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El desarrollismo no es una solución disponible (I)

Por Alberto J. Franzoia  [Respuesta a Federico Bernal]

En Página 12 se publicó un artículo de Federico Bernal que si bien intenta dar respuesta desde el campo nacional al conflicto que afecta a nuestra Patria, incurre según mi punto de vista en viejos errores de cuño desarrollista. A continuación transcribo los párrafos completos del artículo comentado y mi respuesta a cada uno de ellos.

FB: “Marzo y abril del 2008 protagonizaron el primer choque del siglo entre las dos opciones antagónicas que el capitalismo pone a disposición de las naciones atrasadas en América latina:

1) modelo agroexportador, de regresiva distribución del ingreso y de concentración de rentas diferenciales y riquezas naturales; o
2) modelo industrialista de alto valor agregado, científico y tecnológicamente autónomo y avanzado, financieramente independiente, inclusivo socialmente y latinoamericanista. En otras palabras, el dilema es desarrollo o subdesarrollo, con las reservas que Celso Furtado oportunamente señaló: entender al “subdesarrollo” como la expresión de una atrofia en la normal evolución del capitalismo.  

Las naciones denominadas “desarrolladas” también experimentaron “choques de modelos”, agudizados por la presencia de ciertas condiciones objetivas que impulsaban al capitalismo a un estadio superior. Por ejemplo, del mercantilismo al industrialismo. Países de la Europa occidental, Estados Unidos, Canadá, superaron sin mayores conflictos su propio subdesarrollo y lo hicieron subordinando el sector primario-exportador al sector industrial.”

AJF: En realidad la confrontación de modelos tal como la plantea Bernal tiene un marcado sesgo desarrollista, razón por la cual presenta todas las dificultades no resueltas por esta teoría en los años 50 y 60 más el agravante que ahora nos encontramos en el siglo XXI, es decir durante la etapa del capitalismo más globalizada que hemos conocido, o lo que es lo mismo, en su etapa más imperialista.

El modelo de desarrollo industrial con importantes grado de independencia con respecto al capital financiero internacional y con gran inclusión social, como fueron por ejemplo el peronismo o el varguismo durante los años cuarenta y primera mitad de los cincuenta, se dio en un contexto capitalista muy distinto al actual, cuando los países imperialistas aún no se habían repuesto de la segunda guerra mundial (por lo tanto estaban aún retraídos en su control de mercados externos) y con la presencia de burguesías nacionales en algunos países del tercer mundo que aunque débiles tenían alguna posibilidad de presentarse como socias del estado en ese intento de gestar un capitalismo nacional. Aún así, ni siquiera en esos tiempos el desarrollo capitalista del mundo hasta entonces dependiente fue posible sin confrontación con los socios locales de la dependencia, tanto con las oligarquías nativas como con sectores burgueses que nunca creyeron realmente en un desarrollo con independencia respecto a las burguesías centrales del primer mundo. Lo más importante ha tener en cuenta, por lo tanto, es que de ninguna manera la contradicción principal ha pasado jamás por la alternativa desarrollo-subdesarrollo tal como lo planteo el desarrollismo de Frondizi hacia fines de la década del 50 (cuando la asociación con el imperialismo resulta un componente fundamental de la propuesta), ya que ambos términos no son causa de nada sino consecuencia de otra contradicción que no aparece en la lógica teórica de esta corriente: liberación o dependencia.

Esos son los únicos proyectos políticos que deben enfrentarse si es que se aspira al verdadero desarrollo. No hay desarrollo sin una política de liberación, y esta no es completa por otra parte si además de ser nacional no es social (ya que necesita de un fuerte apoyo social o, lo que es lo mismo, de una relación de fuerzas muy favorable).

FB: “En la Argentina —como en el resto de los países latinoamericanos—, el “choque de modelos” si bien se verificó en otras oportunidades, no logró imponer la marcha definitiva hacia el desarrollo. Se podrá coincidir o no si el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner representa un modelo industrialista y socialmente justo o si hace todo lo que debería para volcar progresivamente la balanza a favor del interés nacional. Pero en lo que no puede haber dudas es en el aglutinamiento de las fuerzas del subdesarrollo. Un frente que integrado por el oligopolio mediático, las transnacionales afectadas por la política de captación estatal de las rentas diferenciales, los grandes terratenientes, las clases acomodadas, amplios sectores de la clase media, la derecha partidaria y la izquierda portuaria, convergen en el pensamiento y en la acción: el país debe quedar inmovilizado en el tiempo.

