Quien
dicta la forma de lucha es el opresor y nunca el oprimido
(ANNCOL) Palabras leídas por Simón Trinidad el 28 de enero de 2008 cuando fue
condenado a 60 años por “conspirar para secuestrar a 3 estadounidenses”.
Hablo como miembro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –Ejército
del Pueblo, organización política insurgente, alzada en armas contra el estado
colombiano, a la que pertenezco desde finales del año de 1987.
Desde sus orígenes, hace 44 años, las FARC-EP luchan por cambiar un régimen
oligárquico que se sostiene en el poder a punta de sangre y fuego.
Está escrito desde el 20 de julio de 1964, en
el programa agrario de los guerrilleros, que las FARC querían y luchaban por
cambiar el régimen por la vía menos dolorosa para nuestro pueblo: la vía
pacífica, democrática de masas.
Quien dicta la forma de lucha es el opresor y nunca
el oprimido
Pero la oligarquía en el poder ha mantenido cerrada esa vía utilizando la fuerza
pública y a bandas de sicarios conocidos primero como pájaros o chulavitas y hoy
como paramilitares, para barrer a plomo a sus adversarios políticos y sembrar el
Terror en la población.
Nelson Mandela, líder de Sudáfrica, miembro del Partido Congreso Nacional
Africano, fundador del movimiento guerrillero UMKHONTO WE SIZE, -“la lanza de la
nación”-, luego presidente de su país y premio Nobel de Paz, afirma en su
autobiografía que “quien dicta la forma de la lucha es el opresor y nunca el
oprimido”.
En Colombia el opresor es la oligarquía, que ha utilizado las armas del estado
contra su propio pueblo para mantener sus privilegios y por eso existen las FARC
como ejército del pueblo.
Los guerrilleros de las FARC hacen parte del pueblo colombiano que expresa de
múltiples formas su descontento, que reclama, que protesta y que lucha contra un
régimen elitista y violento.
Fundadas por campesinos como Manuel Marulanda, las FARC apoyan las luchas
campesinas por la tierra y por una política agraria que tenga en cuenta y
garantice sus intereses. Creadas por obreros como Jacobo Arenas, las FARC
alientan las luchas obreras por la mejora de sus salarios, la organización
sindical y su lucha política contra sus explotadores y opresores. Con el ejemplo
dado por indígenas como Ciro Trujillo, las FARC respaldan sus luchas por el
respeto a su cultura, sus lenguas y organización interna. Conformada desde sus
inicios por mujeres como Miriam Narváez y estudiantes como Hernando González
Acosta, las FARC estimulan sus luchas por una Colombia pluralista, democrática,
en paz con justicia social.
América Latina es la región más desigual del planeta y Colombia ocupa en el
mundo el tercer lugar entre los países de mayores desigualdades económicas y
sociales. Desigualdades en la distribución de la riqueza que limitan o impiden
el acceso al empleo, a la tierra, a la vivienda digna, a la educación en todos
sus niveles, a la protección de la salud, a la alimentación básica y balanceada,
al agua potable, a la luz eléctrica, a la recreación y al descanso, es decir, a
los derechos humanos básicos, esenciales, para tener una vida digna. Por ese
inequitativo manejo de la riqueza, 24 millones de colombianos, el 54% de sus
habitantes, viven por debajo del nivel de la pobreza o de miseria, condenados a
subsistir con 1 ó 2 dólares diarios de ingreso.
La fertilidad de las tierras del país y la variedad de climas que van desde el
cálido tropical hasta el frío de sus páramos, facilitan siembras y cosechas los
12 meses del año para garantizar no sólo la autosuficiencia alimentaria, sino
excedentes para la exportación, así como la producción de materias primas para
surtir industrias nacionales y extranjeras. Sus abundantes y variados recursos
naturales, mineros y energéticos, como oro, esmeraldas, níquel, sal, carbón, gas
y petróleo; su riqueza pesquera de sus dos océanos, ríos, lagos y lagunas,
contar con una de las mayores biodiversidades del planeta en su flora y su fauna
y sus inmensos recursos hídricos y forestales, constituyen un inmenso patrimonio
de bienes naturales, los que sumados al recurso humano de un pueblo laborioso y
luchador, hacen de Colombia una nación muy rica para garantizar el bienestar
económico y social de todos sus habitantes.
