La
estrategia del gobierno necesita cambios importantesPara empezar: a pesar del crecimiento de estos años y de que las cuentas de la macroeconomía están en orden, la inflación no se detiene, y peor aun aumenta. Se deterioran con ello los ingresos de amplios sectores y en particular de los más humildes, crece poco a poco de nuevo la pobreza, se revalúa también el peso y se afectan con ello sectores expuestos a las importaciones, etc.
Paralelamente hay franjas sociales, que son parte del campo popular, que se van paulatinamente alejando del apoyo al gobierno; y otras, como los chacareros, que directamente se ponen en contra. Disminuye el consenso político hacia la administración de Cristina Kirchner, en particular en las clases medias; y se hace más pasivo el apoyo en los trabajadores y los humildes.
No andan bien las cosas. Es por tanto llegado el momento, entendemos nosotros, de producir cambios importantes de rumbo si queremos que este proyecto nacional que con tanto esfuerzo vinimos construyendo hasta hoy, vuelva a ser vigoroso y a contar con el apoyo de la mayoría de la sociedad. Elemento determinante para coronar con éxito la transformación profunda del país.
En lo económico la manifestación más
visible de los problemas es la inflación que va afectando los ingresos de los
sectores populares y también el tipo de cambio, corazón del modelo de
reindustrialización en marcha. Reconoce aquella diversos motivos: precios
internacionales de alimentos en alza significativa, monopolización de la oferta
de una importante cantidad de bienes y búsqueda de superganancias de parte de
los grandes grupos económico que producen y/o comercializan esos productos,
falta de mayor inversión productiva para cubrir la creciente demanda.
La salida entonces, a este problema inflacionario, pasa por atacar decididamente
las causas del mismo. En primer lugar, hay que separar los precios internos de
los alimentos de los internacionales. Con las retenciones móviles, de allí
nuestro decidido apoyo a las mismas, la recreación de Juntas como la de carnes y
granos, y todo tipo de medidas que contribuyan a ello. En segundo lugar, con un
control estricto de los precios en toda la cadena, desde la producción hasta la
venta de los productos. Control en serio, con participación popular, y no ese
-en gran parte para la galería- que hace Moreno, que no detiene los precios
realmente y desprestigia ante la ciudadanía el instrumento. A lo que debemos
agregarle una política firme de paulatina desmonopolización de sectores
estratégicos, como acaba de proponer Enrique Martínez, presidente del INTI.
Finalmente, para atacar el problema de la falta de inversión (aun cuando esta
sea importante, ostensiblemente no alcanza si tenemos -y aspiramos a seguir
teniendo- un crecimiento del PBI del 8 ó 9 por ciento anual) debemos avanzar de
una vez por todas en una reforma impositiva que aumente los gravámenes a los
sectores mas concentrados; como así también con la nacionalización del petróleo,
del gas, y un fuerte control sobre la minería. Con los recursos provenientes de
esas medidas, desde el Estado invertir y al mismo tiempo otorgar crédito a bajo
costo –hoy casi inexistente- para la producción.
En lo social la base del problema reside en que el gobierno ha ido girando en
sus acuerdos fundamentales hacia los sectores mas concentrados de la economía y
a la dirigencia sindical tradicional. Con la equivocada visión de que con los
primeros se asegura el apoyo del supuesto sector más dinámico de este proyecto,
y con los segundos garantiza que no se desate la puja distributiva del lado de
los asalariados. Grave error. Lo que después en la realidad sucede, es que los
grandes grupos -que poco comparten del proyecto nacional en curso- incumplen
sistemáticamente los acuerdos (entre ellos los de precios); y la burocracia
sindical garantiza los suyos para mal y a costa de un enorme precio político en
la sociedad en general, y en los sectores progresistas en particular, que la
detestan con justas razones. Así, poco a poco va quedando el gobierno de rehén
de sectores que no simpatizan demasiado con el proyecto nacional enarbolado por
el kirchnerismo en estos años, más allá de las limitaciones que pueda haber
tenido para desplegarlo.
Esto que decimos mas arriba se manifiesta en diversas áreas: en el campo los
aliados privilegiados de estos años han sido sobre todo los terratenientes y los
pools de siembra, y no los pequeños y medianos productores. También las grandes
empresas exportadoras de granos y sus derivados, los grandes frigoríficos,
empresas lácteas y molinos harineros. En la industria las grandes compañías de
la Asociación Empresaria Argentina y la UIA, no los pequeños y medianos
empresarios. En el ámbito gremial el acuerdo casi exclusivo ha sido con la CGT y
se ha excluido a la CTA. En otras áreas como la universidad, la política de
alianzas gubernamental se ha asentado en los sectores tradicionales del
radicalismo, el peronismo e incluso la derecha liberal, sin alentarse a las
fuerzas progresistas para que ganen mayor espacio y protagonismo. A las
organizaciones sociales, que representan a los desocupados y a los más pobres,
mas allá del discurso, se les restó permanentemente protagonismo en las acciones
y políticas del Estado, desalentando la participación popular en ellas y
privilegiando los aparatos burocráticos gubernamentales de todo tipo.
La salida a esto es volver a establecer fuertes vínculos con los sectores
sociales populares, que son los que van a defender realmente y con ahínco el
proyecto nacional, si se ven en él verdaderamente representados. Hay que
contemplar en serio sus intereses, y convocar a partir de ello a su
participación activa y protagónica. Los enemigos a derrotar son poderosos, sin
pueblo organizado y movilizado es difícil tener éxito.
En lo político se giró al PJ, dejando de hecho atrás ideas como la de la
Transversalidad. Es decir, se abandonó la estrategia de construir una nueva
fuerza política que expresara genuinamente este proyecto nacional. Como así
también la posterior -y menos ambiciosa- propuesta de la Concertación Plural,
buscando que el apoyo a este proyecto estuviera asentado en un frente de
distintos sectores políticos y sociales consustanciado con el mismo.
Esencialmente todo eso ha sido dejado de lado. Con la asunción de Kirchner a la
presidencia del PJ, vamos a que este -un partido desgastado ante gran parte de
la sociedad- sea la columna vertebral de la construcción política del gobierno.
Como dijo recientemente Chacho Alvarez: "No podemos convocar a la épica con
dirigentes que no convocan a ninguna épica".
Es difícil ver que haya una salida aceptable a esta mala decisión política, ya
avanzada. De todas maneras hay que buscar la manera de corregir esa orientación
y volver a la concepción de una alianza política y social amplia y plural en
serio, con fuerte protagonismo de los sectores más consecuentes. Esto se debería
reflejar tanto en la composición del gobierno, como en quienes son los
representantes públicos de este proyecto nacional y, posteriormente, también en
las listas electorales que se le presenten a la ciudadanía. Si todo lo antedicho
está, en lo esencial, en manos de la dirigencia tradicional del PJ, esa que
estuvo con Menem primero y con Duhalde después, vamos por una senda equivocada.
Necesitamos cambios significativos en el rumbo y los tiempos no son eternos,
mañana puede ser tarde.
Humberto Tumini
Movimiento Libres del Sur
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