La escalada y el nivel de virulencia del “frente por el subdesarrollo” tiene razón de ser. Vislumbra, como en otras épocas, la presencia de condiciones objetivas para abandonar el subdesarrollo. Esto es: transitar de un capitalismo primario-exportador a uno verdaderamente industrial. El camino es con crecimientos sostenidos del PBI de tasas del 8 por ciento anual, elevadas reservas que rondan los 50.000 millones de dólares, recuperación pública de las rentas diferenciales para el petróleo (60 por ciento de la renta total), el gas natural (100 por ciento de retención a las exportaciones), la minería (5 a 10 por ciento, según el mineral) y la agricultura (rangos variables). El “inmovilismo agrarista” observa y padece, asimismo, la aparición de un Estado progresivamente protagonista como planificador, contralor, inversor y empresario.

El “inmovilismo agrarista” quiere mantener al país sumido en el subdesarrollo. La respuesta es política (no económica y mucho menos técnica) y pasa por industrializar. Efectivamente, una revolución industrial es la consigna política que requiere el nuevo modelo de país para quebrar definitivamente el orden neoliberal. Una revolución industrial que vaya debilitando al gran poder terrateniente, a todas y cada una de las transnacionales que supeditan la seguridad jurídica del ciudadano a los dividendos de sus accionistas. Una revolución industrial comandada desde y por el Estado que junto al sector privado permita en el corto plazo mudar la relación de fuerzas sociales, compensado el atraso de la clase media cuya reacción ideológica, política y grado de colonización es inversamente proporcional a la industrialización del país.”

AJF: Bernal nos dice que para salir del subdesarrollo y ante condiciones objetivas favorables es necesario adoptar decisiones políticas, no técnicas. Coincido plenamente con dicho planteo. Sin embargo, a renglón seguido agrega que la consigna política es entonces: revolución industrial. Ahora bien, si por otra parte sostiene que el “inmovilismo agrario quiere mantener sumido en el subdesarrollo al país” y por lo tanto está en contra de dicha revolución, no se entiende como se hará la misma sin resolver el conflicto de clases con la oligarquía, que es a su vez el eslabón necesario que nos vincula con el imperialismo de las burguesías centrales, cuyo interés en nuestro desarrollo es nulo. Esta es una cuestión claramente política que el desarrollismo jamás ha resuelto. En realidad parece que caemos una vez más en la trampa que supone que el desarrollo industrial es el que terminará subordinando el campo (oligarquía agraria e inversiones imperialistas tan especulativas y parasitarias como las de ésta) al proyecto de la burguesía nacional. Pero si es eso lo que se sostiene, y no hay ningún párrafo del artículo que exprese lo contrario, lo que Bernal propone no deja de ser una supuesta solución técnica, ya que eso y no otra cosa es un revolución industrial como propuesta “política” para un país subdesarrollado, que no asume con claridad cuál es el enemigo y como se resuelve en términos ideológico-políticos la contradicción de clases que obstruye dicha revolución. Y este intento por escaparle a la contradicción principal que Argentina padece desde hace décadas, aunque con las variantes lógicas de cada coyuntura, no hace más que perpetuar una frustración nacional y popular.

FB: “La historia muestra que sin Estado ni industrialización, sin autonomía científica ni tecnológica, sin unidad política, el tránsito hacia una democracia moderna, inclusiva e igualitaria es y será inconcebible. En este sentido, resulta perentorio que el Estado empresario emerja una vez más en todos y cada uno de los sectores y rubros estratégicos de la economía, la ciencia y la tecnología. En suma, un “frente por el desarrollo”, que por supuesto incorpore al sector agropecuario de pequeños y medianos productores. La renta agraria es en esta etapa de despegue la propulsora de la capitalización del país y la explosión de sus fuerzas productivas. Una renta que es a la Argentina democrática lo que los hidrocarburos son a la democracia venezolana. Ellos recuperaron la petrolera Pdvsa; nosotros recreemos un IAPI adaptado al siglo XXI.”