Sin embargo, una mezquina casta gobernante y quienes monopolizan la banca, la
industria, las minas, el comercio y las mejores tierras, niegan la riqueza del
país y por el contrario pregonan que Colombia es un país pobre, para justificar
las grandes desigualdades sociales.
Los gobernantes de los partidos liberal y conservador han utilizado sus cargos
para garantizar la insaciable voracidad de los dueños del gran capital y de los
latifundistas, para entregar cada vez más la soberanía del país a los intereses
del gran capital internacional, en particular al de los Estados Unidos, y para
enriquecerse ellos mismos con las comisiones que reciben.
La violencia política del régimen, expresada en el asesinato, la amenaza, la
tortura, la calumnia y la desaparición forzada, ha sido su más eficaz
herramienta, la que han utilizado sin pausa y sin descanso contra sus
contradictores políticos para sustentarse en el poder. Llegaron al extremo del
genocidio político. Así lo hicieron con el movimiento gaitanista en los años 40
y desde mediados de los 80 contra los militantes de la Unión Patriótica.
Enquistados en los tres poderes del estado, se garantizan mutuamente la
impunidad por sus crímenes políticos y delitos económicos, impunidad que
extienden a los miembros de las fuerzas militares, de la policía y a sus bandas
de paramilitares.
Además del carácter injusto y violento del régimen, la inmoralidad de los
gobernantes ha sido su norma, el cinismo su ética, y el bolsillo propio su
objetivo fundamental. Donde va la dignidad ostentan un muñón.
Han sido corruptos, ladrones, por acción y omisión con los dineros que los
colombianos les confían a través del pago de impuestos y con la administración
de las empresas del estado. Han abusado del poder para feriar las empresas
estatales y los recursos naturales malvendiéndolos a particulares y extranjeros
a espaldas de las comunidades.
Cierto es que en Colombia los gobernantes, los congresistas y demás miembros de
corporaciones departamentales y municipales son elegidos cada cuatro años. Pero
también es cierto que la democracia no es sólo votar, y menos cuando la
abstención históricamente es superior al 65%, o cuando una cantidad apreciable
de electores vota a cambio de dinero –la compra venta del voto-, o por promesas
de puestos en la burocracia oficial. En las elecciones del país votan ciudadanos
fallecidos y, otros muy vivos, votan varias veces el día de las elecciones. El
robo de las urnas electorales y el cambio de votos de las urnas son prácticas
comunes. Por todo esto, los procesos electorales son ilegítimos y hacen de las
elecciones otra farsa más de la democracia colombiana.
De los últimos años de nuestra historia política: Ernesto Samper es elegido
presidente 6 por el cartel del narcotráfico de Cali que financió su campaña con
6 millones y medio de dólares. El candidato derrotado, Andrés Pastrana, solo
hasta el día siguiente de su derrota, furioso por no haber recibido una cantidad
igual de dólares del mismo cartel, finalmente denuncia al vencedor y, cuatro
años después, llega a la presidencia. El 2 de agosto de 2004, el departamento de
defensa de Estados Unidos autorizó la publicación de un informe de seguridad,
elaborado en 1991 por su Defense Intelligence Agency, DIA, en el que figura la
plana mayor del cartel de la droga de Pablo Escobar. En el informe de 14
páginas, solicitado por The National Security Archive, de la Universidad George
Washington, aparece el nombre del actual presidente Álvaro Uribe Vélez junto las
jefe paramilitar Fidel Castaño y del jefe del cartel de Medellín, Pablo Escobar.
Álvaro Uribe Vélez había sido elegido presidente en el año 2002, y el mismo año
de la publicación de la DIA, se dedicó a otorgar contratos de obras públicas,
sinecuras a discreción en la burocracia oficial y cargos diplomáticos por todo
el mundo a familiares y copartidarios de los congresistas liberales y
conservadores para que, así sobornados, reformaran la Constitución y el mismo
presidente Uribe Vélez pudiera reelegirse automáticamente, y así sucedió.
