar*

Cientos de niñas y niños migrantes fueron separados de sus padres por la política de Trump. Recientemente murió detenido un niño de 8 años guatemalteco que intentaba ingresar a Estados Unidos.

“Esta política es espectacularmente cruel: arranca a niños y niñas aterrorizados de los brazos de sus padres para llevarlos a centros de detención abarrotados que son, a efectos prácticos, jaulas. Eso no es otra cosa que tortura. El gran sufrimiento mental que las autoridades han infligido deliberadamente a esas familias para coaccionarlas implica que esos actos se corresponden con las definiciones de tortura tanto de la legislación estadounidense como del derecho internacional”, afirmó Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional.

Mientras las personas en situación de pobreza son expulsadas y excluidas, la riqueza se concentra. Según el informe de la confederación internacional Oxfam “el 82% de la riqueza mundial generada durante el pasado año fue a parar a manos del 1% más rico de la población mundial”. Asimismo, desde el año 2010, la riqueza de esta élite económica ha crecido en un promedio del 13% al año.

En el mismo sentido, según el banco Credit Suisse unas 42 personas poseen actualmente la misma riqueza que los 3.700 millones de personas más pobres del mundo.

Esta desigualdad es violencia. Sostener este mundo violento requiere que buena parte de la sociedad sueñe con formar parte de los privilegiados y una industria del entretenimiento que sostenga esta ilusión. También necesita la construcción de chivos expiatorios sobre quienes canalizar nuestras frustraciones y un aparato represivo dispuesto a imponer el orden y fortalecer el miedo.

Paralelamente, los seres humanos no somos los únicos que padecemos la violencia actual. Según el sociólogo Atilio Borón, buena parte de la desforestación que sufre el planeta se origina en el aumento del consumo del papel. Pero no todos consumen por igual: en Estados Unidos el consumo asciende a 270 kilogramos por persona/año, mientras que se consumen 5 kilogramos por persona / año en la India.

En una entrevista Inés Camilloni, la licenciada en Meteorología y doctora por la Universidad de Buenos Aires en el área de Ciencias de la Atmósfera sostuvo: “hacer frente al cambio climático se vincula con modificar pautas asociadas a la producción y al consumo, es decir, incrementar el uso de energías renovables y limitar las prácticas sociales hiperconsumistas”.

La cultura hiperconsumista devastadora es un privilegio que debemos cuestionar. Como sostuvo el escritor uruguayo Eduardo Galeano, “si el 80% de la humanidad pudiera consumir con la voracidad del 20 %, nuestro pobre planeta ya moribundo, moriría. Si el despilfarro, no fuera privilegio, no podría ser”.

Cabe recordar que como da cuenta Borón, Estados Unidos cuenta con “72 bases militares instaladas en Nuestra América”. ¿Por qué estarán? ¿Para cuidarnos, o por si en algún momento deseamos cuestionar el sistema vigente?

Mientras tanto otros consumos crecen y se expanden. Netflix, la empresa comercial estadounidense bate nuevos records de audiencia y nos mantiene entretenidos. Nuevas redes sociales florecen: donde sonreímos, vemos perritos y gente feliz: más imágenes y menos textos, más emoción y menos reflexión. Espacios que nos ayudarán a sostener la ilusión de un mundo feliz.

* Especialista en Comunicación y culturas UNCo . Docente de la UNRN

Diario Río Negro

 



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