AJF: Acuerdo nuevamente en el espíritu transformador que se manifiesta en el artículo de Bernal, pero no es menos cierto que la solución se asemeja bastante a una linda expresión de deseos. El estado industrializador no deja de ser un estado que expresa a una clase o a una alianza de clases, ya que no hay estado socialmente neutro o que exprese el bien común de clases antagónicas. En un país subdesarrollado por el imperialismo y sus socios internos no es concebible por lo tanto un estado revolucionario que no se manifiesta como el producto de una alianza social. Independientemente de que según mi perspectiva teórica y política esa alianza debe ser conducida por los trabajadores para que la revolución industrial sea llevada hasta las últimas consecuencias, hay otra cuestión nada menor que no aborda con claridad Bernal: ¿cómo se enfrenta a los enemigos de dicha alianza para que no frustren una vez más el objetivo transformador? Porque si nos limitamos a decir que el Estado debe impulsar una revolución industrial, con lo cual acordamos, y agregamos que hay que reflotar el IAPI, con lo cual también acordamos, pero no decimos que la oligarquía y la burguesía de lo países imperialistas enfrentarán dicha política, estamos obviando un aspecto central del problema: ¿será realmente posible que todas estas clases y sectores sociales sigan “conviviendo” indefinidamente en nuestra Patria? ¿O acaso Perón no cayó en 1955 a pesar de haber impulsado un estado industrializador? ¿No será que medidas como el IAPI son plenamente reivindicables sólo si se las formula como los primeros pasos de un proceso que políticamente debe avanzar hasta poner en manos de los trabajadores y sus aliados los resortes fundamentales economía? ¿No será que la oligarquía (con su núcleo duro y fracciones) así como el imperialismo deben finalmente perder la base material que les ha permitido seguir operando, tanto cultural como políticamente aún durante lo gobiernos populares hasta llevarlos al colapso? ¿Y no será, finalmente, que soñar con un capitalismo nacional con justicia social es hoy una quimera, que debe ser superada por el socialismo latinoamericano del siglo XXI ya que es el único camino disponible para resolver la verdadera contradicción, cuyos términos precisos son: liberación o dependencia? Esto es para mí poner el caballo delante del carro y no detrás.


El desarrollismo no es una solución disponible (II)

(segunda respuesta a Federico Bernal)

Por Alberto J. Franzoia

Acabo de recibir la respuesta de Federico Bernal para la respuesta que yo formulé a su artículo publicado en Página 12 en Mayo de 2008. Trataré de elaborar otra respuesta (la segunda de mi parte) con la mayor brevedad posible, ya que lo central de mi planteo lo sigo sosteniendo. Al igual que en la primera oportunidad recurriré al texto completo de Bernal

FB:”Es que Rolo (AJF: se refiere a otro señor que no participa de este debate), si bien lo leí por encima porque son las 2 am, sabrás que coincido en su planteo teórico de fondo, que no es más que el nuestro. Me nutrí de ese pensamiento y lo llevo en la sangre. 

A continuación una respuesta a las apuradas. Te ruego se la hagas llegar y la envíes a quienes él, supongo, envió la suya. Acompañala por favor, de una sincero abrazo y agradecimiento por haberse tomado la molestia de debatir conmigo. Es sano, es bueno y de cara a la Asamblea de Córdoba es necesario.”  

AJF: Yo también le mando un abrazo a Bernal, ya que como ambos sabemos este no es un debate entre enemigos sino entre compañeros que intentamos realizar algún aporte teórico al campo nacional y popular, más allá de las diferencias constatables en los textos remitidos. Mi tiempo también está acotado porque estoy tratando de entregar materiales para otras publicaciones pero el respeto y reciprocidad de gestos es fundamental entre los que peleamos por un Patria Grande alternativa a la que nos legaron la oligarquía y el imperialismo.

FB: El primer descargo que puedo hacer es el siguiente: no puedo desarrollar en un artículo de 3.800 caracteres la visión de la Izquierda Nacional como se merece y con tanto lujo de detalles como él tan fanáticamente hace. Además, un artículo (el mío) que como vos bien sabés fue mutilado por la gente de Cash, sobre todo en la mención al Ejército, entre otras cosas de tamaña importancia que ahora no recuerdo (de paso fijate si le podés enviar la versión completa). Franzoia pasó por alto mi mención del  ”subdesarrollo” como una atrofia del normal desarrollo del capitalismo. Esto sólo invalida el artículo como “desarrollista”.