Este es el mejor retrato de la democracia colombiana. Democracia de papel, de
titulares de prensa y de noticieros, de discursos politiqueros. El blablabla
histórico alejado de la realidad, de la verdad.
De otra parte, Colombia vive la tragedia de una larga guerra de más de 60 años.
Y, para agravar la situación, con la creciente participación de los Estados
Unidos en una guerra contrainsurgente pero disfrazada con otros argumentos. El
último de ellos es el de la guerra contra las drogas, como lo dije en el juicio,
enmascara la intervención del gobierno estadounidense en nuestro conflicto
político. Esto le permite tener una mayor injerencia en los asuntos internos de
Colombia, justificar su mayor presencia con tropas, asesores, espías, armas y
atizar la guerra con millones y millones de dólares.
Este apoyo militar, financiero y político del gobierno de Estados Unidos,
envalentona a la oligarquía y aplaza las soluciones económicas, sociales y
políticas que son el origen del conflicto y que el país requiere solucionar sin
injerencias externas y menos aún con la imposición de soluciones. En Colombia
cobran vigencia las visionarias del Libertador Simón Bolívar, el hombre de
América, cuando aseveró que “Los Estados Unidos parecen destinados por la
Providencia para plagar a América de miseria en nombre de la libertad”.
Y es que el gobierno y algunos congresistas de Estados Unidos no han comprendido
que a diferencia de otros conflictos de orígenes religiosos o étnicos o
separatistas o territoriales, el conflicto colombiano tiene unas profundas
raíces económicas y sociales, cuya solución no puede ser de otra índole, y que
va mucho más allá del problema del narcotráfico por lo que no puede
circunscribirse a éste.
Por eso las FARC no comparten la solución militar y de guerra química, que
además de lesionar el suelo patrio y muestra dignidad nacional, dejan de lado la
financiación y la inversión social, además de la participación de las
comunidades en los acuerdos y planes de sustitución de cultivos.
Así mismo, consideran las FARC que ningún país, por poderoso que sea, puede
arrogarse el derecho exclusivo de combatir el problema o la posesión monopólica
de la estrategia para derrotarlo. Con un cambio de la actual estrategia militar,
el gobierno de los Estados unidos y las FARC pueden trabajar de conjunto para
unir esfuerzos y voluntades en ese gran reto que enfrenta la Humanidad.
Para las FARC está claro que la comunidad internacional debe participar en esa
inaplazable tarea mediante acuerdos y compromisos, en especial los países más
desarrollados y ricos por ser las principales fuentes de la demanda mundial de
estupefacientes y los más afectados por el consumo.
Me sorprendió que el departamento de Justicia no se alterara cuando comprobó la
falsedad de los cuatro informes –todos distintos- y la burda alteración de las
imágenes de un video que los militares colombianos entregaron para hacer creer
que soy miembro del Estado Mayor Central. Lástima no poder conocer la enérgica
carta enviada a los oficiales de inteligencia del ejército donde el gobierno
protestó por el irrespetuoso engaño. ¡Porque doy por seguro que hubo un fuerte
reclamo por tamaña burla!
Si con ese descaro el ejército de Colombia le ha mentido a las autoridades del
gobierno del cual reciben asesoría, cursos, armas y millones de dólares, es
fácil comprender de lo que han sido capaces de hacer en mi país donde han tenido
y tienen las manos sueltas para hacer y deshacer a su antojo.
Es sabido que la política es la expresión concentrada de la economía y que la
guerra es la continuación de la política por otros medios, y como aquí los temas
económicos, políticos y de la guerra en Colombia fueron tratados con amplitud en
las dos versiones del juicio, aquí se ha hecho un juicio político, de cabo a
rabo, así el gobierno haya tratado de evitarlo y ocultarlo.
Ese carácter político del juicio me complace porque confirma la condición
política de las FARC, derivadas de las causas y objetivos de su lucha
revolucionaria, plasmados en conferencias y de los plenos del estado mayor
central, documentos presentados por la fiscalía y de los que se habló y
discutió.
