La estrategia del miedo

Por Martín Sabbatella

Martín Sabbatella hace un repaso por algunas de las políticas desplegadas por Cambiemos desde diciembre de 2015 y evidencia el grave retroceso que vive la democracia. El plan de ajuste de las minorías ricas, saqueadoras y corruptas que Macri representa y expresa, viene de la mano de instalar el miedo como estrategia de silenciamiento y paralización de cualquier disenso democrático, institucional, político, gremial y social.

La persecución a Cristina. Los despidos y suspensiones laborales. El encierro a Milagro Sala. El cierre de fábricas y comercios. La difusión de escuchas a Parrilli. La amenaza de más importaciones. El escrache a jueces no alineados. La asfixia a intendentes y gobernadores. La eliminación de programas sociales. La represión de manifestaciones. El agravio y la difamación mediática a opositores. El techo a las paritarias. El espionaje interno. La demonización de la militancia. Los ataques a locales partidarios. Las amenazas a dirigentes sindicales y sociales. La invasión de trolls oficialistas en redes. La manipulación de los sorteos judiciales. Los privilegios a amigos, familiares y adherentes. El despojo de derechos. El negacionismo…

Un repaso por algunas políticas desplegadas por el Gobierno de Cambiemos desde diciembre de 2015 pone sobre relieve el grave retroceso que vive nuestra Democracia, y deja expuesta la centralidad de la estrategia del miedo como recurso de las corporaciones para disciplinar al Pueblo argentino.

En el Hospital Gervasio Posadas, de El Palomar, designaron a Pablo Bertoldi Hepburn como director ejecutivo. Este otorrinolaringólogo, que carece de experiencia alguna en manejo de hospitales, no fue impulsado por el ministro de Salud, Jorge Lemus, ni por ningún otro funcionario de esa cartera, sino por la subdirectora de la Agencia Federal de Inteligencia, Silvia Majdalani. ¿Por qué Macri manda a sus espías a designar a quien tiene que estar al frente de uno de los hospitales más importantes y complejos del país? El diario La Nación lo responde en una nota del 13 de febrero: es para perseguir y neutralizar a trabajadores que tengan militancia, filiación o simpatía kirchnerista.

El apadrinado por Majdalani no llegó solo; lo hizo, según el propio diario oficialista, con más de veinte personas, de las cuales solo tres son profesionales de la Salud. La preocupación de la derecha por el ejercicio de las libertades constitucionales en el Hospital Posadas no es nueva: ya en noviembre de 1974, José López Rega intervino el nosocomio con su Triple A para impedir cualquier actividad gremial y política; luego, el 28 de marzo de 1976, tanques, helicópteros y soldados ocuparon el establecimiento, instalaron un centro clandestino de detención y desataron una brutal persecución, que derivó en el secuestro, la desaparición y el asesinato de decenas de trabajadores y trabajadoras. El personal del Posadas tiene memoria y sabe perfectamente qué significa la estrategia del miedo.

¿Macri es la dictadura?

La frase se canta en cada marcha; como una respuesta llena de bronca en las gargantas de quienes observan en este presente alguna forma de reedición de los años más oscuros de nuestra historia reciente. Pero no: Macri no es la dictadura. Llegó a la Presidencia por el voto ciudadano, más allá del análisis (imprescindible) acerca de cuán manipulada, engañada y estafada estuvo, está o estará la sociedad a la hora de votar. Una mayoría ínfima -pero mayoría al fin- de electores y electoras le concedieron las atribuciones, los derechos y los deberes que fija la Constitución Nacional para el titular electo del Poder Ejecutivo. La legitimidad de origen lo distingue.

Además, el plan sistemático de persecución diseñado y ejecutado por la dictadura cívico militar desplegó métodos y tuvo consecuencias que están lejos de avizorarse en el plan sistemático de persecución diseñado y ejecutado por el macrismo. El objetivo de impedir cualquier resistencia popular a la quita de derechos y el agravamiento de la desigualdad es muy similar entre aquellos y éstos. De facto, los impulsores y beneficiarios del Golpe del ’76 son los mismos o provienen de la misma cantera económica y social, y miran del mismo modo hacia el norte. El país soñado por Martínez De Hoz difiere en matices demasiado sutiles e imperceptibles con el que desean construir las corporaciones que intrusaron la Casa Rosada de la mano del millonario (gracias a los negocios como contratista estatal) ingeniero, Mauricio Macri. No obstante, no hay grupos de tareas militares o paramilitares patrullando las calles, pateando las puertas, secuestrando mujeres y varones y apropiándose de bebés; no hay centros clandestinos donde se mantenga en cautiverio, torture, humille, viole y asesine a militantes por su forma de pensar y actuar. Más allá de la nostalgia o simpatía que funcionarios y adherentes macristas tengan con esos años y esas prácticas del horror, ni el presidente ni nadie de su Gobierno podrá reinstaurarlas. Les guste o no, la Democracia, hoy claramente lesionada por el macrismo, es un valor universal que atraviesa a la inmensa mayoría del Pueblo.