AJF: En primer lugar y con todo respeto le digo al compañero que la falta de espacio no creo que sea un argumento para podar las tesis centrales constatables en todos los trabajos que dieron origen a la Izquierda Nacional. Con respecto al “subdesarrollo como atrofia del normal desarrollo del capitalismo”, no me queda claro si Bernal acuerda o no con ello. Si acuerda debo decir que esa es precisamente una tesis central de los desarrollistas, que definen al subdesarrollo del mundo periférico: a) como una desviación con respecto a las pautas seguidas por los países centrales; o B) como una etapa anterior al desarrollo. En el primer caso sería una patología (atrofia de aquello que se supone normal) y en el segundo un retraso histórico; pero en ningún caso una consecuencia lógica del capitalismo imperialista tal como lo plantean la teoría de la dependencia y la Izquierda Nacional desde sus orígenes. Ahora, si el compañero no acuerda con ello, y por lo contrario se identifica con nuestro planteo, no se entiende la propuesta que luego desarrolla en el artículo que dio origen a este debate

FB: “En segundo lugar, prioricé focalizarme en la disyuntiva: industria-campo, porque sigo sosteniendo: en este momento el norte para el pueblo argentino no debe ser el socialismo, ni la lucha de clases, ni atacar al “desarrollismo”. Ni siquiera para los revolucionarios lectores de Página12: ”liberación o dependencia”. Sino que nuestra bandera, la consigna, debe ser hoy la industrialización desde y por el Estado, con justicia social y con el campo bien subordinado. Esto, por supuesto, se logra con un Frente Nacional, algo sobre lo que hago hincapié en la mayoría de mis escritos.”

AJF: Aquí no puedo decir nada distinto a lo que ya he planteado en mi anterior intervención. Sostengo que hay un evidente error en la tesis de Bernal cuando insiste con industrializar a partir de la conducción del Estado, y agrega, con la presencia de un frente nacional, pero dejando a un lado la liberación como premisa. Seguimos sin saber a quiénes tendrá que enfrentar dicho frente y cómo hacerlo para lograr el objetivo perseguido, con lo cual no pasa de ser una declaración de buena voluntad que respeto pero percibo como muy alejada de la práctica.

FB; “Conozco muy bien los vicios y errores desarrollistas (los analizo en mi primer libro desde el petróleo) y lo que desde la IN pensamos sobre el mismo. Franzoia se equivoca cuando afirma “El modelo de desarrollo industrial con importantes grado de independencia con respecto al capital financiero internacional y con gran inclusión social, como fueron por ejemplo el peronismo o el varguismo durante los años cuarenta y primera mitad de los cincuenta, se dio en un contexto capitalista muy distinto al actual, cuando los países imperialistas aún no se habían repuesto de la segunda guerra mundial (por lo tanto estaban aún retraídos en su control de mercados externos)”. Primero: si bien Vargas comenzó cuando el imperio había aflojado las cadenas con América latina, la industrialización del Brasil no puede restringirse al varguismo. La primera etapa de la denominada revolución industrial va desde 1930 a 1966. Segundo y tanto para Brasil como la Argentina, en la década del 50 emerge más potente que nunca el imperialismo norteamericano. Inclusive en 1948 comienza el bloqueo comercial norteamericano contra la Argentina y su desarrollo petrolero y que luego afectaría en el déficit comercial de la década del 50 ante la imposibilidad de ser autosuficientes en materia energética. Yo también estaba de acuerdo con esta hipótesis, pero estudios más modernos (inexistentes antes) me están haciendo cambiar de parecer.”