Igual, estoy satisfecho porque a pesar de todo el esfuerzo que realizó el
gobierno en los dos juicios, los jurados me consideraron no culpable del quinto
cargo que se me imputaba: el de suministrar ayuda a una organización terrorista,
como erróneamente califica a las FARC el departamento de Estado.
Aprovecho esta tribuna para reiterar con toda claridad y absoluta firmeza, en
nombre de las FARC y del mío, la condena al terrorismo independientemente del
origen que tenga.
No olvido que el Terrorismo de Estado, que en Colombia ha sido y es aún práctica
común, fue el factor determinante para mi ingreso a las FARC, desde donde lo he
denunciado y condenado.
Por principio, por convicciones ideológicas, el terrorismo no tiene cabida en mi
mente ni en mi corazón como práctica política. Tengo claro, al igual que las
FARC, que ninguna fuerza política que aspire al poder con el respaldo popular
puede cumplir su objetivo con la práctica del terrorismo ya que este socava y
destruye todo apoyo.
De igual forma, las FARC y yo en particular, nos oponemos y rechazamos la
extradición de colombianos para ser juzgados en otros países. Esa es una
práctica neocolonial que lesiona la soberanía de nuestro país y que ha llegado
al extremo de utilizarse como arma política contra las FARC. Además, es un error
pretender chantajear con la extradición a hombres y mujeres que luchan por
ideales, como son los casos de Sonia y mío.
Por el cargo de conspiración no abriga mi ser sentimiento de culpa alguno. Mi
tarea estaba enmarcada dentro del conflicto del país. En Colombia hay una guerra
y como consecuencia de ella hay prisioneros de lado y lado, y este es un
problema real, concreto, que reclama una solución. Además era una orden y una
tarea política emanadas de determinaciones superiores, como se aprecia al leerse
el comunicado del 27 de abril de 2003, suscrito por el Secretariado. Y, si se
quiere, fue un intento de un primer paso de una acción humanitaria en beneficio
de todos los prisioneros de ambas partes.
Entonces me absuelve mi conciencia y, desde ya, me sumo al grupo de tantos otros
a quienes la historia ha dado y dará su absolución.
Me queda la satisfacción de haber enviado la carta al comandante Manuel
Marulanda y a los demás miembros del Secretariado, donde les propuse dar pruebas
de vida de los tres estadounidenses y les reiteraba que mi libertad no se
convirtiera en un obstáculo para el Acuerdo Humanitario en Colombia. Estoy
convencido que ese Acuerdo será un avance significativo en el camino de la
reconciliación y la paz con justicia social de los colombianos. La solución
política hace parte del conflicto, por lo que las FARC nunca la han descartado.
De hecho, es el primer punto de nuestra plataforma, que dice: Solución política
al grave conflicto social que vive el país.
También me acompaña un sincero deseo para que Marc Gonzalves, Keith Stansell y
Thomas Howes regresen lo más pronto posible vivos y sanos, al seno de sus
hogares junto a sus seres queridos.
Como ya hubo una reunión donde compartí algunas palabras con un funcionario del
departamento de Estado, no está de más decir que mantengo igual disposición para
posibles futuros encuentros y diálogos.
Cuando ingresé a las FARC, lo hice consciente de perder la vida o la libertad en
la lucha por alcanzar unos ideales de justicia social para el pueblo colombiano
y de paz para mi país. Hoy, perdida mi libertad física, conservo intactos esos
ideales, estimulados por otros hombres y mujeres, incluso extranjeros, entre
otros tantos como los miembros de la organización Free Ricardo Palmera, gentes
que levantan las mismas banderas, porque comparten las palabras dichas por el
mártir de la independencia de Cuba, José Martí, cuando afirmó: “Lo que Bolívar
no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy”. Y es que esa es la tarea por cumplir,
entre los que estarán los guerrilleros y guerrilleras de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo.
¡Viva Manuel Marulanda!
¡Vivan las FARC – Ejército del Pueblo!
¡Viva Bolívar, porque Simón Bolívar vive y su espada libertaria recorre América!
Enero 28 de 2008, Washington, D. C.
Fuente: www.anncol.eu