No es una dictadura; tampoco existe pleno Estado de derecho

No obstante, las diferencias con la dictadura cívico militar (de la que el clan Macri fue partícipe y beneficiario) no le quitan gravedad ni peligro institucional a la estrategia del miedo que lleva adelante el Gobierno de las corporaciones.

Quieren que trabajadores y trabajadoras se resignen no solo a no mejorar, sino a perder el poder adquisitivo de sus salarios, so riesgo de quedarse en la calle y sin ingresos.

Quieren que los pobres y sus descendientes acepten serlo toda la vida, mediante tres mentiras:


a) Había una crisis y era por culpa de ellos, por atreverse a usar aires acondicionados o estufas, por comprarse un plasma o un celular.

b) Ya vendrán tiempos mejores, con inversiones que producirán grandes derrames; así que mientras tanto, ajo y agua.

c) El que nace pobre muere pobre, porque así es la vida; así que nada de andar pretendiendo más de lo que por origen corresponde; nada de querer que el hijo pobre vaya a una universidad pública, porque el Estado no está para garantizar eso; nada de irse de vacaciones o conseguir un crédito barato para ampliar la casa y lograr que los hijos pobres duerman en una habitación distinta que sus padres pobres. Pretender salir de la pobreza es una afrenta a la estabilidad nacional y al equilibrio fiscal.


Quieren que los sindicalistas no defiendan los intereses de los trabajadores, asfixiando las obras sociales, dejando que circulen amenazas o descalificándolos por sus simpatías políticas.

Quieren que los jubilados y jubiladas tengan miedo a reclamar haberes dignos, bajo la amenaza de que, si no aceptan una “reparación histórica” miserable e injusta, se morirán sin cobrar lo que les corresponde.

Quieren que los y las periodistas independientes se quiebren y alineen, por temor a ser señalados como agentes del kirchnerismo “desestabilizador”.

Quieren que fiscales y jueces tengan miedo de avanzar en la investigación de la evidente corrupción macrista, a menos que se resignen a encontrar una granada en la puerta de su casa, ser tachados como integrantes de Justicia Legítima o perder cualquier ilusión a avanzar en el Poder Judicial.

Quieren que los y las jóvenes no militen ni tengan una mirada solidaria sobre el otro, porque si lo hacen pueden ser baleados, golpeados o quedarse sin trabajo.

Quieren que los gobernantes municipales y provinciales se encolumnen y obliguen a los legisladores de esos territorios a hacer lo propio; excepto que prefieran recibir una centésima parte de lo que reciben los estados controlados por Cambiemos y sometan a sus pobladores a quedarse sin obras y sin servicios eficientes.

Quieren que las y los dirigentes opositores se callen, bajo el chantaje de ser involucrados por jueces y periodistas en denuncias falsas que embarren su trayectoria, su honor y el de sus familiares y amigos.

Quieren que las organizaciones sociales contengan el descontento popular y acepten en silencio las migajas que distribuye la hija del banquero Stanley; salvo que sus dirigentes prefieran correr la misma suerte de la negra, india, mujer y kirchnerista Milagro Sala.

En definitiva, el plan de ajuste de las minorías ricas, saqueadoras y corruptas que Macri representa y expresa, viene de la mano de instalar el miedo como estrategia de silenciamiento y paralización de cualquier disenso democrático, institucional, político, gremial y social. La conciencia popular, la memoria colectiva y la capacidad de movilización hacen difícil que las corporaciones se salgan con la suya. Pero menospreciar su capacidad de lograrlo, así como naturalizar la estrategia del miedo como si fuera un recurso político legítimo, puede llevarnos a repetir capítulos negros en los que los valores de la libertad y la igualdad se supeditaron a las ambiciones más espurias de las minorías.

* Presidente de Nuevo Encuentro, militante kirchnerista.

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