González, el “ciudadano ilustre”, y las distintas formas de “volver”

El sociólogo y ex director de la Biblioteca Nacional fue galardonado por la Legislatura porteña a instancias del FpV. Analizó los múltiples sentidos del slogan del kirchnerismo en la oposición.

Por Martín Piqué @MartinPique

El ex director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, fue galardonado con la Ciudadanía Ilustre de la ciudad de Buenos Aires en un acto realizado en el Salón Dorado de la Legislatura porteña. La distinción al sociólogo, impulsor de Carta Abierta y ex director de la Biblioteca Nacional se gestó a partir de una iniciativa del bloque de legisladores del Frente para la Victoria en la CABA. El homenaje reunió a un auditorio expectante y divertido, que colmó la sala con paredes de molduras doradas y lámparas colgantes estilo araña, detalles que le daban al lugar un aire aristocrático. González concluyó el acto con una disertación en la que analizó los múltiples sentidos del eslogan “Vamos a volver”. También recordó la figura del mayor Bernardo Alberte, el delegado personal de Perón que fue asesinado por la dictadura el mismo día del golpe, el 24 de marzo de 1976, y contó anécdotas de los años ’60. En aquella época, González formaba parte del Movimiento Revolucionario Peronista (MRP), grupo alineado en la izquierda del peronismo.

Autor de ensayos, biografías y novelas, González sorprendió al público que se agolpó en el primer piso de la Legislatura con un mensaje dirigido a la ex mandataria Cristina Fernández, ausente en la sala pero bastante presente en su discurso. “El ‘volver’ implica un frente que está en construcción y que no debe ser personalista, pero que involucra a una persona que es Cristina Fernández de Kirchner”, subrayó. “A mi juicio, el desierto que estamos atravesando debe resolverse en su candidatura”, arriesgó luego. Su definición desató aplausos. A su lado lo escuchaban el propio Tomada y la socióloga María Pía López (autora de un reciente libro-biografía sobre González, Yo ya no. Horacio Gonzalez: el don de la amistad). La mesa de expositores se completó con el psicoanalista y escritor Jorge Alemán.

El acto había comenzado con unas palabras de Tomada. “Necesitamos de su lucidez y de su coraje en cantidad, sobre todo en estos tiempos donde hay un avance del neoliberalismo. Necesitamos de sus constantes interpelaciones y provocaciones”, dijo al presentar al homenajeado. No faltó la cuota de humor.

“Si cuando yo termino de leer una nota de Horacio estoy cansado, me imagino lo que debe ser escribirla”, se confesó el ex ministro de Trabajo entre aplausos y alguna carcajada cómplice. Al referirse a la administración de Mauricio Macri, Tomada la definió como “un gobierno que viene a modificar las relaciones de poder”. “Quiere llevar las relaciones políticas a las que imperaban en el Centenario y modificar las relaciones entre capital y trabajo”, advirtió.

Luego llegó el turno de Alemán. Desde la tradición del psicoanálisis en su condición de seguidor de Jacques Lacan y Ernesto Laclau, el psicoanalista argentino residente en España consideró que toda la obra de González está organizada en torno a la pregunta sobre qué es la Argentina como nación. El otro interrogante de la labor de González, agregó Alemán, es la búsqueda y construcción de la potencialidad emancipatoria a lo largo de la historia nacional.

Amiga estrecha de González –hasta suele definirse como su discípula-, López leyó un texto para no abandonarse a la emoción. Durante la lectura, López –ex directora del Museo del Libro y de la Lengua, iniciativa que González llevó adelante en la Biblioteca Nacional- intercaló anécdotas que revelaban la personalidad y el estilo de trabajo de su maestro.

Para describir al homenajeado, López utilizó dos famosos conceptos de Antonio Gramsci (“pesimismo de la razón y optimismo de la voluntad”) más un tercero, de autoría colectiva: “El vitalismo de las decisiones”. La socióloga y ensayista, quien trabajó junto a González en la revista El Ojo Mocho y en la gestión pública de la Biblioteca, revivió además una anécdota que protagonizó el intelectual y fundador de Carta Abierta durante su designación en el Estado.

