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El
apocalipsis virtualSi cualquier argentino en la calle, en su vida cotidiana, en sus aflicciones habituales, encuentra este estado de cosas es porque vive en el piquete rural; fuera de allí todo transcurre como siempre, porque sobrevivimos a los tumbos , con angustias cotidianas devenidas de nuestros sueños y anhelos, de esperanzas postergadas y de logros obtenidos, con saldos a favor y en contra si de la política hablamos y tratando de reencontrar, en nuestra comunidad, un espíritu solidario.
Claro que nos siguen y nos seguirán doliendo los
argentinos con hambre y desamparo en una Argentina que crece, pero que a ellos
aún no les llega; que se mueren hermanos por desnutrición y no los llora nadie,
ni se cortan rutas, ni se pronuncian los medios mas allá de la noticia morbosa
que dura un día, sin seguimiento ni profundización temática; argentinos con un
Estado aún ausente, con hipotecas pendientes en lo social, en salud y educación.
Por supuesto que esas carencias de un proceso político que viene de lo más
profundo de la historia del dolor, con índices de desocupación que se han
revertido, aunque la informalidad y el trabajo en negro siguen imperando, que
pudo dar respuesta previsionales después de años de congelamiento esperando la
muerte, y del corralito de la privatización de las AFJP, proceso de
profundización política, que demanda en ésta etapa, más esfuerzos y compromiso
en pos de superar la pobreza y la indigencia.
Sin dudas el sector “campo”, término más amplio que “productores”, extendido a
los grupos monopólicos exportadores, la oposición política, los residuos
dictatoriales, y los peronistas enojados, ha producido un hecho político si se
quiere legítimo, pero un hecho político al fin, no un reclamo sectorial que es
en definitiva una puja impositiva por porcentajes de retenciones. Que si
otorgan, dejan de lado las discusiones sobre las necesidades de políticas
agropecuarias a largo plazo que hoy reclaman, la renovación del stock ganadero
también solicitado. La sojización de la tierra, la propiedad de los pequeños
productores familiares y campesinos desplazados por los pool de siembra,
intoxicados con glifosato, sin posibilidades de huerta y animalitos propios por
contaminación, la desertización del norte argentino por tala de bosques son
materias postergadas por los intereses en juego.
En fin aquellas posiciones de negociación planteadas, que sólo esconden la lucha
de intereses de los integrantes del nuevo “frente” que intenta mimetizarse con
la Patria, que si bien forman parte de ella no son “ella”, ni propietarios de
“ella”, porque “ella”, La Patria somos todos.
Es difícil en éstos momentos no caer en el maniqueísmo planteado, aquel de tomar
partido como si fuese un juego de ganar o perder sin la necesaria dosis de
reflexión crítica que evalúe, desde el país en su conjunto, las políticas en
desarrollo.
Sin oposición política clara ni fuerte, era evidente que cualquier conflicto de
toda índole iba a servir de catalizador de sectores desplazados o afectados en
sus intereses para torcer el rumbo del gobierno.
Están quienes juzgan al gobierno por los DD.HH. planteando el olvido, como si el
genocidio nazi no siguiere reclamando justicia 60 años después, o el armenio o
el salvadoreño. Quienes lo hacen desde intereses hegemónicos de empresas
monopólicas, reacias a que el Estado les controle tarifas e inversiones. También
grupos de poder económico de las décadas pasadas, reemplazados por nuevos
actores tan “santos” como los anteriores. Y los líderes de la oposición
encontrando su lugar en el mundo en los medios de comunicación, también
opositores. Incluyamos los púlpitos de la iglesia en conflicto irresuelto.
Sumemos a los que deben pagar mayores impuestos , entre ellos retenciones. Todo
junto en un cóctel explosivo que detona cuando la respuesta es dubitativa,
aunque se haga fuerte ahora.
En cada caso descripto pueden haber factores a corregir y elementos a disecar,
pero es también una verdad de Perogrullo que la política es el arte de sumar y
no de restar permanentemente sectores que podrían ser parte de una política
nacional, popular , solidaria y patriótica si la pulseada por el poder tuviese
otras connotaciones.
También se trata el poder de saber ejercer la necesaria autocrítica en el manejo
de los tiempos y los espacios. Considerar si se pudo dar en tiempo y modo la
discusión estratégica del modelo de construcción política y social. Discernir si
se ejerció un proceso de acumulación política que amplíe los márgenes de
maniobra concitando apoyo y si se comunicó, en caso de existir, una política que
fuese comprendida por el conjunto del pueblo argentino, en el plano económico
social, institucional y doctrinario y en las relaciones exteriores, todos
pilares de un necesario nuevo paradigma.
Ningún argentino bien nacido puede ser hoy parte de una conspiración de mercado,
como antes eran los golpes militares. Ningún argentino tampoco puede ignorar las
demandas pendientes de la sociedad argentina, en especial las sociales.
El Gobierno debe abrirse y los sectores llamados “campo” deben volver a discutir
desde lo que son, parte de un empresariado con renta extraordinaria, como es la
tierra en tironeo impositivo, sin valerse de la Patria para su lucha ni de los
medios para demonizar el poder con consignas sacadas del fondo de la historia de
confrontaciones, cargadas de anti peronismo visceral y de discriminación social.
Cuando cortaban las rutas los invisibles de la Patria, los desocupados, los
marginados, los jubilados, los expulsados del sistema, quienes contaban con
techo y comida y buenas entradas económicas clamaban por el libre tránsito y
pedían represión y sangre. Ahora otros sectores han adoptado la misma
metodología pero en nombre de la Patria y los Valores Nacionales, frase
escuchada en los peores momentos de nuestra historia. Sin embargo hoy es una
metodología “justa” apoyada por los medios y aplaudida por la oposición. ¿La
Argentina hipócrita?.
Desde el Gobierno se demoniza la jugada con fundamentos históricos, pero no
pueden esconder determinados grupos de poder económico, nuevos beneficiarios que
juegan en ambos lado del mostrador, lo cual requiere un análisis más profundo de
las propias contradicciones.
Un desafío sin dudas complejo, donde las pasiones deben dejar paso a la razón y
donde la búsqueda de objetivos comunes debe primar por sobre las diferencias,
anteponiendo los intereses del pueblo argentino en su conjunto, para que
crezcamos todos y se reinstale la movilidad social ascendente perdida en las
últimas 4 décadas.
Este desafío del Gobierno y del pueblo es al unísono, y no será con invocaciones
apocalípticas como encontraremos un rumbo como Nación, ni tampoco con
intemperancias e intolerancias que necesiten décadas para saldarse. El
imperativo en no caer en el abismo.
Nuestro desafío como argentinos no es pelear sino vencer.
Dr. Jorge Rachid
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