AJF: Bernal sostiene que me equivoco pero admite que Vargas inició su política de desarrollo cuando el imperialismo (el concepto imperio suele asociarse en nuestros días, si no se hacen las aclaraciones pertinentes, a la izquierda descafeinada tipo Negri) había aflojado sus cadenas en América Latina. Debemos agregar que las aflojó por razones ajenas a su voluntad y que el desarrollo de Brasil (que no es lo mismo que industrializar a secas) no es un proceso homogéneo que va de 1930 a 1966. Por lo pronto Bernal está incluyendo dentro de esa etapa nada menos que a los primeros años de una dictadura iniciada en 1964 y con una política claramente desarrollista (con una “industrialización” que no modificó sustancialmente su condición dependiente ni el hambre de su pueblo).
También es cierto que finalizada la guerra EE.UU. comienza a dar pasos para consolidarse como potencia hegemónica dentro del mundo capitalista, pero de ahí a que ya lo hubiese conseguido en América Latina a fines de los cuarenta hay una diferencia muy grande. En los cincuenta el proceso continúa pero recién se va manifestar como proceso consolidado hacia fines de dicha década y comienzos de los sesenta. En Argentina el predominio de EE.UU. se va percibir claramente con el desarrollista Frondizi en el gobierno, estábamos en el período 1958-1962. Y hoy la situación es aún más compleja para nuestros intereses.

FB: Volviendo al nudo de la crítica de Franzoia, qué iba a escribir a escasas semanas del 11 de marzo? Que si el nacionalismo no quiebra sus propias barreras y trasciende hacia el socialismo estamos fritos?? Que la lucha de clases…?? Que: abajo el Estado burgués…? Que no somos subdesarrollados sino semicolonia…??? No es el momento.

Además cuando escribo, y desde que tengo la suerte de hacerlo con cierta frecuencia y que mis trabajos sean finalmente publicados, me propuse contar un poquito de nuestra visión en cada uno de los artículos y no todo en todos. Hay que leer como un libro, uniendo lo dicho con lo nuevo que se dice.”

AJF: Bernal me pregunta qué podía escribir a escasas semanas del 11 de marzo y saca la conclusión de que lo insto a escribir en todo momento sobre el socialismo. No es así. Lo que le he planteado en mi respuesta es otra cosa. Dije que uno puede y debe defender un Estado industrializador y también al IAPI, pero, como integrante de la IN, lo que yo no puedo hacer es alentar falsas expectativas sobre una política que, si no se aclara que es de transición, puede conducir a nuevos equívocos teórico-políticos y por lo tanto a viejas frustraciones muy concretas. Desde mi punto de vista y respondiendo a lo que Bernal tipifica como momentos adecuado o no para decir las cosas, sostengo que la verdad debe decirse siempre. Pueden cambiar las formas ya que hay que evaluar el momento político transitado, allí acuerdo, pero nunca deben cambiar los contenidos a no ser que uno halla descubierto que eran equivocados. ¿Bernal exactamente a qué se refiere? Lo que Bernal dice por otra parte con respecto a las características de un artículo es cierto, pero el planteo que expresa en el que yo he leído (y se debe contemplar que son muchos los que no siguen en detalle el hilo de sus desarrollos) resulta proclive a interpretaciones que alientan propuestas desarrollistas.

FB: “Finalmente y por sobre todas las cosas, no apunto a convencer a los Franzoia, sino a los parias, a los confundidos, los sin sentido común.
Humildes aportes, creo, espero, para ayudarlos a abrir los ojos y muy de poco, pa´ no despantar. Es como haber hablado del nefasto “plan” de entrega de tierras en la Argentina (verdadero problema generatriz) habiendo reivindicado a Roca y la campaña del desierto, algo muy nuestro, por cierto.

No. Tranquilos! Un cachito hoy, otro mañana. Al principio sin cegarlos para que vayan reflexionando la cuestión desde el sentido común, y progresivamente, desde el sentido nacional. Porque cuando haya que moverse rápido, cuando haya que salir a la calle, a la Plaza, ¿cómo convencer al “ejército de reserva” necesario para armar y consolidar el bendito Frente Nacional? Si uno se pone exquisito en la teoría, entonces agranda las diferencias con los K y cultiva más incertidumbre, más dudas que otra cosa.
Se va entrando en la de Lozano, Pino y compáñía, porque seguro que ni el Colo, ni Blas, ni Guerbe en la Rosada harían lo que los pingüinos. Tampoco lo tenemos a Chávez, ni a Perón. Tenemos a los K que ya bastante poco por no decir nada mencionan en público al general. Mucho menos tenemos el PSUV en el poder (bastantes quilombos tienen con el socialismo del século XXI) sino al nefasto PJ.

