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Democracia
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Los mismos analistas que no coincidieron,
en que la decisión acertada, aprovechando ese contexto internacional, de
terminar con el flagelo de las AFJP, retomando la cordura de los sistemas
previsionales de la mayoría de los países serios del mundo, abandonando la
presión que a través del Banco Mundial y el FMI, son esos mismos gurúes
económicos que impusieron a nuestro país, en la década neoliberal de sumisión y
coloniaje a que fuimos sometidos, desde el 76, en el mejor de los casos en la
búsqueda obsesiva de créditos, que redituaban a los gestores ganancias
económicas, y al país cierre de fuentes de trabajo, desocupación, miseria y
dolor social inmenso.
Hoy mismo esos analistas sitúan el
centro del conflicto, en la supuesta impericia nacional de aprovechamiento de
las circunstancias favorables del crecimiento, cuando por primera vez una crisis
de esta magnitud encuentra al país con superávit fiscal, balanza comercial
favorable y recursos genuinos en reservas. Sin dudas la crisis puede arrastrar
todo el esfuerzo acumulado, pero apostar a que suceda es algo mas perverso que
ser oposición, es asomar a nuestros compatriotas a nuevas crisis sociales de
magnitudes insondables.
Sin dudas tiene la Argentina una deuda social pendiente, una hipoteca que deberá
saldar mas temprano que tarde, de millones de argentinos, víctimas secuelares de
años de lógica codiciosa y financiera, destrucción de los sistemas solidarios,
diáspora y fragmentación social, que asolaron al pueblo argentino, para
vergüenza de todos. Pero también es cierto que debemos hoy juntar esfuerzos
frente a la crisis internacional y sería deseable que la oposición asuma un rol
protagónico de aportes, antes que buscar atajos de posicionamiento, en el marco
del terremoto internacional, que no favorecen la situación de los argentinos.
Quienes venimos bregando desde el llano, de manera quijotesca, sobre el la
necesaria derrota del modelo y la estructura neoliberal, encontramos hoy en le
discurso y en la práctica de los países centrales, los mismos argumentos con los
cuales fuimos estigmatizados social y políticamente, en función del discurso
único, amparado en el eje globalizador hacia la modernidad.
Hasta autores supuestamente progresistas como quienes escribieron el libro
Imperio, los sociólogos eurocentristas, Negri y Hardt deberían admitir hoy que
sus teorías de la multitud y la globalización como sujetos únicos de análisis,
ha quedado enterrada.
Ni hablar de aquellos cultores del Mercado como ordenador social, que durante
décadas martillaron sobre la conciencia colectiva del pueblo, permitiendo
instalar una cultura dominante, egoísta, insolidaria y del “sálvese quien
pueda”, que desestructuró el modelo social solidario argentino de construcción
social, de décadas de consolidación.
La Naciones en el mundo, comienzan a recuperar el rol de los Estados. El mismo
EEUU debe admitir su presencia protagónica en el salvataje tanto financiero como
económico, contrario a todos sus postulados. Los mismos que se limpiaban la boca
con la crisis supuestamente terminal Argentina del 2001, sufren en carne propia
una lógica que quisieron imponer a sangre y fuego, con extorsiones propias de
sistemas mafiosos antes que de organismos internacionales con respeto a las
Soberanías Nacionales.
Invadieron el planeta, lavaron dinero, constituyeron fondos buitres, expoliaron
a los jubilados del mundo, endeudaron a los pobres y trabajadores sabiendo que
no podrían responder, acumularon capital especulativo y cuando la burbuja
explotó, tomaron el discurso “políticamente correcto”, justificativo y
pretensioso, en un intento de seguir liderando los nuevos tiempos.
Lo oculto de la crisis financiera, es aquello referido a los gastos de guerra
contra el “eje del mal” que llevó al pueblo de EEUU y otoros países, no sólo a
sacrificar miles de vidas de sus compatriotas jóvenes soldados, en defensa del
petróleo estratégico, sino que endeudó a límites nunca vistos una economía, que
si bien puso en marcha su industria bélica, movilizó recursos por varios
billones de dólares, que contribuyeron al quiebre del sistema.
En nuestro país la crisis llegará, con mayor o menor intensidad se hará presente
en un mundo de contracción de compras y en recesión como ya están los países
europeos y Japón.
No estaremos ajenos, el tema es si lo afrontamos juntos con espíritu nacional
que limite el impacto social de la misma, o tratamos de tironear desde la
defensa corporativa de sectores, canibalizando los recursos y destrozando los
pocos puentes de pié, o lo hacemos en un marco de tolerancia y complementación
con el Gobierno Nacional.
Todos nos podemos poner a mirar, apostando al fracaso, marcando errores y
estigmatizando conductas, tratando de ser el recambio después de la tormenta.
Los costos sociales de dicha actitud serían enormes y dolorosos para el conjunto
del pueblo argentino.
El Gobierno Nacional, los factores de poder, los medios de comunicación, la
oposición política, todos saben que no se sobrevive en la confrontación cuando
la crisis atraviesa la mesa de los argentinos. Las jornadas de diciembre del
2001 son lo suficientemente elocuentes como para no observemos con absoluta
claridad el comportamiento de cada sector.
Si a los esfuerzos de mejorar la perfomance económica del próximo ejercicio, le
llamamos saqueo y si a las medidas de protección al trabajo, las denigramos por
obreristas, si a los subsidios sociales de tarifas las catalogamos como
negociados y los planes a madres y niños son electorales, estaremos dinamitando
el país y rifando el futuro.
Cuando en los países centrales se estudian medidas similares que van desde
financiar al sector financiero hasta la protección de la industria automotriz,
desde reformular el FMI y el BM, hasta ampliar las bases de la protección social
estatal, desde aquí son aplaudidos como estadistas.
Sin embargo el grado de canibalismo que existe en la política nacional, impide
brazos articulados de complementación, siendo responsables todos los sectores de
poder, incluído el Gobierno Nacional, que debe dar muestras claras de su
determinación para enfrentar la crisis, con el concurso de quienes quieran
acompañar.
“Quien quiera oir que oiga” fueron palabras de Evita ante el clamor. Hoy siguen
vigentes en un desafío que en los próximos dos años, no se resolverá en las
elecciones, sino en las conductas de los actores políticos ante las demandas de
la hora.
DR. JORGE RACHID
jorgerachid2003@yahoo.com.ar
www.elortiba.org