No es la hidrovía, es la soja

Por Gustavo Koenig

Foto: Marcelo Manera / AFP

El río Paraná obtiene su profundidad en la carga de lluvias… las lluvias nacen de la humedad de los bosques, selvas y humedales… de toda esa vegetación perlada de gotas que se evaporan hasta el cielo desde la selva del Amazonas. El Amazonas se tala, se incendia y se desmonta para el monocultivo estúpido de soja. El modelo de desarrollo sojero tala bosques y humedales, fumiga, seca y desertifica la tierra. Pasa en Argentina y también pasa en Brasil y Paraguay… donde nace el río Paraná.

Entonces, como ya se sabe, la soja nos deja sin bosques… Entonces la soja nos deja sin humedales… Entonces la soja nos deja sin lluvias y sin lluvias no hay río por donde sacar la soja. ¿Se entiende? Con modelo sojero no hay dragado que alcance.

¿Para qué queremos el río? ¿Para transportar el cultivo que lo seca? ¿No es tonto hacer eso? ¿No deberíamos estar mirando el conjunto, donde el problema principal es el monocultivo sojero como centralidad de las economías sudamericanas? ¿Tan importante es la soja para diseñar el curso del río mas importante de Sudamérica? ¿Quién diseña el territorio? ¿Las transnacionales o los pueblos? ¿De qué lado se pone el Estado?

¿Es negocio una hidrovía estatal, pero continuando con la expansión sojera que ya alcanza el 80% de la superficie cultivable argentina? ¿Sirve al pueblo argentino manejar el dinero que queda de la destrucción nutritiva de sus suelos? ¿Se come el dinero en Sudamérica? ¿Sirve mirar solo la parte económica, sin ver la parte ecosistémica del asunto? Cuando pensamos en la disminución de las precipitaciones por el modelo sojero, ¿no queda ridiculizada la ganancia rápida de la economía? ¿A cuántos años deberíamos pensar el asunto de la estatización del comercio exterior? ¿A lo que dé la tierra saqueada por el monocultivo? ¿Y después qué hacemos? ¿Exportamos tierra seca como mineral?

La hidrovía, como concepto, debe hacernos pensar en el modelo de saqueo que diseña nuestro territorio. No se trata solo de a quién le queda la moneda, aunque es mejor, obvio, que nos quede a nosotros. Se trata del poder: quién tiene el poder para diseñar productiva y culturalmente el territorio. ¿Por cuantos dólares al año estamos cediendo el diseño del territorio? ¿Qué es más importante, los dólares o poder diseñar soberanamente nuestro territorio? ¿Son los dólares? Entonces… si la concesión deja una mejor mordida, ¿estaremos aceptando dejar de manejar la mitad del territorio a partir del Paralelo 42, donde los ingleses ya cuentan con aeropuerto propio en la Zona de Seguridad de Frontera? Ante una invasión a la Patagonia, ¿tendrán que pedir permiso a Montevideo los buques artillados de la Marina de Guerra para llegar a los puertos del sur? No olviden que ya no tenemos submarinos… el ARA San Juan “se hundió”.

¿Es exagerado pensar en eso? ¿No ven una guerra mundial ya desatada… con o sin barbijo? ¿Las guerras internacionales no han sido siempre por los recursos naturales, minerales y alimenticios? ¿No es la “hidrovía” parte del IIRSA, ese diseño de saqueo transnacional de toda Sudamérica para la extracción de Recursos Naturales? ¿No es el IIRSA el nuevo ALCA, pero ahora con la China “comunista”?

¿No somos los y las peronistas la Tercera Posición Geopolítica?

Revista Movimiento