Y frente a una emergencia, no quiero que la gente lo piense dos o tres veces, o hasta inclusive retire su apoyo porque no blandimos el socialismo, ni se verifica la lucha de clases (que ya se está verificando y que ahora sí pienso escribir sobre eso, aunque unas semanas atrás era un hecho aún difuso). A la colonización pedagógica se la ataca de a poco, desde Primer Grado. Así, primero apunto a que se nos sumen pronto y segundo y ESTRATÉGICO: que los respalden a ELLOS (a esa presidenta, a su limitado, espontáneo, torpe y tímido proceder, no a NOSOTROS, no a la IN. Tengo que escribir para concitar el apoyo a CK (a veces sacando conejos de la galera).

En definitiva, nadie habló de socialismo, ni de lucha de clase en el 43, ni en el 45. Ni para los triunfos de Yrigoyen, ni la segunda victoria de Perón. Ni tampoco el Plan Moreno-Belgrano, ni los Magnasco, Bialet Massé o las más lúcidas horas de Pellegrini. Ni Jauretche, ni Scalabrini lo hacían. Y hoy los reivindican más a ellos que al Colorado, cuando debería ser al revés.”

AJF: En estos párrafos Bernal intenta una justificación de su desarrollo teórico en cuotas. Desde luego no acuerdo porque como ya dije una cosa es manejar convenientemente las formas y otra bien distinta los contenidos. No me expediré con respecto a lo que tenemos o no tenemos en la política actual de nuestro Patria porque es un tema que merece un desarrollo extenso y profundo. En lo personal he realizado algunos intentos al respecto y otros compañeros han apuntado en la misma dirección (seguramente Bernal también).

Sin embargo lo que si quiero destacar de estos párrafos del compañero Bernal es que me sorprende la siguiente afirmación: “nadie habló de socialismo, ni de lucha de clase en el 43, ni en el 45”. Pero si esto es cierto ¿qué cosa fue la Izquierda Nacional que nace durante la Segunda Guerra Imperialista y se manifiesta en oposición a la Izquierda cipaya precisamente durante esas jornadas? ¿Por qué motivo la IN apoyó al peronismo (como corresponde) pero no formó parte del mismo? Nos dice Bernal que ni Jauretche ni Scalabrini hablaban de socialismo. Por supuesto, cabalgamos juntos pero en distintos caballos. Y creo que aquí Bernal comienza a ingresar en otro terreno, que tiene que ver con si seguimos reivindicando el partido de los trabajadores para conducir la alianza plebeya o si nos hemos transformado en movimientistas. El movimiento es necesario y lo sostenemos a rajatabla, pero eso no invalida la necesidad de una conducción ejercida por el partido de los trabajadores. Tema para otro debate.

FB: “Acá falta industria y justicia social (a ver, primer objetivo ante la ausencia de una clase media industrial: que la gente sepa, vincule y entienda que sin industria no habrá justicia social, ni paz, ni verdadera democracia. Esto sólo se puede hacer enseñándoles el ejemplo de las naciones ”desarrolladas”, y no con el propio porque entran a tallar pasiones, ideologías y colonización cultural, y entonces cagamos). Industria, frente por el desarrollo y Estado: lo peor que se le puede hacer a la Sociedad Rural. La Australia industrialista de 1920 decía desde el poder “Fabrique australiano, compre australiano”; la Sociedad Rural nos imponía “comprar a quien nos compra”.

AJF: Dice Bernal e incurre nuevamente en lo que desde mi punto de vista es la principal hipótesis que invalida su planteo “sin industria no habrá justicia social, ni paz, ni verdadera democracia “. Nuevamente el carro delante del caballo y reiteración de un planteo de cuño desarrollista, que entre otras cosas olvida que cuando las naciones centrales se desarrollaron, el imperialismo no existía o no dominaba todavía gran parte del globo terráqueo. Insisto, para mí poner el caballo donde corresponde es señalar con claridad que sin liberación nacional no hay ninguna posibilidad de industrializar y desarrollar a la Patria. Y ese no es un planteo sólo socialista de Izquierda Nacional sino nacional, popular y revolucionario, tanto que lo planteo con claridad y lo llevó a la práctica el General Perón (como así también Jauretche y Scalabrini). Hoy lo coyuntura ha cambiado y ahí podemos incorporar los aportes necesarios de la IN para no gestar en el mediano o largo plazo una nueva frustración popular, pero para empezar (en la coyuntura) con un planteo progresivo, como intenta Bernal, la tesis de mínima debe ser: liberación nacional para el desarrollo.