“Un día recibió en su despacho a dos jóvenes funcionarios, que por entonces tenían mucho poder y venían con sus celulares y esas cosas, y a pesar de que a él no le interesaban mucho las plantas, interrumpió la charla para ir a buscar agua en un vasito: inmediatamente se puso a regar las plantas del lugar. Con esa decisión buscaba demostrar que gestionar no debía ser pavonearse en los galones que uno tiene, sino conocer todos los intersticios de la institución que se comanda”, puntualizó López.

“Ser un intelectual crítico no debe ser contradictorio con ser un militante”, fue otra de las definiciones de López a la hora de marcar el estilo de su amigo e inspirador. En el salón del primer piso de la Legislatura, las exposiciones que hacían eje en la biografía de González y su obra como intelectual eran seguidas por un auditorio heterogéneo, en el que se codeaban miembros de Carta Abierta, docentes de universidades públicas, compañeros suyos de las revistas Envido, Unidos y El Ojo Mocho, dirigentes políticos, legisladores, personalidades del mundo de los medios.

Sentados en primera fila se pudo ver a los legisladores José Campagnoli, Paula Penacca, Magdalena Tessio, Andrea Conde; al legislador del Parlasur Jorge Taiana; al ex director de Aerolíneas, Mariano Recalde. Cerca del escenario se ubicaron también varios intelectuales y artistas, muchos de ellos miembros de Carta Abierta: Ricardo Forster, Rodolfo Hamawi, David “Coco” Blaustein, Jorge Bernetti, Roberto Baschetti, Teresa Parodi y Daniel Santoro, entre otros.

El homenaje contó, además, con la presencia de las Madres de Plaza de Mayo Taty Almeyda y Nora Cortiñas. La cantante Liliana Herrero, compañera de González, las abrazó con gratitud y reconocimiento.

Tras recibir los atributos que lo convertían en ciudadano ilustre (una placa, una medalla y la pechera verde y blanca del gremio ATE Capital entregada por un delegado de la Biblioteca), González discurrió por la historia del peronismo, por el simbolismo de sus palabras, por el estilo austero y silencioso de hombres como Alberte y Rodolfo Walsh, que se manejaban en los bordes y gustaban de ‘opacarse a sí mismos’. “El que vive desde los márgenes de la vida”, fue la frase utilizada por el propio González.

En el último tramo de su exposición, el referente de Carta Abierta valoró el peso de la nostalgia no como ancla al pasado sino como el hilo que mantiene vivo algo que se experimentó y que puede resurgir. “El ‘Vamos a volver’ que cantamos se debe pensar en distintos planos. Nosotros somos enemigos de la repetición, de la obcecación, de vivir la vida como mera repetición. Sin embargo, en la historia nunca se está dejando de volver. Por eso el cántico colectivo ‘vamos a volver’ tiene la fuerza que tiene. Todo movimiento popular piensa que tiene que ‘volver’”, planteó.

Para el yrigoyenismo, en el cual inscribió a Arturo Jauretche, ese ‘volver’ terminó siendo el peronismo histórico. González relacionó su análisis del ‘volver’ como promesa y desafío con dos conceptos que la filósofa alemana Hannah Arendt vinculaba con la política: la profecía –como anticipación u añoranza del futuro- y el perdón.

“El ‘volver’ implica un frente que está en construcción y que no debe ser personalista, pero que involucra a una persona, que es Cristina Fernández de Kirchner. Tenemos que construir un frente que sea acogedor, pero que al mismo tiempo no se chupe el dedo: a los que son votados por un partido y después hacen otra cosa, no los debemos sumar. Necesitamos ganar estas elecciones para convertirlas en la antesala de una victoria electoral en 2019. Tenemos que hacer el mejor frente. Y todo esto lleva a Cristina Fernández”, remarcó el intelectual en el párrafo más punzante de su exposición.

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