No hay viento en contra: las oportunidades geopolíticas de Alberto Fernández

Las elecciones que se avecinan en Estados Unidos muestran las fisuras en la estructura de poder de la principal potencia respecto de América Latina. El neoliberalismo está en crisis en la mayoría de los países de Sudamérica. La relación con México y Europa. El posible rol de China, Rusia, y la India

(Foto: Prensa Frente de Todos)

Por Cesar Verduga Vélez – Ex ministro de Gobierno de Ecuador y consultor. Desde México.

De la sabiduría asiática proviene el concepto de que un jefe que celebra más de dos lunas el triunfo en una batalla pierde la guerra. Alberto Fernandez parece guiado por ese precepto.Apenas ganó hizo definiciones claras sobre economía, seguridad, política interna y externa para su gobierno que se inicia el 10 de Diciembre.

La herencia macrista semeja la de un país asolado por una catástrofe natural de gran magnitud.Poner en marcha una economía centrada en la producción y no en la especulación, restañar el tejido social y reconstruir la cohesión social son tareas de gran calado, pero serán insuficientes.

Hay lugares comunes que se vuelven modo de construir falsas antinomias en el imaginario social. “Los populistas tienen sensibilidad social, pero son corruptos. Los neoliberales no se interesan por los pobres, pero son éticos en el manejo del dinero público”. La prensa hegemónica argentina y latinoamericana difunde con amplitud las acusaciones de corrupción que se hicieron contra la era kirchnerista, pero callan como si estuvieran en misa las acusaciones contra los negocios fraudulentos a favor del grupo Macri y de las empresas privadas cuyos CEOS integran el gabinete de Macri.

“Los populistas mueven a las masas invocando la participación popular en las decisiones del estado, pero agreden a las instituciones y debilitan la democracia”. Mas los abusos neoliberales de la prisión preventiva invocando la lucha contra la impunidad por corrupción son silenciados en los medios convencionales y celebrados en aquellas redes sociales que los neoliberales suelen manejar en mayor número que sus adversarios.

El neoliberalismo construye una subjetividad basada en el individualismo, cuyo eje es la autorealización personal, borra la solidaridad social como obsolescencia del siglo pasado y en América Latina pretende desaparecer las fronteras entre lo público y lo privado en la prestación de servicios básicos.

Hay que construir un sentido común sobre la realidad distinto al que diariamente configuran y seguirán configurando los neoliberales después de que Macri se vaya del poder.

La geopolítica es otro gran tema para el nuevo gobierno argentino. En Estados Unidos con elecciones en puertas y un impeachment en desarrollo hay una división real en la estructura de poder que parcialmente toca la relación de ese país con América Latina. Trump ha apoyado siempre a Macri a través del FMI. Ha dicho que la rebelión social chilena está manejada desde el exterior. Nancy Pelossi desde la Cámara de Representantes ha sido discreta sobre el Cono Sur y se ha opuesto a las políticas de su gobierno sobre las migraciones centroamericanas. Trump ha proclamado abiertamente su apoyo al golpe de estado en Bolivia y Bernie Sanders lo ha rechazado públicamente.

Hay señales que indican que las incapacidades políticas de las élites neoliberales latinoamericanas las llevan a resucitar la presencia militar como garante de la seguridad interior, de la paz social y del orden político democrático. Una reafirmación internacional de que el sometimiento de las fuerzas militares al poder civil es una condición de la democracia como lo muestra el golpe en Bolivia. Es lo que el progresismo espera de Alberto Fernández el 10 de Diciembre.

Brasil en toda su etapa democrática ha sido un factor de contención de las políticas intervencionistas de USA en América del Sur. Con Bolsonaro eso ha desaparecido. Hoy Brasil es un aliado obsecuente del gobierno norteamericano en sus políticas hacia Sudamérica. Es conveniente no perder de vista el debilitamiento de Bolsonaro interna e internacionalmente. La liberación de Lula constituye una muestra. Ha sido celebrada por el progresismo latinoaméricano y púdicamente no comentada por el neoliberalismo en la región. Bolsonaro se ha visto obligado a cambiar su posición respecto de la relación Brasil-China y en la reciente reunión de los BRICS ha firmado varios acuerdos con Xi Jinping sobre temas diversos, con centralidad en el comercio binacional.

Lo que el pueblo argentino resolvió en las urnas electorales, el pueblo chileno lo ha conseguido en las calles. Una clase política que se había distanciado de la sociedad no supo leer a tiempo que la baja participación electoral, especialmente de los jóvenes, era señal de hartazgo con una élite que pecaba de autosatisfacción con un modelo en el que la economía crecía y la desigualdad social se expandía más que la economía. Chile ha dado un paso refundacional después de más de 30 días de protesta social y decenas de muertes.

El gobierno y la oposición política han acordado generar una nueva Constitución. Antes Chile tuvo dos Constituciones en el siglo 19 precedidas por guerras civiles y la Constitución elaborada en el contexto de la dictadura de Pinochet. La de 2020 será la primera Constitución aprobada en democracia y, según Alvaro Flores, dirigente de los abogados de Chile, deberá ser la “carta de defunción del neoliberalismo” puesto que las constituciones estructuran el poder y la política y éstos no pueden estar divorciados de una sociedad chilena, que se ha expresado masiva y organizadamente contra el modelo neoliberal consagrado constitucionalmente desde 1980.

Un premio nobel de Literatura como Mario Vargas Llosa, que no carece de palabras, se mostró estupefacto ante el “enigma” chileno y un político peruano centrista (Jorge Nieto) reflexionando sobre el crecimiento económico y la persistencia de la desigualdad en su país tituló sugestivamente un artículo “Las barbas en remojo” en Perú 21.

Al visitar a México en su primer viaje como presidente electo Alberto Fernández redefinió las prioridades latinoamericanas de Argentina. Ha asumido la renegociación del acuerdo macrista con el F.M.I. dejando claro que Argentina pagará la deuda pero sin ajuste recesivo, con un modelo de crecimiento que genere producción y empleo. Y la Secretaría General de la O.E.A. ha sido criticada por el Presidente electo, por su complicidad con el golpe de estado ocurrido en Bolivia.

Al otro lado del mundo, Fernández cultiva buenas relaciones con los gobiernos de Francia, España y Portugal y se ha mostrado europeísta en el contexto global. Queda para el futuro cercano sus definiciones sobre la relación de la Argentina peronista con China, Rusia, India, actores de un emergente polo de poder global.

Tema complejo será la relación con los gobiernos y las sociedades de América Latina, sacudida de Centro a Sudamérica por fenómenos socio-políticos como las migraciones irregulares y las protestas sociales contra las políticas neoliberales.

La buena relación diplomática con los gobiernos puede acompañarse de iniciativas académicas que fomenten la relación entre sociedades civiles para analizar temas como el neoliberalismo, el desarrollo social, la lucha por la igualdad de género, el papel de los jóvenes en la época, el estado actual y las perspectivas de los procesos de integración latinoamericana. Desde esta columna se propuso la creación de una Comisión Internacional que actúe como observatorio analítico del neoliberalismo latinoamericano y sus consecuencias económicas, sociales, políticas, en los países donde se torna ideología y praxis del Estado. Argentina es una experiencia reciente que puede servir de base informativa para esa Comisión.

Con la velocidad y el vigor de la carrera de obstáculos y la inteligencia, frialdad y habilidad de las artes marciales mixtas, el gobierno de Alberto Fernández tendrá el éxito que el pueblo argentino merece y el progresismo latinoamericano necesita.

Tiempo Argentino

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