FB: “El socialismo y la liberación de la patria pueden esperar. Las inconveniencias del “desarrollismo”, pueden esperar. La clave: ¿cómo armar, cómo aglutinar y qué consignas usar para armar el gran Frente hoy? Ellos levantan el inmovilismo agrario, el subdesarrollo (como la atrofia del capitalismo, insisto), el GORILISMO y así arman su frente. Nosotros todo lo contrario, pero a tono con eso, porque ellos no cierran filas diciendo ser los representantes de una Argentina granero del mundo (no lo dicen, verdaderamente). Pero si hasta al episcopado cobarde y antinacional de hoy se le puede entrar recordándole sus orígenes patriotas e industrialistas, cuando los suyos le fundían los cañones a San Martín. Fijarse como el cura Olmedo habla de pobreza, se carga al gobierno y se olvida de las razones del espeluznante atraso de Jujuy: falta de desarrollo, señores, falta de capital (como decía el Colorado)!!!!!!!”

AJF: ¿Qué significa este planteo de Bernal? Todo puede esperar menos la necesidad de liberarnos del opresor interno y externo. Si los primeros pasos son con un capitalismo que intenta ser nacional, adelante, pero el adjetivo no es un tema menor. Sin liberación no hay nada nacional, ni siquiera capitalismo. Aunque los socialistas no debemos olvidar que es sólo un política de coyuntura. Mientras tanto habrá que trabajar cultural y políticamente dentro del frente nacional y popular para profundizar sus contenidos. El estado de la conciencia real nunca fue excusa para un socialista de la IN para dejar de trabajar por el desarrollo de la conciencia posible. En su defecto no se entiende para qué nos convertimos hace casi setenta años en una corriente independiente dentro del campo nacional.

FB: “El socialismo en el atraso es la socialización de la miseria. Y alzar estas banderas, justas, nuestras (aunque hoy fuera de lugar, de tiempo y divorciada de nuestras condiciones subjetivas), sólo para contentar a los muy versados es un gran error que no pienso cometer. Quizás por haberse empeñado en mostrar (y querer ilustrar siempre) tanta erudición hayamosfracasado desde la IN como movimiento aglutinador de masas.”

AJF: Creo que el compañero cierra su discurso con un error monumental. Porque a esta altura, y desde hace unas cuantas décadas, sabemos que el socialismo no se iniciará en los países de capitalismo desarrollado como creyó Marx. Claro que su error (el de Marx) es atribuible al tiempo en el que planteó esa tesis; luego vino la fase imperialista del capitalismo y allí muchos teóricos y pragmáticos de la revolución descubrieron que el socialismo comenzaría a construirse, no sin dificultades, en la periferia del sistema. Ese quiebre inicial con las semicolonias es, a su vez, lo que desencadenará los procesos revolucionario en el mundo desarrollado, no antes. Y desde luego dichos procesos en el capitalismo central han de beneficiar su continuidad y profundización en nuestra tierra. Que hace falta desarrollo para socializar los réditos del mismo, no cabe duda, pero la cuestión a resolver es: ¿quiénes conducen ese desarrollo para que se consolide y se pueda socializar realmente?

.Bernal nos dice además que nuestras banderas (las de la IN) están hoy fuera de lugar, divorciadas de nuestras condiciones subjetivas. Sin embargo lo más importante (que no dice) es que no están divorciadas de nuestras condiciones objetivas. Y existiendo condiciones objetivas de lo se trata es de trabajar por construir las condiciones subjetivas. Entiendo que ese es el trabajo de un revolucionario porque si no creamos condiciones subjetivas las objetivas nunca alcanzarán. Acuerdo con Bernal en que el camino a recorrer es largo, posiblemente haya que recurrir a dar primero un paso y luego el otro, pero esta táctica es recomendable si no se confunden las formas con el contenido. Si nos proponemos industrializar sin liberación nacional, o creyendo que lo primero nos conducirá a lo segundo (cuando todas las evidencias históricas demuestran lo contrario), los contenidos habrán sufrido una metamorfosis trágica y la derrota será descomunal.

Un cordial saludo para el compañero.



F
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